Archivo de octubre 3rd, 2012

No hay mal que cien años dure (……….¿o sí?……….) en el párrafo centésimo octogésimo cuarto de El Origen de las Especies

 

El autor reconoce la incapacidad de predicción en sus argumentos:

 

nadie puede predecir qué grupos prevalecerán finalmente, pues sabemos que muchos grupos muy desarrollados en otros tiempos han acabado por extinguirse.

 

No obstante no hay problema porque:

 

Mirando aún más a lo lejos en el porvenir podemos predecir que, debido al crecimiento continuo y seguro de los grupos mayores, una multitud de grupos pequeños llegará a extinguirse por completo y no dejará descendiente alguno modificado, y que, por consiguiente, de las especies que viven en un período cualquiera, sumamente pocas transmitirán descendientes a un futuro remoto.

 

Efectivamente, mirando a lo lejos sí podemos predecir la extinción, no sólo de algunos grupos pequeños como el autor indica sino de todos los grupos, grandes, medianos y pequeños. La frase final es antológica:

 

por consiguiente, de las especies que viven en un período cualquiera, sumamente pocas transmitirán descendientes a un futuro remoto.

 Que en realidad significa:

de las especies que viven en un período cualquiera, ninguna tiene garantía de permanencia infinita

 

 

Y que en versiones más populares toma otras formas como por ejemplo

No hay mal que cien años dure.

Aunque la experiencia es contraria y nos muestra con terquedad que sí. Si que hay mal que cien años dure.

 

 

 

 

184.

We have seen that in each country it is the species belonging to the larger genera which oftenest present varieties or incipient species. This, indeed, might have been expected; for as natural selection acts through one form having some advantage over other forms in the struggle for existence, it will chiefly act on those which already have some advantage; and the largeness of any group shows that its species have inherited from a common ancestor some advantage in common. Hence, the struggle for the production of new and modified descendants will mainly lie between the larger groups, which are all trying to increase in number. One large group will slowly conquer another large group, reduce its number, and thus lessen its chance of further variation and improvement. Within the same large group, the later and more highly perfected sub-groups, from branching out and seizing on many new places in the polity of nature, will constantly tend to supplant and destroy the earlier and less improved sub-groups. Small and broken groups and sub-groups will finally disappear. Looking to the future, we can predict that the groups of organic beings which are now large and triumphant, and which are least broken up, that is, which have as yet suffered least extinction, will, for a long period, continue to increase. But which groups will ultimately prevail, no man can predict; for we know that many groups, formerly most extensively developed, have now become extinct. Looking still more remotely to the future, we may predict that, owing to the continued and steady increase of the larger groups, a multitude of smaller groups will become utterly extinct, and leave no modified descendants; and consequently that, of the species living at any one period, extremely few will transmit descendants to a remote futurity. I shall have to return to this subject in the chapter on classification, but I may add that as, according to this view, extremely few of the more ancient species have transmitted descendants to the present day, and, as all the descendants of the same species form a class, we can understand how it is that there exist so few classes in each main division of the animal and vegetable kingdoms. Although few of the most ancient species have left modified descendants, yet, at remote geological periods, the earth may have been almost as well peopled with species of many genera, families, orders and classes, as at the present day.

 

 

Hemos visto que en cada país las especies que pertenecen a los géneros mayores son precisamente las que con más frecuencia presentan variedades o especies incipientes. Esto, realmente, podía esperarse, pues como la selección natural obra mediante formas que tienen alguna ventaja sobre otras en la lucha por la existencia, obrará principalmente sobre aquellas que tienen ya alguna ventaja, y la magnitud de un grupo cualquiera muestra que sus especies han heredado de un antepasado común alguna ventaja en común. Por consiguiente, la lucha por la producción de descendientes nuevos y modificados será principalmente entre los grupos mayores, que están todos esforzándose por aumentar en número. Un grupo grande vencerá lentamente a otro grupo grande, lo reducirá en número y hará disminuir así sus probabilidades de ulterior variación y perfeccionamiento. Dentro del mismo grupo grande, los subgrupos más recientes y más perfeccionados, por haberse separado y apoderado de muchos puestos nuevos en la economía de la naturaleza, tenderán constantemente a suplantar y destruir a los subgrupos más primitivos y menos perfeccionados. Los grupos y subgrupos pequeños y fragmentarios desaparecerán finalmente. Mirando al porvenir podemos predecir que los grupos de seres orgánicos actualmente grandes y triunfantes y que están poco interrumpidos, o sea los que hasta ahora han sufrido menos extinciones, continuarán aumentando durante un largo período; pero nadie puede predecir qué grupos prevalecerán finalmente, pues sabemos que muchos grupos muy desarrollados en otros tiempos han acabado por extinguirse. Mirando aún más a lo lejos en el porvenir podemos predecir que, debido al crecimiento continuo y seguro de los grupos mayores, una multitud de grupos pequeños llegará a extinguirse por completo y no dejará descendiente alguno modificado, y que, por consiguiente, de las especies que viven en un período cualquiera, sumamente pocas transmitirán descendientes a un futuro remoto. Tendré que insistir sobre este asunto en el capítulo sobre la clasificación; pero puedo añadir que, según esta hipótesis, poquísimas de las especies más antiguas han dado descendientes hasta el día de hoy; y como todos los descendientes de una misma especie forman una clase, podemos comprender cómo es que existen tan pocas clases en cada una de las divisiones principales de los reinos animal y vegetal. Aunque pocas de las especies más antiguas han dejado descendientes modificados, sin embargo, en remotos períodos geológicos, la tierra puede haber estado casi tan bien poblada de especies de muchos géneros, familias, órdenes y clases, como en la actualidad.

 

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