Archivo de mayo, 2009

El ser humano, la metafísica y sus sorprendentes gobiernos

                                 

Los cambios realizados en el gobierno de Rodríguez Zapatero en las pasadas vacaciones de Pascua nacieron bajo el signo de la sorpresa y de lo inesperado. Con el tiempo, meses después, van dando los resultados que por su mismo origen les corresponden: Sorpresa sobre sorpresa caen como azotes sobre las espaldas de sus gobernados.

Entonces, en aquellos días de la Pascua, la elección del doctor Ángel Gabilondo, un profesor de metafísica, para la tarea de Ministro de Educación era sorpresa loable y grata. Satisfacía el viejo deseo de tener en el gobierno alguien que supiese hablar. Empero, a tan grata sorpresa habría de suceder resultado inesperado: la poderosa oratoria del Sr Gabilondo puesta al servicio de la defensa de tesis analfabetas.

Hace unos días, en un programa de radio en la Cadena Ser, la Ministra Aido expuso súbitamente la tesis, tesina o tesinilla que podemos llamar “teoría deshumanizadora del feto”. Un oyente le preguntó si un feto de trece semanas es un ser vivo y su respuesta fue: “Un ser vivo, claro, lo que no podemos hablar es de ser humano porque eso no tiene ninguna base científica”.

Ante tal esperpento se levantaron oleadas de indignación y de protesta, muchos pidieron la dimisión de la ministra, otros más indulgentes quedamos en espera de una disculpa o explicación, pero de nuevo vino a ocurrir lo inesperado. Y es que su compañero en el gobierno, el profesor Gabilondo, catedrático de metafísica, salió en su defensa indicando que él mismo necesitaría un buen rato para decidir qué es un ser humano. Así, ¡de nuevo la sorpresa!, ¡sorpresa sobre sorpresa!, volvió otra vez lo inesperado y como consecuencia, más despropósitos: ahora hay quien le responde a Gabilondo que humano es todo aquello que posee secuencias humanas. ¡Grave error!, ¡Razonamiento viciado!, ¡Tautología! Puesto que en realidad ocurre exactamente al contrario: secuencias humanas son aquellas obtenidas de un ser humano. Humano no se es por poseer secuencias humanas sino al contrario: Las secuencias humanas lo son por proceder de un humano.

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En la base de la ciencia contemporánea: La banca

Una entrada anterior mostraba en su imagen el esquema a seguir para construir un castillo de naipes típico.

Sobre una base sólida hemos de ir edificando pisos. Si comparamos uno de los pisos, por ejemplo, el tercero, con la ciencia contemporánea, ¿qué estructuras deberíamos hacer corresponder con los dos primeros? Inspirados en el texto de Comellas comentado entonces, cabría responder así: La industria y la banca.

La ciencia contemporánea depende de ambas, la industria y la banca, que están en su base y forman sus cimientos. El análisis de la historia en España viene a mostrar este panorama; análisis semejantes en cualquier otro pais de nuestro entorno darían los mismos resultados. En España, la revolución de 1868 prepara el terreno para su industrialización. El establecimiento de un sistema bancario es fundamental y paralelo a la industrialización. En su libro sobre La Institución Libre de Enseñanza, Antonio Jiménez Landi explica:

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En la base de la ciencia contemporánea

         

Al referirse a la época en torno a 1868, el historiador español José Luis Comellas habla de un cambio de ritmo en la Historia Universal y dice: “Se pasa del liberalismo a la democracia; del romanticismo al realismo; del idealismo al materialismo, de las minorias a las masas; del predominio de la economía agraria a predominio de la economía industrial; del librecambismo al proteccionismo; de la ciencia a la técnica; del nacionalismo al imperialismo. Y de la historia de Europa a la Historia del Mundo”.

Tan general análisis atañe directamente a la ciencia contemporánea por lo menos en los siguientes puntos:

• paso del idealismo al materialismo
• paso de la economía agraria a industrial
• paso de la ciencia a la técnica

Así, podemos concluir ya en primer lugar que, a diferencia de lo que se viene difundiendo con cierta frecuencia, a menudo por autores procedentes de terrenos lejanos del análisis histórico (como por ejemplo los propios especialistas científicos), nuestra ciencia, la ciencia contemporánea es consecuencia de un cambio de mayor dimensión (y no su causa). El edificio de la ciencia contemporánea se levanta sobre la base de una estructura social y financiera y no al revés.

En segundo lugar, el proceso de institucionalización de la ciencia que, según otros autores, tuvo lugar en esta época, no presenta sólo cualidades positivas: incremento en actividad, disciplina y rigor, sino que implica también ciertos inconvenientes, entre los que se pueden incluir la dependencia de la tecnología y el servicio obligado a la industria. También importa la obediencia a un orden social materialista. La llamada Revolución Industrial es la parte más visible de una revolución global que afecta a la Ciencia en su totalidad pero no ocurre sólo como consecuencia de teoría científica alguna sino más bien al contrario, es como consecuencia de cambios más amplios como pueden desarrollarse preferentemente determinadas teorías científicas. En otra de sus páginas, dice Comellas:

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Curso de Verano 2009, Universidad de Salamanca-CSIC. Biología Humanista: Una visión crítica



Cursos Extraordinarios Universidad de Salamanca-2009
Cursos de postgrado y especialización del CSIC-2009 Curso de Verano Universidad de Salamanca-2009

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1859-1868: La selección natural y el fusilamiento del emperador

 
         

La cuestión que hoy nos ocupa no es si la publicación de “El Origen de las Especies” en 1859 supuso una revolución, que, sin lugar a dudas, es cosa cierta. La duda que permanece flotando en el aire y sin responder es si ambas, la publicación y su consiguiente revolución, fueron acontecimientos científicos o si, por el contrario, fueron ya en su origen fenómenos más sociales que científicos. Teniendo pruebas más que suficientes para inclinarnos por la segunda opción, algunos pensamos no sólo que las versiones que se vienen presentando se parecen más a historietas que a la Historia, sino también que entre la trama de las celebraciones se va perdiendo la ocasión para hacer un merecido análisis del contexto en el que ocurrió dicha revolución.

Puesto que en dichas celebraciones no se nos vienen presentando argumentos en favor de la Selección Natural como aportación fundamental a la ciencia, al menos en algunas de ellas podría tratarse a fondo su contexto histórico. Pero no:  ni lo uno ni lo otro. Ni ciencia ni historia, sino historieta y confusión. El contenido de toda la locuacidad generada por estos aniversarios se refiere más a la evolución que a la Selección Natural y esto conduce a error. No corresponde a quienes celebran los aniversarios de Darwin defender la transformación de las especies, idea que es muy anterior a su autor predilecto, sino la importancia de la teoría de la Selección Natural para la comprensión de sus mecanismos. Cuando equívocamente, en lugar de explicar los méritos científicos de la Selección Natural, se presenta una revisión deficiente de la evolución, nos vemos inclinados a pensar que la revolución darwinista no fue verdaderamente científica, sino que, por el contrario, constituyó parte importante de una revolución social. La obra de Darwin fue parte notable, pero una más, en medio de una época pródiga en revoluciones. Su explicación resulta así confusa e insuficiente cuando se pretende hacer sin la debida consideración de el contexto histórico de su época.

El auténtico enigma que permanece no ya sin resolverse, sino tan siquiera sin plantearse es el siguiente: ¿por qué son tan escasos los intentos de explicar el darwinismo desde su contexto histórico? Su aclaración tiene que ver tanto con la propia naturaleza del cambio como con un miedo ancestral al mismo que añade dificultad a su descripción. Todo cambia; pero sólo en ocasiones excepcionales, el mismo cambio se alza por encima de los objetos y adquiere un protagonismo inusitado. Para algunos historiadores, como por ejemplo Carlos Seco Serrano, el año de mil ochocientos sesenta y ocho supone el comienzo de la “baja edad contemporánea”, y señala una época caracterizada a nivel mundial por acontecimientos convulsivos: La guerra de secesión norteamericana (1861-1865), las unificaciones de Italia (1861) y Alemania (1871), la Caída del Segundo Imperio Francés, la reforma electoral británica (1867) y la era Meiji en el Japón (1868). En México, Benito Juárez se establece como Presidente de la República tras derrocar al emperador Maximiliano (1867). En España tiene lugar la Revolución que destronaría a Isabel II y que se conoce como “La Gloriosa” (1868).

Quienes vivieron entonces, bien podrían presumir de haber estado en dos mundos diferentes: el de antes y el de después del cambio. Tal es el caso por ejemplo, el pintor Édouard Manet (1832-1883), quien partiendo del realismo fue uno de los principales representantes del movimiento impresionista. El intento de analizar algunas de sus obras sin tener en cuenta el torbellino de su contexto histórico resultaría absurdo. No sólo porque sus obras narran los acontecimientos de dicho contexto sino porque se encuentran imbricadas con ellos en una misma trama, que también incluye a la obra de los naturalistas aunque éstas no sean relato de acontecimientos históricos.

En cinco cuadros diferentes, pintados entre 1867 y 1869, Manet representó el fusilamiento de Maximiliano, emperador de México. Se trata de cuatro óleos y una litografía que se conservan dispersos en distintos museos y pinacotecas (los óleos en Boston, Londres, Copenhague y Mannheim; la litografía en París). No sólo es imposible explicar estos cuadros de Manet fuera de su contexto histórico sino que su propio autor tuvo dificultades para entender lo que estaba pintando: un acontecimiento que conocía sólo por la prensa y que había tenido lugar en otro continente.

John Enderfield, escribiendo para The Guardian, nos da una jugosa descripción de cómo se las ingeniaba Manet para pintar estos cuadros. Entre otras cosas, dice:

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Cómo describir la labor de un científico: ejemplo con anécdota

                         

Se cumplen veintidós años desde que se publicó la reseña biográfica que el profesor Fernando Galán, catedrático de biología en la Universidad de Salamanca, escribió contando ya setenta y tantos años, sobre quien fuera su profesor, el fundador de la Genética en España, Antonio de Zulueta (en la imagen). El artículo, publicado en el Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural (Actas) en 1987 cuando ya habían transcurrido dieciseis del fallecimiento del homenajeado, es ejemplar para quienes puedan interesarse en algún momento acerca de cómo hay que describir la labor de un científico.

En dieciocho páginas ilustradas con dos fotografías y algunos dibujos y esquemas, el autor presenta datos esenciales para aproximar al lector a la obra del maestro que incluyen circunstancias históricas, rasgos de su carácter y  sobre todo, la descripción detallada de su principal descubrimiento y los hitos más destacados de su labor científica. Su lectura ha de servir como modelo en estos tiempos en que la labor del científico se viene describiendo habitualmente (y también se evalúa) como sumatorio de productos (tantas publicaciones a tanto de índice de impacto más tantas Tesis Doctorales más tantos proyectos a tantos euros cada uno). Sin entrar en más detalles por ahora, vaya como muestra una jugosa anécdota que Galán cuenta en dicha memoria:

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Segundo centenario del nacimiento en Tricio (Rioja) de Mariano de la Paz Graells, naturalista del siglo XIX


La Jornada Científica de la Asociación para el Desarrollo y el Estudio de la Biología en Rioja (ADEBIR), tendrá lugar en Logroño, el próximo viernes día 15 de Mayo de 2009 en la Sede del Instituto de Estudios Riojanos (Palacio de los Chapiteles; c/ Portales 1).

Programa

16h. Bienvenida.

José Miguel Delgado. Director del IER.

Luis Miguel Medrano. Director del Área de Ciencias Naturales.

Directiva de ADEBIR.

16 h 30 Fortuna historiográfica de Graells. Santos Casado de Otaola. Universidad Autónoma de Madrid.

17 15 Graells y las Instituciones Científicas. Alberto Gomis Blanco. Universidad de Alcalá de Henares.

18. Graells, las ballenas y la heráldica. Carlos Martín Escorza. Museo Nacional de Ciencias Naturales. CSIC.

18 45. Asamblea General Ordinaria de ADEBIR

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