Archivo de febrero, 2012

Citas incompletas, disparatada definición de especie y más palos al aire en el sexagésimo séptimo párrafo de El Origen de las Especies

 

El autor sigue con su costumbre de dar citas de la manera más incompleta: Some few naturalists……… empieza ahora este párrafo:

 

Some few naturalists maintain that animals never present varieties; but then these same naturalists rank the slightest difference as of specific value

 

Bien, si así fuera,… ¿quiénes son esos naturalistas que mantienen que los animales nunca presentan variedades? ¿Quiénes los que clasifican como de valor específico la más leve diferencia? La respuesta es obvia: Ninguno. Ningún naturalista ha expuesto jamás tan peregrinas ideas. Nos hallamos de nuevo ante una Falacia.

 

Simplemente, el autor está de nuevo inventando argumentos a su favor, pero tales argumentos no existen más que en su imaginación. En definitiva: Tomando el pelo al lector y abusando de su paciencia, porque aunque lo anterior fuese cierto y el autor lo hubiese documentado perfectamente, cosa que no ha hecho, eso no le autorizaría para afirmar:

 

The term species thus comes to be a mere useless abstraction, implying and assuming a separate act of creation

La palabra especie viene de este modo a ser una mera abstracción inútil, que implica y supone un acto separado de creación

El autor introduce así argumentos propios de aquellos estudios de teología de su juventud tardía,  invitando por segunda vez en esta obra (OSMNS) a los  más elementales argumentos de la teología popular al debate científico. Otra de tantas pruebas de su escaso rigor que, en este caso, le permite ser fundador de una nueva manera de enfocar las cuestiones científicas, curiosamente admitida en nuestros momentos sin reparos: El creacionismo. El creacionismo no tiene nada que ver con creencia alguna sino con la manipulación de la ciencia por grupos de poder.

 

El creacionismo es el invento adecuado que más conviene a un sector aprovechado de la ciencia (o mejor dicho de la pseudociencia) para mirar con sonrisa indulgente a todo creyente invitado a un debate científico: Bienvenidos al debate en mi terreno. Vais a perder. Dice. Sabiendo bien que tal estrategia, basada en su cobardía, sirve para evitar el verdadero debate en términos científicos. El debate no es ciencia versus religión, sino ciencia versus pseudociencia.  La pseudociencia darwinista oculta la verdadera razón del debate y busca otros enfrentamientos que le son más propicios. Porque,….. ¿acaso el debate no debería centrarse en la Variación en la Naturaleza? Siendo así, ¿Cómo puede permitirse el autor decir que la palabra “especie” es una mera abstracción inútil ( The term species thus comes to be a mere useless abstraction)? ¿Pretende acaso el autor indicar con esta afirmación que el trabajo de Linneo era eso: una abstracción inútil?

 

 

El creacionismo, invento darwinista,  no es decir que el mundo fue creado en seis días. Por el contrario, el creacionismo es admitir que argumentos de la tradición popular religiosa pueden entrar en juego en un debate científico.  ¿Quién fue el primer creacionista? Charles Darwin. ¿En qué obra desde los tiempos de Galileo, se vienen a conjugar los argumentos de la fe con los de la razón? En el Origen de las Especies (OSMNS), párrafos primero y sexagésimo séptimo del segundo capítulo. Por si fuera poco, ¿en dónde se encuentra por primera vez escrita la palabra creacionista (creacionist)? En la correspondencia de Charles Darwin con sus amigos y mentores del X-Club. El creacionismo es necesario al darwinismo por dos motivos: Primero para dar la razón a su ideología seudocientífica. Segundo: Para desterrar de la ciencia la idea de diseño.

 

Si el autor hubiese tenido mejor formación científica,  seguramente sería más respetuoso y no habría tirado por tierra el concepto principal de la taxonomía y, por ende de la historia natural y de la biología: El concepto de especie. Las especies existen en la naturaleza igual que existen los individuos. El criterio de reproducción sirve en muchos casos como criterio objetivo y demuestra que los individuos de la misma especie comparten propiedades y  características fundamentales. Las especies se agrupan en géneros y los géneros en familias. Para estudiar la naturaleza es fundamental mantener el concepto de especie y la importancia de la taxonomía: Sine systemate, chaos

 

67.

Some few naturalists maintain that animals never present varieties; but then these same naturalists rank the slightest difference as of specific value; and when the same identical form is met with in two distant countries, or in two geological formations, they believe that two distinct species are hidden under the same dress. The term species thus comes to be a mere useless abstraction, implying and assuming a separate act of creation. It is certain that many forms, considered by highly competent judges to be varieties, resemble species so completely in character that they have been thus ranked by other highly competent judges. But to discuss whether they ought to be called species or varieties, before any definition of these terms has been generally accepted, is vainly to beat the air.

 

Unos pocos naturalistas sostiene que los animales nunca presentan variedades, y entonces, estos mismos naturalistas clasifican como de valor específico la más leve diferencia, y cuando la misma forma idéntica se ha encontrado en dos países distantes o en dos formaciones geológicas, creen que dos especies distintas están ocultas bajo la misma vestidura. La palabra especie viene de este modo a ser una mera abstracción inútil, que implica y supone un acto separado de creación. Lo positivo es que muchas formas consideradas como variedades por autoridades competentísimas parecen, por su índole, tan por completo especies, que han sido clasificadas así por otros competentísimos jueces; pero discutir si deben llamarse especies o variedades antes de que haya sido aceptada generalmente alguna definición de estos términos es dar inútilmente palos al aire.

 

 

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Incompleto ejemplo de Mr Walsh y aplicación del lecho de Procrusto en el sexagésimo sexto párrafo de El Origen de las Especies

 

El sexagésimo sexto párrafo describe la labor de Mr. B.D. Walsh, a distinguished entomologist of the United States, que, al parecer,  ha trabajado con insectos fitófagos.

Para empezar, ¿quién es Walsh?

En su artículo titulado “Darwinian Theory in Historical Context and Its Defense by B.D. Walsh: What is Past is Prologue”, y publicado en American Entomologist, Volume 52, Number 1 Agnelli indica que Darwin y Walsh eran conocidos de Cambridge y define a éste último como  a vociferous defender of Darwinian theory. Walsh es entonces un amigo de Darwin y, al parecer, ambos han decidido citarse y apoyarse mutuamente. Nada que objetar, pero…

¿A  qué especies se refiere éste párrafo de OSMNS? ¿Dónde está publicado el trabajo citado?

El  trabajo de Walsh sobre especies fitofágicas no se encontraba publicado en las primeras ediciones de El Origen y no se publicó hasta 1864 en Proc. Ent. Soc. Philad 3:403-430 (1864) con el título On phytophagic varieties and phytophagic Species, artículo en el que se cita a Darwin a propósito de “ the undiscovered and undiscoverable essence of the term species”

Pero lo que más llama la atención de este párrafo es la curiosa aplicación del lecho de Procrusto, puede que por primera, que no última vez en esta obra. Como el autor desearía encontrar formas intermediarias entre las especies y ese no parece ser el caso más frecuente, se inventa una justificación ad hoc. Es decir los eslabones intermedios no están. No importa. Basta con indicar que deberían estar para que los hechos encajen con la teoría:

Mr. Walsh ranks the forms which it may be supposed would freely intercross, as varieties; and those which appear to have lost this power, as species. As the differences depend on the insects having long fed on distinct plants, it cannot be expected that intermediate links connecting the several forms should now be found. The naturalist thus loses his best guide in determining whether to rank doubtful forms as varieties or species.

Míster Walsh clasifica como variedades las formas que puede suponerse quo se cruzarían entre sí ilimitadamente, y como especies las que parece que han perdido esta facultad. Como las diferencias dependen de que los insectos hayan comido mucho tiempo plantas distintas, no puede esperarse que se encuentren eslabones intermedios que unan las diversas formas. El naturalista pierde así su mejor guía para determinar si ha de clasificar las formas dudosas como especies o como variedades

66.

Mr. B.D. Walsh, a distinguished entomologist of the United States, has described what he calls Phytophagic varieties and Phytophagic species. Most vegetable-feeding insects live on one kind of plant or on one group of plants; some feed indiscriminately on many kinds, but do not in consequence vary. In several cases, however, insects found living on different plants, have been observed by Mr. Walsh to present in their larval or mature state, or in both states, slight, though constant differences in colour, size, or in the nature of their secretions. In some instances the males alone, in other instances, both males and females, have been observed thus to differ in a slight degree. When the differences are rather more strongly marked, and when both sexes and all ages are affected, the forms are ranked by all entomologists as good species. But no observer can determine for another, even if he can do so for himself, which of these Phytophagic forms ought to be called species and which varieties. Mr. Walsh ranks the forms which it may be supposed would freely intercross, as varieties; and those which appear to have lost this power, as species. As the differences depend on the insects having long fed on distinct plants, it cannot be expected that intermediate links connecting the several forms should now be found. The naturalist thus loses his best guide in determining whether to rank doubtful forms as varieties or species. This likewise necessarily occurs with closely allied organisms, which inhabit distinct continents or islands. When, on the other hand, an animal or plant ranges over the same continent, or inhabits many islands in the same archipelago, and presents different forms in the different areas, there is always a good chance that intermediate forms will be discovered which will link together the extreme states; and these are then degraded to the rank of varieties.

66.

Míster B. D. Walsh, distinguido entomólogo de los Estados Unidos, ha descrito lo que él llama variedades fitofágicas y especies fitofágicas. La mayor parte de los insectos que se mantienen de vegetales viven a expensas de una clase de planta o de un grupo de plantas; algunos comen indistintamente de muchas clases, pero no varían a consecuencia de ello. En algunos casos, sin embargo, míster Walsh ha observado insectos, encontrados viviendo sobre diferentes plantas, que presentan en su estado larvario, en el perfecto, o en ambos, diferencias ligeras, pero constantes, en el color, tamaño o en la naturaleza de sus secreciones. Se observó que en algunos casos sólo los machos; en otros casos, los machos y las hembras diferían así en pequeño grado; pero ningún observador puede fijar para otro, aun dado que pueda hacerlo para sí mismo, cuáles de estas formas fitofágicas deben ser llamadas especies y cuáles variedades. Míster Walsh clasifica como variedades las formas que puede suponerse que se cruzarían entre sí ilimitadamente, y como especies las que parece que han perdido esta facultad. Como las diferencias dependen de que los insectos hayan comido mucho tiempo plantas distintas, no puede esperarse que se encuentren eslabones intermedios que unan las diversas formas. El naturalista pierde así su mejor guía para determinar si ha de clasificar las formas dudosas como especies o como variedades. Esto, necesariamente, ocurre con organismos muy afines que habitan en distintos continentes o islas. Cuando, por el contrario, un animal o una planta está en el mismo continente, o habita en muchas islas en el mismo archipiélago, y presenta las diferentes formas en las diferentes áreas, siempre hay una buena probabilidad de encontrar las formas intermedias que unirán juntos los estados extremos, y estos son luego degradados al rango de variedades.

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Más ejemplos de especies dudosas, una sorpresa y otro error en el sexagésimo quinto párrafo de El Origen de las Especies

 

 

Sigue el autor con  su recuento de especies dudosas y ahora sorprende al lector cuando dice:

 

Hace muchos años, comparando y viendo comparar a otros las aves de las islas -muy próximas entre sí- del Archipiélago de los Galápagos, unas con otras y con las del continente americano, quedé muy sorprendido de lo completamente arbitraria y vaga que es la distinción entre especies y variedades.

 

Si se hubiese tratado de un naturalista profesional, no hubiese habido tal sorpresa. Para saber si se trata de una especie o de una variedad debe existir una buena cantidad de trabajo realizado. El trabajo en cuestión corresponde al campo de la taxonomía, ciencia secular que nuestro autor ni siquiera ha mencionado en un capítulo titulado precisamente sobre la Variación en la Naturaleza.

Asimismo introduce un error al decir,  en las sentencias finales de este párrafo,  lo siguiente:

 

A wide distance between the homes of two doubtful forms leads many naturalists to rank them as distinct species; but what distance, it has been well asked, will suffice if that between America and Europe is ample, will that between Europe and the Azores, or Madeira, or the Canaries, or between the several islets of these small archipelagos, be sufficient?

 

Una gran distancia entre las localidades de dos formas dudosas lleva a muchos naturalistas a clasificar éstas como dos especies distintas; pero se ha preguntado con razón: ¿qué distancia bastará?  Si la distancia entre América y Europa es cumplida, ¿será suficiente la que hay entre Europa y las Azores, o Madera, o las Canarias, o entre las varias islitas de estos pequeños archipiélagos?

El autor se podía haber ahorrado la  siguente pregunta: ¿qué distancia bastará?

Cualquiera podría decirle que el pertenecer o no a la misma especie no está en función de distancia alguna

Como de costumbre, la afirmación llega de repente,  sin cita alguna: Una gran distancia entre las localidades de dos formas dudosas lleva a muchos naturalistas …..Pero ¿a quiénes? Y,… ¿basándose en qué evidencia?  No parece adecuado pensar que se pueda resolver la pertenencia de diferentes individuos a una o dos especies basándose en su distancia geográfica. La cuestión puede verse de la siguiente manera:

Pregunta:

- ¿qué autor o autores son los que han clasificado como distintas especies a formas dudosas, basándose sólo en la separación geográfica?

Y la respuesta es inmediata:

- Ninguno.

 

 

 

 

 

 

 

65.

Many years ago, when comparing, and seeing others compare, the birds from the closely neighbouring islands of the Galapagos Archipelago, one with another, and with those from the American mainland, I was much struck how entirely vague and arbitrary is the distinction between species and varieties. On the islets of the little Madeira group there are many insects which are characterized as varieties in Mr. Wollaston’s admirable work, but which would certainly be ranked as distinct species by many entomologists. Even Ireland has a few animals, now generally regarded as varieties, but which have been ranked as species by some zoologists. Several experienced ornithologists consider our British red grouse as only a strongly marked race of a Norwegian species, whereas the greater number rank it as an undoubted species peculiar to Great Britain. A wide distance between the homes of two doubtful forms leads many naturalists to rank them as distinct species; but what distance, it has been well asked, will suffice if that between America and Europe is ample, will that between Europe and the Azores, or Madeira, or the Canaries, or between the several islets of these small archipelagos, be sufficient?

 

Hace muchos años, comparando y viendo comparar a otros las aves de las islas -muy próximas entre sí- del Archipiélago de los Galápagos, unas con otras y con las del continente americano, quedé muy sorprendido de lo completamente arbitraria y vaga que es la distinción entre especies y variedades. En las islitas de Madeira existen muchos insectos clasificados como variedades en la admirable obra de míster Wollaston, pero que seguramente serían clasificados como especies distintas por muchos entomólogos. Hasta Irlanda tiene algunos animales considerados ahora generalmente como variedades, pero que han sido clasificados como especies por algunos zoólogos. Varios ornitólogos experimentados consideran nuestra perdiz de Escocia (Lagopus scoticus) sólo como una raza muy caracterizada de una especie noruega, mientras que el mayor número la clasifica como una especie indubitable, propia de la Gran Bretaña. Una gran distancia entre las localidades de dos formas dudosas lleva a muchos naturalistas a clasificar éstas como dos especies distintas; pero se ha preguntado con razón: ¿qué distancia bastará? Si la distancia entre América y Europa es cumplida, ¿será suficiente la que hay entre Europa y las Azores, o Madera, o las Canarias, o entre las varias islitas de estos pequeños archipiélagos?

 

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Dos consejos: La sistemática al servicio de la botánica y la importancia de épocas pasadas

 

 

La página de bienvenida al libro Plant Variation and Evolution del que son autores D Briggs and SM Walters recoge las siguientes citas:

 

 

The standing objection to botany has always been, that it is a pursuit that amuses the fancy and exercises the memory, without improving the mind, or advancing any real knowledge; and, where the science is carried no further than a mere mere systematic classification, the charge is but too true. But the botanist that is desirous of wiping off this aspersion should be by no means content with a list of names; he should study plants philosophically, should investigate the laws of vegetation, should examine the powers and virtues of efficacious herbs, should promote their cultivation; and graft the gardener, the planter and the husbandman, on the phytologist. Not that system is by any means be thrown aside; without system the field of Nature would be a pathless wilderness; but system should be subservient to, not the main object of pursuit.

Gilbert White. The Natural History of Shelborne 1789

 

“..there is no better method for scientists of one period to bring to light their own unconscious, or at least undiscussed, presuppositions (which may insidiously undermine all their work) than to study their own subject in a different period. And… when the writtings of an earlier author have apparently been taken as the basis of subsequent work, constant scrutiny is neccesary to prevent his presuppositions becoming fossilized, so to speak, in the subject and producing unnoticed inconsistencies when modifications have been made as a result of subsequent work.”

 

Que traduzco:

 

La eterna objeción a la botánica ha sido, que es una actividad que divierte a la fantasía y ejercicita la memoria, sin  mejorar la mente, o avanzar en un conocimiento real y, cuando la ciencia no se lleva más allá de una mera clasificación sistemática simple, tal acusación  es muy cierta.  Sin embargo, el botánico que está deseoso de librarse de tal carga no debe contentarse con una lista de nombres, sino que debe estudiar las plantas filosóficamente, investigar las leyes de la vegetación, examinar los poderes y las virtudes de las hierbas eficaces, promover su cultivo , e  injertar  el jardinero, el sembrador y el labrador, en el Botánico.  No hay que despreciar la sistemática. Sin la sistemática la naturaleza sería un desierto sin caminos, pero el sistema debe estar al servicio, no ser  el objeto principal de búsqueda.

 

Gilbert White. The Natural History of Shelborne 1789

 

“.. para los científicos de una época no hay mejor método  de sacar a la luz aquellos presupuestos inconscientes , o al menos  no discutidos  (que insidiosamente pueden poner en peligro todo su trabajo) , que el estudio de  su propia materia en un período diferente. .. Y cuando los textos de un autor anterior, aparentemente, han sido tomados como base para el trabajo posterior, una vigilancia constante es necesaria para evitar que sus presupuestos sean fosilizados, por así decirlo, en el tema y produzcan  inconsistencias desapercibidas  cuando se han hecho modificaciones como consecuencia de el trabajo posterior. “

AJ Cain, 1958

 

Imagen superior: Portada del libro Plant Variation and Evolution

Imagen inferior: El Bosque Petrificado de Puyango en Ecuador. Tomada de Ecuador Travel.

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Ejemplos de especies dudosas en el sexagésimo cuarto párrafo de El Origen de las Especies

En el primer capítulo el autor se complacía presentando grandes diferencias en variedades de paloma, sin prestar atención al hecho fundamental que consiste en que, por muy diferentes que fuesen, todas pertenecían a la misma especie. Es decir,  que el concepto de especie es muy robusto y está basado en una propiedad observable en la naturaleza que consiste en la tendencia a mantener agrupadas determinadas características y, sobre todo,  la posibilidad de reproducción entre los individuos de distinto sexo que las poseen.

 

Ante tan abrumadora evidencia el  autor mira para otro lado haciendo caso omiso de la robustez del concepto de especie.  Cuando contempla la naturaleza en el segundo capítulo, el autor vuelve a fijarse en aquellos aspectos que convienen a su visión preconcebida, es decir, carga las tintas y dedica párrafos interminables a los casos dudosos en los que no hay diferencia clara si se trata de variedades o especies.  Serán muchos, sobre todo en aquellos casos en los que las especies correspondientes hayan sido insuficientemente estudiadas.  Podría haber hecho el autor el ejercicio complementario y nos habría asombrado con la cantidad de ejemplos que la naturaleza ofrece en apoyo de la solidez del concepto de especie.

 

La siguiente frase, no sabemos por qué viene entrecomillada en el texto original, puede que el autor la haya tomado de otro texto sin indicarlo. En cualquier caso no es correcta:

“No hay ninguna prueba posible, sino la opinión individual para determinar cuáles de ellos serán considerados como especies y cuáles variedades”.

 

Y es discutible en su contexto:

 

Las razas geográficas o subespecies son formas locales completamente fijas y aisladas, pero como no se diferencian entre sí por caracteres muy marcados e importantes, “No hay ninguna prueba posible, sino la opinión individual para determinar cuáles de ellos serán considerados como especies y cuáles variedades”.

Evidentemente, ante la falta de estudio, no hay prueba. Las pruebas sólo surgen como consecuencia del estudio que ha de consistir en la aplicación de una serie de métodos basados en criterios adecuados. Por ejemplo, si las razas a las que se refiere el autor pueden reproducirse entre sí, entonces pertenecen a la misma especie.

Parece que el autor cultiva la secreta intención de que la naturaleza le vaya mostrando lo que el espera encontrar. Descuida así el autor un aspecto importante que consiste en que  la tarea del naturalista es interpretar la naturaleza, no imponerle  su criterio.

 

64.

That varieties of this doubtful nature are far from uncommon cannot be disputed. Compare the several floras of Great Britain, of France, or of the United States, drawn up by different botanists, and see what a surprising number of forms have been ranked by one botanist as good species, and by another as mere varieties. Mr. H.C. Watson, to whom I lie under deep obligation for assistance of all kinds, has marked for me 182 British plants, which are generally considered as varieties, but which have all been ranked by botanists as species; and in making this list he has omitted many trifling varieties, but which nevertheless have been ranked by some botanists as species, and he has entirely omitted several highly polymorphic genera. Under genera, including the most polymorphic forms, Mr. Babington gives 251 species, whereas Mr. Bentham gives only 112—a difference of 139 doubtful forms! Among animals which unite for each birth, and which are highly locomotive, doubtful forms, ranked by one zoologist as a species and by another as a variety, can rarely be found within the same country, but are common in separated areas. How many of the birds and insects in North America and Europe, which differ very slightly from each other, have been ranked by one eminent naturalist as undoubted species, and by another as varieties, or, as they are often called, geographical races! Mr. Wallace, in several valuable papers on the various animals, especially on the Lepidoptera, inhabiting the islands of the great Malayan Archipelago, shows that they may be classed under four heads, namely, as variable forms, as local forms, as geographical races or sub-species, and as true representative species. The first or variable forms vary much within the limits of the same island. The local forms are moderately constant and distinct in each separate island; but when all from the several islands are compared together, the differences are seen to be so slight and graduated that it is impossible to define or describe them, though at the same time the extreme forms are sufficiently distinct. The geographical races or sub-species are local forms completely fixed and isolated; but as they do not differ from each other by strongly marked and important characters, “There is no possible test but individual opinion to determine which of them shall be considered as species and which as varieties.” Lastly, representative species fill the same place in the natural economy of each island as do the local forms and sub-species; but as they are distinguished from each other by a greater amount of difference than that between the local forms and sub-species, they are almost universally ranked by naturalists as true species. Nevertheless, no certain criterion can possibly be given by which variable forms, local forms, sub species and representative species can be recognised.

 

Es indiscutible que las variedades de esta naturaleza dudosa distan mucho de ser raras. Compárense las diversas floras de la Gran Bretaña, de Francia y de los Estados Unidos, escritas por diferentes naturalistas, y véase qué número tan sorprendente de formas han sido clasificadas por un botánico como buenas especies y por otro como simples variedades. Míster H. C. Watson, al cual estoy muy agradecido por auxilios de todas clases, me ha señalado 182 plantas británicas que son consideradas generalmente como variedades, pero que han sido todas clasificadas como especies por algunos botánicos, y al hacer esta lista omitió muchas variedades insignificantes que, no obstante, han sido clasificadas por algunos botánicos como especies, y ha omitido por completo varios géneros sumamente polimorfos. En los géneros que encierran las formas más polimorfas, míster Babington cita 251 especies, mientras que míster Bentha cita solamente 112. ¡Una diferencia de 139 formas dudosas! Entre los animales que se unen para cada cría y que cambian mucho de lugar, rara vez pueden hallarse en un mismo país formas dudosas clasificadas por un zoólogo como especies y por otro como variedades; pero son comunes en territorios separados. ¡Cuántos pájaros e insectos de América del Norte y de Europa que difieren entre sí ligerísimamente han sido clasificados por un naturalista eminente como especies dudosas y por otro como variedades, o razas geográficas,  Mr. Wallace, en varios documentos de valor en los distintos animales, especialmente en los lepidópteros, que habitan en las islas del gran archipiélago malayo, demuestra que se pueden clasificar en cuatro capítulos, a saber, las formas variables, como las formas locales, las razas geográficas o sub-especies, y como especies representativas verdaderas. Las primeras formas o variables varían mucho dentro de los límites de la misma isla. Las formas locales son medianamente constantes y distintas en cada isla por separado, pero cuando todos los de las islas se comparan varios juntos, las diferencias se ven tan ligeras y graduales en que es imposible de definir o describirlas, aunque al mismo tiempo la formas extremas son lo suficientemente distintas. Las razas geográficas o subespecies son formas locales completamente fijas y aisladas, pero como no se diferencian entre sí por caracteres muy marcados e importantes, “No hay ninguna prueba posible, sino la opinión individual para determinar cuáles de ellos serán considerados como especies y cuáles variedades”. Por último, las especies representativas ocupan el mismo lugar en la economía natural de cada isla, al igual que las formas locales y subespecies, pero a medida que se distinguen entre sí por una mayor cantidad de diferencia que la existente entre las formas locales y subespecies, son casi universalmente tomadas entre los naturalistas viajeros como especies verdaderas. Sin embargo, no hay un criterio determinado, posiblemente, que pueda darse por el cual las formas variables, las formas locales, las especies y sub especies representativas se puedan reconocer.

 

Y,  para terminar, parafraseando al autor:

 

………as some few naturalists have honestly confessed…….

…..como pocos naturalistas han confesado con sinceridad…

En serio, …..¿A esto llama el autor tratar sobre la variación en la naturaleza?


 


 

 

 

 

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Guía a seguir (bandwagon fallacy) en caso de duda en el sexagésimo tercer párrafo de El Origen de las Especies

 

Encontramos en éste párrafo al sentido común del autor en su momento de máximo esplendor: ¿Qué haremos si dos tipos son distintos, se tratará de especies diferentes o será más bien variedades? La respuesta es tajante:

the opinion of naturalists having sound judgment and wide experience seems the only guide to follow.

 

Afinando todavía más:

 

We must, however, in many cases, decide by a majority of naturalists

 

Nos encontramos ante un argumento contundentemente anti-científico:  Ante la duda, seguir los criterios de la mayoría.

 

De nuevo un ejemplo de Falacia ad Populum,  también llamada en ocasiones Bandwagon fallacy.

De haber seguido este esquema anti-científico, nada habrían podido contra la mayoría los razonamientos y los trabajos de Copérnico,  Galileo,  Newton o Euler.  Mucho más sencillo  habría sido aplicar este criterio democrático que el autor propone.  Adiós a esa fea costumbre de  dudar y  discutir las opiniones de la mayoría, costumbre propia de gente recia y pertinaz, de colmillo retorcido.  Nada de opiniones,  fuera la originalidad.  Suban todos al vagón.  Las opiniones de uno serán siempre nada frente al peso de una buena mayoría.

Por otra parte, cualquier cosa será válida si hemos conseguido que la mayoría la crea. Por lo tanto, sólo falta conocer ciertas estrategias que existen para hacer creer a la gente.  Seguro que las hay. Nuestro candoroso autor las revelará en alguna ocasión, más adelante,…..

 

 

 

 

 

63.

Hence, in determining whether a form should be ranked as a species or a variety, the opinion of naturalists having sound judgment and wide experience seems the only guide to follow. We must, however, in many cases, decide by a majority of naturalists, for few well-marked and well-known varieties can be named which have not been ranked as species by at least some competent judges.

 

De aquí que, al determinar si una forma ha de ser clasificada como especie o como variedad, la opinión de los naturalistas de buen juicio y amplia experiencia parece la única guía que seguir. En muchos casos, sin embargo, tenemos que decidir por mayoría de naturalistas, pues pocas variedades bien conocidas y caracterizadas pueden mencionarse que no hayan sido clasificadas como especies, a lo menos por algunos jueces competentes

 


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Función crítica de la ciencia contra la ideología en La Estructura Ausente, de Umberto Eco

 

La parte cuarta de la Sección A (La señal y el sentido), del libro La Estructura Ausente, de Umberto Eco, se dedica a la Definición Semiótica de las Ideologías y resulta muy adecuado leerla en paralelo con el capítulo segundo de la obra On the Origin of Species by Means of Natural Selection (OSMNS). De la doble lectura se deduce que OSMNS es más el exponente de una ideología que obra científica.

 

Escribe Eco:

Un sistema semántico como visión del mundo, por lo tanto, es una de las maneras posibles de dar forma al mundo, y como tal,constituye una interpretación parcial de éste, que puede ser revisada teóricamente cada vez que nuevos mensajes, al reestructurar semánticamente el código, introduzcan nuevas cadenas connotativas y por ello, nuevas atribuciones de valor…………

Una interpretación parcial. Eso es,  ni más ni menos,  lo que vamos encontrando en la lectura del capítulo segundo de OSMNS.

Y si esto supone un problema, más adelante está la solución:

Pero una revisión del código de este tipo implica una serie de mensajes con función metasemiótica (de juicios meta-semióticos) que someten a examen los códigos connotativos. Ésta es la función critica de la ciencia. Por lo general, un destinatario recurre a su patrimonio de conocimientos, a su propia visión parcial del mundo,para elegir los subcódigos que han de converger en el mensaje

 

 

Y, volviendo al problema,  encontramos en seguida:

I.3. Definir esta visión parcial del mundo, esta segmentación prospectiva de la realidad, equivale a definir la ideología en el sentido marxista del término, es decir, como «falsa conciencia». Naturalmente,en la perspectiva marxista esta «falsa conciencia» surge como enmascaramiento teórico —con pretensiones de objetividad científica— de relaciones sociales concretas y de determinadas condiciones materiales de vida. En este caso, la ideología es un mensaje que partiendo de una descripción factual intenta su justificación teórica y gradualmente se incorpora a la sociedad como elemento del código.

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Introducción a Umberto Eco: un observador semiótico

 

Del artículo titulado “Umberto Eco: La mirada Semiótica”,  firmado por Jorge Lozano y comprendido entre las páginas 46 y 49 del número 14 de la revista Los cuadernos del Norte, correspondiente a julio y agosto de 1982,  voy a copiar algunos párrafos que me recuerdan a ciertos contenidos del blog Un Universo Invisible referidos al Método Científico, concretamente a la relación entre teoría y observación y teoría y experimentación:

 

Se suele atribuir a A. Einstein una bellísima cita profusamente mencionada en manuales de epistemología, que más o menos dicta así: “Corresponde a la teoría decidir lo que podemos observar”.

 

La más reciente filosofía de la ciencia, por su parte, nos habla de la theory-ladeness of perception” con la que se nos muestra cómo la observación está impregnada de teoría.

Ahora bien, lo que observamos o lo que se puede observar, no es , en rigor “hechos” (cosas, fenómenos), sino significados, o, dicho con otras palabras, los hechos no son entidades brutas, sino que están definidos por el lenguaje (de la ciencia). O aún más, los objetos, los comportamientos, los valores, funcionan como tales porque obedecen a leyes semióticas.

Todo este apresuradísimo preámbulo nos permite introducir a Umberto Eco como, obvio es, un observador semiótico que considera, al igual que el padre fundador de la semiótica contemporánea, Charles Sanders Pierce, que la percepción es un proceso indiciario. O como decía el pitagórico Alcmeon de Crotona: “Acerca de las cosas invisibles, acerca de las cosas mortales, los dioses tienen conocimiento claro, pero para los hombres sólo existe la posibilidad de juzgar a partir de signos”.

En este sentido, Eco puede ser comparado a personajes como Zadig  al que por cierto ha dedicado un bellísimo artículo, analizando el tercer capítulo del libro de Voltaire.

 

Ahora que ya sabemos algo acerca de Umberto Eco, podemos adentrarnos en su texto La Estructura Ausente,  un tratado de semiótica, en el que encontraremos algunas claves para la interpretación del capítulo segundo titulado Variación en la Naturaleza de OSMNS. Concretamente lo que nos interesa es responder a la pregunta: ¿Nos encontramos ante un tratado científico o ante la exposición de una ideología? Pronto lo veremos.

 

 

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Trece párrafos dedicados a las especies dudosas comienzan con una advertencia en el sexagésimo segundo párrafo de El Origen de las Especies

 

Sin mención ni definición alguna de las categorías taxonómicas, otra que la pobres definiciones dadas de Especie y Variedad; olvidándose por completo de las categorías tan importantes de Género, Familia, Orden y Clase, continúa nuestro autor su capítulo dedicado a la variación en la naturaleza y aborda ahora cuestión tan espinosa como la de las especies dudosas, a la que dedicará trece párrafos, llevándonos casi al final del capítulo.

¿Qué pretende el autor al escribir un capítulo sobre variación en la naturaleza centrado en las excepciones y no en las reglas?

 

Lo que pretende es muy sencillo: Restar importancia al concepto de especie.

 

A tal fin emplea dos estrategias.

La primera, propia del capítulo primero (variación en estado doméstico), consiste en hacer ver que las diferencias entre variedades son del mismo tipo que las diferencias entre especies. Ya vimos cómo después de muchos párrafos, el autor debía reconocer el fracaso de su argumento,  indicando que todas las variedades de paloma pertenecen a la misma especie. Ahora, en este capítulo segundo el autor cambia de estrategia y muestra su empeño por demostrar que en la naturaleza hay una variación continua. A tal efecto, se extiende ampliamente en la descripción de casos dudosos que pueden ser considerados como especies o variedades, antes de proceder a un meticuloso recuento que el autor promete no hacer. Bien puede dedicar el autor trece, trece mil párrafos,  o los que quisiera a la descripción de casos dudosos. También podrían dedicarse otros trece, o trece mil o todavía más a la descripción meticulosa de casos en los que, sin lugar a dudas, una especie está bien definida, por la labor eficaz de la taxonomía, fundamento secular de la Historia Natural, y de la biología. No es  vana la tarea de los  botánicos: Adanson, Banks, Lamarck, Linneo, Jussieu, . ….Al contrario, sirve  para reducir las dificultades que el autor describe ahora como un hallazgo digno de mención.

Nos advierte de la dificultad del tema:

But cases of great difficulty, which I will not here enumerate, sometimes arise in deciding whether or not to rank one form as a variety of another,…….

 

Pero a veces surgen casos de gran dificultad, que yo no enumeraré aquí, al decidir si hay que clasificar o no una forma como variedad de otra,

 

Y deja abierta la puerta de la conjetura:

 

and here a wide door for the entry of doubt and conjecture is opened.

y aquí queda abierta una amplia puerta para dar entrada a todo tipo de dudas y conjeturas.

 

La duda planteada en el párrafo sexagésimo, no se ha resuelto ni en éste ni en los que siguen. Para tratar sobre El Origen de las Especies no se pueden  dedicar cuarenta y siete párrafos a  la variación en estado doméstico y  veintiocho a la variación en la naturaleza. Sería necesario más espacio para condensar todos los conocimientos y resultados de la taxonomía, y no resulta equilibrado dedicar de los veintiocho párrafos de variación en la naturaleza,  unos cuantos a divagaciones varias y trece a especies dudosas. En conclusión, es evidente que el contenido de la obra se encuentra sesgado. El autor se está poniendo en evidencia cuando dice que las formas dudosas son las que más le interesan:

 

Las formas que poseen en grado algo considerable el carácter de especie, pero que son tan semejantes a otras formas, o que están tan estrechamente unidas a ellas por gradaciones intermedias, que los naturalistas no quieren clasificarlas como especies distintas, son, por varios conceptos, las más importantes para nosotros.

 

¿Por qué? Pues sencillamente porque lo que quiere es, lo veíamos arriba, restar importancia al concepto de especieA tal fin presenta una visión parcial más propia de una ideología que de un tratado científico.

 

¿Nos encontramos ante un tratado científico o ante la exposición de una ideología?, ¿Alguien puede por favor ayudarnos en esta disyuntiva? ¿Tal vez la resolveremos en la obra de algún lingüista o semiólogo? Pronto lo veremos…..

 

 

 

62.

The forms which possess in some considerable degree the character of species, but which are so closely similar to other forms, or are so closely linked to them by intermediate gradations, that naturalists do not like to rank them as distinct species, are in several respects the most important for us. We have every reason to believe that many of these doubtful and closely allied forms have permanently retained their characters for a long time; for as long, as far as we know, as have good and true species. Practically, when a naturalist can unite by means of intermediate links any two forms, he treats the one as a variety of the other, ranking the most common, but sometimes the one first described as the species, and the other as the variety. But cases of great difficulty, which I will not here enumerate, sometimes arise in deciding whether or not to rank one form as a variety of another, even when they are closely connected by intermediate links; nor will the commonly assumed hybrid nature of the intermediate forms always remove the difficulty. In very many cases, however, one form is ranked as a variety of another, not because the intermediate links have actually been found, but because analogy leads the observer to suppose either that they do now somewhere exist, or may formerly have existed; and here a wide door for the entry of doubt and conjecture is opened.

 

Las formas que poseen en grado algo considerable el carácter de especie, pero que son tan semejantes a otras formas, o que están tan estrechamente unidas a ellas por gradaciones intermedias, que los naturalistas no quieren clasificarlas como especies distintas, son, por varios conceptos, las más importantes para nosotros. Tenemos todo fundamento para creer que muchas de estas formas dudosas y muy afines han conservado fijos sus caracteres durante largo tiempo, tan largo, hasta donde nosotros podemos saberlo, como las buenas y verdaderas especies. Prácticamente, cuando el naturalista puede unir mediante formas intermedias dos formas cualesquiera, considera la una como variedad de la otra, clasificando la más común -o a veces la descrita primero- como especie, y la otra como variedad. Pero a veces surgen casos de gran dificultad, que yo no enumeraré aquí, al decidir si hay que clasificar o no una forma como variedad de otra, aun cuando estén estrechamente unidas por formas intermedias; y tampoco suprimirá siempre la dificultad la naturaleza híbrida -comúnmente admitida- de las formas intermedias. En muchísimos casos, sin embargo, se clasifica una forma como variedad de otra, no porque se hayan encontrado realmente los eslabones intermedios, sino porque la analogía lleva al observador a suponer que éstos existen actualmente en alguna parte o pueden haber existido antes, y aquí queda abierta una amplia puerta para dar entrada a las conjeturas y a la duda.

 


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Las mimbres y el cesto: la ciencia brilla por su ausencia en OSMNS

 

Llevamos leidos cinco párrafos de los veintisiete que componen el segundo capítulo de El Origen de las Especies por medio de la Selección Natural (Origin of Species by Means of Natural Selection; OSMNS) y, hasta ahora hemos visto bien poco acerca de lo que promete su título: Sobre la Variación en la Naturaleza.

La taxonomía brilla por su ausencia. No se nos ha explicado qué son las Categorías Taxonómicas.  De la definición de especie mejor no hablar, de la de variedad, menos. Ni se mencionan las categorías de Género, FamiliaÓrden y Clase, como si en la naturaleza todo estuviese dispuesto de cualquier manera, o, como si dijésemos, ahí tirado.

Por otra parte nos ha llamado la atención descubrir que el autor carece de titulación académica.  Ni es médico como lo fueron muchos naturalistas ilustres del XIX, ni tiene formación académica alguna en Ciencia. Además su horario de trabajo, según indica en sus propias memorias es más bien laxo, con jornadas comprendidas entre cero y cuatro horas y cuarto.

Finalmente, el autor que conoce bien lo que es la tautología y la acusa poniendo un buen ejemplo de ella,  la consiente sin dudarlo en su obra: La selección natural, la supervivencia del más apto, una pura tautología,  es eje central y elemento clave sobre el que montará toda su explicación del origen de las especies (OSMNS). Ocurre igual que con la taxonomía, disciplina a la que se aplica con tesón para sus investigaciones, pero a la que no da gran importancia cuando trata de ella en el capítulo segundo de su obra. Parece así estar aplicando un criterio especial, poco riguroso, al  escribir esta obra. El reino de la ambigüedad.

Resulta difícil creer cómo con estos mimbres se pueda tejer la que se considera obra fundamental en Biología y por eso seguimos pertinazmente leyéndola (OSMNS).  Ya veremos  si,  en un momento dado, en algún párrafo suena la flauta y  conseguimos encontrar su esencia, o al menos, encontrarle algún contenido de interés.  De momento,  no hay suerte y lo que encontramos en OSMNS se corresponde con exactitud con lo esperado para obra tejida con tan pobres  mimbres: Un pobre cesto . La ciencia brilla por su ausencia en OSMNS.

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