Archivo de noviembre, 2011

En defensa de La crisis latente del darwinismo: réplica a J. L. Pozo publicada por Maurício Abdalla

A continuación, la réplica de Mauricio Abdalla al comentario que JL Pozo dedicó a su libro titulado “La crisis latente del darwinismo”. La publico aquí, entre otras cosas,  porque no me gusta la imagen que le han puesto en su ubicación original. En breve seguirá un comentario al comentario de JL Pozo.

En defensa de La crisis latente del darwinismo: réplica a J. L. Pozo

Maurício Abdalla

La revista El Catoblepas (n. 113, Julio de 2011) publica un artículo de José Luis Pozo Fajarnés que pretende “polemizar” con mi libro La crisis latente del darwinismo (Abdalla, 2010) “y sacar así a la luz la vacuidad de sus planteamientos”.[1] Comencé a leer el texto con gran interés, pues uno de mis propósitos explícitos era justamente comenzar un debate que juzgaba provechoso y, para ello, precisaría conocer posiciones divergentes que considerasen, polemizasen y, eventualmente, contradijesen el contenido investigado y expuesto en mi libro.

Sin embargo, a medida que avanzaba en la lectura, mi interés fue cediendo espacio al desconcierto y, luego, a la decepción. Me pareció que el análisis crítico había sido hecho por alguien que no se tomó el trabajo de leer el libro con atención y que tenía como objetivo previo negarlo en bloque, desconsiderando el contenido, inventando argumentos que no utilicé, criticando ideas que no presenté y cuestionando cosas que están respondidas de forma explícita en el propio libro. O sea, Pozo se dedicó a rechazar el libro, antes que a debatirlo.

No gustar de un libro o leerlo mal es un derecho que cabe a cualquier lector y no tengo nada que ver con las opciones o capacidad de interpretación de cada uno. Pero en el momento en que el gusto personal o la mala lectura se tornan públicos, como si expresasen una valoración racional y honesta del libro, estoy obligado a intervenir, para que otros, que no leyeron el libro, sepan lo que realmente escribí.

En el artículo de Pozo, con cada argumento que el autor utilizaba para sustentar su rechazo, me venían a la mente partes de mi texto que, con ser simplemente leídas, serían suficientes para responderle. O sea, gran parte de sus críticas puede ser respondida con sólo citar textualmente lo que ya se encuentra en mi libro, como veremos en varias ocasiones en esta réplica. No encontré, por tanto, la posibilidad de un debate que pudiese hacer avanzar la temática por contradicción dialéctica: en el caso de las  críticas del artículo de Pozo, me basta reafirmar la “tesis” tal cual está presentada en el libro, una vez que lo que se presenta como “antítesis” no lo es efectivamente.

Me llamó también la atención la frecuencia de adjetivos y juicios de valor gratuitos. El autor hace  a mi libro juicios y acusaciones como: “vacuidad”; falta de seriedad;[2] “errores” (por divergir en los presupuestos filosóficos); cripto-creacionismo;[3] “ingenuidad”;[4] argumentación “interesada y errónea”; “oscuridad y borrosidad”; “argumentaciones inconexas que no demuestran nada”; “erística”; etc. ¿Cómo puedo refutar adjetivaciones? Se trata de valoración  personal y sólo puedo esperar que otra persona lea mi libro y lo juzgue de manera diferente. Sería fácil para mí – y tendría todo el derecho para ello – simplemente devolver los adjetivos, pero así entraríamos en un juego de niños enfadados que intercambian insultos. Me propongo debatir lo que hay de substantivo en la cuestión – y, en este aspecto, la crítica de Pozo no es tan pródiga como lo es en la distribución de adjetivos.

Otra parte de la crítica del autor se compone de ilaciones sin soporte en mi texto y suposiciones de algún “objetivo secreto” o “ideas no reveladas” en mi libro. En esa parte, Pozo dejó de considerar los argumentos presentados y prefirió cuidar de contestar sus propias suposiciones. No me veo en condiciones (ni en la obligación) de rechazar críticas hechas a afirmaciones que yo no hice. Sólo puedo responder las cuestiones a respecto de algo que yo realmente haya dicho y no de algo que otro supone que yo “pretendía” decir.

Vejamos algunos ejemplos de ello. El autor de la crítica afirma:

Pero, ¿cuál será el nuevo paradigma? No se sabe, aunque podemos atrevernos a especular a partir de lo que Abdalla nos dice en su libro que quizá sea una mezcla derivada de los tres autores que más desarrolla en su trabajo. Un nuevo paradigma que pudiera denominarse quizá «la armonía o la alianza de las especies» (por cercanía con la política española del gobierno socialista de la primera década del siglo XXI, en relación al pacifismo krausista de los socialistas que hicieron mundialmente famosa la «alianza de las civilizaciones). (Pozo, 2011. Grifos míos).

En conclusión, vuelta al asunto:

Por otra parte su defensa de la armonía en la naturaleza como fundamento del nuevo paradigma biológico, que augura surgirá en el siglo en que ya estamos viviendo, no nos parece relevante (Idem. Grifos míos).

Nótese que Pozo hace una asumida especulación sobre algo que él mismo afirma que yo no dije para, en la conclusión, evaluarla como si yo la hubiera dicho. Cualquiera  que haya leído mi libro concluirá que esto es un caso o de lectura muy mal hecha o de deshonestidad intelectual, pues en ningún momento yo defiendo cualquier nuevo paradigma, mucho menos una propuesta simplista como la presentada en esa cita. Por el contrario, afirmo textualmente:

Decir cual teoría se convertirá en un nuevo paradigma está totalmente fuera de mi competencia. [...] Las teorías científicas funcionan como paradigmas en la orientación del trabajo científico. No es una cuestión para ser decidida por filósofos. Así como no tiene sentido declararme newtoniano, einsteiniano, lavoiseriano, boltzmaniano, etc. en el ejercicio del pensamiento filosófico, no tendría sentido optar por uno u otro paradigma en las ciencias biológicas. [...] No me cabe [...] defender teorías en el campo de la Biología (Abdalla, 2010, p.18; 102; 170).

En ninguna parte del libro defiendo la especulación fantasiosa de Pozo de un paradigma llamado «la armonía o la alianza de las especies». Tal vez el autor haya interpretado de esa manera tan simplona la única parte del libro en que arriesgo a decir cuales elementos podrían ser considerados en un nuevo paradigma en las ciencias biológicas. Reproduzco literalmente esa reflexión (grifando algunas partes que no están grifadas en el libro) para que el lector haga por sí mismo la diferencia entre lo que fue por mí escrito y lo que fue “leído” por Pozo:

Lo que parece configurarse en el escenario de la ciencia es un cambio radical de foco en la investigación, fruto de la constatación de la complejidad estructural de la vida referida en este libro en el capítulo 3. En vez de focalizar la estructura molecular de las partes que componen la célula (…), las nuevas aproximaciones canalizan el análisis hacia el comportamiento colectivo de estas partes. En otras palabras, en vez de la materia constituyente de la vida, se da importancia a la relación entre los elementos. Es esta relación la que constituye la totalidad organizada de la vida y, aunque depende de la materialidad de las moléculas básicas que forman los organismos vivos, no se explica por las características individuales de las partes constituyentes.

Efectivamente, todo trabajo que busca comprender la vida a través de otra óptica, a partir de las informaciones obtenidas de los nuevos descubrimientos de la bioquímica, de la microbiología y de la genética, recurre a las ideas de complejidad y auto-organización, creando las condiciones para el establecimiento de un nuevo paradigma e incluso de nuevas matrices interpretativas para los fenómenos naturales. (Abdalla, 2010, p. 186).

Calificar  a la reflexión sobre complejidad y autoorganización, ideas actualísimas en las ciencias, como “defensa de la armonía en la naturaleza como fundamento del nuevo paradigma biológico” (pese a haber tratado yo los temas con más detalle en el capítulo 3, referido en la  cita) revela no sólo desconocimiento científico del autor de la crítica, sino también una mala voluntad para leer y entender lo que está explicado con más detalles en el propio libro criticado.

Curiosamente, la única circunstancia en que utilizo las palabras “armoniosa” y “armonizar” (armonía no aparece ninguna vez) en todas las 198 páginas del libro es en el Prólogo, en un contexto en que me refería sólo a la relación de la ciencia con las ideas sociales:

La naturaleza es mucho más bella y armoniosa de lo que pueda suponer una teoría basada en los principios sociales liberales de Malthus y Spencer. Ya no será necesario intentar armonizar la teoría de la cooperación con las “leyes de la naturaleza” y la biología. La base teórica de la biología es la que, tal vez, necesite hacer las paces con la complejidad, la simbiosis, la integración y la cooperación que la ciencia experimental viene, cada vez más, descubriendo en la naturaleza. Más que eso, necesita también estar abierta al nuevo diálogo que una parte de la humanidad está buscando establecer con su mundo social y natural (Idem, p. 19).

Pozo, por tanto, inventa los propios argumentos que quiere rebatir. Cito otro ejemplo más (los lectores los pueden encontrar en abundancia cotejando la lectura de la crítica de Pozo con la lectura del libro original). Demostrando no haber entendido la distinción que hago entre hecho y teoría para, después, presentar una idea cuya conclusión es idéntica a la mía (como demostraré más adelante), el autor dice:

El autor de «La crisis latente del darwinismo» considera «el hecho de la evolución» como un «hecho positivo» y por ello, y sin más discusiones, como una verdad (Pozo, 2011).

En ninguna parte del libro digo eso y no hay ninguna reflexión que pueda llevar a eso, ni en el libro criticado ni  en ninguna cosa que yo haya escrito hasta hoy, pues siempre tuve una postura crítica al positivismo. Me intriga el origen de la creencia de Pozo de que sabe más sobre lo que yo pienso que yo mismo. Lo que afirmo en el libro es que hecho y teoría son conceptos distintos, pero relacionados. Consecuentemente, hay una distinción entre el hecho “evolución” y la teoría “de la evolución”. El objetivo era decir que cuestionar una teoría de la evolución no es negar el hecho de la evolución (como muchos hoy insisten en confundir).

Toda filosofía de la ciencia admite la distinción entre hecho y teoría, aún cuando los relaciona y hasta cuando les atribuye un mismo origen racional. Incluso para asociarlos de manera indisociable es necesario distinguirlos, pues sólo se puede relacionar cosas que no son las mismas. Distinguir los conceptos, con todo, no significa, bajo ninguna óptica filosófica, por más estrecha que sea, tratar los hechos como “hechos positivos” o “como verdades”. Pozo revela aquí un desconocimiento de cosas elementales de la filosofía de la ciencia.

Cito textualmente, una vez más, la manera como traté el tema en el libro, grifando didácticamente las partes no destacadas en el texto original, para que los lectores juzguen por sí mismos:

Hecho es aquello que se cree que ocurre realmente en la naturaleza por la constatación intersubjetiva (o sea, cuando varios sujetos que se comunican admiten tal suceso a partir del control de los sentidos o de experimentos). Teoría es una explicación construida subjetivamente, a partir de reglas racionales aceptadas para cada campo del conocimiento, que procura dar sentido a los hechos dentro de una estructura conceptual. La teoría de la evolución no es un hecho. La evolución, sí, puede ser considerada como tal. Por otro lado, el giro de la Tierra alrededor del sol no es una teoría, sino una afirmación factual dentro de una teoría (Abdalla, 2010, p. 100).

Más adelante, explico que los hechos ganan status de “hechos” sólo dentro de determinadas teorías, tomando como ejemplo el movimiento de la Tierra o del Sol, en las teorías aristotélica y galileana. Nada de eso corrobora la idea de “hecho positivo verdadero” que Pozo me atribuye. En la conclusión de mi libro (p. 173 y 174), esa relación queda aún mejor esclarecida. Lo que afirmo es que tenemos contacto con un mundo (dudo que alguien que se proclame materialista esté dispuesto a negar esto) y ese mundo se presenta a nuestros sentidos e instrumentos de medida a través de hechos. Tales hechos, para ser entendidos y, en muchos casos, incluso percibidos, precisan ser iluminados por una teoría. Pero la teoría no “crea” los hechos ni se confunde con ellos. Por eso (y aquí estamos en uno de los argumentos centrales que fundamentan la hipótesis de mi libro) se puede cambiar una teoría, manteniéndose la constatación y aceptación de lo que consideramos, intersubjetivamente, como hecho. Esto nada tiene que ver con la aceptación de los hechos como “una verdad”.

Al contrario de lo que Pozo inventa para desacreditar mi reflexión – por cierto, estamos todavía en una cuestión periférica –, digo en el libro que los hechos son, metafóricamente, “el habla de la naturaleza”, pero que, “en ausencia de esos sistemas [compuestos de teorías, leyes, instrumentos de medida y reglas experimentales, etc.], el ‘habla’ de la naturaleza es incomprensible” (p. 174). O sea, los hechos no tienen su sentido en sí, sino solamente en su relación con sistemas teóricos.

Es exactamente lo que Pozo afirma al citar la definición de “hecho” del diccionario de filosofía Symploke:

“Se dice de lo que acontece, en tanto que se considera como un dato real de la experiencia; a veces es considerado equivalente a fenómenos. En la filosofía tradicional se le considera opuesto a teoría, pero tal dicotomía ha de ser considerada metafísica, pues es imposible hablar de un hecho sin unas determinadas concepciones teóricas” (En este sentido Kuhn pecaba de ser un metafísico pues pensaba que eran incomparables las teorías respecto de las observaciones) (Pozo, 2011).

Dejaré de lado la calificación simplista y equivocada que Pozo lanza a Kuhn (no es el foco de la cuestión, pero sobre la incomensurabilidad en Kuhn se puede consultar Kuhn, 2006, p. 47-76). Me interesa aquí mostrar al lector que Pozo intenta atribuirme una “dicotomía” y “oposición” entre hecho y teoría, cuando está totalmente claro en mi libro que hago sólo una distinción y los relaciono de manera fuerte. Y, una vez más, el autor se ocupa en contestar la fantasía que él mismo creó y no el contenido real de mi libro.

Curiosamente, después de distorsionar mi texto (premeditadamente o por no comprenderlo)[5], él presenta exactamente lo que yo concluí con mi reflexión, ¡pero como si fuese una conclusión suya!

El hecho de la evolución, es inseparable de la teoría que lo explica, que le da sentido. Si en el futuro tenemos otra –como afirma Abdalla aunque sin señalar cuál– la evolución como hecho deberá ser explicada por ella (Pozo, 2011).

Esa afirmación, después de una mixtura de conceptos de la filosofía de la ciencia mal digeridos por el autor, ¡reproduce exactamente lo que digo en mi libro! O sea, de manera sorprendente, Pozo crea una afirmación que no hice y la responde como si  me estuviese contestando; después reafirma lo que yo realmente dije en mi libro como si intentase decir … La crisis latente del darwinismo tiene como foco central la idea de que las teorías cambian, aunque los hechos que intentan explicar no sufran cambios o no sean rechazados. Así, es posible una nueva teoría de la evolución para explicar el hecho de la evolución (o sea, sin rechazar la evolución), en caso de que la teoría antigua lo haya dejado de explicar.[6] Por tanto, es obvio que una nueva teoría de la evolución deberá explicar “la evolución como hecho”.[7] ¿Qué puedo responder a un crítico que supone contestarme afirmando exactamente lo que digo?

Sin embargo, quien se crea el artículo de Pozo y no se tome el trabajo de leer mi libro acabará por acompañarlo en sus malabarismos argumentativos, pues su raciocinio se basa en el presupuesto de que la idea central de mi libro puede ser presentada así:

Abdalla nos trasmite la teoría kuhniana expresada en el opúsculo La estructura de las revoluciones científicas, pero toda esta erudición y de la manera en que es usada –podemos afirmar que de forma interesada pues tiene una meta prefijada – no sirve. Estamos como al principio, como si solo hubiésemos escuchado el razonamiento vacío (lo recreamos con nuestras palabras): el hecho de que el paradigma newtoniano cayera, debido a sus anomalías, demuestra que el darwinismo también caerá por las suyas. La erudición así traída solo sirve a los intereses del autor y su forma de razonar es interesada y errónea (Pozo, 2011).

No voy a preguntar, aunque me interesaría mucho saber, de donde Pozo sacó la idea de que mi libro tiene una “meta prefijada” oculta. Estoy intrigado por saber qué tipo de conspiración pasa por su cabeza, hasta el  punto de encontrar que todo lo que escribí en el prólogo y en la introducción, explicando los orígenes, motivaciones, metodología y objetivos del libro, no pasan de mentiras para esconder a los lectores un propósito malévolo. Ni siquiera voy a llevar al lado personal la acusación indirecta – aunque ofensiva e inelegante – de que soy mentiroso, pues desconozco al autor. El hecho es que, una vez más, la “recreación” de mi “razonamiento” que Pozo hace con “sus palabras” no corresponde a lo que escribí en mi libro.

Para que el lector juzgue por sí mismo, puedo citar literalmente algunas partes en que trabajo el tipo de mudanza a la cual el darwinismo está sujeto (no hago profecías sobre lo que acontecerá, y mucho menos fundamentadas en la flaca argumentación de que “si uno cayó el otro caerá”):

La teoría de la evolución de Darwin es una teoría científica [...]. Como teoría científica, el evolucionismo darwiniano está sujeto a todos los factores mencionados en los párrafos anteriores, que actúan sobre las teorías en la ciencia, las ponen en movimiento y, muchas veces, las derrumban. No es razonable pensar que alguna teoría sea inmune a las vicisitudes a las cuales todas las demás se someten. Por lo tanto, la teoría de la evolución no precisa ser siempre darwinista.

El darwinismo, como cualquier teoría científica, está subordinado a su aspecto histórico, al interés social, a los avances de la tecnología y a la ampliación de la base fática de la biología. Nuevos insights podrán también poner a la biología en movimiento – y no necesariamente en el sentido de reforzar el paradigma hegemónico (Abdalla, 2010, p. 180).[8]

Y cuando hago referencia a lo que pasó con la física de Newton es sólo para “aclarar más lo que se ha tratado de forma abstracta en los párrafos anteriores” pues yo creía “ser oportuno ejemplificar con un caso de transición paradigmática sucedido en la física del siglo XX” y quería que los lectores comprendiesen “mejor la referencia a Newton en la pregunta inicial de la introducción” (Abdalla, 2010, p. 42). Estoy seguro de que encontraré lectores más listos y honestos como para no transformar toda argumentación de mi libro en una afirmación simplona como la creada por Pozo, de que “el hecho de que el paradigma newtoniano cayera, debido a sus anomalías, demuestra que el darwinismo también caerá por las suyas”, afirmación que no ha sido hecha en absolutamente ninguna parte del libro. Al contrario, la mayor parte de las páginas está dedicada a instruir con datos científicos y reflexiones rigurosas la hipótesis de una posible crisis en la base teórica de las ciencias biológicas. Ese debería ser el foco del debate.

Exceptuando esas 3 formas de crítica del artículo de Pozo (1. la que puede ser respondida sólo citando literalmente lo que ya está en el libro; 2. la que se compone de adjetivos y juicios de valor; 3. la que se dirige a cosas que yo no dije), poco sobra para ser respondido, pues el contenido central del libro, la argumentación científica, el amparo factual resultante de un estudio de lo que la ciencia ha producido realmente y publicado es simplemente desconsiderado por el autor bajo la mácula de “erudición”. ¿Cómo entablar  un debate serio si Pozo, en vez de discutir el contenido, simplemente ignora y califica de “erudición” la parte más fundamental de la obra, que aporta datos científicos actualizados y sirven de “instrucción” del proceso, sin los cuales toda mi argumentación seria vacía?

Innumerables veces, en el libro, hago insistentemente la advertencia de que sin los datos científicos, el libro no tendría sentido.[9] El lector puede comprobar esto fácilmente. Por ejemplo, digo en la p. 113: “si nos abstenemos de las informaciones científicas, creamos un ‘debate entre sordos’.” Lamentablemente, Pozo esquiva los datos, desconsidera toda a argumentación científica del libro calificándola de “erudición”. O sea, prefirió el debate entre sordos.

Para él, la parte de contenido científico de mi libro es apenas una “investigación doxográfica”:

Aunque solo hemos enunciado las aportaciones de los autores en que Abdalla argumenta su tesis, sí consideramos necesario mostrar nuestra postura crítica ante la forma en que presenta tales argumentos, y ello pese a la erudición que constantemente nos muestra en el texto, una erudición muy común en la inmensa mayoría de los departamentos de filosofía, en estos comienzos del siglo XXI. Estos departamentos en su mayoría se dedican a llevar a cabo una tarea de investigación doxográfica, siempre alejada del sistematismo que nos procure un aparato completo, un sistema, como lo es el del materialismo filosófico (Pozo, 2011).

Pero, definitivamente, no se trata de eso. Primero, no apoyo la parte científica sólo en los tres autores a que Pozo se refiere. Los destaqué sólo por su postura flagrantemente opuesta al darwinismo. La fundamentación científica que localiza, explica y explora el problema  se ampara en autores como  B. Alberts, H. Atlan, C. De Duve, R. Foley, M. Gerstein, S.J. Gould, S. Kauffman, H. Maturana, F. Varela, E. D. Schneider, J. J. Kay e innumerables otros investigadores cuyos artículos están debidamente referenciados en la bibliografía.

No consigo entender como una postura “materialista” puede prescindir exactamente del contenido material de la discusión. Marx, filósofo materialista paradigmático, expresaba el espíritu de una discusión materialista de la siguiente manera:

Es en la praxis donde el ser humano debe comprobar la verdad, esto es, la realidad efectiva (Wirklichkeit) y la fuerza, el carácter terrestre de su pensamiento. La disputa referente a la realidad o no-realidad efectiva del pensamiento, aislada de la praxis, es una cuestión puramente escolástica (Marx, Tese 2 contra Feuerbach).

Por tanto, la existencia o no de un problema real, material, en las ciencias biológicas debe ser investigada a la luz de la materialidad práxica de la propia ciencia en su devenir concreto. Fue eso lo que me propuse hacer en La crisis latente… Esta es la razón del estudio científico que relato en la obra: identificar un problema real. A partir de tal identificación, es preciso un referencial teórico para interpretar el problema e iniciar el debate sobre él. Por opción metodológica y filosófica, opté por interpretarlo a la luz de la concepción de T. Kuhn – y esto está absolutamente explícito en el libro.

El autor de la crítica a mi libro dice, equivocadamente, que las tesis de Kuhn “son las que en todo momento van a dirigir la argumentación, la teoría de Kuhn es el instrumento director de las investigaciones llevadas a cabo para elaborar su trabajo” (Pozo, 2011). Sin embargo, el apoyo conceptual kuhniano sólo entró posteriormente como elemento teórico de interpretación de un problema constatado poco a poco, conforme esclarezco detalladamente en el prólogo. El propósito inicial de mi investigación era

defender el darwinismo científico ante lo que, supuestamente, no pasaba de ser una ‘distorsión’ de su teoría, una ‘aplicación social espuria’ de leyes científicas perfectamente válidas para el mundo natural, pero inapropiadas para las relaciones humanas.

[...]

Tal era el objetivo inicial de la investigación: validar el darwinismo como teoría adecuada para la comprensión de la naturaleza y de la vida y, al mismo tiempo, argumentar respecto a su inadecuación para la organización de la sociedad y para la fundamentación de las relaciones humanas.(Abdalla, 2010, p. 13)

Sin embargo, al constatar que las investigaciones actuales planteaban un problema a la teoría hegemónica, cambié la ruta de la investigación:

Algunos datos de investigaciones sobre la complejidad de la vida comenzaron a ocasionarme dificultades para encuadrarlos y entenderlos a la luz de la descripción darwinista de la evolución. Inicialmente atribuí esas dificultades a mi falta de competencia científica. ¡Confieso que perdí unas buenas horas tratando de apaciguar los conflictos de mi mente, simplemente intentando conformarme con el hecho de que realidades tan complejas pudiesen haberse formado nada más que por las mutaciones aleatorias controladas por la selección natural! Los datos que no encajaban en esa descripción, las lagunas enormes que aparecían y la insuficiencia de algunos relatos pretendidamente explicativos eran considerados apenas “detalles no comprendidos” por aquellos que, como yo, no tienen formación científica académica. Sin embargo, cuanto más avanzaba la investigación, más aumentaban los “detalles”. Me di cuenta de que, si quería ser riguroso en la pesquisa, era necesario investigar si había científicos para los que esos “detalles” pudiesen representar un problema científico. Este fue el primer desvío de la ruta del objetivo inicial (Abdalla, 2010, p. 13-14).

Al desconsiderar esa explicación y decir equivocadamente que lo que dirige mi argumentación es una adhesión discipular e ingenua a Kuhn, Pozo huye del trabajo de considerar todo el contenido material de mi libro y se aplica al trabajo más fácil de discutir el referencial teórico in abstractu. Se limita a decir que el referencial por mí escogido (la filosofía de la ciencia de Thomas Kunh) no es apropiado y que el suyo es más adecuado. Discurre, entonces, ampliamente, sobre sus referenciales, al mismo tiempo que hace la crítica a Kuhn. Hasta ahí, no veo problema, pues cada uno se referencia en la concepción que más le permite comprender los fenómenos problemáticos del mundo material. No voy a decir que Pozo está “errado” al adoptar este o aquel referencial teórico-filosófico. Esta, con todo, no es su postura. El autor de la crítica está convencido de que estoy equivocado al apoyarme metodológicamente en Kuhn.  Yproclama:

Proponemos a filósofos como Maurício Abdalla que traten de reconocer el potencial del instrumento crítico que tienen ante ellos y que posibilitaría, si se utiliza con el mínimo rigor, la aclaración de muchas de sus propuestas, las cuales están ahora en la más completa borrosidad (Pozo, 2011).

Como esto me suena como una “apelación a la conversión para librarme das tinieblas del infierno”, y no como un argumento racional, sólo puedo decir lo que digo para librarme de los creyentes que predican en las calles y puertas de casa: “gracias, voy a pensar en el caso”.

¡Pero esto no cierra la discusión! Dediqué más de un centenar de páginas a demostrar que hay un problema en las ciencias biológicas y apenas algunas decenas para decir que iría a interpretarlo a la luz de la concepción kuhniana. Cualquier otro podría haberlo hecho bajo inspiración popperiana, lackatosiana, laudaniana, quineana, etc. e incluso bajo el referencial que Pozo defiende en su artigo. Divergir en el referencial interpretativo no elimina el problema. Quisiera que el debate se centrase en el problema presentado: una tensión entre los datos investigados por las ciencias de la vida (genética, bioquímica, microbiología, etc.) y la base teórica que nos intentan explicar. Esto quedó totalmente fuera de la crítica de Pozo. O sea, lo esencial no fue considerado.

Por tanto, me queda poco que discutir. No voy a gastar líneas y esfuerzo argumentativo para convencer a Pozo o cualquier lector de aceptar mis referenciales teórico-filosóficos. Los gasté, sí, en el libro, para que el problema real, material, de la ciencia quedase en evidencia y fuese debatido. Pero Pozo es un “materialista” que prefiere debatir escolásticamente la validez de las ideas independientemente de la praxis. Paciencia.

Quería añadir sólo una última cosa a esta réplica. Se trata de algo recurrente y que ha provocado un profundo desaliento en las discusiones sobre el darwinismo. Un general del Pentágono en la era G. W. Bush, explicando la política antiterrorista del gobierno de los EEUU, dijo: “cuando sólo se tiene un martillo, transforme todos sus problemas en clavos”. Y así, todo se incluía en la política monotemática del antiterrorismo estadunidense.

Gran parte de los adoctrinadores darwinistas siguen la misma política: “si sólo se poseen argumentos contra el creacionismo, transforme toda crítica al darwinismo en crítica religiosa”, aunque que el autor de la crítica no tenga absolutamente ninguna vinculación con las doctrinas creacionistas. Pozo no huyó de la regla.

En la Introducción de La crisis latente… (p. 25 a 36) hago un largo aparte para rechazar cualquier forma de creacionismo científico y para esclarecer que no tiene sentido llevar el debate a ese campo. Digo, con todas las letras: “para evitar la interferencia inconveniente de esa polémica en el debate que ahora propongo, es preciso esclarecer algunas cuestiones que colocan la discusión en su debido lugar” (p. 25). Es imposible reproducir aquí todos mis argumentos presentados en esa parte introductoria. Mas Pozo, de manera deshonesta,[10] insinúa que  mi reflexión se encamina hacia este lado. Extrae del contexto una cita y sigue en su trabajo de confundir a los lectores. Cito textualmente el artículo de Pozo:

En relación a la sustitución de la creación por la evolución queremos señalar el contraste con la siguiente afirmación de Abdalla, solo entendible desde su ideología antidarwinista –y pro diálogo, o armonía biologista– que está mucho más cercana a la ideología creacionista derrocada:

«A la luz de la reflexión precedente, la polémica entre «creacionismo» y «evolucionismo científico» solo es posible cuando se mezclan y se confunden dos campos distintos de conocimiento. Un «creacionismo científico», o una «ciencia creacionista», hace resurgir el trascendentalismo científico medieval, en la medida en que vincula directamente la comprensión de la naturaleza a causas metafísicas y trascendentales. Por otro lado, el evolucionismo presentado como «crítica a la religión» o «negación de la fe» pierde su característica científica y se transforma en doctrina metafísica, pues extrapola al campo específico al cual está originariamente vinculado –el conocimiento de la naturaleza– y se dirige a un plano que escapa totalmente a su capacidad de entendimiento.» (pág. 33.)

Pero no es ésta la cuestión, el evolucionismo no tiene como meta negar la religión, no es ese su papel, además tal como lo expone Abdalla se da una mezcla de términos que procura una borrosidad de la que es imposible salir. No es lo mismo la religión que la fe, tampoco es lo mismo la religión y Dios. El dios de Aristóteles, el primer motor inmóvil, no es un dios religioso, es un dios al que no se le puede rezar, hacerlo es absurdo. La biología es una ciencia cerrada con conceptos definidos que pertenecen a su propio campo y ningún dios, ninguna sustancia viva incorpórea –como pudiera ser el alma– es objeto de su análisis. Es absurdo decir que la teoría biológica de la evolución critique o niegue la religión.

No tengo la menor idea de que hace esa reflexión sobre Dios, fe y religión en  un artículo sobre mi libro. Mi texto citado, sacado de contexto e intercalado en el citado texto de Pozo, se inserta en una discusión introductoria que apunta justamente a decir que la contraposición entre explicación científica de la evolución y la fe es un equívoco provocado por divulgadores de la ciencia que no comprenden los limites del naturalismo científico y aclara que ese asunto no sería tratado en el libro . En el texto de Pozo la cita está absolutamente fuera de contexto. No retomo esa discusión en ninguna otra parte del libro, a no ser en pasajes rápidos para decir, justamente, que una eventual derogación del darwinismo no significaría la victoria de posturas metafísicas en la ciencia, como el creacionismo. O sea, no hay ninguna relación entre la discusión que planteo en el libro y el debate inocuo y desprovisto de sentido entre creacionismo y darwinismo.

Mas Pozo insiste:

A finales del siglo XIX Darwin propuso un nuevo mecanismo natural de formación de las especies que negaba no solo el creacionismo, que defendía la creación de todo lo que hay por parte de un ser infinito e incorpóreo sino también el esencialismo aristotélico, no lo olvidemos. El caso es que lo que provocó esta nueva forma de explicación, fue que cambiaron las creencias, las leyes naturales sustituyeron la verdad de los milagros por otra verdad material. Con los milagros o con la creencia en la existencia eterna de formas (especies) o espíritus puros, ya no se explicaba el surgimiento de las especies. O sea, que el darwinismo fue sobre todo una revolución ideológica. Es por tanto normal que los defensores de la ideología vencida sigan revolviéndose y con su revolverse provoquen reacciones como la de este trabajo que ahora pueden leer (Pozo, 2011).

Querer llevar el debate para ese campo es juego sucio, es ocultar el foco, es huir de una discusión seria. Es, en fin, temor a ampararse en los propios argumentos racionales ante cuestionamientos que no son clavos flexibles bajo el martillo omnipotente.

Y, curiosamente, en mi propio libro ya afirmaba esto:

La polémica entre “creacionismo” y “evolucionismo” llegó a ser tan acalorada (y al mismo tiempo tan confusa) que acabó por ofuscar casi toda reflexión seria sobre el darwinismo como paradigma científico. La confusión, inflada por los medios de comunicación, se tornó tan grande que hemos llegado a un punto en que cualquier cuestionamiento científico o epistemológico presentado a la teoría darwinista de la evolución es respondido inmediatamente con críticas al creacionismo, aunque la respuesta carezca visiblemente de conexión lógica con la cuestión presentada. Aún cuando un crítico del paradigma darwinista no muestre tener algún vínculo con doctrinas creacionistas, se sospecha (y así se afirma públicamente) que se trata de un “creacionista disfrazado” (Abdalla, 2010, p. 24).

Y es solamente después de todo ese ejercicio de “recrear” mi libro para poder criticarlo, ocultando su verdadero contenido a los que no lo hayan leído, que Pozo puede concluir su artículo con las siguientes palabras:

Dejar estos de lado a cambio de creer en la bondad del diálogo o en realidades metafísicas hacen un flaco favor a la posibilidad de conocer lo que nos rodea (Pozo, 2011).

El autor debe haber leído sobre “bondad del diálogo” y “realidades metafísicas” en otro libro, no en el mío. Y no confío en la capacidad de “conocer lo que nos rodea” de quien siquiera consigue interpretar un libro escrito para un público amplio.

Lo que puedo concluir de la tentativa de crítica de Pozo es que el autor leyó muy mal el libro que pretendía desmontar y demostrar su “vacuidad”. Aún espero un debate más sensato por parte de lectores que, aunque lo refuten de la primera a la última letra, lo hagan a partir de lo que realmente está planteado como idea en el texto y no necesiten inventar argumentos para poder contestarlos.

 

Bibliografia

Abdalla, Maurício (2010). La crisis latente del darwinismo. Murcia: Cauac Editoral.

KUHN, Thomas (2006). O caminho desde “A estrutura”. São Paulo: Editora UNESP.

Pozo, José Luis (2011). Vacuidades en torno al darwinismo. El Catoblepas, n. 113, Jul/2011.

MARX, Karl, ENGELS, Friedrich (1977). Cartas filosóficas e outros escritos. São Paulo: Grijalbo.


[1] Pozo, José Luis. Vacuidades en torno al darwinismo. El Catoblepas, n. 113, Jul/2011. Disponible on-line en: www.nodulo.org/ec/2011/n113p12.htm.

[2] Pozo dice: “las argumentaciones de Abdalla están alejadas totalmente de lo que consideramos que es una tarea seria para hacer filosofía”. Por suerte, la autoridad para juzgar lo que es serio o no en filosofía no fue concedida a Pozo sino por él mismo,  caso contrario yo tendría que abdicar de mi profesión!

[3] “Queremos señalar el contraste con la siguiente afirmación de Abdalla, solo entendible desde su ideología antidarwinista –y pro diálogo, o armonía biologista– que está mucho más cercana a la ideología creacionista derrocada”, afirma Pozo. Y más adelante: “Es por tanto normal que los defensores de la ideología vencida sigan revolviéndose y con su revolverse provoquen reacciones como la de este trabajo que ahora pueden leer”. O sea, a pesar de haber rechazado vehementemente cualquier forma de creacionismo en las páginas de mi libro, Pozo intenta acusarme de creacionista. Volveré sobre eso al final de esta réplica.

[4] “La ingenuidad de Abdalla – no quiero afirmar aquí más que esto (…)”. Me gustaría saber que más cosas tendría para afirmar…

[5] El autor dice que mi libro presenta “buena narrativa y claridad divulgadora”. ¿Será que incluso así no consigue entender lo que dije y repito aquí por medio de citas literales?

[6] Esta reflexión tiene fuerza en el libro, porque muchos confunden “rechazar la teoría actual que explica la evolución (darwinismo)” con “rechazar la evolución”, cuando, en verdad, se tratan de dos cosas distintas.

[7] ¿Podría alguien decir, estando en pleno uso de sus facultades mentales, que una nueva “teoría de la evolución” podría no explicar el “hecho de la evolución”? ¿Por qué tendría ese nombre, si no fuese teoría del hecho evolución?

[8] Dedico las páginas 174 a 180 a explicar qué tipos de factores inciden sobre las teorías científicas y que pueden hacerlas mudar.

[9] Se puede encontrar ya en la introducción, en las p. 36 e 37, de donde destaco: “Aunque algunos lectores puedan, eventualmente, sentirse incómodos con los detalles científicos mencionados, es preciso dejar claro que sin este apoyo factual no hay debate posible. El centro de la cuestión está justamente en los detalles.” Vuelvo a esa advertencia en las p. 78, 79; 81 (en especial en la nota 29); 85-87; 94-96; 113 y otras.

[10] La palabra es dura, pero no hay otra. Eso está tan claro en mi libro que no hay explicación para decir que no se comprendió.

Imagen: Aprendiendo a remar, de Juana Gutiérrez de Diego.

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Por meticulosas observaciones de los rebaños de mister Buckley y mister Brugess nos enteramos de que la selección inconsciente no es otra cosa sino los resultados involuntarios de la selección y, por lo tanto, no es selección alguna sino contradicción en el cuadragésimo quinto párrafo de El Origen de las Especies

 

Comete el autor dos errores graves en una misma frase. Así donde dice:

 

Youatt gives an excellent illustration of the effects of a course of selection which may be considered as unconscious, in so far that the breeders could never have expected, or even wished, to produce the result which ensued–namely, the production of the distinct strains

Youatt da un excelente ejemplo de los efectos del curso de una selección que puede ser considerada como inconsciente, en cuanto que los criadores nunca podían haber esperado, ni aun deseado, producir el resultado que ocurrió, que fue la producción de dos castas diferentes.

 

Primero: No se trata de Course of Selection (curso de una selección), sino Breeding Program, programa de mejora.

 

Segundo:  Si imposible es hacer mejora sólo con selección (recordemos que es necesario también que exista una heredabilidad de los caracteres seleccionados y que la descendencia de los individuos seleccionados no es selección), imposible también es hacer selección inconsciente.

 

 

 

 

Youatt gives an excellent illustration of the effects of a course of selection which may be considered as unconscious, in so far that the breeders could never have expected, or even wished, to produce the result which ensued–namely, the production of the distinct strains. The two flocks of Leicester sheep kept by Mr. Buckley and Mr. Burgess, as Mr. Youatt remarks, ” Have been purely bred from the original stock of Mr. Bakewell for upwards of fifty years. There is not a suspicion existing in the mind of any one at all acquainted with the subject that the owner of either of them has deviated in any one instance from the pure blood of Mr. Bakewell’s flock, and yet the difference between the sheep possessed by these two gentlemen is so great that they have the appearance of being quite different varieties. “

 

Youatt da un excelente ejemplo de los efectos de una selección que puede ser considerada como inconsciente, en cuanto que los criadores nunca podían haber esperado, ni aun deseado, producir el resultado que ocurrió, que fue la producción de dos castas diferentes.

Los dos rebaños de ovejas de Leicester, de míster Buckley y míster Brugess, según míster Youatt hace observar, «han venido criando, sin mezcla, a partir del tronco primitivo, de míster Bakewell, durante más de cincuenta años. No existe ni sospecha, absolutamente en nadie enterado de este asunto, de que el dueño de ninguna de las dos castas se haya apartado ni una sola vez de la sangre pura del rebaño de míster Bakewell, y, sin embargo, la diferencia entre las ovejas propiedad de aquellos dos señores es tan grande, que tienen el aspecto de ser variedades completamente diferentes».

 

Imagen de carryhouse

 

 

 

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¿El mayor error de Nature?

El ciclo de Krebs,  también llamado Ciclo del Ácido Cítrico o de los Ácidos Tricarboxílicos es parte final y clave del catabolismo. En él,  el acetil coenzima A, procedente de lípidos, glúcidos y aminoácidos, es completamente oxidado en la mitocondria, con la formación de energía en forma de ATP y poder reductor.

El blog de biología dedicaba hace poco una entrada al Ciclo de Krebs, en la que se incluía información general sobre el ciclo y en particular sobre algunos recursos en Internet y simuladores (como éste, éste y éste)

 

El Ciclo de Krebs, proceso clave de la bioquímica,  pasa por ser protagonista del mayor error de Nature (la revista), ya que según informa Juan Miguel Campanario en su artículo titulado Consolation for the Scientist: Sometimes It is Hard to Publish Papers That are Later Highly-Cited, y publicado en Social Studies of Science, Vol. 23, No. 2 (May, 1993), pp. 342-362 , en junio de 1937 la revista Nature rechazó la carta de Hans Krebs describiendo el ciclo del Ácido Cítrico, y un artículo completo apareció dos meses después en Enzymologia. Krebs obtuvo en 1953 el Premio Nobel de Fisiología y Medicina por su trabajo, y ha publicado un relato de éste célebre episodio.

El rechazo del descubrimiento por parte de Hans Krebs del ciclo de  los ácidos tricarboxílicos (o de Krebs), clave del metabolismo, sigue siendo para muchos el error más notorio de Nature.

 

 

Referencia

 

H.A. Krebs, ‘The History of the Tricarboxylic Acid Cycle’, Perspectives in Biological Medicine, Vol. 14 (1970), 154-70.

Imagen de ASBMB

 

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Fantasma semántico: Ejemplos de Contradictio in adiecto

 

Entre los errores habituales en el uso del lenguaje,  en particular del lenguaje científico,  nos encontramos con distintos tipos de fantasmas semánticos, es decir construcciones perversas, carentes de significado, cuya función real no es otra que dirigir el comportamiento, obligando al hablante a transitar por determinados caminos sin salida. El fantasma semántico toma distintas formas, entre ellas  la Contradictio in adiecto.

 

 

Literalmente, Contradictio in adiecto, significa una contradicción por adición, y  se refiere a adición de contrarios, es decir presencia de dos significados contradictorios en la misma expresión.

En  un párrafo denso , pero muy rico en contenidos,  de su obra titulada “Sobre la Voluntad en la Naturaleza”,  Schopenhauer aporta dos ejemplos:

 

 

Para poderse sonreír de anticipado al oír hablar de simpatía secreta o de acción mágica, es preciso hallar al mundo por completo comprensible, cosa que no cabe le suceda más que a aquel que lo mira con superficial mirada, sin sospechar siquiera que estamos sumidos en un mar de enigmas y de incomprensibilidades, y que no conocemos inmediatamente a fondo las cosas ni a nosotros mismos. La opinión opuesta a ésta es la que hace precisamente que casi todos los grandes hombres, independientemente de tiempo y nacionalidad, hayan tenido un cierto tinte de supersticiosos.  Si nuestro modo natural de conocer fuera tal que nos procurase inmediatamente las cosas en sí y, por tanto, relaciones absolutamente verdaderas de las cosas y sus respectos, estaríamos autorizados a rechazar a priori e incondicionalmente, por consiguiente, toda presciencia del futuro, todas las apariciones de ausentes o de moribundos, o aun de difuntos, y toda influencia mágica. Mas si, como enseña Kant, lo que conocemos no es más que meros fenómenos, cuyas formas y leyes no se extienden a las mismas cosas en si, es evidentemente precipitado rechazar tales fenómenos, puesto que se apoya el tal rechazo en leyes cuya a-prioridad se limita a los fenómenos, quedando fuera de ellas las cosas en si, a que tiene que pertenecer también nuestro propio yo interno. Y son estas precisamente, las cosas en sí, las que pueden tener con nosotros relaciones de que broten los citados procesos, sobre que hay que esperar decisión a posteriori, sin anticiparnos a ella..  El que los ingleses y los franceses se obstinen en rechazar a priori la autenticidad de tales procesos, depende de que están todavía sometidos en lo esencial a filosofía lockiana, según la cual no conocemos la cosa en sí más que por impresión sensible y sacándola de ésta, teniéndose inconsecuencia por incondicionadas las leyes del mundo material y sin hacer valer otra que el influjo físico. Creen por lo tanto, en una física, pero no en metafísica alguna, y no estatuyen otra magia más que la llamada “magia natural”, expresión que encierra la misma contradictio in adiecto que física sobrenatural a pesar de lo cual empléasela en serio innumerables veces, y a esta otra expresión una sola vez y ella en broma por Lichtenberg.

 

 

En este texto, Schopenhauer nos muestra dos ejemplos de Contradictio in adiecto: magia natural y física sobrenatural. Del mundo de la política y del de las finanzas se podrían obtener más  ejemplos como Soberanía popular o Deuda soberana. Un ejemplo del mundo de la ciencia puede ser la autoridad científica. Otro frecuente e importante en el mundo de la física es el de Experimento mental o experimento imaginario.

Del mundo de la literatura tenemos buenos ejemplos, así el realismo mágico. El negroblanco de Orwell es otro buen ejemplo de Contradictio in adiecto. En este caso tiene una función clara: dar la razón a quien ostenta el poder. Es decir que si un cabo ve que algo es blanco, el soldado siempre ha de verlo blanco; pero si es el soldado quien lo ve blanco, puede darse el caso de que el cabo decida que ha de ser, no blanco sino negroblanco, es decir, negro.

De la lectura de los textos de Darwin hemos obtenido,  hasta el momento,  dos buenos ejemplos de Contradictio in adiecto. Son: Selección Natural y Selección inconsciente.  Fantasmas semánticos, construcciones mentales realizadas con un objetivo muy preciso:   la obligación de  transitar obedientemente por un camino que no conduce a ninguna parte.

Nota añadida el nueve de diciembre de 2011

 

Del mundo de la filosofía y a través de una recensión que el señor JL Pozo escribió del  libro “La Crisis Latente del Darwinismo”, de Mauricio Abdalla, obtenemos un importante fantasma semántico: La filosofía materialista o el materialismo filosófico.

Echada la bola a rodar, en los comentarios a la entrada en la que se criticaba aquel comentario, surgieron otros fantasmas semánticos importantes:   inteligencia emocional, revisionismo histórico, herejías científicas, competición democrática,…...

 

Seguiremos investigando,…….

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Más ejemplos de un error fundamental: Contradictio in adiecto, en el cuadragésimo cuarto párrafo de El Origen de las Especies

 

Seguimos en el apartado titulado Selección inconsciente. La lectura avanza a todo galope sin definir muy bien lo que esto sea.  El autor que había dado algún ejemplo con perros, dará ahora otros ejemplos con caballos y palomas. Los ejemplos se acumulan, pero el concepto (selección inconsciente) permanece obscuro e  indefinido. No es extraño puesto que se trata de un error conceptual: Una contradicción: Contraditio in adiecto.

El autor, que  no entiende la diferencia entre selección y mejora, tampoco entiende que la selección es un proceso consciente y por lo tanto selección inconsciente, es imposible.  Un fantasma semántico. Afortunadamente, éste fantasma tiene la vida mas corta que su hermano, también  fantasma, la selección natural.

 

By a similar process of selection, and by careful training, English race- horses have come to surpass in fleetness and size the parent Arabs, so that the latter, by the regulations for the Goodwood Races, are favoured in the weights which they carry. Lord Spencer and others have shown how the cattle of England have increased in weight and in early maturity, compared with the stock formerly kept in this country. By comparing the accounts given in various old treatises of the former and present state of carrier and tumbler pigeons in Britain, India, and Persia, we can trace the stages through which they have insensibly passed, and come to differ so greatly from the rock-pigeon.

 

 

Mediante un similar procedimiento de selección y un amaestramiento cuidadoso, los caballos de carrera ingleses han llegado a aventajar en velocidad y tamaño a los progenitores árabes, hasta el punto de que estos últimos, en el reglamento para las carreras de Goodwood, están favorecidos en los pesos que llevan. Lord Spencer y otros han demostrado cómo el ganado vacuno de Inglaterra ha aumentado en peso y precocidad, comparado con el ganado que se tenía antes en este país. Comparando los informes dados en varios tratados antiguos sobre la condición, en tiempos pasados, de las palomas mensajera y volteadora con la condición actual en Inglaterra, India y Persia podemos seguir las fases por que han pasado insensiblemente hasta llegar a diferir tanto de la paloma silvestre.

 

 

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De dos errores ha nacido un tercero: Contradictio in adiecto y algunas razas de perro en el cuadragésimo tercer párrafo de El Origen de las Especies

 

 

En su traducción de El Origen, Antonio de Zulueta asesorado por Ángel Cabrera, indica que el perro retratado en este cuadro de Velázquez junto al príncipe Baltasar Carlos es un pointer español.

El que sigue es el primero de diez párrafos dedicados a la Selección inconsciente.  No es fácil entender lo que el autor pretende llamar Selección Inconsciente.  Aunque en las primeras líneas pretende establecer la diferencia con lo que llama selección metódica, resulta imposible entenderlo. Así cuando dice:

 

Pero para nuestro objeto es más importante una forma de selección que puede llamarse inconsciente, y que consiste en que cada uno procura poseer y sacar crías de los mejores individuos

 

Está definiendo así a la pura selección consciente y no la inconsciente

 

¿Qué ocurre? ¿Qué es pues, la selección inconsciente? ¿Es algo o no es nada?

 

En un intento de ayudar al autor podríamos sugerir que la  selección inconsciente incluirá aquellos cambios que se obtienen como consecuencia de la selección sin ser los que se buscaban durante el proceso. Pero si se trata de eso, eso no es selección, que depende siempre de la voluntad del seleccionador, sino precisamente respuesta de la naturaleza, no  a la selección, sino a un determinado programa de mejora. La selección termina cuando el seleccionador ha seleccionado.

 

Se pone de manifiesto así uno de los errores fundamentales  de éste autor y base del darwinismo. Selección la hace el hombre, la naturaleza no selecciona. En todo caso,  la naturaleza responde a los cruzamientos que el hombre realiza con los productos de la  selección.

 

El concepto de selección inconsciente surge en la mente del autor a consecuencia de no haber entendido lo que es el proceso de selección (un proceso consciente) y además,  confundirlo constantemente con el proceso de mejora (breeding) del cual la selección es sólo una parte. De estos dos errores nace un tercero. Una contradictio in adiecto que, como iremos viendo, no es la única en la obra que nos ocupa.

 

Como quiera que sea, además de poner de manifiesto este grave error conceptual (Contraditio in adiecto, Fantasma semántico) en éste párrafo se indican algunos ejemplos de perros.

 

 

 

At the present time, eminent breeders try by methodical selection, with a distinct object in view, to make a new strain or sub-breed, superior to anything of the kind in the country. But, for our purpose, a form of selection, which may be called unconscious, and which results from every one trying to possess and breed from the best individual animals, is more important. Thus, a man who intends keeping pointers naturally tries to get as good dogs as he can, and afterwards breeds from his own best dogs, but he has no wish or expectation of permanently altering the breed. Nevertheless we may infer that this process, continued during centuries, would improve and modify any breed, in the same way as Bakewell, Collins, etc., by this very same process, only carried on more methodically, did greatly modify, even during their lifetimes, the forms and qualities of their cattle. Slow and insensible changes of this kind could never be recognised unless actual measurements or careful drawings of the breeds in question have been made long ago, which may serve for comparison. In some cases, however, unchanged, or but little changed, individuals of the same breed exist in less civilised districts, where the breed has been less improved. There is reason to believe that King Charles’ spaniel has been unconsciously modified to a large extent since the time of that monarch. Some highly competent authorities are convinced that the setter is directly derived from the spaniel, and has probably been slowly altered from it. It is known that the English pointer has been greatly changed within the last century, and in this case the change has, it is believed, been chiefly effected by crosses with the foxhound; but what concerns us is, that the change has been effected unconsciously and gradually, and yet so effectually that, though the old Spanish pointer certainly came from Spain, Mr. Borrow has not seen, as I am informed by him, any native dog in Spain like our pointer.

 

Criadores eminentes procuran, mediante selección metódica, en vista de un fin determinado, obtener una nueva línea o sub-raza superior a todo lo de su clase en el país. Pero para nuestro objeto es más importante una forma de selección que puede llamarse inconsciente, y que consiste en que cada uno procura poseer y sacar crías de los mejores individuos. Así, uno que intenta tener pointers, naturalmente, procura adquirir tan buenos perros como puede y después obtiene crías de sus mejores perros, pero sin tener deseo ni esperanza de modificar permanentemente las razas. Sin embargo, debemos deducir que este procedimiento, seguido durante siglos, mejoraría y modificaría cualquier raza, del mismo modo que Bakewell, Collins, etc., por este mismo procedimiento, pero llevado con más método, modificaron mucho, sólo con el tiempo de su vida, las formas y cualidades de su ganado vacuno. Cambios lentos e insensibles de esta clase no pueden nunca reconocerse, a menos que mucho tiempo antes se hayan hecho de las razas en cuestión medidas positivas y dibujos cuidadosos que puedan servir de comparación. En algunos casos, sin embargo, individuos no modificados, o poco modificados, de la misma raza existen en distritos menos civilizados donde la raza ha sido menos mejorada. Hay motivo para creer que el faldero King Charles ha sido inconscientemente modificado en sumo grado desde el tiempo de aquel monarca. Algunas autoridades competentísimas están convencidas de que el perro setter desciende directamente del spaniel, y probablemente ha sido lentamente modificado a partir de éste. Es sabido que el pointer inglés ha cambiado mucho en el último siglo, y en este caso el cambio se ha efectuado, según se cree, mediante cruzamiento con el foxhound; pero lo que nos interesa es que el cambio se ha efectuado inconsciente y gradualmente, y, sin embargo, es tan positivo que, aunque el antiguo pointer español vino seguramente de España, míster Borrow, según me ha informado, no ha visto ningún perro indígena en España semejante a nuestro pointer

 

 

 

 

 

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Roguing, es decir, descartar los individuos que no interesan, como verdadero y único principio de la selección en el cuadragésimo segundo párrafo de El Origen de las Especies

 

Llamar principio de selección a “Roguing”, es decir a descartar los individuos que no interesan, es la demostración más clara que podemos desear de que en la selección no hay principio alguno otro que el buen ojo del seleccionador. Es la selección un hecho tan elemental que ningún otro principio la dirige ni tampoco tiene ningún resultado diferente que no sea la propia selección en sí. Podemos así de una vez aportar ahora la definición que el autor ha venido escamoteando. ¿Qué es la selección?  La acción y efecto de seleccionar.  Aunque, en agronomía, la selección es una parte importante del proceso de Mejora Genética, por sí misma la selección no conduce a ninguna parte. La selección natural, a pesar de estar reconocida en diccionarios oficiales de todas las lenguas, por ejemplo el de la RAE, no es nada sino una contradictio in adiecto, un fantasma semántico.

 

Podemos también responder a otras preguntas:

 

¿Quien dirige la selección?  La voluntad del mejorador. Por lo tanto, sin voluntad previa, no hay selección.  La selección es una parte del proceso de mejora genética (Breeding),  cuyos resultados dependen además de la propia selección,  de la fertilidad y de la heredabilidad. Como el autor indica:

 

But it is very far from true that the principle is a modern discovery

 

Cierto. El principio de que uno puede eliminar algunos individuos en sus cruzamientos domésticos es muy viejo, quizás por eso el autor lo llame principio  ya que  está en la base  (al principio) de la agricultura y la ganadería. Con la selección no se consigue progreso alguno, por el contrario el progreso resultante de un proceso de Mejora Genética en particular y de toda su historia depende de la heredabilidad de los caracteres elegidos, propiedad que es independiente de toda selección.

 

El autor insiste en confundir selección con mejora y éste es uno de los errores más tenazmente mantenidos, increíbles y peligrosos de su obra. La selección por sí misma no tiene fruto ninguno y es absurdo pensar que en la naturaleza haya selección ni mejora. Pero además, la introducción del concepto de rogues (morralla), algo real en términos de actividad del mejorador, es absolutamente ridículo en términos de la naturaleza. En la naturaleza no hay rogues. Pensar lo contrario es ser eugenista.

 

 

It may be objected that the principle of selection has been reduced to methodical practice for scarcely more than three-quarters of a century; it has certainly been more attended to of late years, and many treatises have been published on the subject; and the result has been, in a corresponding degree, rapid and important. But it is very far from true that the principle is a modern discovery. I could give several references to works of high antiquity, in which the full importance of the principle is acknowledged. In rude and barbarous periods of English history choice animals were often imported, and laws were passed to prevent their exportation: the destruction of horses under a certain size was ordered, and this may be compared to the “roguing ” of plants by nurserymen. The principle of selection I find distinctly given in an ancient Chinese encyclopaedia. Explicit rules are laid down by some of the Roman classical writers. From passages in Genesis, it is clear that the colour of domestic animals was at that early period attended to. Savages now sometimes cross their dogs with wild canine animals, to improve the breed, and they formerly did so, as is attested by passages in Pliny. The savages in South Africa match their draught cattle by colour, as do some of the Esquimaux their teams of dogs. Livingstone states that good domestic breeds are highly valued by the negroes in the interior of Africa who have not associated with Europeans. Some of these facts do not show actual selection, but they show that the breeding of domestic animals was carefully attended to in ancient times, and is now attended to by the lowest savages. It would, indeed, have been a strange fact, had attention not been paid to breeding, for the inheritance of good and bad qualities is so obvious.

 

Puede hacerse la objeción de que el principio de la selección ha sido reducido a práctica metódica durante poco más de tres cuartos de siglo; ciertamente, ha sido más atendida en los últimos años y se han publicado muchos tratados sobre este asunto, y el resultado ha sido rápido e importante en la medida correspondiente. Pero está muy lejos de la verdad el que el principio de la selección sea un descubrimiento moderno. Podría dar yo referencias de obras de gran antigüedad en las que se reconoce toda la importancia de este principio. En períodos turbulentos y bárbaros de la historia de Inglaterra fueron importados muchas veces animales selectos y se dieron leyes para impedir su exportación; fue ordenada la destrucción de los caballos inferiores a cierta alzada, y esto puede compararse al roguing, en las plantas, por los que cuidan de los semilleros. El principio de la selección lo encuentro dado claramente en una antigua enciclopedia china. Algunos de los escritores clásicos romanos dieron reglas explícitas. Por pasajes del Génesis es evidente que en aquel tiempo antiquísimo se prestó atención al color de los animales domésticos. Actualmente los salvajes cruzan a veces sus perros con cánidos salvajes para mejorar la raza, y antiguamente lo hacían así, según lo atestiguan pasajes de Plinio. Los salvajes, en el sur de África, emparejan por el color su ganado vacuno de tiro, como lo hacen con sus tiros de perros algunos de los esquimales. Livingstone afirma que las buenas razas domésticas son muy estimadas por los negros del interior del África que no han tenido relación con europeos. Algunos de estos hechos no demuestran selección positiva; pero muestran que en los tiempos antiguos se atendió cuidadosamente a la cría de animales domésticos y que hoy es atendida por los salvajes más inferiores. Habría sido realmente un hecho extraño que no se hubiese prestado atención a la cría, pues es tan evidente la herencia de las cualidades buenas y malas.

Imagen: Relaciones de la palabra Rogue en inglés y español  según Visual Thesaurus

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Con respecto a las plantas, el autor también confunde selección con mejora, selection con breeding, en el párrafo cuadragésimo primero de El Origen de las Especies

Sigue en su error y, en lo que se refiere a las plantas, también confunde el autor selección con mejora. Dice:

In regard to plants, there is another means of observing the accumulated effects of selection–namely,……..

Por lo que se refiere a las plantas hay otro modo de observar el efecto acumulado de la selección, que es ,……..

 

Pero debería decir:

 

In regard to plants, there is another means of observing the accumulated effects of breeding–namely,………

Por lo que se refiere a las plantas hay otro modo de observar el efecto acumulado de la mejora, que es ,………

 

Porque las observaciones a que se refiere éste párrafo no son consecuencia de la selección sino del proceso de  mejora. Al final,  en lugar de lo siguiente:

 

but, as a general rule, it cannot be doubted that the continued selection of slight variations, either in the leaves, the flowers, or the fruit, will produce races differing from each other chiefly in these characters.

 

por regla general, no se puede dudar que la selección continuada de ligeras variaciones, tanto en las hojas como en las flores o frutos, producirá razas que difieran entre sí principalmente en estos caracteres.

 

Debería decir:

 

but, as a general rule, it cannot be doubted that the continued breeding for slight variations, either in the leaves, the flowers, or the fruit, will produce races differing from each other chiefly in these characters.

 

por regla general, no se puede dudar que la mejora genética dirigida a obtener ligeras variaciones, tanto en las hojas como en las flores o frutos, producirá razas que difieran entre sí principalmente en estos caracteres.

 

In regard to plants, there is another means of observing the accumulated effects of selection–namely, by comparing the diversity of flowers in the different varieties of the same species in the flower-garden; the diversity of leaves, pods, or tubers, or whatever part is valued, in the kitchen-garden, in comparison with the flowers of the same varieties; and the diversity of fruit of the same species in the orchard, in comparison with the leaves and flowers of the same set of varieties. See how different the leaves of the cabbage are, and how extremely alike the flowers; how unlike the flowers of the heartsease are, and how alike the leaves; how much the fruit of the different kinds of gooseberries differ in size, colour, shape, and hairiness, and yet the flowers present very slight differences. It is not that the varieties which differ largely in some one point do not differ at all in other points; this is hardly ever–I speak after careful observation–perhaps never, the case. The law of correlated variation, the importance of which should never be overlooked, will ensure some differences; but, as a general rule, it cannot be doubted that the continued selection of slight variations, either in the leaves, the flowers, or the fruit, will produce races differing from each other chiefly in these characters.

 

 

Por lo que se refiere a las plantas hay otro modo de observar el efecto acumulado de la selección, que es comparando, en el jardín, la diversidad de flores en las diferentes variedades de las mismas especies; en la huerta, la diversidad de hojas, cápsulas, tubérculos o cualquier otra parte, si se aprecia en relación con la de las flores de las mismas variedades; y en el huerto, la diversidad de frutos de la misma especie en comparación con la de las hojas y flores del mismo grupo de variedades. Véase lo diferentes que son las hojas de la col y qué parecidísimas las flores; qué diferentes las flores del pensamiento y qué semejantes las hojas; lo mucho que difieren en tamaño, color, forma y pilosidad los frutos de las diferentes clases de grosellas, y, sin embargo, las flores presentan diferencias ligerísimas. No es que las variedades que difieren mucho en un punto no difieran en absoluto en otros; esto no ocurre casi nunca -hablo después de cuidadosa observación- o quizá nunca. La ley de variación correlativa, cuya importancia no debe ser descuidada, asegura algunas diferencias; pero, por regla general, no se puede dudar que la selección continuada de ligeras variaciones, tanto en las hojas como en las flores o frutos, producirá razas que difieran entre sí principalmente en estos caracteres.

 

 

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Portentosa maquinaria de propaganda: Un pésimo negocio

 

A continuación,  unos párrafos del libro de Miguel Iradier titulado “El Círculo de Petersburgo. Guía de la Ciencia Heterodoxa”:

 

Y mientras tanto, los neodarwinistas, campeones del chovinismo disciplinario más desaforado, siguen entonando himnos a los triunfos de su imbatible teoría. Incluso se repite el tópico de que el concepto de selección natural de Darwin es la “idea más revolucionaria que ha tenido nunca el hombre”. Se apropian así de la idea misma de evolución, como si antes de Darwin tales nociones no hubieran existido. No contentos con adueñarse de todo el pasado del Universo- pues también la cosmología ha sufrido la pandemia de la selección natural de mundos posibles-, han intentado  también apoderarse del campo de la evolución cultural, para extender ya sin límites los dominios de su hegemonía. Surgió así el impagable concepto de “memética”, que durante muchos años pretendió ser una ciencia del futuro y tuvo sus encendidos adalides y sus revistas en busca de la respetabilidad. No sabemos si los padres del invento llegaron a sentir alguna vergüenza de su nuevo engendro, o simplemente fueron obligados a retenerse por gente incapaz de soportar más tonterías, pero afortunadamente la fiebre ya ha pasado.

 

La búsqueda de respetabilidad siempre ha sido importante para los partidarios de la selección natural. Ellos no tienen nada parecido a las, al menos superficialmente,  hermosas ecuaciones de la física- no tienen por tanto una coartada en la que pueda descansar la buena conciencia. Así, su teoría tiene que hacer los más patéticos esfuerzos por cargarse de argumentos, expandirse en todas direcciones y llenar siempre más los ya más que abigarrados museos de Historia Natural. El mismo Darwin, del que todo el mundo sabe que fue cualquier cosa menos un genio, es tildado una y otra vez de “venerable”: el venerable Darwin, padre de la teoría de la evolución. Siempre se termina por encontrar el adjetivo oportuno.

 

Hasta el romanticismo, venerable era la palabra aplicada a la naturaleza. Ahora ya sólo necesitamos venerar a Darwin, de cuya teoría toda la naturaleza sería una maravillosa ilustración. Nunca occidente realizó un tan pésimo negocio.

 

(pp 224-5)

 

Y más adelante:

En cuanto a la paternidad por Darwin y Wallace sobre la idea de la evolución, no deja de ser otra de las muchas apropiaciones desmadradas de esta portentosa maquinaria de propaganda………….

 

Pero incluso estas apelaciones a la geología están bastante fuera de lugar; el cruce y selección de razas de animales domésticos y plantas, que Darwin no deja de tener como uno de sus hilos conductores más explícitos, presupone desde hace milenios la selección de variabilidad, y el célebre naturalista termina por llevar estas nociones ya asumidas a las conclusiones más claramente erróneas y anticientíficas en torno al problema, completamente diferente, de la especiación. Es decir, no sólo no aporta conocimientos científicos a las ideas concebidas de la selección, sino que las generaliza allí donde no pueden resultar más específicamente falsas.

 

El artículo de Máximo Sandín sobre una redundancia: el darwinismo social nos parece lo  bastante claro al respecto.

 

(p 229)

 

Y más adelante:

No sólo el darwinismo no ha descubierto el concepto de evolución, sino que de hecho lo ha bloqueado expresamente. Esto debería ser contemplado con la mayor atención. Además de ignorar los mecanismos realmente viables de novedad, el cambio y la organización, el darwinismo es la forma mejor camuflada del inmovilismo: la manera más ramplona de relacionar cualquier pasado y futuro a lo que hay: el  statu quo presente. Esto lo han entendido de maravilla todos aquellos que necesitaban una justificación expresa para cualquier acto por lo demás injustificable, y se sigue haciendo a gran escala todavía hoy.

 

(p 231)

 

Miguel Iradier. El Círculo de Petersburgo. Guía de la Ciencia Heterodoxa. Hurqualya, 2007.

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Aparecen los rogues, un concepto clave para entender las ideas del autor en el cuadragésimo párrafo de El Origen de las Especies

 

Leemos en el Merrian Webster la definición de Rogue:

VAGRANT, TRAMP

2 : a dishonest or worthless person  : SCOUNDREL

3 : a mischievous person  : SCAMP

4 : a horse inclined to shirk or misbehave

5 : an individual exhibiting a chance and usually inferior biological variation

–rogu£ish \*r*-gish\  adjective

–rogu£ish£ly adverb

–rogu£ish£ness noun

 

Es decir, que los rogues es la canalla, la morralla, lo indeseable. Algunos traductores lo dejan sin traducir y ponen llamadas a pie de página indicando correspondencia con bribón o pícaro.

 

En su empeño por hacernos ver la tarea del mejorador de animales o plantas, muestra el autor que una de sus principales funciones es la de separar a estos elementos indeseables de su proceso de mejora. Hasta ahí no hay ningún inconveniente siempre que el análisis permanezca dentro de los límites de la granja.  El problema es que no estamos ante un tratado de cunicultura o avicultura, sino ante una obra que se considera de Historia Natural o de Biología y, en ese caso, es inadmisible  que en la naturaleza ocurra nada semejante.

En la naturaleza no hay nada ni nadie indicando qué es morralla, qué hay que merezca la pena dejar descendencia y qué no. Esto ocurre en la granja, o en un sistema de control social según la eugenesia, esa especie de pseudociencia o técnica instituida por su primo,  sir Francis Galton, que tanto gustaba a Darwin y que tan vinculada ha estado siempre al darwinismo. En ambos casos, bajo la acción humana. En la naturaleza, no.

 

 

 

 

The same principles are followed by horticulturists; but the variations are here often more abrupt. No one supposes that our choicest productions have been produced by a single variation from the aboriginal stock. We have proofs that this is not so in several cases in which exact records have been kept; thus, to give a very trifling instance, the steadily increasing size of the common gooseberry may be quoted. We see an astonishing improvement in many florists’ flowers, when the flowers of the present day are compared with drawings made only twenty or thirty years ago. When a race of plants is once pretty well established, the seed-raisers do not pick out the best plants, but merely go over their seed-beds, and pull up the “rogues,” as they call the plants that deviate from the proper standard. With animals this kind of selection is, in fact, likewise followed; for hardly any one is so careless as to breed from his worst animals

 

Los mismos principios siguen los horticultores, pero las variaciones, con frecuencia, son más bruscas. Nadie supone que nuestros productos más selectos se hayan producido por una sola variación del tronco primitivo. Tenemos pruebas de que esto no ha sido así en diferentes casos en que se han conservado datos exactos; así, para dar un ejemplo muy sencillo, puede citarse el tamaño, cada vez mayor, de la grosella. Vemos un asombroso perfeccionamiento en muchas flores de los floristas cuando se comparan las flores de hoy día con dibujos hechos hace veinte o treinta años solamente. Una vez que una raza de plantas está bastante bien establecida, las productores de semillas no cogen las plantas mejores, sino que, simplemente, pasan por sus semilleros y arrancan los rogues, como llaman ellos a las plantas que se apartan del tipo conveniente. En animales también se sigue, de hecho, esta clase de selección, pues casi nadie es tan descuidado que saque cría de sus animales peores.

 

 

 

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