Archivo de diciembre 19th, 2012

Desde la más profunda oscuridad de las cavernas en el párrafo ducentésimo noveno de El Origen de las Especies

El autor admite una teoría de la creación independiente de las especies a la cual,  de manera inadecuada según su costumbre, cita sin indicar autor alguno responsable.  Pero en ausencia de otros autores que hayan defendido tal teoría o que hayan indicado pruebas a favor de que los animales ciegos han sido creados separadamente, entonces podemos pensar que tal teoría es una invención del autor, quien es, por tanto creacionista, no sólo por ser inventor de tal teoría, sino principalmente por admitirla en el terreno de la ciencia.  Ciertamente, ya aportábamos en otra ocasión más datos apoyando que el autor de OSMNS es probablemente el primer creacionista y fundador de esta tendencia:

 

según la antigua teoría de que los animales ciegos han sido creados separadamente para las cavernas de América y de Europa, habría de esperarse una estrecha semejanza en la organización y afinidades entre ellos.

 

Hay que destacar la tremenda confusión que contiene esta frase puesto que si el autor quiere presentar una teoría que nadie ha expuesto antes que él, debe presentarla adecuadamente, es decir explicando sus menores detalles. Si no lo hace así, al menos debe dejar a esa teoría la oportunidad de tener un desarrollo tan firme como sea posible. Es decir, no por haber sido creados independientemente los animales deberían en ningún caso ser semejantes en organización. De ninguna manera.

 

 

El autor siempre cita autores secundarios pero se olvida del principal: Lamarck. Aquí se muestra de acuerdo con las observaciones de  Schiödte:

 

 

«Consideramos, pues, las faunas subterráneas como pequeñas ramificaciones, que han penetrado en la tierra, procedentes de las faunas geográficamente limitadas de las comarcas adyacentes, y que a medida que se extendieron en la obscuridad se han acomodado a las circunstancias que las rodean. Animales no muy diferentes de las formas ordinarias preparan la transición de la luz a la obscuridad. Siguen luego los que están conformados para media luz, y, por último, los destinados a la obscuridad total, y cuya conformación es completamente peculiar».

 

A las que añade una puntualización que no está nada clara:

 

Estas observaciones de Schiödte, entiéndase bien, no se refieren a una misma especie, sino a especies distintas.

 

Dice:

 

Sería difícil dar una explicación racional de las afinidades de los animales cavernícolas ciegos con los demás habitantes de los dos continentes en la opinión común de su creación independiente.

 

Y sin embargo todavía no ha demostrado que esté hablando de distintas especies al referirse a animales del interior y del exterior de la cueva. Así por ejemplo Anophthalmus, indica, ha sido encontrado solo en el interior de las cuevas. Lo que de interesante pueda tener el contenido del párrafo estaba íntegro en la obra de Lamarck.

 

 

 

209.

 

It is difficult to imagine conditions of life more similar than deep limestone caverns under a nearly similar climate; so that, in accordance with the old view of the blind animals having been separately created for the American and European caverns, very close similarity in their organisation and affinities might have been expected. This is certainly not the case if we look at the two whole faunas; with respect to the insects alone, Schiodte has remarked: “We are accordingly prevented from considering the entire phenomenon in any other light than something purely local, and the similarity which is exhibited in a few forms between the Mammoth Cave (in Kentucky) and the caves in Carniola, otherwise than as a very plain expression of that analogy which subsists generally between the fauna of Europe and of North America.” On my view we must suppose that American animals, having in most cases ordinary powers of vision, slowly migrated by successive generations from the outer world into the deeper and deeper recesses of the Kentucky caves, as did European animals into the caves of Europe. We have some evidence of this gradation of habit; for, as Schiodte remarks: “We accordingly look upon the subterranean faunas as small ramifications which have penetrated into the earth from the geographically limited faunas of the adjacent tracts, and which, as they extended themselves into darkness, have been accommodated to surrounding circumstances. Animals not far remote from ordinary forms, prepare the transition from light to darkness. Next follow those that are constructed for twilight; and, last of all, those destined for total darkness, and whose formation is quite peculiar.” These remarks of Schiodte’s it should be understood, apply not to the same, but to distinct species. By the time that an animal had reached, after numberless generations, the deepest recesses, disuse will on this view have more or less perfectly obliterated its eyes, and natural selection will often have effected other changes, such as an increase in the length of the antennae or palpi, as a compensation for blindness. Notwithstanding such modifications, we might expect still to see in the cave-animals of America, affinities to the other inhabitants of that continent, and in those of Europe to the inhabitants of the European continent. And this is the case with some of the American cave-animals, as I hear from Professor Dana; and some of the European cave-insects are very closely allied to those of the surrounding country. It would be difficult to give any rational explanation of the affinities of the blind cave-animals to the other inhabitants of the two continents on the ordinary view of their independent creation. That several of the inhabitants of the caves of the Old and New Worlds should be closely related, we might expect from the well-known relationship of most of their other productions. As a blind species of Bathyscia is found in abundance on shady rocks far from caves, the loss of vision in the cave species of this one genus has probably had no relation to its dark habitation; for it is natural that an insect already deprived of vision should readily become adapted to dark caverns. Another blind genus (Anophthalmus) offers this remarkable peculiarity, that the species, as Mr. Murray observes, have not as yet been found anywhere except in caves; yet those which inhabit the several caves of Europe and America are distinct; but it is possible that the progenitors of these several species, while they were furnished with eyes, may formerly have ranged over both continents, and then have become extinct, excepting in their present secluded abodes. Far from feeling surprise that some of the cave-animals should be very anomalous, as Agassiz has remarked in regard to the blind fish, the Amblyopsis, and as is the case with the blind Proteus, with reference to the reptiles of Europe, I am only surprised that more wrecks of ancient life have not been preserved, owing to the less severe competition to which the scanty inhabitants of these dark abodes will have been exposed.

 

 

Es difícil imaginar condiciones de vida más semejantes que las de las cavernas profundas de caliza de climas casi iguales; de modo que, según la antigua teoría de que los animales ciegos han sido creados separadamente para las cavernas de América y de Europa, habría de esperarse una estrecha semejanza en la organización y afinidades entre ellos. Pero no ocurre así, ciertamente, si nos fijamos en el conjunto de ambas faunas; y por lo que se refiere sólo a los insectos, Schiödte ha hecho observar: «No podemos, pues, considerar la totalidad del fenómeno de otro modo que como una cosa puramente local, y la semejanza que se manifiesta entre algunas formas de la Cueva del Mamut, en Kentucky, y de las cuevas de Carniola, más que como una sencillísima expresión de la analogía que existe, en general, entre la fauna de Europa y la de la América del Norte». En mi opinión, tenemos que suponer que los animales de América dotados en la mayor parte de los casos de vista ordinaria emigraron lentamente, mediante generaciones sucesivas, desde el mundo exterior, a lugares cada vez más profundos de las cuevas de Kentucky, como lo hicieron los animales europeos en las cuevas de Europa. Tenemos algunas pruebas de esta gradación de costumbres, pues, como observa Schiödte: «Consideramos, pues, las faunas subterráneas como pequeñas ramificaciones, que han penetrado en la tierra, procedentes de las faunas geográficamente limitadas de las comarcas adyacentes, y que a medida que se extendieron en la obscuridad se han acomodado a las circunstancias que las rodean. Animales no muy diferentes de las formas ordinarias preparan la transición de la luz a la obscuridad. Siguen luego los que están conformados para media luz, y, por último, los destinados a la obscuridad total, y cuya conformación es completamente peculiar». Estas observaciones de Schiödte, entiéndase bien, no se refieren a una misma especie, sino a especies distintas. Cuando un animal ha llegado, después de numerosas generaciones, a los rincones más profundos, el desuso, según esta opinión, habrá atrofiado más o menos completamente sus ojos, y muchas veces la selección natural habrá efectuado otros cambios, como un aumento en la longitud de las antenas o palpos, como compensación de la ceguera. A pesar de estas modificaciones, se podría esperar todavía ver en los animales de las cavernas de América, afinidades con los demás habitantes de ese continente, y en los de Europa con los habitantes del continente europeo. Y este es el caso de algunos de los animales cavernícolas de América, según me dice el profesor Dana; y algunos insectos de cuevas de Europa son muy afines a los de la comarca. Sería difícil dar una explicación racional de las afinidades de los animales cavernícolas ciegos con los demás habitantes de los dos continentes en la opinión común de su creación independiente. Que varios de los habitantes de las cuevas del Viejo y Nuevo Mundo deben estar estrechamente relacionados, que podríamos esperar de la relación bien conocida de la mayoría de sus otras producciones. Como una especie ciega de Bathyscia se encuentra en abundancia en la sombra de las rocas lejos de las cuevas, no hay que pensar que la pérdida de visión de las especies de este género en la cueva tenga relación con su morada oscura, porque es natural que un insecto privado ya de la visión fácilmente se adapte a las cavernas oscuras. Otro género ciego (Anophthalmus) ofrece esta particularidad notable, que las especies, como el Sr. Murray observa, aún no han sido encontradas en cualquier lugar, excepto en las cuevas, sin embargo, aquellas que habitan en las cuevas de varios de Europa y América son distintas, pero es posible que los progenitores de estas especies, mientras tenían ojos, antes pueden haber ido a más de dos continentes, y luego haberse extinguido, excepto en sus presentes moradas aisladas. Lejos de sentirse sorprendido de que algunos de los animales cavernícolas sean muy anómalos, como Agassiz ha señalado con respecto a los peces ciegos, el Amblyopsis, y como es el caso con el Proteus ciego, con referencia a los reptiles de Europa, sólo me sorprende que no se hayan conservado más restos de vida antigua, debido a la competencia menos severa a la que los escasos habitantes de estas moradas oscuras han estado expuestos.

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