Leyendas falsas de bárbaros salvajes en el cuadragésimo sexto párrafo de El Origen de las Especies

 

Como en otras ocasiones,  el autor pone un ejemplo hipotético o mal documentado, para hacer pasar una idea falsa: ahora toca a la de selección inconsciente. Pero no hay ejemplo que valga: si es inconsciente, entonces no es selección. Nos encontramos ante una Contraditio in adiecto.

Los fantasmas semánticos  surgen aquí y allí protagonizando, como en una misteriosa casualidad, la obra que sirve como fundación de la biología.

 

Finalmente, y seguramente para completar la serie de  coincidencias debidas al azar,  cuenta éste párrafo una anécdota que todavía hoy, ciento cincuenta años después, sigue sin confirmar: Que los fueguinos matan y devoran a sus ancianas. Ni había entonces ni  hay ahora prueba alguna a favor de esto.  La observación, en tono racista tan característico  del autor,  no parece proceder del propio Darwin sino más bien parece posible que la hubiese oído contar al aventurero William Low, constituyendo en palabras de Juan Hilarión Lenzi, en su libro Tierra del Fuego (1967), ejemplo de inexactitud, calumnia y  absurdo.

 

 

 

 

 

 

If there exist savages so barbarous as never to think of the inherited character of the offspring of their domestic animals, yet any one animal particularly useful to them, for any special purpose, would be carefully preserved during famines and other accidents, to which savages are so liable, and such choice animals would thus generally leave more offspring than the inferior ones; so that in this case there would be a kind of unconscious selection going on. We see the value set on animals even by the barbarians of Tierra del Fuego, by their killing and devouring their old women, in times of dearth, as of less value than their dogs.

 

Si existen salvajes tan bárbaros como para no pensar en el carácter hereditario de las crías de sus animales domésticos, sin embargo, cualquier animal que tenga una especial utilidad para ellos, para cualquier propósito especial, sería conservado cuidadosamente durante las hambrunas y otros accidentes, a los que los salvajes son tan propensos, así los animales elegidos en general, dejan más descendencia que los inferiores, de modo que en este caso nos encontraríamos frente a una especie de selección inconsciente. Vemos que el valor fijado en los animales, incluso por los bárbaros de la Tierra del Fuego, quienes matan y devoran a sus mujeres de edad, en tiempos de escasez, como considerándolas de menos valor que sus perros.

 

 

 

 

 

 

 

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Comentarios

Excelente y claro. También sucede que el hombre NO es un animal racional. Sí es un animal. Sí habla. Y punto. Luego a veces si se esfuerza puede ser racional. Pero no le conviene. Y, además, al menos durante unos milenios, la mujer no participaba de la categoría de racional. Me inclino a creer, trato de demostrarlo en libros en progreso, que la mujer es la madre de los monstruos o el monstruo por antonomasia. Hay que entender que los secretos de la concepción recién se han conocido “científicamente” hace muy poco tiempo. Si la teoría darwinista me convenciera, me estaría faltando una enorme explicación para aceptar que el homo sapiens es lo más “evolucionado”, otra para explicar que es sapiens, otra para entender el patriarcado fuera de la generalizada evidencia de que la historia muestra a las claras cómo triunfa el más fuerte, el más astuto, el más apto, etc… y Animal Planet también me instruye bastante. El miedo al animal que hay en nosotros cumple una función importante en aceptar las convenciones, incluso si pertenecemos a la “comunidad científica”. Este comentario surge de un deseo de diálogo, no hay en él el menor deseo de verse publicado. Espero proseguir el diálogo y también que no se publique mi comentario, aun si no hay interés por dialogar sobre estos temas. Provengo de la pseudociencia y desde ese incómodo lugar trato de profesar la verdad, lo que no es fácil entre tanto relativismo. Ver que la “ciencia” dura también enfrenta tanta doxología consuela pero también asusta. Saludos, c.,

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