Herencia de Caracteres adquiridos: Interesantes artículos de Otto Landman

 

El profesor José Francisco Bravo Moreno enviaba desde México el artículo:

Inheritance of Acquired Characteristics, de Otto E. Landman, publicado en el número de Marzo de 1993 de la revista SCIENTIFIC AMERICAN que voy a traducir a continuación. Existe un artículo más largo del mismo autor sobre el tema publicado en Annual Review of Genetics 25 (1991): 1-20 que está disponible aquí.

 

Herencia de Caracteres adquiridos

Por Otto Landman

 

¿Se transmiten a las generaciones posteriores aquellos  cambios en los organismos adquiridos o inducidas en respuesta al medio ambiente? ¿La herencia de caracteres adquiridos, si es que ocurre, juega un papel importante en la evolución? Estas cuestiones han sido objeto de polémica científica y política hasta fechas tan recientes como la década de 1960, cuando los éxitos decisivos de la genética clásica sumergieron este debate. Si se les pregunta, la mayoría de los biólogos de  hoy dirían que la herencia de los caracteres adquiridos no se produce nunca. Sin embargo, en realidad hay numerosos ejemplos bien documentados de este fenómeno, y creo que ha jugado un papel importante en la aceleración de la evolución.

Jean Baptiste de Lamarck, el evolucionista francés del siglo XVIII cuyo nombre se  relaciona a menudo con la herencia de los caracteres adquiridos, creyó  que el uso o el desuso de un órgano influenciaba en su desarrollo en la descendencia de los animales. Lamarck explicó por ejemplo, que el  cuello largo es, en las jirafas,  el resultado de que sus antepasados lo estiraban para para alcanzar las hojas distantes. La genética y la biología molecular desde entonces han demostrado de manera convincente que las adaptaciones de una parte del cuerpo no pueden provocar cambios en las células del esperma y el óvulo que transmiten los rasgos (?).

Y, sin embargo, algunos de los cambios inducidos por el medio son hereditarios. En bacterias en crecimiento, por ejemplo, las paredes celulares rígidas se sintetizan y simultáneamente se cortan con enzimas. Si un experimentador elimina por completo la pared celular de una bacteria, el equilibrio entre la síntesis de la pared y la destrucción se desplaza, y la bacteria continúa  creciendo y multiplicándose indefinidamente sin paredes. La desnudez bacteriana es claramente una característica adquirida que se hereda.

Por accidente, el protozoario Oxytricha a veces produce “monstruos dobles” que constan de dos individuos fusionados como gemelos siameses. Cuando un monstruo doble se corta por la mitad a lo largo, el resultado es dos células sencillas que se reproducen normalmente. Sin embargo, si un monstruo doble se corta en dos transversalmente,  cada mitad da lugar a un monstruo doble, que da lugar a más y así sucesivamente, todos dobles. Una característica heredable puede así adquirirse  a través de un solo corte.

La ausencia heredada de las paredes celulares bacterias y la  condición de monstruo adquirida accidentalmente en Oxytricha resultan de cambios en la expresión génica estabilizados sin operación alguna en los genes mismos.

Una especie fundamentalmente diferente de cambio heredable inducido por el  medio ambiente se produce cuando ciertos conjuntos de genes son específicamente eliminados o añadidos a un organismo. Por ejemplo, el virus sigma sensibiliza a la mosca de la fruta al dióxido de carbono. Las moscas infectadas transmiten el virus a su descendencia, pero si se mantienen calientes mientras se están produciendo los huevos, el virus se elimina, y las moscas son resistentes al dióxido de carbono.

 

A veces, la distinción entre un organismo y sus compañeros de viaje en la evolución no es tan obvia. En Euglena, un protozoo, como en todas las plantas verdes, los orgánulos auto-replicantes llamados cloroplastos llevar a cabo la fotosíntesis. Si células de Euglena se tratan durante seis días con el antibiótico estreptomicina, pierden sus cloroplastos. Así tratada, Euglena sin cloroplastos, puede sobrevivir sin la fotosíntesis y transmitir la condición a su descendencia.

También puede ocurrir el proceso opuesto, es decir,  la adquisición de orgánulos auto-replicantes. Los plásmidos son pequeños círculos de ADN que se encuentran comúnmente en bacterias. Si una bacteria Escherichia coli que lleva un plásmido de fertilidad llamado factor F se añade a E. coli que carecen del factor, entonces F se propaga rápidamente a través del cultivo y se hereda a partir de entonces. Los virus también pueden transmitirse a la descendencia  y pueden volverse una parte permanente de la herencia de un organismo. Por ejemplo, se ha estimado que los cromosomas de ratón contienen unos 25.000 genes de retrovirus que se adquirieron a través de los siglos por medio de infección.

Hay muchos otros ejemplos. De hecho, la mayoría de los biólogos creen que las primeras  células complejas adquirieron la capacidad para llevar a cabo la fotosíntesis cuando una de ellas se fusionó con una bacteria que poseía ese rasgo. Los descendientes de tales bacterias son los cloroplastos que se encuentran hoy en todas las plantas.

 

Si incluimos en nuestro concepto de adquisición las características de los genes extraños introducidas a través de la infección viral, los plásmidos y bacterias, se hace evidente que estas adquisiciones han desempeñado un papel importante en la evolución. Debido a que los  genes de bacterias o plásmidos han tenido muchos millones de años para desarrollar sistemas coordinados, sus bancos de genes pueden conferir a un nuevo huésped completamente desarrollado nuevas capacidades como la fotosíntesis que necesitarían eones para evolucionar de nuevo a través de mutaciones al azar junto con la selección natural.

 

Sugiero dividir los genes de los organismos en dos grupos. Los que se heredan “verticalmente” de los antepasados y los que se adquieren adquiridas “horizontalmente” a veces a partir de virus, plásmidos, bacterias u otros agentes. Los biólogos están empezando a darse cuenta de que los genes en la naturaleza se transmiten horizontalmente incluso entre organismos considerados sin relación alguna: por ejemplo, de bacterias a las plantas, y de las bacterias a la levadura. Evidentemente, la naturaleza ha anticipado algunos trucos  de los ingenieros genéticos.

 

A pesar de la extensa evidencia experimental que demuestra la herencia de caracteres adquiridos, en una revisión reciente de treinta libros de texto  universitarios en genética no encontré mención alguna  del fenómeno. Por citar uno de estos: “La hipótesis de la herencia de caracteres adquiridos de Lamarck ha sido descartada porque ningún mecanismo molecular existe o puede ser imaginado que haría posible esa herencia”.

La actitud escéptica hacia la herencia de los caracteres adquiridos reflejada en esta cita cristalizó en la atmósfera de los debates altamente politizados de los genetistas occidentales con el mejorador de plantas soviético Trofim D. Lysenko.

Lysenko, quien controlaba la agricultura y la investigación genética en la Unión Soviética durante los años 1940 y 1950, se aferraba las ideas de Lamarck sobre la herencia por razones ideológicas. Insistió en que ciertos rasgos útiles podrían ser impartidos a las plantas por condicionamiento ambiental; sostuvo que los  genes no existían. Estaba equivocado, y la Agricultura soviética lo pagó caro. Pero los biólogos han arrojado  un importante bebé con el agua del baño Lysenkoista . Gran parte de  los avances en genética y biología molecular desde entonces han demostrado que la  herencia de los caracteres adquiridos convive cómodamente con la genética molecular. Ya es hora de reconocer que una comprensión de la herencia de los caracteres adquiridos  abre una perspectiva más amplia la genética y la evolución.

 

 

 Manual para detectar la impostura científica: Examen del libro de Darwin por Flourens. Digital CSIC, 2013. 225 páginas.

 

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Comentarios

Tomado de la página: http://www.jdomenech.com/articulos/arti-lamarck.htm

Genómica y evolución no darwiniana

La Nueva España (26-3-2001),
Juan Luis Doménech, Biólogo

Ya quedan pocos años para el 150 aniversario del famoso “Origen de las especies” de Charles Darwin, obra que prosigue incólume y de fama comparable quizás a La Biblia. Y, como ésta, puede tacharse también de libro religioso, pues mientras que la una alienta, aun hoy, a los creacionistas -tan prolijos hoy en día en USA- la otra alienta a los (ultra) darwinistas, casi sinónimo -según sus oponentes- del materialismo exacerbado que predomina.
Y en medio de la batalla entre ambos bandos religiosos -ininterrumpida desde el principio de los tiempos- pocos se han percatado de que las cosas han cambiado un poquito desde los tiempos del ilustre científico. Ya no es que el famoso gradualismo -según el cual las especies cambian, poco a poco, por pequeñas alteraciones de los genes- esté casi extinto en aras de la teoría de moda: el saltacionismo, hoy llamado puntuacionismo. Tampoco es que el azar, esté cediendo ante ciertos determinismos moleculares de extraño origen, o ante ciertas “direcciones” de difícil explicación darwiniana. Ya no es que la “selección natural” ya no parezca tan natural (tan inevitablemente “adaptativa”) ante la “selección” de ciertos genes neutros. Y tampoco es que “el progreso”, tabú en biología (que solo adora al dios azar), sea uno de los resortes evolucionistas más de moda entre los “elitosos” sabios del Instituto de Santa Fe y sus teorías de la “autoorganización” y de los sistemas complejos.
No. Lo que sucede es que hasta el mismo concepto de darwinismo está en peligro -nada más y nada menos- en aras del lamarckismo, otra teoría expulsada de la ciencia, allá por los años 40, por los lumbreras de “la Síntesis” (la actual “Teoría Sintética de la Evolución”, mezcla de darwinismo, de herencia mendeliana, de genética de poblaciones y otras artes menores), hecho éste que nos ha condenado a todos los biólogos, paleontólogos, filósofos y demás, a andar a uvas en ésto de la Evolución. Vamos, que durante los últimos 60 años no nos hemos enterado de la fiesta. Los sucesores de Darwin, con todas sus entretenidas polémicas, lo tenían más claro.
Jean Baptiste de Lamarck fue un naturalista francés que desarrolló la primera teoría evolutiva coherente basada, entre otros, en la “herencia de los caracteres adquiridos”, aquello de que si la jirafa se estiraba para ramonear las hojas altas de los árboles acabaría estirando su cuello, adquiriendo así un nuevo carácter que heredarían sus descendientes, dando lugar a la evolución de la especie. Esto, así explicado, fue, y aun sigue siendo, objeto casi de burla en los círculos académicos (pues un carácter “adquirido” por causas ambientales, no queda “grabado” en los genes y no puede transmitirse a la descendencia), pero resulta que la cosa tenía su miga
Pues he aquí que, en la nueva era de la genómica y la proteómica, vuelve el lamarckismo (que nunca fue erradicado del todo), y ya en 1993, científicos como John Rennie o E. Landman, hablaban en las revistas de mayor prestigio (“Investigación y Ciencia” números 200 y 202) de ejemplos de cambios heredables inducidos por el ambiente; de elementos genéticos móviles (como los, ahora populares, transposones o plásmidos) o de “mutaciones dirigidas” producidas por el estrés del entorno. Éste último declaraba que “pese a la abundante documentación de pruebas a favor de la herencia de los caracteres adquiridos, no he encontrado una sola alusión a su existencia en la revisión de una treintena de manuales de genética contemporáneos”. Es decir, que los biólogos moleculares miraban, y siguen mirando, para otro lado. Pero resulta que en 1995, Máximo Sandín, de la Universidad Autónoma, publicaba un libro íntegramente lamarckista, basado en la función de los transposones, los virus, los profagos y demás “genes adquiridos”, así como en la llamada “integración de sistemas genéticos complejos” (incluyendo la endosimbiosis), que pueden dar lugar, no solo a herencia lamarckiana, sino también a macromutación y saltacionismo. Nosotros mismos apoyamos el lamarckismo en un libro publicado en 1999 y ahora para más inri aparecen cada vez más artículos en Science, Nature, Cell, etc., que muestran mecanismos moleculares desconocidos, cada vez más complejos, muy próximos al lamarckismo puro y duro, tales como determinados eventos del “mundo RNA” o las “proteinas chaperonas”. Los primeros, por ejemplo, dan vía libre, entre otros, al proceso ya insinuado por el equipo de John Cairns (que ya empezó a hablar de las mutaciones dirigidas por ciertos estímulos, en 1988): 1) producción de varias copias diferentes de mRNA por un mismo gen bajo estrés; 2) producción de proteinas diferentes; 3) copia inversa al genoma (por la transcriptasa inversa) del mRNA que produzca la proteina más adecuada (ver Nature Genetics, vol 21, mar/99).
Lo grave de todo ésto es que el conocido flujo: cambio genético>adaptación al ambiente, puede invertirse por: cambio ambiental>cambio genético, “reintroduciendo el lamarckismo en biología” como dice José-Leonel Torres en su obra “En el nombre de Darwin”, lo que equivale a destronar al darwinismo. Y para rematar, lo del famoso genoma -que traerá cola en evolucionismo- nos declara que gran parte de nuestros genes son genes móviles o saltarines y codifican la transcriptasa inversa (como el el retrovirus del SIDA) pudiendo insertarse donde les da la gana. En una palabra, estamos hechos de aglomerados de bacterias, virus y otros elementos de ADN que se han ido “adquiriendo” poco a poco.
¿Qué queda del darwinismo -y casi, casi de la herencia mendeliana- en todo ésto?. Mucho, por supuesto, dirán algunos. Pero es que se está imponiendo el que la evolución tiene lugar, principalmente, no en épocas de calma chicha, como la actual, sino en epocas de grandes cambios ambientales y climáticos en nada parecidas a las épocas de “estasis”, con el resultado de que la evolución puede tener mucho de darwinismo, por supuesto, pero también bastante (o más) de lamarckismo, de saltacionismo, de direccionalismo o de neutralismo, entre otros mecanismos no darwinianos.
Y que culpa tiene Darwin en todo ésto. Pues ninguna, pues, entre otras cosas, era lamarckista. Fueron los sabiondos de la “Síntesis” -que ya está más trasnochada que Tejero-, los que, con su prepotencia, desterraron muchas de las teorías de prestigiosísimos científicos. Es hora de que los biólogos -sobre todo- se despabilen y comiencen a afilar sus sables en todo este asunto y contribuyan -como intenta un servidor- a recuperar el buen nombre del sabio Lamarck, que se anticipó unos años al mismo Darwin en ésto del evolucionismo.
Pero claro, que sepan los espadachines que se aventuren en la Nueva Biología, que con ésto no solo volvemos al principio, sino que el sopapo que va a recibir la biología, la paleontología, la …..que digo… todas las ciencias… o mejor…….. todas las humanidades, va a ser tan grande que se les van a quedar los ojos como a los físicos que ya no saben si su universo es redondo, cuadrado o triangular. Que la genómica nos coja confesados

Muy interesante. En realidad lo que no existe es la selección natural. Todo caracter en algun momento se integro ya que todos los genomas son practicamente mosaicos genicos y por lo tanto se adquirió y se heredó. Todo apunta en ese sentido. El resto es puro dogma y religion darwiniana. Hay un muy interesante texto en la red, se llama “el linchamiento de Lysenko”, totalmente recomendable.
Saludos.

Exacto Emiliano. La selección natural es una broma pesada. Un fantasma semántico. Hay otro libro interesante por ahí sobre Lysenko por Nils Roll- Hansen.

Quizás le interese dar un vistazo a este debate:

https://www.researchgate.net/post/Is_there_a_scientific_alternative_to_neo-Darwinism_for_understanding_biological_evolution?

Tomado de la pagina: http://blog.ciberactivo.com/2011/11/la-vida-cambia-los-genes.html
Noviembre 27, 2011
LA VIDA CAMBIA LOS GENES
Luis Gonzalez de Alba
La herencia de los caracteres adquiridos tiene bien ganado descrédito a causa de Trofim Lysenko y la Unión Soviética. Pero el tema resurge: Natura y cultura trabajan juntas, dice un informe presentado este mes al congreso anual de la Society for Neuroscience.
La primera versión de la herencia de rasgos aprendidos está en el Génesis: Isaac pinta rayas en los bebederos para obtener corderos pintos. La de Jean Baptiste Lamarck tuvo más seriedad. Murió en 1829. Treinta años después Darwin publicó su On Origin of Species by Means of Natural Selection.
Desde que el darwinismo se combinó con el redescubrimiento de Mendel y su teoría de los genes, quedó sellada una ley de hierro: las variaciones de una especie se dan por las combinaciones y mutaciones al azar del material genético. Las combinaciones las produce el sexo. Las mutaciones son fallas en el copiado del ADN. Luego el ambiente selecciona las favorables y desecha las perjudiciales para ese lugar, clima y nicho ecológico.
Es lo que llamamos, desde Darwin, selección natural: una triple capa de pelo abundante protege a los perros polares, es dañina en animales que habitan entre los trópicos. El azar produce variaciones, el medio selecciona las útiles. La piel blanca beneficia a humanos de zonas con baja insolación porque permite emplear mejor la luz solar necesaria para fijar el calcio. La piel oscura protege de la radiación solar excesiva.
En tiempos de Stalin se decretó que Darwin estaba equivocado porque un ingeniero agrónomo, Trofim Lysenko, había descubierto la teoría materialista de la evolución, equivalente en biología del materialismo histórico y del materialismo dialéctico. La colectivización forzada de la tierra, la colonización forzada de Siberia y la implantación forzada de las teorías de Lysenko produjeron los millones de muertes por hambre que el camarada Stalin atribuyó a la maldad del capitalismo y su asociado el trotskismo.
Nadie quiso volver a oír esos nombres: Lamarck y Lysenko. Pero “investigaciones realizadas en los últimos años han cambiado notoriamente lo que sabemos acerca de cómo se heredan las conductas”, sostuvo ante la prensa en el congreso citado Flora Vaccarino, de la Yale University, experta en el desarrollo del cerebro. “Hallazgos actuales muestran cómo nuestros genes y el medio trabajan juntos para influir el desarrollo del cerebro a lo largo de una vida entera”.
Algunos de los hallazgos son:
• La activación de células cerebrales cambia una proteína necesaria para encender o apagar genes, lo cual sugiere que juega un papel en la plasticidad cerebral.
• La exposición prenatal a anfetaminas y alcohol produce un número anormal de cromosomas en las células cerebrales de ratones. Lo cual sugiere que ese recuento anormal pueda contribuir a defectos en el desarrollo observados en niños expuestos a drogas y alcohol in utero.
• Los cambios inducidos en el cerebro por la cocaína pueden ser heredables. Hijos de ratones macho expuestos a cocaína son resistentes a los efectos recompensantes de la droga.
• La maternidad protege a los ratones hembra contra algunos efectos negativos del estrés.
Otro estudio, éste publicado por la Association for Psychological Science, sostiene, desde su título que “Un feto puede sentir el estado psicológico de mamá”. Curt Sandman, Elysia Davis y Laura Glynn, de la Universidad de California en Irvine, encontraron que los hijos de madres deprimidas mostraban un desarrollo más lento. “Admito que eso nos sorprendió”, dice Sandman. A largo plazo, una madre deprimida puede ser causa de problemas neurológicos y de anomalías psiquiátricas.
“Creemos que el feto humano es un participante activo durante su propio desarrollo y se está preparando para la vida en base a mensajes que la madre provee”, concluye Sandman en Psychological Science.

BREVE HISTORIA DE LA EPIGENETICA LAMARCKANA. PARTE (I)

El artículo del Doctor Olarieta sobre “El Linchamiento de Lisenko” es por demás extraordinario, sin embargo, -contradiciéndole un poco- en esa sesión se menciona que al final, la Academia Lenin de Ciencias Agricolas de la URSS, si le da la Razón a Lisenko, y no solo a él, sino a Lamarck y a la teoría “Minchuriana”. Hay otros artículos que se expresan en el mismo sentido de lo argumentado por el doctor Olarieta, se pueden ver en internet con el título: El caso Lisenko una relectura (2004) y el de Reapreciacion del Lysenkismo de Manuel Rojas Garcidueñas (2004). Creo que si se lee el artículo original de Lisenko se llegará a conclusiones un tanto cuanto distintas pues como digo La Academia de la URSS le acaba dando la razón a Lisenko.

Aunque si, en efecto, parece una manera por demás extraña de comparecer ante el mundo científico. Yo tengo el folleto de esa sesión de la academia de ciencias agrícolas de la URSS, el cual es fácil de encontrar en México (no sé si sea localizable por internet, pareciera que los hay por montones en las librerías de viejo en mi País), me parece oportuno colocar algunos textos.

Párrafos tomados de los escrito por Lisenko en 1948 cuya cita es:
LISENKO, T.D. (1949). LA SITUACIÓN EN LAS CIENCIAS BIOLÓGICAS: INFORME EN LA SESIÓN DE LA ACADEMIA LENIN DE CIENCIAS AGRÍCOLAS DE LA URSS. 31 DE JULIO DE 1948. EDICIONES EN LENGUAS EXTRANJERAS, MOSCÚ.

LA HISTORIA DE LA BIOLOGÍA, ARENA DE LA LUCHA IDEOLÓGICA

….”La aparición de la teoría de Darwin es la doctrina de la selección natural y artificial. Mediante la selección de variaciones útiles para el organismo se ha creado y se crea en la armonía que observamos con la naturaleza viva, en la estructura de los organismos y en su adaptación a las condiciones de vida. Con su teoría de la selección, Darwin explicó racionalmente la armonía que se observa en la naturaleza viva. Su idea de la selección es científica y verdadera”.

En otro párrafo, Lisenko considera que la teoría darwiniana está en fuerte contradicción con la tesis malthusiana:

“El propio Darwin, en su tiempo, no supo desembarazarse de los errores teóricos por él cometidos. Estos errores lo descubrieron y señalaron los clásicos del marxismo. Y hoy no tienen justificación que se acepten los errores de la teoría de Darwin, basados en la idea malthusiana de la superpoblación, con la lucha intraespecífica que se hace dimanar aquí. Aun es más inadmisible presentar los errores de la teoría darwiniana como la piedra angular del darwinismo”
“Si el darvinismo, tal como lo expuso la pluma de Darwin, hallábase en contradicción con la concepción idealista del mundo, el desarrollo de la doctrina materialista profundizó más aun dicha contradicción. Por eso, los biólogos reaccionarios hicieron todo lo que estaba a su alcance para despojar al darwinismo de sus elementos materiales”.
“En el periodo posterior a Darwin, la aplastante mayoría de los biólogos del mundo, lejos de desarrollar el darwinismo, hizo todo para envilecerlo, para matar su fundamento científico. Las teorías de Weismann, Mendel y Morgan, fundadores de la Genética reaccionaria contemporánea, son la encarnación más clara de este envilecimiento del darwinismo”.

Y he aquí en donde comienza el debate anti-epigenético -según yo- cuando Lisenko nos dice lo siguiente:

…”Al rechazar el carácter hereditario de las propiedades adquiridas, Weismann inventó una substancia hereditaria especial. Afirmó que se debía «buscar la substancia hereditaria en el núcleo» y que «el buscado portador de la herencia se encerraba en la substancia de los cromosomas».
Según esto, iba en clara contradicción a Darwin, pues según Lisenko Darwin habría expresado lo siguiente según lo refiere F. Engels:

…”Darwin fue el primero en ofrecer, de que los organismos, producto de la naturaleza y existentes en torno nuestro, incluido el hombre, son resultado de un largo proceso de evolución, que arranca de unos cuantos gérmenes primitivamente unicelulares, surgidos a su vez del protoplasma o albumina formada por vías químicas (F. Engels, “Ludwig Feuerbach”)”.

Nos dice luego Lisenko (1948) lo que es una gran verdad:

“Así pues los mendelistas-morganistas han arrojado por la borda la tesis de la posibilidad de la herencia de las variaciones adquiridas, una de las mayores conquistas en la historia de la biología, cuya base fue asentada por Lamarck y que Darwin asimiló orgánicamente en su teoría”.

Nos dirá luego Rojas Garcidueñas desde México en su artículo sobre “Reapreciación del Lisenkismo”, que la visión de Lisenko será un tanto cuanto válida dados los sorprendentes datos modernos en biología molecular y epigenética, tanto en pantas como en animales, los cuales hacen revivir al lamarckismo.
Más tarde veremos que los más duras resquebrajaduras de la tesis de Weismann y Morgan, y del dogma de la biología molecular, no provendrían ni de los soviéticos ni de los comunistas, sino de los propios norteamericanos, desde sus muy encumbradas universidades, y desde que comenzó el dogma en los años 60 como veremos en otra entrega. Y pues esto nos indica que el neodarwinismo de Rockefeller, sin duda, estaba siendo atacado por “fuego amigo”, como dicen los clásicos. Lisenko francamente se quedaría chiquito.

Recomiendo la lectura del siguiente artículo que puede ser recuperado gratuitamente con permiso del autor:

Italian Journal of Zoology

http://www.tandfonline.com/loi/tizo20

Inheritance of acquired characters in animals: A
historical overview, further evidence and mechanistic
explanations
Y.-S. Liu a

Aquí otro artículo que apoya que los cambios heredados por el medio ambiente se pueden heredar a la siguiente generación,es improrrogable el rehabilitar ya a Lamarck.

Un saludo

Nat Neurosci. 2013 Dec 1. doi: 10.1038/nn.3594. [Epub ahead of print]

Parental olfactory experience influences behavior and neural structure in subsequent generations

Brian G Dias1,2 & Kerry J Ressler1–3

Using olfactory molecular specificity, we examined the inheritance of parental traumatic exposure, a phenomenon that has been frequently observed, but not understood. We subjected F0 mice to odor fear conditioning before conception and found that subsequently conceived F1 and F2 generations had an increased behavioral sensitivity to the F0-conditioned odor, but not to other odors. When an odor (acetophenone) that activates a known odorant receptor (Olfr151) was used to condition F0 mice, the behavioral sensitivity of the F1 and F2 generations to acetophenone was complemented by an enhanced neuroanatomical representation of the Olfr151 pathway. Bisulfite sequencing of sperm DNA from conditioned F0 males and F1 naive offspring revealed CpG hypomethylation in the Olfr151 gene. In addition, in vitro fertilization, F2 inheritance and cross-fostering revealed that these transgenerational effects are inherited via parental gametes. Our findings provide a framework for addressing how environmental information may be inherited transgenerationally at behavioral, neuroanatomical and epigenetic levels.

Muchas gracias Doctor Bravo. El artículo parece muy interesante.

Seguiremos en contacto.

Un cordial saludo,

Emilio

Recomiendo esta página

http://www.darwinismrefuted.com/short_history_03.html

Darwinism refuted: How the theory of evolution breaks down in the light of Modern Science

Todas las explicaciones en esta página estan documentadas.

Un saludo

Desde las muy prestigiosas universidades de Chile, ya se ha generado, recientemente (2012), un simposio en donde al fin, se reconoce la enorme importancia de Lamarck. Aquí proporciono la dirección electrónica y dos resúmenes vertidos en dicho simposio, los cuales tratan sobre la vital relevancia de la tesis de Lamarck, que lo es tanto para la ciencia como para la sociedad:

http://www.socecol.cl/web/wpcontent/uploads/2012/07/Resumen-Simposios-Congreso-Socecol-2012-parte-1.pdf

Primera Reunion Conjunta de Botánica, Ecología y Evolución
Domingo 7 de octubre

Coordinador: Velazquez N

Simpoio Sociedad Chilena de Evolución: Lamarck: Relevancia de su pensamiento en la biología actual.

Contribución y relevancia de la obra de Jean Baptiste Lamarck para el desarrollo de la Teoría Evolutiva Darwiniana

Manríquez G. Programa Genética Humana, ICBM, Fac. de Medicina. Depto. de Antropología. Fac. de Cs. Sociales. Universidad de Chile. Jean Baptiste Lamarck (1744-1829) es autor de: i) la noción de Biología como disciplina científica dedicada al estudio de la organización de los seres vivos (Lamarck, 1802), ii) las hipótesis (Lamarck, 1809) sobre el tejido celular como la “matriz general” de toda organización biológica, en cuya ausencia “ningún ser vivo podría existir ni formarse”, y el ser humano como primate cuadrúmano que transformó “por la necesidad de las circunstancias o por alguna otra causa” sus extremidades posteriores en estructuras especializadas en la marcha bipeda, iii) la primera topología que relaciona filogenéticamente a vertebrados e invertebrados, y iv) el primer sistema teórico de la modernidad sobre la evolución como un proceso de descendencia con modificación debido a causas naturales (Lamarck, 1809). No obstante la originalidad y valor predicitivo de estas contribuciones, su relevancia en el desarrollo de la teoría evolutiva darwiniana no ha sido del todo reconocida (rev. Gould, 2002), siendo aún objeto de una visión estereotipada y reduccionista en algunos textos de biología evolutiva (i.e. Futuyma, 2009). A partir del estudio de la obra biológica de JB Lamarck, en el presente trabajo se muestra su contribución al desarrollo de la teoría evolutiva darwiniana, se discuten las causas de su estereotipificación y se plantea y discute su relación con las nociones de “norma de reacción” y “homeostasis ontogenética” (Schmalhausen, 1948; 1968), antecedentes de las actuales extensiones epigenéticas de la teoría sintética de la evolución (cf. Pigliucci & Müller, 2010).

Herencia y transmisión social: Mecanismos darwinianos y lamarckianos de adaptación

Aboitiz F. Depto. de Psiquiatría, Esc. de Medicina. Centro Interdisciplinario de Neurociencia, P. Universidad Católica de Chile.

Existen solo dos posibles mecanismos de cambio evolutivo adaptativo, el darwinismo y el lamarckismo. Éstos se diferencian, esencialmente, en el origen de la variabilidad heredable. En el darwinismo, las variantes heredables surgen espontáneamente, y son seleccionadas en función de su capacidad de dejar descendencia. Por el contrario, en el lamarckismo las variantes heredables son inducidas en el individuo como adaptaciones a las condiciones ambientales, y éstas se hacen eventualmente heredables. Existen instancias, como la evolución cultural, en que se transmiten caracteres adquiridos individualmente a través de generaciones, en primera instancia por imitación, y eventualmente a través de la instrucción directa. En este proceso, participan redes neurales específicas que permiten establecer una correspondencia entre los patrones conductuales propios y aquellos observados en otros individuos. Un ejemplo de esto lo establece la evolución del lenguaje, donde se desarrolló un sistema de comunicación basado en gran parte en las capacidades imitativas. Aunque estas capacidades imitativas, así como los sistemas sensorimotores que permiten la ejecución de las conductas lingüísticas, tienen una fuerte base genética y propia de la especie, ellas permiten amoldar circuitos y pautas de conductas adaptativas en otros individuos. Esta estrategia es una forma de alterar el fenotipo a través de generaciones, generando un proceso adaptativo mucho más rápido que el de la evolución genética, que sigue las reglas darwinianas.

Estimado Dr Bravo,

Muchas gracias por sus comentarios en esta entrada. El último sobre el Congreso de Chile está muy interesante, pero por favor no nos deje en ascuas y envienos cuando sea posible la continuación de su serie sobre el Lamarckismo para que podamos saber cómo se resuelve la incognita que quedó pendiente en sus anteriores comentarios, cuando decía:

“Más tarde veremos que los más duras resquebrajaduras de la tesis de Weismann y Morgan, y del dogma de la biología molecular, no provendrían ni de los soviéticos ni de los comunistas, sino de los propios norteamericanos, desde sus muy encumbradas universidades….”

Antes que todo, es necesario leer el artículo al que nos remite el Dr Cervantes, en el comentario anterior, pues efectivamente viene a colación con lo que quiero expresar aquí.

Mi historia de la epigenética segunda parte
Por José Francisco Bravo Moreno
IA).- Historia de la construcción básica del modelo genético neodarwiniano
Según se sabe, el descubridor del ADN antes de que la molécula fuera llamada así, fue Frederich Miescher (1844 -1895) trabajando con esperma de salmón. Es necesario aclarar que la sustancia que el encontró y a la cual llamó nucleína en 1874, contenía, -según los análisis químicos de aquel tiempo-, ácido fosfórico asociado con una sustancia sui generis que hoy sabemos que son las bases nitrogenadas. Meisher aisló esta molécula lo que permitió su análisis posterior. Oskar Hertwig junto con Weismann –una voz oficial de mucha autoridad-, se habrían expresado en el sentido de que “…es altamente probable que la nucleína sea la responsable no solo de la fertilización sino de la transmisión de los caracteres”. Más tarde, Walter Fleming descubriría una molécula dentro del núcleo a la que llamó “cromatina”, Fleming la relacionó directamente con la nucleína. Más tarde, Thomas Hunt Morgan vindicaría la idea a la que habían llegado las especulaciones de varios investigadores de finales del siglo XIX, respaldados por Weismann, de que los cromosomas son los únicos transmisores de la herencia. Pero, según se sabe Weismann le daba una connotación muy reduccionista y mística a la función de las moléculas hereditarias, situándolas en el papel de principal transmisor de los caracteres, haciendo a un lado el papel del citoplasma, de quien evidentemente se podría pensar, sería el intermediario entre el medio ambiente extracelular y el núcleo. Eso hacía más imposible el siquiera considerar que cualquier factor medioambiental afectara el núcleo, ya sea en la célula somática o germinal. Weismann de hecho aseveraba que los cromosomas formaban un mundo apartado del cuerpo del organismo y de sus condiciones de vida, que era “una substancia hereditaria inmortal, independiente de las peculiaridades cualitativas del desarrollo del cuerpo vivo y que dirige el cuerpo perecedero, pero no es engendrada por él”.
Al respecto, los siguientes párrafos referidos por Enrique Beltran (1945), son de particular importancia pues fueron recientemente re-visitados experimentalmente con las técnicas modernas de la biología molecular, tanto en plantas protistas y mamíferos, en estos últimos se ha implementado una conjunción de técnicas que involucran la electrofisiólogía y la observación del comportamiento animal, derivándose de ello importantes publicaciones estando a punto de cumplirse el primer decenio del siglo XXI, las cuales referiremos más adelante, pero que apuntalan el buen nombre del sabio Lamarck (Feig, 2009). Pero de hecho han habido observaciones sencillas que demuestran plenamente lo dicho por el invertebrista antes de que estas recientes publicaciones circularan por todo el orbe (Landman,1993). Cómo decíamos, Beltrán ya señalaba en el año de 1945 lo siguiente:
“Guyenot (1930) y Prenant(1936), aunque teniendo esa posición (el que los cromosomas son los principales transmisores), critican a los extremistas que piensan que la acción de los factores extraños a los genes, especialmente del citoplasma, no tienen importancia al respecto”.
Al respecto, y siguiendo con la línea dejada por Weismann, los descubridores de la estructura del ADN (si es que lo fueron), dirían que se inspiraron en el libro de Schrödinger titulado: ¿Qué es la vida desde el punto de vista de los físico?
Schrödinger parecía profetizar el descubrimiento de la molécula transmisora dándole un carácter providencial. Schrödinger en efecto, escribiría lo siguiente en 1942:
“El alma individual es igual al alma omnipotente omnímoda e inmortal… es lo más que puede alcanzar un biólogo que quiera demostrar de un solo golpe la existencia de Dios y la inmortalidad del alma”.
Lisenko creerá que está haciendo alusión a la molécula inmortal de Shrödinger.
Es por ello pertinente el citar nuevamente a Schrödinger quien escribiría luego en un tono neolamarckiano en 1958, haciendo referencia al creador del término epigenética Conrad H. Waddington. Aquí vemos que no necesariamente se inscribe en el ideario que más tarde impondrá el dogma de la biología molecular:
“A primera vista, las ideas de Darwin (frente a las de Lamarck) parecieran otorgar un escaso significado para la evolución de la conducta de las plantas y animales individuales; por ejemplo, a la preferencia que un animal individual puede mostrar por una nueva especie de alimento o por un nuevo método de caza. La idea nueva de la teoría de la selección orgánica, es que estas formas de conducta individual pueden influir en la evolución del filum por medio de la selección natural. La idea es sencilla: cada nueva modalidad de comportamiento puede considerarse la selección de un nicho ecológico nuevo…al adoptar un mismo entorno… hay una nueva influencia ambiental,..una nueva presión selectiva. Y es entonces cuando esta nueva presión selectiva guía el desarrollo genético y produce la adaptación al nuevo entorno. Esta teoría sencilla y convincente es de hecho antigua –según muestra Alester Hardy, es anterior a Darwin e incluso a Lamarck, pero durante los últimos años se ha vuelto a descubrir, siendo desarrollada y contrastada experimentalmente, por ejemplo, por Waddington. Esta teoría demuestra, mucho más claramente que Lamarck, que la conducta, como el deseo de explorar, la curiosidad del animal, y los gustos y aversiones de un animal, puede ejercer una influencia decisiva en el desarrollo filogenético de los genes. Así pues, cada novedad conductual de un organismo individual tiene consecuencias filogenéticas creadoras y a menudo revolucionarias. Esto muestra que la iniciativa individual desempeña un papel activo en el desarrollo darwiniano. Esta observación invalida la impresión desesperada y deprimente que ha rodeado al darwinismo desde hace tanto tiempo, cuando parecía que la actividad del organismo no podría desempeñar ningún papel en el mecanismo de selección”
Watson y Crick, habiéndose inspirado en el libro del cuarenta y dos de Shrödinger, corroborarían de manera circunstancial el concepto que sobre el ADN tenía Weissman, pues posteriormente sucedió que, junto con otros científicos premios Nobel, construirían los cimientos de toda una estructura moderna neodarwiniana, al decir de manera monolítica y en bloque con una determinación casi fanática, que el proceso secuencial en la expresión del ADN a ARN y proteína, se desenvuelve de manera unidireccional e irreversible, (ADN-ARN-proteína), alegando el que esto dejaba fuera cualquier incidencia medioambiental sobre cualquier modificación en la estructura de un gen. Luego obtendrían algún sustento en investigaciones realizadas en microorganismos, lo que parecía darles la razón. Pero de eso a decir que la funcionalidad del ADN dejaba fuera el concepto lamarckiano, sería un exceso que habrán de pagar caro, sobre todo aquellos que se han arrodillado ante las tesis preconizadas por Watson, Crick, Luria, Jacob y Monod. Es verdad también que el modelo en su dinámica funcional: replicación y transcripción, además de la traducción, respondería muy bien a las expectativas de Weismann, desmarcándose empero de la opinión de Shrödinger en todos sus puntos (según podemos inferir) aunque él haya sido el motivo de su inspiración.
II B).- El concepto de la epigenética, y crítica al modelo hereditaro de Watson y Crick
Existió la posibilidad de investigar en términos de la genética moderna, la explicación epigenética preconizada por Waddington (1945), es decir, sobre si ésta podría ser complementaria a aquellas dadas por la biología molecular. Pero esto no fue posible, al respecto, Monod diría lo siguiente para de una vez por todas –y según él- matar el ideario que sobre el devenir de la historia había dejado resabios del Lineo Francés:
“Es preciso añadir, finalmente, -y este es un punto es de una gran importancia-, que el mecanismo de la traducción es estrictamente irreversible. Ni se ha observado, no es concebible, que la información sea jamás transformada en el sentido inverso es decir de proteína a ADN. Esta noción se apoya en un conjunto de sus observaciones tan completas y tan seguras hoy en día, y sus consecuencias en la teoría, de la evolución, principalmente, son tan importantes que se las debe considerar como una de las principios fundamentales de la moderna biología. De esto se deduce, en efecto, que no hay mecanismo posible por el que la estructura y las performances pudieran ser modificadas y estas modificaciones transmitidas aunque solo fuera parcialmente a la descendencia, si no es como consecuencia de una alteración de las estructuras representadas por un segmento de la secuencia del ADN.
El sistema entero, por consecuencia, es totalmente, intensamente conservador, cerrado sobre sí mismo, y absolutamente incapaz de recibir cualquier instrucción del mundo exterior.
Nada permite suponer que nuestras concepciones sobre este punto deberán o incluso podrán ser revisadas en otro”…”..Es pues la noción, o más bien el espectro que debe a toda costa exorcizar todas las ideologías vitalistas y animalistas.
Y sin embargo, la falsa paradoja del enriquecimiento epigenético se puede ver, pues, una contradicción en el hecho de decir que el genoma define enteramente la función de una proteína mientras que esta función está ligada a una estructura tridimensional cuyo contenido informativo es más rico que la contribución directamente aportada a esta estructura por el determinismo genético.
Esta contradicción no ha dejado de revisada por ciertos críticos de la teoría biológica moderna. Especialmente Elsasser, quien ve precisamente en el desarrollo epigenético de las estructuras macroscópicas de los seres vivos, un fenómeno físicamente inexplicable, en razón del enriquecimiento sin causas que él parece testimoniar. Este mecanismo desaparece cuando se observan los mecanismos de la epigénesis molecular, el enriquecimiento de información, proviene de lo que la información genética (representada por la secuencia) expresa de hecho en condiciones iniciales bien definidas tales que entre todas las estructuras posibles, una sola de ellas es de hecho realizable
Más tarde, entonces, habría dejado claro que la autorregulación en el ADN tiene ciertos límites que curiosamente se ciñe a algunas propuestas darwinistas, pero por otro lado, deja claro que de acuerdo a ello y a la unidireccionalidad de la información genética que “la conducta adquirida no se puede transferir a la siguiente generación”.
Según lo parecía, y de acuerdo a varias autoridades cuasi-sagradas que podían hablar sobre la evolución, con el descubrimiento parcial del funcionamiento del ADN, se obtenían las pruebas definitivas y contundentes que sepultaban con una losa muy pesada la figura de Lamarck (cómo por ejemplo, lo que habría dejado establecido un hiperdarwiniano cómo Ernst Mayr en un artículo claramente denigratorio hacia la figura del invertebrista realizado en1973).
Tales actos de deslinde hacia la figura del invertebrista, también lo eran en términos modernos para Conrad Had Waddington (1905-1975), embriólogo Inglés destacado, quien en los años cuarenta del siglo XX, se habría decidido a no dejar morir del todo el ideario del Linneo Francés, hace uso del ahora muy conocido término “epigenética. El término de epigenética en el siglo XX, ya había sido establecido por el mismo Waddington definiéndolo como aquellas interacciones de los genes con su medio ambiente las que finalmente conllevan a la consolidación del fenotipo, enfatiza con ello el que los mecanismos epigenéticos varían en respuesta al medio ambiente. Waddington habría sido excluido del registro de la historia por tener una fuerte inclinación a lo expresado por Lamarck. Esta explicación moderada sobre el lamarckismo intentaba el no oponerse de manera directa a la idea original darwiniana, pues él siempre creyó en la selección natural. Para 1962, todavía Waddington trata de llamar la atención hacia la importancia de la estrategia epigenética, pero ya sin mencionarla cómo tal:
“Usualmente los resultados de la interacción entre el núcleo y el citoplasma no son visibles, pero tienen que ver con reacciones químicas en las cuales los genes toman parte. Nosotros lo podemos observar en la siguiente vía: suponga que en un particular tipo de citoplasma, los genes se activan. Estos genes pueden así producir sustancias que serán adicionadas al citoplasma, alterándolo. Esta alteración del citoplasma puede ahora tener una diferente reacción con el núcleo para que otros genes entren en operación. Así, el citoplasma puede ser alterado de nuevo y hacer que otros genes entren en juego”.
A manera de advertencia que se cumpliría sin lugar a dudas, y con cierta ironía sobre las mutaciones seleccionistas neo-darwinianas, nos dice Waddington:
“Nosotros podríamos mantenernos expectantes y esperanzados de que la naturaleza opera en semejante vía (alelos benéficos= mayor descendencia), es decir, que la naturaleza opera en la dirección de producir solo las mutaciones favorables
Sin embargo, esto no acontece, debe observarse entonces que las mutaciones o cambios en los genes siguen operando en una dirección que sigue siendo más bien un misterio”.
Ya con el apoyo indiscriminado de la comunidad científica hacia la tesis de la unidireccional de la información genética, fue que surgieron libros en donde de manera intencionada los títulos de estos ya hacen un claro desdén a los mecanismos citoplasmáticos o extra-ADN que pudiesen afectar la expresión de los genes, como por ejemplo aquel famoso título: “El ADN la clave de la vida”, aduciendo el que hay una explicación reduccionista y determinista en el sentido de que el ADN explica todos los proceso vitales.
No todos se ciñeron a esta explicación, en los años sesenta, tenemos el caso no sólo de Waddington sino del Dr Barry Commoner, quien en su libro “Ciencia y Supervivencia” , nos hace ver sus sospechas sobre la forma extremadamente reduccionista en que se estaba llevando a cabo la explicación sobre el funcionamiento del ADN. Siendo asesor científico del gobierno en el mismísimo Washington en los años sesenta, hizo la siguiente observación:
“Se ha alegado, por ejemplo, que la ciencia del siglo XX pasará a los anales históricos por sus logros en el campo biológico, y no por la física nuclear.
Semejante alegato refleja la convicción de que por ahora se han desentrañado las leyes biológicas básicos y particularmente, que ahora conocemos la vida bajo sus verdadero aspecto, es decir, cómo una forma química”
“Quien quiera que haya aprendido biología efectuando la disección de una rana, se quedará extrañado y confuso ante los informes de investigación biológica actual: moléculas que se reproducen por sí mismas, códigos moleculares que predicen cuando un huevo ha de dar origen a una tortuga o a un tigre, esfuerzos para crear vida en un tubo de ensayo”.
Esas innovaciones parecen impugnar los principios biológicos que nos son familiares. Si una molécula posee lo esencial para la vida –duplicación autónoma-, entonces se debe desestimar la teoría celular que afirma que los atributos de la vida residen en la célula cómo unidad, y no en una de sus partes menores, como la molécula. Si se lograra sintetizar la vida en un tubo de ensayo, el principio hasta ahora indiscutible, -omnex ovo- toda vida proviene de otra pre-existente debería pasar al olvido”.
Todo esto le sugiere a Barry Commoner que hay una prefigurada y distorsionada idea de que:
“….la vida podría existir en un solo componente celular, lo cual tolera la noción de una molécula viva”.
“Si la replicación y la herencia originan las restantes rasgos de la vida, entonces el ADN se destaca como rector químico de la célula y secreto de la vida”
“Pero el triunfo aparente del ADN no obedece a una victoriosa revolución del largo debate, en su lugar se ha llegado a esa discusión por el método menos arduo de desterrar la cuestión teórica básica. Realmente, los nuevos experimentos no han respondido a esa cuestión, pues, en realidad, no sustentan la idea de que el ADN sea una molécula autoduplicativa”.
“la evidencia crucial y experimental para la conclusión de que el ADN es una molécula autoduplicativa requeriría de la demostración de que en u sistema de tubos de ensayo conteniendo una partícula molecular de DN, se formaran nuevas moléculas de ADN, réplicas exactas de la primera, lo que no se ha realizado todavía. Aunque en los sistemas de probetas se sintetiza una nueva partícula de ADN similar a la empleada para cebar el proceso, la similitud no es tan exacta, ni mucho menos, como lo requiere la teoría”.
“Lo que nos dice el experimento en tubos de ensayo es esto: un solo mensaje molecular no determina la herencia del organismo vivo”.
Y he aquí la principal consideración antilamarckiana:
“El dogma central entraña una preocupación no demostrada, a saber, que mientras los ácidos nucléicos pueden guiar la síntesis de otros ácidos nucléicos y proteínas, no pueden guiar la síntesis de los ácidos nucléicos”.
“Pero las observaciones experimentales actuales niegan la segunda –y crucial- parte de tal presuposición”…”Ni el ácido nucléico ni la proteína son capaces por si solas de guiar el proceso químico sintético. Ninguna molécula es autoduplicativa o rectora química de la célula”.
Agrupando los componentes químicos no dan origen a la vida pero también es cierto que no se ha encontrado el mecanismo coordinador que presida la coordinación esencial de sus numerosas reacciones separadas”.
De ahí que creemos oportuno nuevamente repetir el hecho de que se hayan editado libros con títulos como “El ADN: Clave de la vida”. Pero, ciertamente, existió en contraposición a ellos, un título cómo: “La célula : Clave de la vida” en donde por cierto, le dan la primacía a Lamarck como el real descubridor de la teoría celular.

II B)- Investigaciones recientes que ponen en entredicho la idea original de Watson y Crick y sus seguidores
No hace mucho, algunos biólogos consideraron que el stress medio ambiental puede, en algunos casos, dirigir las mutaciones. La idea es herética pues recordaba el espectro de Lamarck y la herencia de los caracteres adquiridos. Esta noción de que el medio ambiente puede remodelar (¿al azar?) la herencia, cayó del favor del ámbito científico cuando Weissman expuso la doctrina de la separación estricta del germoplasma respecto de las células somáticas. Sin embargo, se ha dicho que lo que la gente olvida es que muchos organismos no secuestran sus células germinales, es el caso de las plantas y de los organismos unicelulares (esto puede ampliarse y advertirse claramente yendo al principio de este blog con la traducción que ha hecho el Dr Cervantes al artículo del Dr Otto Landman).
Todo lo que hoy se ha desarrollado sobre mutación dirigida comenzó en 1988, cuando John Cairns, de la Universidad de Harvard se hizo la pregunta de si en realidad era válido el principio dogmático de que las mutaciones desfavorables en ningún modo y sin ninguna probabilidad, permiten la sobrevivencia de microorganismos cómo las bacterias.
Cairns creció bacterias en un medio donde el azúcar que podía metabolizar la bacteria (glucosa y/o sacarosa) se encontraba en escasa cantidad, por otro lado, el otro azúcar llamado lactosa, que bajo ninguna probabilidad podía metabolizar, debido a la mutación que presentaba, estaba presente en cantidad suficiente. Cairns encontró que las bacterias no morían cuando escaseaba por completo la glucosa o la sacarosa y que por el contrario, de alguna manera habían adquirido algún gen que les permitía metabolizar la lactosa. Sus asombrosos resultados le han llevado a creer que las mutaciones reactivan a los genes defectuosos de las bacterias supliéndolos por aquellos que permiten la digestión de la lactosa, esto ocurre con una frecuencia que derriba la tesis de las mutaciones al azar.
Por tanto, la fuerza de la selección no es meramente el escardeo para que no se desajuste el organismo, sino que activamente encamina la mutación en una dirección benéfica. Esto por supuesto hacía revivir la figura de Lamarck, lo que causó en su tiempo gran controversia en el mundo científico.
Pocos meses más tarde, Barry G. Hall de la Universidad de Rochester, presentó una evidencia más contundente utilizando la inducción de mutaciones selectivas. El realizó experimentos similares en los cuales esta vez las bacterias “hambrientas” necesitarían realizar dos mutaciones que por cierto, no están relacionadas funcionalmente en ningún modo para utilizar una nueva fuente de alimentación. Hall calculó que debido a la diferencia en cuanto al tipo de mutaciones que se habrían inducido con respecto al experimento de Cairns, sería astronómicamente imposible el producir siquiera una mutación benéfica. Hall encontró -para su sorpresa-, que el número de bacterias que evolucionaron para ajustarse a las nuevas condiciones era enorme. Otros investigadores, posteriormente, refrendaron los resultados de Hall. Hall anunció luego que también había observado lo mismo en hongos microscópicos y dijo: “Ahora sí puedo decir lo que actualmente se sabe sobre los mecanismos mutacionales: ¡nada!”.
Cabe aclarar que los mecanismos lamarckianos descubiertos por Cairns y Hall no hacen referencia a la estrategia epigenética, pero forma parte del proceso histórico que está derribando el concepto del dogma de la biología molecular.
Ya solo para terminar esta segunda parte sobre mi historia de la epigenética, diré que si hubo cierto científico del tiempo presente, que aparentemente se alineó de algún modo a lo dicho por Shrödinger y Weismann, pues habría mencionado que al final de cuentas la función de la molécula del ADN si tiene un determinismo teleológico.

BIBLIOGRAFIA
Barry Commoner (1970). Ciencia y supervivencia, ed., Plaza & Janes. Barcelona
Beltran, E. (1945). Lamarck interprete de la naturaleza, ed.,Talleres de la Nación, México.
Landman, O. E. (1993) Inheritance of acquired characteristics, Sci. Am. 266(3): 88 96
Mirsky A.E. (1968). The discovery of DNA, Sci. Am. 218(6): 78-90
Monod, J.(1989). El azar y la necesidad, Ed Orbis, España.
Pérez-Tamayo, Ruy (1994). Existe el método científico, ed.,La ciencia para todos, SEP. México.
Piaget, J. (1980). Biología y conocimiento, ed, Siglo XXI, México
Rennie, J (1993). DNA`s New Twist, Sci. Am. 266(3): 88 96
Schrodinger (1945). What is Life? The physical aspect of the living cell, Cambridge University Press.
Schrödinger, E. (1958). Mind and Matter. Cambridge University Press, Cambridge
Waddington, C.H. (1963). Biology for the modern world. Ed., Barnes & Noble, New York
Waddington, C.H. (1942). Canalization of development and the inheritance of acquired characters. Nature, 150: 563-565.

[...] No hace mucho, algunos biólogos consideraron que el stress medio ambiental puede, en algunos casos, dirigir las mutaciones. La idea es herética pues recordaba el espectro de Lamarck y la herencia de los caracteres adquiridos. Esta noción de que el medio ambiente puede remodelar (¿al azar?) la herencia, cayó del favor del ámbito científico cuando Weissman expuso la doctrina de la separación estricta del germoplasma respecto de las células somáticas. Sin embargo, se ha dicho que lo que la gente olvida es que muchos organismos no secuestran sus células germinales, es el caso de las plantas y de los organismos unicelulares (ver el artículo de Otto Landman en este blog ). [...]

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