Archivo de octubre 24th, 2011

Introducción a La Mixtificación Científica, por Ramón Grande del Brío

 

Voy a copiar a continuación la Introducción del profesor  Ramón Grande del Brío, de la Universidad Pontificia de Salamanca,  a su libro titulado  La Mixtificación científica (CEP Editorial 2007. Madrid).  En negrita algunos párrafos más relacionados con los contenidos de éste blog.

 

Introducción

No pocos individuos de las sociedades modernas, sometidos a la acción de componentes neuróticos y perturbadores, padecen trastornos de percepción. Tarea impostergable será la de alertar a la sociedad sobre el incremento de tales trastornos, de cuya gravedad ya han advertido, por lo demás, diversos autores. Pero, aquellos, difícilmente podrán ser contrarrestados o eliminados, en tanto persistan las condiciones sociológicas y ecológicas que han propiciado su aparición.

Los trabajos que he venido realizando, en torno a la degeneración de los sistemas de intelección y raciocinio, fenómeno éste que se refleja, sobre todo, en la mixtificación de la lengua y en la trabucación conceptual, han puesto de relieve la presencia de graves anomalías en ciertos procesos de raciocinio, lo que ha dado lugar a graves errores epistemológicos en el desarrollo de ciertas teorías científicas. En esta obra me ocuparé, particularmente, de algunas de las que corresponden al terreno de la física.

Ante todo diré que el verdadero investigador, no es tal, por el mero hecho de manejar unos aparatos determinados, o de entregarse a la experimentación, sino por el hecho de poseer una mente que sea capaz de discernir, cotejar, interpretar, establecer asociaciones de ideas, adecuadamente, y explicar, después,  con la debida sindéresis, el sentido de los principios y leyes que rigen el universo.

El mundo de hoy, saturado de información, generalmente, poco decantada, padece el síndrome del relativismo, caracterizado por la existencia de ideas cambiantes, nacidas de la ambigüedad, y del paralogismo. Cuando se manejan conceptos, se deben tener presente los fundamentos del raciocinio, so pena de caer en aberraciones de primera magnitud.

Recordaré aquí lo que otras veces he señalado: la degradación de los valores de todo orden, el progresivo deterioro de las relaciones humanas, la destrucción del medio ambiente, el “culto” a los sentidos, la proclividad a sancionar como válido y real lo aparente…..; todo ello se halla ligado a la proliferación de ideas peregrinas y de teorías falsas.

Por lo demás, en diferentes ocasiones, he destacado la necesidad de acometer la tarea de enseñar a pensar, a razonar y a emplear cabalmente los conceptos, en el contexto del estudio de los distintos temas o fenómenos, a fin de devolver al ser humano la facultad de entender el funcionamiento básico del mundo que le rodea. En este aspecto, una buena parte de las teorías científicas modernas, sobre no ofrecer explicaciones convincentes de una serie de fenómenos, se hallan construidas a partir de postulados falsos, o son inadmisibles. Al sostenimiento de aquellas, coadyuvan todos los que, sorprendentemente, e muestran incapaces de descubrir las más groseras falacias y los más abultados dislates, ofuscados por la peregrina idea de que el uso de mucho aparato, vaya a permitir acceder al conocimiento del mundo.

 

Mis objeciones, en el presente trabajo, encaminadas a la invalidación de ciertos postulados y razonamientos de la teoría de la relatividad einsteniana y de algunas otras teorías sobre el origen del universo, no desvelan tan solo la naturaleza y alcance de determinados errores que las alimentan, sino que ponen en relieve la gravedad de las dislexias de tipo conceptual que aquejan a un considerable sector de las sociedades modernas, incluido, claro está, el sector científico.

 

Las observaciones que hacia mediados de la década de 1980 yo hiciera, en relación con lo que más arriba he consignado, ponían en entredicho importantes aspectos de la referida teoría de la relatividad, y no ya en cuanto teoría científica, sino, sobre todo, en cuanto construcción mental. El problema, sin embargo, no afecta únicamente a la teoría en cuestión, sino a otras muchas, referentes a diversas disciplinas y materias, algunos de cuyos planteamientos básicos se asientan, increíblemente, sobre el falseamiento de las premisas o de las condiciones de experimentación, según los casos.

 

 

No es preciso que narre las vicisitudes por las que he atravesado a lo largo de todos estos años, afrontado a la tarea de probar la falsedad de ciertos postulados, tenidos por básicos. Por desgracia, el clima reinante, no era demasiado apto por aquel entonces, para acoger lo que ha sido fruto de detenidos estudios en diversos terrenos de la ciencia. Parece como si la sociedad de nuestros días, en general, hubiese perdido la capacidad de emplear la mente para comprender donde radica lo cabal y donde anida el despropósito. No en vano, se vive hoy en un confusionismo permanente, en el que el mayor divorcio se da entre el pensamiento y la palabra.

 

 

Por todo ello, nada tiene de particular el que la publicación de la presente obra haya tenido que ser retrasada casi dos décadas. De una parte, he podido comprobar, a través de todo este tiempo, que algunos científicos, ni siquiera han llegado a entender los términos básicos de mi explicación, mientras que otros investigadores han preferido soslayar la cuestión, afirmando que en esa especie de revolución de ideas que previsiblemente, se produciría, ellos nada tendrían que ganar ni que perder. Por todo ello,  me he visto obligado a aguardar a que, socialmente el terreno estuviese mejor abonado: todos sabemos que el trigo no germina, de forma natural, en una plancha de acero.

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