Archivo de septiembre 22nd, 2011

El lenguaje y la ciencia: El caso de Lavoisier

 

En el debate surgido a raíz de la entrada titulada Los ingleses y la moral, comentaba un lector:

 

“Análisis objetivos cuando se trata de los temas científicos, efectivamente, es lo que hace falta y menos disquisiciones semánticas o sospechas sobre lo que el poder establecido quiere o no quiere.”

 

Sin entrar en la última parte de su perorata, es decir la que hace referencia a lo que el poder establecido quiere o no quiere, importa ver lo erróneo de este planteamiento ya que análisis objetivos son imposibles si no están basados en un sólido conocimiento de la lengua, que sólo se puede adquirir mediante el análisis semántico.

El análisis semántico es así un aspecto fundamental en la Ciencia.

Lavoisier, en el prefacio a su obra Elementos de Química, citaba a Condillac, quien en su Sistema de Lógica indicaba:

 

‘Pensamos sólo por medio de palabras -Los idiomas son verdaderos métodos analíticos. El Álgebra, que se adapta a su fin en todas las especies de expresión, de la manera más simple, más exacta, y lo mejor posible, es al mismo tiempo un lenguaje y un método de análisis.-el arte de razonar no es más que un lenguaje bien organizado. ‘

 

Y un poco más adelante dice Lavoisier:

 

 

La imposibilidad de separar la nomenclatura de una ciencia de la ciencia en sí misma, es debido a esto, que cada rama de la ciencia física debe constar de tres cosas: la serie de hechos que son objeto de la ciencia, las ideas que representan a estos hechos, y las palabras con que estas ideas se expresan. Al igual que tres impresiones del mismo sello, la palabra debe producir la idea, y la idea de ser una imagen de la realidad. Y, como las ideas se conservan y se comunican por medio de palabras, se deduce necesariamente [Pág. xv] que no podemos mejorar la redacción de cualquier ciencia, sin al mismo tiempo mejorar la ciencia en sí misma, ni podemos, por otro lado, mejorar la ciencia, sin mejorar el idioma o la nomenclatura que le pertenece. Sin embargo, por muy ciertos que sean los hechos de cualquier ciencia y acertadas las ideas formadas de estos hechos, podríamos comunicar una falsa impresión a los demás, si no disponemos de las palabras por las cuales las ideas pueden ser expresados adecuadamente.


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