Archivo de octubre 4th, 2012

Los caminos del progreso en el párrafo centésimo octogésimo quinto de El Origen de las Especies

Comienza en este párrafo nueva sección.  Última de este largo y farragoso capítulo y titulada ON THE DEGREE TO WHICH ORGANISATION TENDS TO ADVANCE es decir Sobre el grado a que tiende a progresar la organización. Un título poco claro que, eso sí, indica progreso, mejoría. Tocamos aquí uno de los tópicos del darwinismo, la íntima asociación entre evolución (biológica) y progreso (social).  Una extraña y pseudo-científica mezcla que parte de la base de que en la naturaleza hay cosas mejores y peores y que las segundas son más propias del pasado mientras que las primeras están esperándonos a buen recaudo en alguna clase de cofre del tesoro enterrado en un futuro esperanzador. Una visión tendenciosa, dogmática e ideológica,  propia de una sesión de catequesis  que poco o nada tiene que ver con la ciencia. Es curioso ver como la religión darwinista adopta los mismos recursos y estrategias que la religión tradicional para, partiendo de dogmas ir inundando la mente del feligrés con nuevas imposiciones cada vez más contrarias al sentido común y a la razón. Esto sólo es posible cuando se haya sembrado una gran confusión….

 

Ya habíamos visto que el autor no distingue entre cambios a nivel especie, variedad o población. Tampoco distingue entre aquellos cambios que son colectivos y los cambios individuales a nivel de organismo. Así dice:

 

El resultado final es que todo ser tiende a perfeccionarse más y más, en relación con las condiciones. Este perfeccionamiento conduce inevitablemente al progreso gradual de la organización del mayor número de seres vivientes, en todo el mundo.

 

Frase ante la cual el autor está obligado inmediatamente a dar marcha atrás:

 

Pero aquí entramos en un asunto complicadísimo, pues los naturalistas no han definido, a satisfacción de todos, lo que se entiende por progreso en la organización.

 

Por lo tanto nos quedamos como estábamos y no sabemos si existe o no tal progreso. Si, caso de existir tal progreso vendrá a ser individual (lo cual es contrario a toda evidencia) o colectivo (también contrario a toda evidencia).  Lo único que sí es seguro, cuando este farragoso capítulo afortunadamente va tocando ya a su fin, es que no existe la selección natural puesto que sabemos que es imposible que nada haya que actúe como confusamente indica el autor al principio de este párrafo:

 

La selección natural obra exclusivamente mediante la conservación y acumulación de variaciones que sean provechosas, en las condiciones orgánicas e inorgánicas a que cada ser viviente está sometido en todos los períodos de su vida

185. ON THE DEGREE TO WHICH ORGANISATION TENDS TO ADVANCE.

 

Natural selection acts exclusively by the preservation and accumulation of variations, which are beneficial under the organic and inorganic conditions to which each creature is exposed at all periods of life. The ultimate result is that each creature tends to become more and more improved in relation to its conditions. This improvement inevitably leads to the gradual advancement of the organisation of the greater number of living beings throughout the world. But here we enter on a very intricate subject, for naturalists have not defined to each other’s satisfaction what is meant by an advance in organisation. Among the vertebrata the degree of intellect and an approach in structure to man clearly come into play. It might be thought that the amount of change which the various parts and organs pass through in their development from embryo to maturity would suffice as a standard of comparison; but there are cases, as with certain parasitic crustaceans, in which several parts of the structure become less perfect, so that the mature animal cannot be called higher than its larva. Von Baer’s standard seems the most widely applicable and the best, namely, the amount of differentiation of the parts of the same organic being, in the adult state, as I should be inclined to add, and their specialisation for different functions; or, as Milne Edwards would express it, the completeness of the division of physiological labour. But we shall see how obscure this subject is if we look, for instance, to fishes, among which some naturalists rank those as highest which, like the sharks, approach nearest to amphibians; while other naturalists rank the common bony or teleostean fishes as the highest, inasmuch as they are most strictly fish-like, and differ most from the other vertebrate classes. We see still more plainly the obscurity of the subject by turning to plants, among which the standard of intellect is of course quite excluded; and here some botanists rank those plants as highest which have every organ, as sepals, petals, stamens and pistils, fully developed in each flower; whereas other botanists, probably with more truth, look at the plants which have their several organs much modified and reduced in number as the highest.

 

La selección natural obra exclusivamente mediante la conservación y acumulación de variaciones que sean provechosas, en las condiciones orgánicas e inorgánicas a que cada ser viviente está sometido en todos los períodos de su vida. El resultado final es que todo ser tiende a perfeccionarse más y más, en relación con las condiciones. Este perfeccionamiento conduce inevitablemente al progreso gradual de la organización del mayor número de seres vivientes, en todo el mundo. Pero aquí entramos en un asunto complicadísimo, pues los naturalistas no han definido, a satisfacción de todos, lo que se entiende por progreso en la organización. Entre los vertebrados entran en juego, evidentemente, el grado de inteligencia y la aproximación a la conformación del hombre. Podría creerse que la intensidad del cambio que las diferentes partes y órganos experimentan en su desarrollo desde el embrión al estado adulto bastaría como tipo de comparación; pero hay casos, como el de ciertos crustáceos parásitos, en que diferentes partes de la estructura se vuelven menos perfectas, de modo que no puede decirse que el animal adulto sea superior a su larva. El tipo de comparación de von Baer parece el mejor y el de mayor aplicación: consiste en el grado de diferenciación de las partes del mismo ser orgánico -en estado adulto, me inclinaría a añadir yo- y su especialización para funciones diferentes o, según lo expresaría Milne Edwards, en el perfeccionamiento en la división del trabajo fisiológico. Pero veremos lo obscuro de este asunto si observamos, por ejemplo, los peces, entre los cuales algunos naturalistas consideran como superiores a los que, como los escualos, se aproximan más a los anfibios, mientras que otros naturalistas consideran como superiores los peces óseos comunes, o peces teleósteos, por cuanto son éstos los más estrictamente pisciformes y difieren más de las otras clases de vertebrados. Notamos aún más la obscuridad de este asunto fijándonos en las plantas, en las cuales queda naturalmente excluido por completo el criterio de inteligencia, y, en este caso, algunas botánicos consideran como superiores las plantas que tienen todos los órganos, como sépalos, pétalos, estambres y pistilo, completamente desarrollados en cada flor, mientras que otros botánicos, probablemente con mayor razón, consideran como los superiores las plantas que tienen sus diferentes órganos muy modificados y reducidos en número.

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