Archivo de octubre 15th, 2012

Looking to the first dawn of life en el párrafo centésimo nonagésimo de El Origen de las Especies

La capacidad explicativa del autor llega al máximo en éste párrafo en el que muestra su inspiración común con el auténtico promotor de su pseudo-teoría de la supervivencia de los más aptos: Herbert Spencer. Más allá de los límites de toda explicación, todavía el autor encuentra argumentos extraordinarios si se tiene en cuenta que se encuentran situados al final del capítulo en el que debería haber presentado supuestamente su teoría sobre la Evolución de las Especies por Selección Natural:

 

 

 

Pero, como hice observar hacia el final de la introducción, nadie debe sorprenderse de lo mucho que todavía queda inexplicado sobre el origen de las especies, si nos hacemos el cargo debido de nuestra profunda ignorancia sobre las relaciones de los habitantes del mundo en los tiempos presentes, y todavía más en las edades pasadas.

 

190.

Looking to the first dawn of life, when all organic beings, as we may believe, presented the simplest structure, how, it has been asked, could the first step in the advancement or differentiation of parts have arisen? Mr. Herbert Spencer would probably answer that, as soon as simple unicellular organisms came by growth or division to be compounded of several cells, or became attached to any supporting surface, his law “that homologous units of any order become differentiated in proportion as their relations to incident forces become different” would come into action. But as we have no facts to guide us, speculation on the subject is almost useless. It is, however, an error to suppose that there would be no struggle for existence, and, consequently, no natural selection, until many forms had been produced: variations in a single species inhabiting an isolated station might be beneficial, and thus the whole mass of individuals might be modified, or two distinct forms might arise. But, as I remarked towards the close of the introduction, no one ought to feel surprise at much remaining as yet unexplained on the origin of species, if we make due allowance for our profound ignorance on the mutual relations of the inhabitants of the world at the present time, and still more so during past ages.

 

Considerando la primera aparición de la vida, cuando todos los seres orgánicos, según podemos creer, presentaban estructura sencillísima, se ha preguntado cómo pudieron originarse los primeros pasos en el progreso o diferenciación de partes. Míster Herbert Spencer contestaría probablemente que tan pronto como un simple organismo unicelular llegó, por crecimiento o división, a estar compuesto de diferentes células, o llegó a estar adherido a cualquier superficie de sostén, entrarla en acción su ley: «que las unidades homólogas de cualquier orden se diferencian a medida que sus relaciones con las fuerzas incidentes se hacen diferentes»; pero como no tenemos hechos que nos guíen, la especulación sobre este asunto es casi inútil. Es, sin embargo, un error suponer que no habría lucha por la existencia, ni, por consiguiente, selección natural, hasta que se produjesen muchas formas: las variaciones de una sola especie que vive en una estación aislada pudieron ser beneficiosas, y de este modo todo el conjunto de individuos pudo modificarse, o pudieron originarse dos formas distintas. Pero, como hice observar hacia el final de la introducción, nadie debe sorprenderse de lo mucho que todavía queda inexplicado sobre el origen de las especies, si nos hacemos el cargo debido de nuestra profunda ignorancia sobre las relaciones de los habitantes del mundo en los tiempos presentes, y todavía más en las edades pasadas.

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