Archivo de mayo 23rd, 2011

Charles Darwin, o el origen de la máquina incapaz de distinguir

 

 

Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus

 

Así termina la novela El nombre de la rosa, de Umberto Eco: permanece el nombre de la rosa prístina, lo que tenemos son las palabras desnudas, única vía para entendernos y comprender al mundo. Curiosamente, en estos
tiempos en los que la Ciencia pone todo su empeño en la aplicación y la rentabilidad de sus resultados es cuando se demuestra que nada hay más útil que una refl exión acerca de las palabras y su uso en el lenguaje; reflexión
que ha de contener una crítica abierta y que, so pena de parecer a veces testaruda o en exceso meticulosa, tendrá como objetivo cuidar con esmero las palabras buscando su corrección. Paradójicamente, en tiempos de una
ciencia institucionalizada y mercantilizada presenciamos el resurgir de uno de los principales y más antiguos objetivos de la Ciencia con mayúsculas: el de proporcionar una limpia y cuidadosa descripción de la naturaleza y
del mundo, o dicho de manera ya encarnizada y en una o dos palabras: precisión, rigor.

Entre las facultades del lenguaje, algunas misteriosas y otras aún desconocidas, no es la menor la que consiste en ser herramienta para la propia depuración, puesta a punto y cuidado de sí mismo y de sus palabras. No en vano Wittgenstein indicaba que el fi lósofo es un jardinero del lenguaje, y Heidegger vino a decir que el asunto que concierne a la filosofía es el de preservar el poder de las palabras más elementales a través de las cuales el
ser humano se expresa.

Comencemos con la propia palabra “Ciencia”…….

 

Este es el comienzo de un artículo titulado “Charles Darwin, o el origen de la máquina incapaz de distinguir”, publicado en Despalabro V, 2011. El PDF completo del artículo se encuentra en Digital CSIC .  Hacer click aquí para leerlo.

 

Imagen de Vita Nova

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En una oscura pared: Máximo Gorki interpreta el darwinismo en Mis Universidades

 

 

En su relato “Mis Universidades”, publicado en 1923 Gorki nos cuenta:

 

Alguien, no se quién, me presentó a Andrea Derenkov, dueño de una pequeña tienda de comestibles escondida al final de una calleja mísera y estrecha, al borde de un barranco lleno de basura.

Derenkov-hombre con un brazo baldado, de rostro bondadoso, barba rubia, y ojos inteligentes-, poseía la mejor biblioteca de libros prohibidos y raros de la ciudad……………

…………………Y en silencio examinaba los retratos de Darwin, Herzen y Garibaldi.

 

 

Tras la lectura de éstas líneas pregunto:

¿Cómo vino a parar el retrato de Darwin al lado de los de Herzen y Garibaldi?

 

Sabemos quién era Garibaldi, militar artífice de la unificación de Italia. Por su parte, Herzen sería  Alexander Herzen, a veces escrito “Gersen”, un filósofo materialista, ideólogo de la revolución de 1848 y padre del liberalismo ruso, que vivió en Londres y Paris donde falleció en 1870.

Pero……¿Qué unía a los tres retratados además de compartir espacio en la misma oscura pared? ¿Podría Darwin ser considerado también como libertador?

 

Puede que sí.  Veamos porque ………Unas páginas más adelante Gorki da una pista:

 

Poco antes de la entrevista yo había leido un libro-creo que de Draper-sobre la lucha del catolicismo contra la ciencia, y me parecía que todo aquello lo estaba diciendo uno de esos apasionados creyentes en la salvación del mundo por medio del amor, que, por compasión hacia los hombres, están dispuestos a degollarlos o a quemarlos en la hoguera. El orador llevaba una camisa blanca, de anchas mangas, y encima de ella, un batín, gris y viejo, lo que le diferenciaba también de todos los demás. Al final de su sermón gritó:

-Pues bien ¿Estáis con Cristo o con Darwin?

Lanzó la pregunta como una piedra al rincón donde se hacinaban los jóvenes, sentados unos junto a otros, y desde donde le miraban, con temor o arrobamiento, ojos de muchachos y muchachas. Su discurso debía haber asombrado a todos, la gente callaba pensativa, gacha la cabeza. Abarcó a todos con una ardiente mirada y agregó, severo:

-Sólo los fariseos pueden intentar unir estos dos orígenes irreconciliables, y, al hacerlo, se mienten a sí mismos de un modo vergonzoso y pervierten con la mentira  a las gentes….

 

 

Referencia

 

Máximo Gorki.  Mis Universidades. Editorial Zero. Colección “Se hace camino

al andar”. Serie S número 37.

 

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