Archivo de diciembre 27th, 2012

Recordando a Borges y a cierta enciclopedia china en el párrafo ducentésimo duodécimo de El Origen de las Especies

 

Unos párrafos antes veíamos dos motivos alternativos para explicar la variabilidad:

 

1. la acción directa de las condiciones ambientales

2. la naturaleza del organismo

 

Pero unos párrafos después los motivos habían cambiado y eran:

 

  1. la acción directa de las condiciones ambientales
  2. La selección natural

 

Y a continuación en otro párrafo próximo:

 

1. la acción directa de las condiciones ambientales

2. una tendencia a variar debida a causas que ignoramos por completo.

 

Mientras que dos párrafos antes (210), para resolver la aclimatación planteaba una disyuntiva entre:

 

  1.  la competencia de otros seres orgánicos y
  2. la adaptación a climas determinados

 

Vemos que el autor juega con las palabras dando vueltas alrededor de ellas pero sin precisar en absoluto su significado ni sus relaciones.

 

En conclusión: nos quedaremos en ascuas sin saber si la selección natural es o no es importante para explicar la variabilidad. Afortunadamente no importa.  Se trata de un elemento ficticio, un fantasma semántico. Flatus vocis.

 

Para arreglar las cosas ahora, el autor introduce a la selección natural en otra disyuntiva. Dice que la aclimatación de las especies a un clima determinado es debida a la costumbre y a la selección natural, en proporciones variables. También es posible. Tan posible como lo anterior: la lucha, la adaptación, la costumbre, la competencia,  palabras y más palabras sin un significado preciso. En cualquier caso nos encontramos ante un problema obscuro y que no existiría si el autor hubiese puesto más cuidado en el uso del lenguaje.

 

El párrafo menciona entre otras cosas unas antiguas enciclopedias chinas y nos recuerda la paradoja expresada en aquel texto de Borges en el que cita “cierta enciclopedia china” donde está escrito que “los animales se dividen en a] pertenecientes al Emperador, b] embalsamados, c] amaestrados, d] lechones, e] sirenas, f] fabulosos, g] perros sueltos, h] incluidos en esta clasificación, i] que se agitan como locos, j] innumerables, k] dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, l] etcétera, m] que acaban de romper el jarrón, n] que de lejos parecen moscas”.

 

Este ejemplo lo toma Foucault al principio de su obra “Las palabras y las cosas” indicando:

 

En el asombro de esta taxonomia, lo que se ve de golpe, lo que, por medio del apólogo, se nos muestra como encanto exótico de otro pensamiento, es el límite del nuestro: la imposibilidad de pensar esto. Así, pues, ¿qué es imposible pensar y de qué imposibilidad se trata? Es posible dar un sentido preciso y un contenido asignable a cada una de estas singulares rúbricas;….  

 

¿Qué es entonces lo imposible? Lo imposible es pensar mal. Imposible es, por ejemplo, pensar que una clasificación como esta de Borges o las disyuntivas erráticas de Darwin puedan tomarse en serio. El pensamiento escapa por sí mismo de tales aberraciones. Imposibles son los genes egoístas, el DNA basura, la selección inconsciente, la filosofía materialista y la selección natural, a no ser que sean posibles como herramientas de tortura o de manipulación mental. Ya hemos visto en estos capítulos que la naturaleza es muy plástica.  La mente también.

 

 

 

212.

 

How much of the acclimatisation of species to any peculiar climate is due to mere habit, and how much to the natural selection of varieties having different innate constitutions, and how much to both means combined, is an obscure question. That habit or custom has some influence, I must believe, both from analogy and from the incessant advice given in agricultural works, even in the ancient Encyclopaedias of China, to be very cautious in transporting animals from one district to another. And as it is not likely that man should have succeeded in selecting so many breeds and sub-breeds with constitutions specially fitted for their own districts, the result must, I think, be due to habit. On the other hand, natural selection would inevitably tend to preserve those individuals which were born with constitutions best adapted to any country which they inhabited. In treatises on many kinds of cultivated plants, certain varieties are said to withstand certain climates better than others; this is strikingly shown in works on fruit-trees published in the United States, in which certain varieties are habitually recommended for the northern and others for the southern states; and as most of these varieties are of recent origin, they cannot owe their constitutional differences to habit. The case of the Jerusalem artichoke, which is never propagated in England by seed, and of which, consequently, new varieties have not been produced, has even been advanced, as proving that acclimatisation cannot be effected, for it is now as tender as ever it was! The case, also, of the kidney-bean has been often cited for a similar purpose, and with much greater weight; but until some one will sow, during a score of generations, his kidney-beans so early that a very large proportion are destroyed by frost, and then collect seed from the few survivors, with care to prevent accidental crosses, and then again get seed from these seedlings, with the same precautions, the experiment cannot be said to have been even tried. Nor let it be supposed that differences in the constitution of seedling kidney-beans never appear, for an account has been published how much more hardy some seedlings are than others; and of this fact I have myself observed striking instances.

 

Es un problema obscuro el determinar qué parte de la aclimatación de las especies a un clima determinado es debida simplemente a la costumbre, qué parte a la selección natural de variedades que tienen diferente constitución congénita y qué parte a estas dos causas combinadas. Que el hábito o costumbre tiene alguna influencia, he de creerlo, tanto por la analogía como por el consejo dado incesantemente en las obras de agricultura -incluso en las antiguas enciclopedias de China- de tener gran prudencia al transportar animales de un país a otro. Y como no es probable que el hombre haya conseguido seleccionar tantas razas y subrazas de constitución especialmente adecuadas para sus respectivos países, el resultado ha de ser debido, creo yo, a la costumbre. Por otra parte, la selección natural tendería inevitablemente a conservar aquellos individuos que naciesen con constitución mejor adaptada al país que habitasen. En tratados sobre muchas clases de plantas cultivadas se dice que determinadas variedades resisten mejor que otras ciertos climas; esto se ve de un modo llamativo en obras sobre árboles frutales publicadas en los Estados Unidos, en las que se recomiendan habitualmente ciertas variedades para los Estados del Norte y otras para los del Sur; y como la mayor parte de las variedades son de origen reciente, no pueden deber a la costumbre sus diferencias de constitución. El caso de la pataca, que nunca se propaga en Inglaterra por la semilla, y de la cual, por consiguiente, no se han producido nuevas variedades, ha sido propuesto como prueba de que la aclimatación no puede realizarse, pues esta planta es ahora tan delicada como siempre lo fue. También el caso de la judía se ha citado frecuentemente con el mismo objeto y con mucho mayor fundamento; pero no puede decirse que el experimento haya sido comprobado, hasta que alguien, durante una veintena de generaciones, siembre judías tan temprano que una gran parte sea destruida por el frío y recoja entonces semillas de las pocas plantas supervivientes, cuidando de evitar cruzamientos accidentales, y, con las mismas precauciones, obtenga de nuevo semilla de las plantas nacidas de aquellas semillas. Y no se suponga tampoco que no aparecen nunca diferencias en las plantitas de la judía, pues se ha publicado una nota acerca de que algunas plantitas son mucho más resistentes que otras, y de este hecho yo mismo he observado ejemplos notables.

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