Archivo de mayo 18th, 2009

En la base de la ciencia contemporánea

         

Al referirse a la época en torno a 1868, el historiador español José Luis Comellas habla de un cambio de ritmo en la Historia Universal y dice: “Se pasa del liberalismo a la democracia; del romanticismo al realismo; del idealismo al materialismo, de las minorias a las masas; del predominio de la economía agraria a predominio de la economía industrial; del librecambismo al proteccionismo; de la ciencia a la técnica; del nacionalismo al imperialismo. Y de la historia de Europa a la Historia del Mundo”.

Tan general análisis atañe directamente a la ciencia contemporánea por lo menos en los siguientes puntos:

• paso del idealismo al materialismo
• paso de la economía agraria a industrial
• paso de la ciencia a la técnica

Así, podemos concluir ya en primer lugar que, a diferencia de lo que se viene difundiendo con cierta frecuencia, a menudo por autores procedentes de terrenos lejanos del análisis histórico (como por ejemplo los propios especialistas científicos), nuestra ciencia, la ciencia contemporánea es consecuencia de un cambio de mayor dimensión (y no su causa). El edificio de la ciencia contemporánea se levanta sobre la base de una estructura social y financiera y no al revés.

En segundo lugar, el proceso de institucionalización de la ciencia que, según otros autores, tuvo lugar en esta época, no presenta sólo cualidades positivas: incremento en actividad, disciplina y rigor, sino que implica también ciertos inconvenientes, entre los que se pueden incluir la dependencia de la tecnología y el servicio obligado a la industria. También importa la obediencia a un orden social materialista. La llamada Revolución Industrial es la parte más visible de una revolución global que afecta a la Ciencia en su totalidad pero no ocurre sólo como consecuencia de teoría científica alguna sino más bien al contrario, es como consecuencia de cambios más amplios como pueden desarrollarse preferentemente determinadas teorías científicas. En otra de sus páginas, dice Comellas:

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