Archivo de noviembre, 2011

Nuevas maravillas de la selección, características innatas del seleccionador y precio del ganado en el párrafo trigésimo noveno de El Origen de las Especies

 

Si ya en el párrafo anterior nos encontrábamos muy lejos de la cuestión central de la obra (On the origin of species),  y corríamos el riesgo de perdernos,  porque el autor había confundido el concepto de selección con el de mejora, en éste ya nos hemos perdido sin remisión.

El autor vaga desorientado, se ha olvidado de la finalidad de su obra y se dedica a distraernos, llevando nuestra atención por las cosas más dispares. Pero repetimos, las consecuencias de la mejora genética no sólo se deben a la selección. La mejora es algo más complejo que la selección que incluye: Selección, apareamiento, reproducción. El resultado depende,  no sólo de la selección,  sino de la fertilidad de los cruzamientos y la heredabilidad de los caracteres seleccionados:

 

 

What English breeders have actually effected is proved by the enormous prices given for animals with a good pedigree; and these have been exported to almost every quarter of the world. The improvement is by no means generally due to crossing different breeds; all the best breeders are strongly opposed to this practice, except sometimes among closely allied sub-breeds. And when a cross has been made, the closest selection is far more indispensable even than in ordinary cases. If selection consisted merely in separating some very distinct variety and breeding from it, the principle would be so obvious as hardly to be worth notice; but its importance consists in the great effect produced by the accumulation in one direction, during successive generations, of differences absolutely inappreciable by an uneducated eye–differences which I for one have vainly attempted to appreciate. Not one man in a thousand has accuracy of eye and judgment sufficient to become an eminent breeder. If gifted with these qualities, and he studies his subject for years, and devotes his lifetime to it with indomitable perseverance, he will succeed, and may make great improvements; if he wants any of these qualities, he will assuredly fail. Few would readily believe in the natural capacity and years of practice requisite to become even a skilful pigeon-fancier.

 

Lo que los criadores ingleses han hecho positivamente está probado por los precios enormes pagados por animales con buena genealogía, y éstos han sido exportados a casi todas las regiones del mundo. Generalmente, el perfeccionamiento no se debe, en modo alguno, al cruce de diferentes razas; todos los mejores criadores son muy opuestos a esta práctica, excepto, a veces, entre sub-razas muy afines; y cuando se ha hecho un cruzamiento, una rigurosísima selección es aún mucho más indispensable que en los casos ordinarios. Si la selección consistiese simplemente en separar alguna variedad muy distinta y hacer cría de ella, el principio estaría tan claro que apenas sería digno de mención; pero su importancia consiste en el gran efecto producido por la acumulación, en una dirección, durante generaciones sucesivas, de diferencias absolutamente inapreciables para una vista no educada, diferencias que yo, por ejemplo, intenté inútilmente apreciar. Ni un hombre entre mil tiene precisión de vista y criterio suficiente para llegar a ser un criador eminente. Si, dotado de estas cualidades, estudia durante años el asunto y consagra toda su vida a ello con perseverancia inquebrantable, triunfará y puede obtener grandes mejoras; si le falta alguna de estas cualidades, fracasará seguramente. Pocos creerían fácilmente en la natural capacidad y años que se requieren para llegar a ser no más que un hábil criador de palomas.

Imagen de Paso Fino Horse Directory

 

 

 

 

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La varita mágica al descubierto en el párrafo trigésimo octavo de El Origen de las Especies

 

El autor desearía tener más espacio (nadie se lo limita), pero no para describir mecanismo alguno en relación con la  transformación de las especies, no.  El  autor necesita más espacio porque así podría exponer largamente, es decir con más detalle todavía, el trabajo de los ganaderos y agricultores.

Surgen dos preguntas. La primera, más inocente: ¿Se necesitaría mucho espacio para exponer esto de manera suficientemente clara y comprensiva?

La segunda, un poco más intencionada: ¿Tiene esto algo que ver con la formación de una especie en la naturaleza?

 

O si prefieren concentrar ambas preguntas en una, la resultante sería:

¿Cuánto espacio habría que dedicar a exponer el trabajo de los ganaderos y agricultores en un tratado sobre la transformación de las especies?

 

Y aquí,  fuese cual fuese la respuesta,  veríamos que el autor está dedicando demasiado espacio a un tema que no aporta solución alguna al tema de El Origen de las Especies.

 

El autor está asombrado con la actividad que estos señores, agricultores y ganaderos,  realizan seleccionando para la cría los mejores ejemplares;  pero,  desde su asombro, confunde constantemente selección con mejora, selection con breeding. La modificación de razas y la obtención de variedades nuevas son el resultado de un proceso de mejora y la mejora de una especie animal o vegetal no depende sólo de la selección, sino de ciertas propiedades naturales de las especies objeto de mejora. La mejora, para bien o para mal, es una actividad que va más allá del  resultado de la intención humana (selección), y depende  de la disposición que existe en la naturaleza: Quod Natura Non Dat, Salmantica non praestat.

 

Menciona el autor a un tal señor Youatt, William Youatt,  autor de un libro sobre El Perro, quien tampoco era académico y además tenía una idea muy confusa sobre lo que es la selección: Esa varita mágica, indica el autor citando un impreciso texto de  Youatt :

 

that which enables the agriculturist, not only to modify the character of his flock, but to change it altogether. It is the magician’s wand, by means of which he may summon into life whatever form and mould he pleases

 

lo que permite al agricultor, no sólo modificar los caracteres de su rebaño, sino cambiar éstos por completo. Es la vara mágica mediante la cual puede llamar a la vida cualquier forma y modelar lo que quiere

 

Lo cual es falso. La selección no es aquello que permite cambiar los caracteres del rebaño. En todo caso esto es el proceso de mejora genética, del cual la selección puede ser parte importante, pero no son sinónimos. Por mucho que el hombre seleccione, no hay mejora si la naturaleza no consiente. El mejorador de animales y plantas no dispone de varita mágica alguna y tan sólo obtendrá de sus experiencias aquello que la naturaleza esté dispuesta a darle.

 

The great power of this principle of selection is not hypothetical. It is certain that several of our eminent breeders have, even within a single lifetime, modified to a large extent their breeds of cattle and sheep. In order fully to realise what they have done it is almost necessary to read several of the many treatises devoted to this subject, and to inspect the animals. Breeders habitually speak of an animal’s organisation as something plastic, which they can model almost as they please. If I had space I could quote numerous passages to this effect from highly competent authorities. Youatt, who was probably better acquainted with the works of agriculturalists than almost any other individual, and who was himself a very good judge of animals, speaks of the principle of selection as “that which enables the agriculturist, not only to modify the character of his flock, but to change it altogether. It is the magician’s wand, by means of which he may summon into life whatever form and mould he pleases.” Lord Somerville, speaking of what breeders have done for sheep, says: “It would seem as if they had chalked out upon a wall a form perfect in itself, and then had given it existence.” In Saxony the importance of the principle of selection in regard to merino sheep is so fully recognised, that men follow it as a trade: the sheep are placed on a table and are studied, like a picture by a connoisseur; this is done three times at intervals of months, and the sheep are each time marked and classed, so that the very best may ultimately be selected for breeding.

 

 

La gran fuerza de este principio de selección no es hipotética. Es seguro que varios de nuestros más eminentes ganaderos, aun dentro del tiempo que abarca la vida de un solo hombre, modificaron en gran medida sus razas de ganado vacuno y de ovejas. Para darse cuenta completa de lo que ellos han hecho es casi necesario leer varios de los muchos tratados consagrados a este objeto y examinar los animales. Los ganaderos hablan habitualmente de la organización de un animal como de algo plástico que pueden modelar casi como quieren. Si tuviese espacio, podría citar numerosos pasajes a este propósito de autoridades competentísimas. Youatt, que probablemente estaba mejor enterado que casi nadie de las obras de los agricultores, y que fue él mismo un excelente conocedor de animales, habla del principio de la selección como de «lo que permite al agricultor, no sólo modificar los caracteres de su rebaño, sino cambiar éstos por completo. Es la vara mágica mediante la cual puede llamar a la vida cualquier forma y modelar lo que quiere». Lord Somerville, hablando de lo que los ganaderos han hecho con la oveja, dice: «parecería como si hubiesen dibujado con yeso en una pared una forma perfecta en sí misma y después le hubiesen dado existencia». En Sajonia, la importancia del principio de la selección, por lo que se refiere a la oveja merina, está reconocido tan por completo, que se ejerce como un oficio: las ovejas son colocadas sobre una mesa y estudiadas como un cuadro por un perito; esto se hace tres veces, con meses de intervalo, y las ovejas son marcadas y clasificadas cada vez, de modo que las mejores de todas pueden ser por fin seleccionadas para la cría.

 

 

Imagen: Youatt con la varita mágica. Adaptación del retrato de William Youatt (1830-1883) de Youatt Genealogy Pages.

 

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Descubrimiento de la pólvora: La utilidad para el ser humano, principio de la selección y un grave error en el párrafo trigésimo séptimo de El Origen de las Especies

 

El párrafo trigésimo séptimo es el primero de una serie dedicada a los Principios de selección practicados desde tiempo antiguo y sus efectos. Veremos qué pueda entender un autor que confunde selección con mejora,  por Principios de selección y si en este caso también, como en el de las palomas, nos sorprende por haber descubierto la pólvora. En particular nos preocupa mucho la palabra selección y lo que el autor pueda entender al respecto. Tal palabra ha aparecido ya dos veces en éste capítulo primero y, por su importancia, bien merecería ir acompañada de una cuidadosa definición.  ¿Veremos en esta sección definición tan esperada ? …No. Por el contrario lo que vamos a ver es prueba de la ignorancia del autor:

 

 

 

The key is man’s power of accumulative selection: nature gives successive variations; man adds them up in certain directions useful to him. In this sense he may be said to have made for himself useful breeds.

 

La clave está en la facultad que tiene el hombre de selección acumulativa; la Naturaleza da variaciones sucesivas; el hombre las suma en cierta dirección útil para él. En este sentido puede decirse que ha hecho razas útiles para él.

 

 

Lo cual no es exacto ya que, la naturaleza no da variaciones sucesivas  que el hombre sume.

Cierto es que el ser humano sólo puede seleccionar entre las posibilidades que la naturaleza le ofrece y le permite. Pero además resulta que la selección es una parte del proceso de mejora, pero no la única. Puede ocurrir que se  seleccionen muy bien los progenitores y la mejora no avance, porque la clave no está sólo en la selección, sino en la fertilidad de los cruzamientos y en la heredabilidad de los caracteres elegidos.

 

El ser humano tiene la facultad de seleccionar entre las variaciones de la naturaleza.  Cierto. Pero no obtendrá resultado alguno si las variaciones seleccionadas no son heredables. No es exacto decir que el ser humano ha  hecho razas útiles para él , es más exacto decir que  ha hecho las razas que le ha permitido hacer la naturaleza.

 

 

Llama la atención al comienzo la ingenuidad:

 

Uno de los rasgos característicos de las razas domésticas es que vemos en ellas adaptaciones, no ciertamente para él propio bien del animal o planta, sino para el uso y capricho del hombre.

 

Efectivamente, mediante selección se obtienen las características deseadas y esto no se hace para el bien del animal. Precisamente la selección depende de la voluntad del seleccionador. Pero la mejora no sólo depende de la selección sino que depende además de las posibilidades existentes en la naturaleza.

 

Let us now briefly consider the steps by which domestic races have been produced, either from one or from several allied species. Some effect may be attributed to the direct and definite action of the external conditions of life, and some to habit; but he would be a bold man who would account by such agencies for the differences between a dray and race-horse, a greyhound and bloodhound, a carrier and tumbler pigeon. One of the most remarkable features in our domesticated races is that we see in them adaptation, not indeed to the animal’s or plant’s own good, but to man’s use or fancy. Some variations useful to him have probably arisen suddenly, or by one step; many botanists, for instance, believe that the fuller’s teasel, with its hooks, which can not be rivalled by any mechanical contrivance, is only a variety of the wild Dipsacus; and this amount of change may have suddenly arisen in a seedling. So it has probably been with the turnspit dog; and this is known to have been the case with the ancon sheep. But when we compare the dray-horse and race-horse, the dromedary and camel, the various breeds of sheep fitted either for cultivated land or mountain pasture, with the wool of one breed good for one purpose, and that of another breed for another purpose; when we compare the many breeds of dogs, each good for man in different ways; when we compare the game-cock, so pertinacious in battle, with other breeds so little quarrelsome, with ” everlasting layers ” which never desire to sit, and with the bantam so small and elegant; when we compare the host of agricultural, culinary, orchard, and flower-garden races of plants, most useful to man at different seasons and for different purposes, or so beautiful in his eyes, we must, I think, look further than to mere variability. We can not suppose that all the breeds were suddenly produced as perfect and as useful as we now see them; indeed, in many cases, we know that this has not been their history. The key is man’s power of accumulative selection: nature gives successive variations; man adds them up in certain directions useful to him. In this sense he may be said to have made for himself useful breeds.

 

Consideremos ahora brevemente los grados por que se han producido las razas domésticas, tanto partiendo de una como de varias especies afines. Alguna eficacia puede atribuirse a la acción directa y determinada de las condiciones externas de vida, y alguna a las costumbres; pero sería un temerario quien explicase por estos agentes las diferencias entre un caballo de carro y uno de carreras, un galgo y un bloodhund, una paloma mensajera inglesa y una volteadora de cara corta. Uno de los rasgos característicos de las razas domésticas es que vemos en ellas adaptaciones, no ciertamente para él propio bien del animal o planta, sino para el uso y capricho del hombre. Algunas variaciones útiles al hombre, probablemente, se han originado de repente o de un salto; muchos naturalistas, por ejemplo, creen que el cardo de cardar, con sus garfios, que no pueden ser igualados por ningún artificio mecánico, no es más que una variedad del Dipsacus silvestre, y este cambio puede haberse originado bruscamente en una plantita. Así ha ocurrido, probablemente, con el perro turnspit, y se sabe que así ha ocurrido en el caso de la oveja ancon. Pero si comparamos el caballo de carro y el de carreras, el dromedario y el camello, las diferentes castas de ovejas adecuadas tanto para tierras cultivadas como para pastos de montañas, con la lana en una casta, útil para un caso, y en la otra, útil para el otro; cuando comparamos las muchas razas de perros, cada una útil al hombre de diferente modo; cuando comparamos el gallo de pelea, tan pertinaz en la lucha, con otras castas tan poco pendencieras, con las «ponedoras perpetuas» -everlasting layers- que nunca quieren empollar, y con la bantam, tan pequeña y elegante; cuando comparamos la multitud de razas de plantas agrícolas, culinarias, de huerta y de jardín, utilísimas al hombre en las diferentes estaciones y para diferentes fines, o tan hermosas a sus ojos, tenemos, creo yo, que ver algo más que simple variabilidad. No podemos suponer que todas las castas se produjeron de repente tan perfectas y tan útiles como ahora las vemos; realmente, en muchos casos sabemos que no ha sido ésta su historia. La clave está en la facultad que tiene el hombre de selección acumulativa; la Naturaleza da variaciones sucesivas; el hombre las suma en cierta dirección útil para él. En este sentido puede decirse que ha hecho razas útiles para él.

Imagen de Paso Fino Horse directory.

 

Lectura aconsejada:

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Voz crítica hacia el inmovilismo: Conferencia de Máximo Sandín en Zaragoza

MÁXIMO SANDÍN EN ZARAGOZA
El Dr Máximo Sandín representa en estos momentos la voz más crítica hacia el inmovilismo con que se mantienen los postulados de la genética molecular y neodarwinismo. No cuestiona la evolución, sino los mecanismos que según el neodarwinismo la provocan y regulan y todo avalado con la gran cantidad de datos que las investigaciones están aportando día a día.
Máximo Sandín dice que mientras la Física, la Química y la Geología, han ido incorporando los nuevos descubrimientos científicos llegando a cambiar los paradigmas tradicionales, no ha sido así con la Biología en el caso de la Genética y de la explicación de la evolución, a pesar de que es abrumadora la cantidad de nuevas aportaciones que la investigación nos presenta.Y muestra de ello es el tratamiento desfasado que la mayoría de libros de texto están dando a la genética molecular, a los fundamentos de la evolución y las valoraciones sesgadas de la biotecnología.
Podéis encontrara mas información en el blog www.otrabiologia.wordpress.com
  • La evolución: Aportaciones de M.Sandín.
Virus y bacterias hoy ¿competencia o colaboración ?
AGENDA EN ZARAGOZA DE MÁXIMO SANDÍN.
Martes día 15 de noviembre de 2011
Facultad Educación (Antes Escuela de Magisterio , junto al Hospital Clínico) , 18 hAula 13 4ª planta
“Biología: lo que nos cuentan los libros de texto y lo que nos dice la Naturaleza”
Miércoles día 16 de noviembre de 2011
Instituto Miguel Catalán 12:30 h alumnos de 1º de Bachillerato
“La otra evolución”
Librería: La Pantera Rossa. C/ San Vicente de Paul, nº 28 a las 7 de la tardeConferencia:
“Darwin y el darwinismo. Cómo se fabrica un mito”
Jueves día 17 de noviembre de 2011
Aula de Grados, 2ª planta. Escuela Universitaria de Ciencias de la Salud. C/ DomingoMiral, s/nº.Hora: de 4 a 9 de la tarde.
Máster en Ciencias de la Enfermerí
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La fragilidad de los sabios y el fin del pensamiento

 

Oh Quam gravis est scriptura. Occulos gravat, renes frangit, simul et omnia membra contristat

(“¡Qué cansado es esto de escribir! Se te cansa la vista, los riñones se te hacen polvo, y acabas con todos los miembros entumecidos”)

Monje del siglo VIII. W. Watterbach: Das Schriftwessen in Mittelater, Leipzig 1896, red. Graaz 1958, p 283. Versión castellana de V. García Lobo.

Tomado de la p 67 de Scriptorium, Tábara Visigoda y Mozárabe, de Fernando Regueras Grande y Hermenegildo García-Aráez Ferrer.Ayto. de Tábara, CEB Ledo del Pozo y Parroquia de Tábara. 2001.

 

En Anno domini de 2009,  las Ediciones AKAL publicaron el libro de José Carlos Bermejo Barrera, con el siguiente título apocalíptico:

 

La fragilidad de los sabios y el fin del pensamiento

 

En su contraportada, se advierte:

 

 

A lo largo de la historia occidental, se creyó en la existencia de un determinado tipo de personas que dedicaron su vida al cultivo desinteresado del saber, obteniendo a cambio de ello un prestigio especial. Las figuras de estos sabios fueron durante muchos años la garantía de que las sociedades occidentales podían lograr el acceso sin trabas a la verdad. Sin embargo, dichos sabios fueron en realidad unos seres enormemente frágiles, debido a su carencia de recursos económicos y a su dependencia de los poderes reales: eclesiásticos y políticos.

 

Fue en el siglo XIX, con el nacimiento de la ciencia y las universidades modernas, cuando pareció haberse logrado un cierto equilibrio entre el poder, el dinero y el trabajo intelectual, gracias a la creación de las figuras de los profesores y los científicos, que deberían encarnar a un ser humano dotado de espíritu crítico e incensante y escéptico buscador de unos saberes que nunca habrían de ser definitivos. Con la instauración del sistema de la tecnociencia y del aparato militar-industrial después de la Segunda Guerra Mundial, esa figura ha encontrado ya su fin, al caer en la definitiva dependencia del poder económico y político, con lo que ello supone de pérdida de la dignidad que los reductos académicos garantizaban. Y el discurso que esos sabios han construido en torno a dos campos –el de la enfermedad mental y el de la cosmología– pone de manifiesto sus propias debilidades humanas, así como su vana pretensión de lograr la verdad definitiva, gracias a la construcción de unos saberes «cerrados» y «perfectos».

 

 

En su interior más cosas interesantes,  por ejemplo (p 28):

Los científicos del mundo de la tecnociencia hacen un uso pervertido de la ciencia y la razón, hasta el punto de que John Ralston Saul los ha llamado “los bastardos de Voltaire”, el autor que encarnó los valores liberadores de la Ilustración (Saul, 1998). Ello es así porque no sólo aceptan el orden político, como los viejos profesores, sino sobre todo el orden económico y su supuesta racionalidad, sentando las bases para la eliminación de la universidad, si es que trabajan en el cada vez más minoritario ámbito de la ciencia académica.

Si los valores del conocimiento y la dignidad e independencia académicas se sustituyen por los de eficacia y rentabilidad, se sientan las bases para el desmantelamiento o adelgazamiento de la universidad, tal como hace ya años señaló Bill Readings (Readings, 1996). Un profesor o un científico no pueden competir con un político en el campo de la política, en el que siempre llevarán las de perder, a menos que acepten las reglas del juego político y se conviertan en políticos de profesión, tal como hace muchos años había señalado Max Weber.

Lo mismo ocurriría en el campo de la rentabilidad empresarial. En él, lo scientíficos profesores tienen la guerra perdida, puesto que las empresas siempre serán más ágiles que las viejas universidades  y podrán utilizar a sus investigadores  como una parte dle proceso productivo, que puede ser a veces desechable , con la etiqueta de “recursos humanos”, complementarios de los recursos materiales.

 

 

 

 

Y también (p 91):

 

Desde hace algunos años, cuando se pone en duda la validez de constructos narrativos, como la “cosmología estándar” o la teoría de la evolución, los paladines de la ciencia acusan a quienes critican sus constructos no científicos, sino metacientíficos (o narrativos) , de defender el creacionismo o la Biblia, a pesar de que esos críticos, en muchos casos no lo hagan. Ello es así porque los defensores de la “ciencia”- que no son todos los científicos- son conscientes de que están asumiendo un papel que en otros tiempos correspondió a la religión: la producción de verdades absolutas, en último término.

 

 

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Curiosas creencias de la gente del campo, un grave error, y una pregunta improcedente en el trigésimo sexto párrafo de El Origen de las Especies

 

 

El autor vuelve a expresar sus preocupaciones en un estilo anti-científico, porque no se trata de creer o no creer:

encontré exactamente la misma dificultad en creer que, puesto que habían sido domesticadas, habían descendido todas de un progenitor común

 

Presenta el dato anecdótico indocumentado como si fuese digno de crédito:

casi todos los criadores de los diferentes animales domésticos y los cultivadores de plantas con los que he tenido trato o cuyas obras he leído están firmemente convencidos de que las diferentes castas que cada uno ha cuidado descienden de otras tantas especies primitivamente distintas

 

Y lo que es peor, confunde el pertenecer a una especie con descender de un antecesor común. Son cosas distintas:

 

puesto que habían sido domesticadas, habían descendido todas de un progenitor común

Van Mons, en su tratado sobre peras y manzanas, muestra que no cree en modo alguno en que las diferentes clases, por ejemplo, el manzano Ribston-pippin, o el Codlin, pudieron nunca haber procedido de semillas del mismo árbol.

 

Pertenecer a la misma especie no significa descender de un progenitor común ni tampoco, en el caso de árboles, proceder del mismo árbol.

 

Basado en estos errores, el párrafo termina con una pregunta al aire bastante inapropiada para el tema que se ha venido tratando:

 

¿No podrían esos naturalistas, que, sabiendo mucho menos de las leyes de la herencia de lo que saben los criadores, y no sabiendo más que lo que éstos saben de los eslabones intermedios de las largas líneas genealógicas, admiten, sin embargo, que muchas de nuestras razas domésticas descienden de los mismos padres, no podrían aprender una lección de prudencia cuando se burlan de la idea de que las especies en estado natural sean descendientes directos de otras especies?

 

Pero quien debería haber obrado con prudencia no es ninguno de estos hipotéticos naturalistas sino el autor de tan irracional pregunta.

 

I  have discussed the probable origin of domestic pigeons at some, yet quite insufficient, length; because when I first kept pigeons and watched the several kinds, well knowing how truly they breed, I felt fully as much difficulty in believing that since they had been domesticated they had all proceeded from a common parent, as any naturalist could in coming to a similar conclusion in regard to the many species of finches, or other groups of birds, in nature. One circumstance has struck me much; namely, that nearly all the breeders of the various domestic animals and the cultivators of plants, with whom I have conversed, or whose treatises I have read, are firmly convinced that the several breeds to which each has attended, are descended from so many aboriginally distinct species. Ask, as I have asked, a celebrated raiser of Hereford cattle, whether his cattle might not have descended from Long-horns, or both from a common parent- stock, and he will laugh you to scorn. I have never met a pigeon, or poultry, or duck, or rabbit fancier, who was not fully convinced that each main breed was descended from a distinct species. Van Mons, in his treatise on pears and apples, shows how utterly he disbelieves that the several sorts, for instance a Ribston-pippin or Codlin-apple, could ever have proceeded from the seeds of the same tree. Innumerable other examples could be given. The explanation, I think, is simple: from long-continued study they are strongly impressed with the differences between the several races; and though they well know that each race varies slightly, for they win their prizes by selecting such slight differences, yet they ignore all general arguments, and refuse to sum up in their minds slight differences accumulated during many successive generations. May not those naturalists who, knowing far less of the laws of inheritance than does the breeder, and knowing no more than he does of the intermediate links in the long lines of descent, yet admit that many of our domestic races are descended from the same parents–may they not learn a lesson of caution, when they deride the idea of species in a state of nature being lineal descendants of other species?

 

He discutido el origen probable de las palomas domésticas con alguna extensión, aunque muy insuficiente, porque cuando tuve por vez primera palomas y observé las diferentes clases, viendo bien lo invariablemente que crían, encontré exactamente la misma dificultad en creer que, puesto que habían sido domesticadas, habían descendido todas de un progenitor común que la que podría tener cualquier naturalista en llegar a una conclusión semejante para las muchas especies de fringílidos o de otros grupos de aves, en estado natural. Un hecho me causó mucha impresión, y es que casi todos los criadores de los diferentes animales domésticos y los cultivadores de plantas con los que he tenido trato o cuyas obras he leído están firmemente convencidos de que las diferentes castas que cada uno ha cuidado descienden de otras tantas especies primitivamente distintas. Preguntad, como yo he preguntado, a un renombrado criador de ganado vacuno de Hereford si su ganado no podría haber descendido del longhorn, o ambos de un tronco común, y se os reirá con desprecio. No he encontrado nunca aficionados a palomas, gallinas, patos o conejos que no estuviesen completamente convencidos de que cada raza principal descendió de una especie distinta. Van Mons, en su tratado sobre peras y manzanas, muestra que no cree en modo alguno en que las diferentes clases, por ejemplo, el manzano Ribston-pippin, o el Codlin, pudieron nunca haber procedido de semillas del mismo árbol. Podrían citarse otros innumerables ejemplos. La explicación, creo yo, es sencilla: por el estudio continuado durante mucho tiempo están muy impresionados por las diferencias entre las diversas razas; y, aunque saben bien que cada raza varía ligeramente, pues ellos ganan sus premios seleccionando estas ligeras diferencias, sin embargo, ignoran todos los razonamientos generales y rehúsan sumar mentalmente las ligeras diferencias acumuladas durante muchas generaciones sucesivas. ¿No podrían esos naturalistas, que, sabiendo mucho menos de las leyes de la herencia de lo que saben los criadores, y no sabiendo más que lo que éstos saben de los eslabones intermedios de las largas líneas genealógicas, admiten, sin embargo, que muchas  de nuestras razas domésticas descienden de los mismos padres, no podrían aprender una lección de prudencia cuando se burlan de la idea de que las especies en estado natural sean descendientes directos de otras especies?

 

 

 

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Algunos detalles de historia no ocultan la confusión en el trigésimo quinto párrafo de El Origen de las Especies

 

En el párrafo anterior algunas ideas habían quedado claras:  Todas las variedades de paloma doméstica pertenecen a la misma especie.  Conclusión que no se debe al trabajo del autor sino que,  según él mismo indicaba en el párrafo trigésimo y trigésimo primero, es la opinión general compartida por todos los naturalistas.  Pues bien habiéndose cerrado el circulo y habiendo llegado a la misma conclusión que se presentaba ya como punto de partida,……….¿Qué más tendrá que contarnos el autor sobre palomas?  Seguramente nada.  Al menos, nada que tenga que ver con la formación de especies.

Pronto lo veremos……………

 

Con excepción de  la introducción, es éste párrafo el segundo en el que aparece la palabra selección. Ni aquí ni en su primera aparición queda bien definida. Por el contrario , ya en la primera aparición de tan importante concepto, el autor vino a confundir  selección con mejora.  Aunque a menudo promete volver a hablar de ella más adelante,  cuando lo hace, vuelve a confundirla con mejora.  Lástima que la obra transcurra así  sin aclarar lo que es la selección,….tan importante concepto (y de una aplicación tan escasa o nula para el estudio de la naturaleza).

A continuación el párrafo completo para los interesados en arqueología literaria, historia gastronómica de Egipto o del imperio romano. De interés nulo para interesados en el origen de las especies:

 

In favour of this view, I may add, firstly, that the wild C. livia has been found capable of domestication in Europe and in India; and that it agrees in habits and in a great number of points of structure with all the domestic breeds. Secondly, that although an English carrier or a short-faced tumbler differs immensely in certain characters from the rock-pigeon, yet that by comparing the several sub-breeds of these two races, more especially those brought from distant countries, we can make, between them and the rock-pigeon, an almost perfect series; so we can in some other cases, but not with all the breeds. Thirdly, those characters which are mainly distinctive of each breed are in each eminently variable, for instance, the wattle and length of beak of the carrier, the shortness of that of the tumbler, and the number of tail-feathers in the fantail; and the explanation of this fact will be obvious when we treat of selection. Fourthly, pigeons have been watched and tended with the utmost care, and loved by many people. They have been domesticated for thousands of years in several quarters of the world; the earliest known record of pigeons is in the fifth Aegyptian dynasty, about 3000 B.C., as was pointed out to me by Professor Lepsius; but Mr. Birch informs me that pigeons are given in a bill of fare in the previous dynasty. In the time of the Romans, as we hear from Pliny, immense prices were given for pigeons; ” nay, they are come to this pass, that they can reckon up their pedigree and race. ” Pigeons were much valued by Akber Khan in India, about the year 1600; never less than 20,000 pigeons were taken with the court. ” The monarchs of Iran and Turan sent him some very rare birds; ” and, continues the courtly historian, ” His Majesty, by crossing the breeds, which method was never practised before, has improved them astonishingly. ” About this same period the Dutch were as eager about pigeons as were the old Romans. The paramount importance of these considerations in explaining the immense amount of variation which pigeons have undergone, will likewise be obvious when we treat of selection. We shall then, also, see how it is that the several breeds so often have a somewhat monstrous character. It is also a most favourable circumstance for the production of distinct breeds, that male and female pigeons can be easily mated for life; and thus different breeds can be kept together in the same aviary.

 

En favor de esta oopinión puedo añadir: primero, que la Columba livia silvestre se ha visto que es capaz de domesticación en Europa y en la India, y que coincide en costumbres y en un gran número de caracteres de estructura con todas las castas domésticas; segundo, que, aunque una carrier o mensajera inglesa y una tumbler o volteadora de cara corta difieren inmensamente en ciertos caracteres de la paloma silvestre, sin embargo, comparando las diversas sub-razas de estas dos razas, especialmente las traídas de regiones distantes, podemos formar entre ellas y la paloma silvestre una serie casi perfecta; tercero, aquellos caracteres que son principalmente distintivos de cada casta son en cada una eminentemente variables, por ejemplo: las carúnculas y la longitud del pico de la carrier o mensajera inglesa, lo corto de éste en la tumbler o volteadora de cara corta y el número de plumas de la cola en la colipavo, y, la explicación de este hecho será clara cuando tratemos de la selección; cuarto, las palomas han sido observadas y atendidas con el mayor cuidado y estimadas por muchos pueblos. Han estado domesticadas durante miles de años en diferentes regiones del mundo; el primer testimonio conocido de palomas pertenece a la quinta dinastía egipcia, próximamente tres mil años antes de Jesucristo, y me fue señalado por el profesor Lepsius; pero míster Birch me informa que las palomas aparecen en una lista de manjares de la dinastía anterior. En tiempo de los romanos, según sabemos por Plinio, se pagaban precios enormes por las palomas; «es más: han llegado hasta tal punto, que puede explicarse su genealogía y raza». Las palomas fueron muy apreciadas por Akber Khan en la India el año 1600: nunca se llevaban con la corte menos de veinte mil palomas. «Los monarcas de Irán y Turán le enviaron ejemplares rarísimos» y, continúa el historiador de la corte, «Su Majestad, cruzando las castas, método que nunca se había practicado antes, las ha perfeccionado asombrosamente». Hacia la misma época, los holandeses eran tan entusiastas de las palomas como lo fueron los antiguos romanos. La suma importancia de estas consideraciones para explicar la inmensa variación que han experimentado las palomas quedará igualmente clara cuando tratemos de la selección. También veremos entonces cómo es que las diferentes razas tienen con tanta frecuencia un carácter algo monstruoso. Es también una circunstancia muy favorable para la producción de razas

 

 

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Acaba el párrafo trigésimo cuarto y nos quedamos igual que al empezar el vigésimo séptimo de El Origen de las Especies

El autor nos ha tenido entretenidos con distintos juegos de palabras y argumentos para llevarnos al final al mismo punto de partida: Todas las variedades de palomas constituyen una misma especie puesto que pueden reproducirse entre sí. A tal efecto ha mostrado su despliegue verbal durante ocho párrafos, …. ¡Curiosa manera de perder  el tiempo!

Si después de tanto esfuerzo en la historia por alterar la morfología de la paloma, los  mejoradores no han conseguido producir una especie nueva,…. ¿Acaso no indica esto la solidez del concepto de especie y la dificultad que habrá para estudiar la transformación de las especies?, ¿No indica el poco valor que tienen las observaciones en la granja para comprender tales procesos? ¿Qué habrá guardado el autor para los dos párrafos que quedan sobre palomas? Lo veremos……………

 

El autor busca las mil maneras de quitar importancia al concepto de especie, fundamental en taxonomía. Entre otras argucias a tal fin emplea la palabra especie en combinaciones poco rigurosas en  estas formas que no han sido debidamente definidas:

 

supposed species,

supposed species being quite unknown in a wild state,

species presenting certain very abnormal characters,

geographical sub-species

 

 

From these several reasons, namely, the improbability of man having formerly made seven or eight supposed species of pigeons to breed freely under domestication—these supposed species being quite unknown in a wild state, and their not having become anywhere feral—these species presenting certain very abnormal characters, as compared with all other Columbidae, though so like the rock-pigeon in most other respects—the occasional reappearance of the blue colour and various black marks in all the breeds, both when kept pure and when crossed—and lastly, the mongrel offspring being perfectly fertile—from these several reasons, taken together, we may safely conclude that all our domestic breeds are descended from the rock-pigeon or Columba livia with its geographical sub-species.

 

 

Por estas diferentes razones, a saber: la imposibilidad de que el hombre haya hecho criar sin limitación en domesticidad a siete u ocho supuestas especies desconocidas en estado salvaje, y por no haberse vuelto salvajes en ninguna parte; el presentar estas especies ciertos caracteres muy anómalos comparados con todos los otros colúmbidos, no obstante ser tan parecidas a la paloma silvestre por muchos conceptos; la reaparición accidental del color azul y de las diferentes señales negras en todas las castas, lo mismo mantenidas puras que cruzadas y, por último, el ser la descendencia mestiza perfectamente fecunda; por todas estas razones, tomadas juntas, podemos con seguridad llegar a la conclusión de que todas nuestras razas domésticas descienden de la paloma silvestre o Columba livia, con sus subespecies geográficas.

 

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Estilo vago y ambiguo en el párrafo trigésimo tercero de El Origen de las Especies

 

Destaca en este párrafo trigésimo tercero el estilo vago y ambiguo que preside la obra, así por ejemplo:

Por último, los híbridos o mestizos que resultan entre todas las razas de palomas son perfectamente fecundos, como lo puedo afirmar por mis propias observaciones, hechas a propósito con las razas más diferentes.

¿Y cómo no habían de serlo si pertenecen a la misma especie?, ¿Acaso los híbridos de palomas no son palomas?

O también:

Ahora bien, apenas se ha averiguado con certeza ningún caso de híbridos de dos especies completamente distintas de animales que sea perfectamente fecundo.

 

¿Acaso no habla este dato de la estabilidad de las especies y de la importancia del concepto de especie?

¿Qué quiere decir “hardly any cases”, traducido aquí como “apenas ningún caso”?, ¿Hay o no ejemplos de híbridos de dos especies completamente distintas de animales que sean perfectamente fecundos?. Si los hay, el autor debería dar la referencia y si no los hay, decir que no los hay.

 

Y también a continuación:

Ahora bien, apenas se ha averiguado con certeza ningún caso de híbridos de dos especies completamente distintas de animales que sean perfectamente fecundos. Algunos autores creen que la domesticidad continuada largo tiempo elimina esta poderosa tendencia a la esterilidad de las especies

¿Qué autores creen esto y por qué lo creen en ausencia de prueba alguna?

 

Lastly, the hybrids or mongrels from between all the breeds of the pigeon are perfectly fertile, as I can state from my own observations, purposely made, on the most distinct breeds. Now, hardly any cases have been ascertained with certainty of hybrids from two quite distinct species of animals being perfectly fertile. Some authors believe that long-continued domestication eliminates this strong tendency to sterility in species.  From the history of the dog, and of some other domestic animals, this conclusion is probably quite correct, if applied to species closely related to each other. But to extend it so far as to suppose that species, aboriginally as distinct as carriers, tumblers, pouters, and fantails now are, should yield offspring perfectly fertile, inter se, seems to me rash in the extreme.

 

Por último, los híbridos o mestizos que resultan entre todas las razas de palomas son perfectamente fecundos, como lo puedo afirmar por mis propias observaciones, hechas a propósito con las razas más diferentes. Ahora bien, apenas se ha averiguado con certeza ningún caso de híbridos de dos especies completamente distintas de animales que sean perfectamente fecundos. Algunos autores creen que la domesticidad continuada largo tiempo elimina esta poderosa tendencia a la esterilidad. Por la historia del perro y de algunos otros animales domésticos, esta conclusión es probablemente del todo exacta, si se aplica a especies muy próximas; pero extenderlo tanto, hasta suponer que especies primitivamente tan diferentes como lo son ahora las mensajeras inglesas, volteadoras, buchonas inglesas y colipavos han de producir descendientes perfectamente fecundos inter se, sería en extremo temerario.

Imagen: Uomo con mulo. De la web de la cittá de Carpi (Carpidiem).  El mulo es híbrido del caballo y el asno (dos especies diferentes). Los mulos son estériles.

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Metempsicosis, darwinismo y otras extrañas conversiones en un párrafo de Elias Canetti

 

De una entrada antigua extraída del blog que lleva por fantástico título el de Contra esto y aquello, voy a copiar el contenido. Dice así:

 

A los innumerables fans de los doctores Denkins y Dawnett ofrezco este diamante extraído del inexhaustible Elías Canetti:


El deseo de convertir a los hombres en animales ha sido el impulso más potente para el desarrollo de la esclavitud. Es imposible sobreestimar la fuerza de este deseo, como tampoco la de su contrario: convertir a animales en hombres. A este último deben su existencia grandiosas creaciones del espíritu humano, como la doctrina de la metempsicosis y el darwinismo, pero también ciertas diversiones populares, como la exhibición de animales amaestrados.

 

La imagen está tomada de la entrada La cabra nunca bajó, del Deepastelehena’s blog

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