Archivo de abril 5th, 2012

Menos forma y más grandeza: Claude Garamond

 

Cuando en el año 1550 Miguel Ángel dejaba lista la Piedad de Santa Maria dei Fiori (quizá el más sobresaliente de sus grupos escultóricos), resolvía el trazado de la escalinata de la Biblioteca Laurenziana, tanbien en Florencia, y se dedicaba en cuerpo y alma a terminar las obras de la basílica de San Pedro de Roma, Claude Garamond hacía realidad (es decir, hierro, plomo y antimonio, si hablamos de tipografía) el tipo que lleva su nombre.

 

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En efecto, los conceptos de austeridad y unidad neoplatónicos que el genial artista resumía en el lema “Menos forma y más grandeza”, y que los críticos aplicaban a San Pedro de Roma, son adecuados a las formas sencillas y esbeltas de la Garamond. De hecho podemos decir que Miguel Ángel (a quien lo que más interesaba de lo que hacía era el dibujo, las expresión más modesta de su monumental producción, y dicen que la poesía) descubrió de viejo lo que el tipógrafo practicaba de joven: que se puede ser grande sin soberbia.

Está claro que la modestia era la forma de sobrevivir en aquel tiempo turbulento para los tipógrafos: uno de sus maestros fue quemado por la Inquisición, acusado de simpatizar con la Reforma y de editar obras luteranas, y otro escapó de ello al entrar al servicio del rey.  Gracias a eso publicó el tratado Champfleury, que muestra tipos, ornamentos, capitulares “floridas” y letras enlazadas,  en un universo formal inspirado por el humanismo quemado en la hoguera y, paradójicamente, característico del libro francés de aquel periodo.

Con estos peligrosos antecedentes, Garamond, protegido de Francisco I, no se ocupó de otro asunto más que del paciente estudio y mejora de los tipos diseñados por los venecianos Nicholas Jenson y Aldo Manuzio, cuando la «firme» tipografía igualaba, en apreciación lírica de Neruda, «la estatura marina de Venecia», con más de doscientas imprentas e imprentillas establecidas desde mediados del siglo XV, que gracias a Garamond llegaron a cimas casi inalcanzables.

 

Una obra de arte, por cierto, que hoy podemos tocar sin miedo a quemarnos, implantada en los logotipos de Christian Dior, Macintosh, Mercedes Benz, Chivas, Google, Alfaguara, Arrow,  Sfera,  Pastafiore o Zara.” No es fácil darse cuenta, porque el desconocimiento de los órdenes estilísticos de la tipografía es un fenómeno que afecta a todos, incluidos, como ya hemos dicho, muchos profesionales del diseño.

 

(Enric Satué: “El arte oculto en las letras de imprenta”, Biblioteca Nacional de España. Madrid, 2005).

 

Imagen tomada de Visual Evasion

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