Archivo de marzo 22nd, 2012

Comer para entender: gastro-taxonomía darwinista

 

 

 

Quienes,  en alguna ocasión,  nos hemos acercado a la biografía de Darwin,  sabemos bien que de joven no era buen estudiante. Comprensible. También nos consta que cuando se embarcó en el Beagle no tenía una formación particularmente destacada en ciencias ni hábitos de trabajo demasiado rigurosos. Parece que el capitán Fitzroy basándose en sus conocimientos de fisionomía, no estaba decidido a enrolarlo; pero,  tratándose de Darwin, todo sea dicho en su favor y, en este caso, en contra de la perspicacia de Fitzroy, si no en contra de la propia disciplina de la fisionomía.

 

Una entrada reciente en el blog Los fallos de Darwin viene a rescatar la bonita costumbre de nuestro naturalista de comerse animales de todo tipo. La lista incluye: armadillo, avetoro, buho, guanaco, halcón, iguana, puma y otros,……A tal fin, ya en su juventud en Cambridge formó parte del llamado “Glutton Club” como nos explica su amigo JM Herbert.

La idea, al parecer,  ha cuajado y ahora se celebra el llamado “Phylum Feast”, banquete en el que los asistentes tratan de zampar los objetos más variados de la naturaleza. Hasta aquí todo muy bien. Comprensible también. Quien quiera más detalles de estas peculiares celebraciones gastronómicas consulte aquí o aquí por ejemplo.

Pero lo que llama la atención es, como siempre, la curiosa reacción del público al leer esta noticia.

Por ejemplo, Fernando, lector del blog Los fallos de Darwin, dice lo siguiente:

 

Bueno, realmente esta entrada poco o nada tiene que ver con la crítica a la Teoría de la evolución, es mas bien un ad hominem a Darwin y creo que sobraba. Por lo demás, esta muy bien el blog, eh.
Saludos

 

Hablar de los hábitos nutricionales de Darwin nada tiene que ver con la crítica a la Teoría de la Evolución. Por supuesto,  Fernando. Estamos de acuerdo. Criticar a Darwin no es criticar a la Teoría de la Evolución. A pesar del empeño del darwinismo todavía quedamos unos cuantos capaces de distinguir entre una teoría de la evolución y lo que hayan sido la vida y los milagros de Charles Darwin. No hay que confundirlos. Puede haber mil teorías de la evolución, todas ellas buenas y algunas excelentes sin tener en cuenta el disparate de la selección natural y las ambigüedades de Darwin.

Lo que ocurre es que el darwinismo ha sembrado la confusión y prueba de ello es la segunda parte del comentario de Fernando:

 

es mas bien un ad hominem a Darwin y creo que sobraba

 

Ahí se equivoca. No hay nada que se llame así,  simplemente ad hominem. Por el contrario hay lo que se llama Falacia ad hominem, que es un tipo de Falacia, argumento falso o perogrullada.  El Origen de las Especies (OSMNS) contiene todo el muestrario de Falacias posibles y entre ellas, como no, buenos ejemplos de falacia ad hominem. Pronto veremos uno. Pero…..

¿Qué es la falacia ad hominem?

 

La falacia ad hominem consiste en valorar un argumento por la valoración previa que tengamos de quien lo exponga. Sería decir, por ejemplo, que la Selección Natural es una teoría excelente porque la expuso Darwin, que era un genio. O como en un ejemplo de OSMNS, cuando  dice Darwin:

 

the opinion of naturalists having sound judgment and wide experience seems the only guide to follow.

Esto no vale. Hay que explicar las cosas y valorar las explicaciones por su propio contenido y nunca por la valoración que tengamos de su autor. Si hiciesen esto con la Selección Natural muchos se iban a llevar una sorpresa.

Por lo tanto el contenido de la entrada no es falacia ad hominem. Al contrario, aporta nuevos datos (argumentos) para valorar la mentalidad de Darwin, su actividad científica y la de quienes celebran estas “Phylum Feast”.

Ya hemos visto que Darwin no era muy bueno en taxonomía. En el capítulo segundo de OSMNS, titulado nada menos que Sobre la Variación en la Naturaleza,  ni siquiera se toma la molestia de discutir las categorías taxonómicas y las definiciones de especie son de lo más variado e inconsistente. Se cuenta que, mientras se iba zampando un suculento asado supuestamente de  ñandú común,  se percató de que no era ésta, sino otra nueva especie la que humeaba en su plato. Así que cogió lo que todavía no se había comido y lo guardó. El taxonomista John Gould montó los restos y  llamó a la especie que todavía representaban Rhea darwinii en su “honor”. El nombre no podía estar mejor escogido si tenemos en cuenta que,  el ejemplar montado por Gould para describir la especie no estaba completo,  faltando aquellas partes para las que el destino había reservado un fin inesperado: convertirse en partes de la anatomía del propio Charles Darwin.

Ejemplo sin parangón de lo que puede llegar a ser la fugacidad de una especie y su más alta tasa de evolución.

Nunca antes la selección natural había obrado de manera tan rápida  demostrando la identidad entre un hombre de ciencia y su propia teoría. Punto clave del mensaje darwinista: Me lo he comido luego lo entiendo.

 

Imagen: “Avestruz Petise” (Rhea darwinii).

 

 

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