Archivo de enero 16th, 2013

Una curiosa regla en el párrafo ducentésimo vigésimo quinto de El Origen de las Especies

 

Cuatro párrafos ocupará ahora esta sección titulada: Los órganos desarrollados en una especie en grado o modo extraordinarios, en comparación del mismo órgano en especies afines, tienden a ser sumamente variables. Comienza con la exposición de una regla importante que se encuentra enunciada en el propio título de la sección:

 

Los órganos desarrollados en una especie en grado o modo extraordinarios, en comparación del mismo órgano en especies afines, tienden a ser sumamente variables.

 

Siendo tan importante la regla llama la atención que el autor sólo de un ejemplo de ella en un género de su especialidad: Pyrgoma.

 

El párrafo vuelve a definir los caracteres sexuales secundarios.

 

 

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A PART DEVELOPED IN ANY SPECIES IN AN EXTRAORDINARY DEGREE OR MANNER, IN COMPARISON WITH THE SAME PART IN ALLIED SPECIES, TENDS TO BE HIGHLY VARIABLE.

 

Several years ago I was much struck by a remark to the above effect made by Mr. Waterhouse. Professor Owen, also, seems to have come to a nearly similar conclusion. It is hopeless to attempt to convince any one of the truth of the above proposition without giving the long array of facts which I have collected, and which cannot possibly be here introduced. I can only state my conviction that it is a rule of high generality. I am aware of several causes of error, but I hope that I have made due allowances for them. It should be understood that the rule by no means applies to any part, however unusually developed, unless it be unusually developed in one species or in a few species in comparison with the same part in many closely allied species. Thus, the wing of the bat is a most abnormal structure in the class of mammals; but the rule would not apply here, because the whole group of bats possesses wings; it would apply only if some one species had wings developed in a remarkable manner in comparison with the other species of the same genus. The rule applies very strongly in the case of secondary sexual characters, when displayed in any unusual manner. The term, secondary sexual characters, used by Hunter, relates to characters which are attached to one sex, but are not directly connected with the act of reproduction. The rule applies to males and females; but more rarely to females, as they seldom offer remarkable secondary sexual characters. The rule being so plainly applicable in the case of secondary sexual characters, may be due to the great variability of these characters, whether or not displayed in any unusual manner—of which fact I think there can be little doubt. But that our rule is not confined to secondary sexual characters is clearly shown in the case of hermaphrodite cirripedes; I particularly attended to Mr. Waterhouse’s remark, whilst investigating this order, and I am fully convinced that the rule almost always holds good. I shall, in a future work, give a list of all the more remarkable cases. I will here give only one, as it illustrates the rule in its largest application. The opercular valves of sessile cirripedes (rock barnacles) are, in every sense of the word, very important structures, and they differ extremely little even in distinct genera; but in the several species of one genus, Pyrgoma, these valves present a marvellous amount of diversification; the homologous valves in the different species being sometimes wholly unlike in shape; and the amount of variation in the individuals of the same species is so great that it is no exaggeration to state that the varieties of the same species differ more from each other in the characters derived from these important organs, than do the species belonging to other distinct genera.

 

Los órganos desarrollados en una especie en grado o modo extraordinarios, en comparación del mismo órgano en especies afines, tienden a ser sumamente variables.

 

Hace algunos años me llamó mucho la atención una observación hecha por míster Waterhouse sobre el hecho anterior. El profesor Owen también parece haber llegado a una conclusión casi igual. No hay que esperar el intentar convencer a nadie de la verdad de la proposición precedente sin dar la larga serie de hechos que he reunido y que no pueden exponerse aquí. Puedo únicamente manifestar mi convicción de que es esta una regla muy general. Sé que existen diversas causas de error, mas espero que me he hecho bien cargo de ellas. Ha de entenderse bien que la regla en modo alguno se aplica a ningún órgano, aun cuando esté extraordinariamente desarrollado, si no lo está en una o varias especies, en comparación con el mismo órgano en muchas especies afines. Así, el ala del murciélago es una estructura anómala en la clase de los mamíferos; pero la regla no se aplicaría en este caso, pues todo el grupo de los murciélagos posee alas; se aplicaría sólo si alguna especie tuviese alas desarrolladas de un modo notable en comparación con las otras especies del mismo género. La regla se aplica muy rigurosamente en el caso de los caracteres sexuales secundarios cuando se manifiestan de modo extraordinario. La expresión caracteres sexuales secundarios empleada por Hunter se refiere a los caracteres que van unidos a un sexo, pero no están relacionados directamente con el acto de la reproducción. La regla se aplica a machos y hembras, pero con menos frecuencia a las hembras, pues éstas ofrecen pocas veces caracteres sexuales secundarios notables. El que la regla se aplique tan claramente en el caso de los caracteres sexuales secundarios puede ser debido a la gran variabilidad de estos caracteres -manifiéstense o no de modo extraordinario-; hecho del que creo que apenas puede caber duda. Pero que nuestra regla no está limitada a los caracteres sexuales secundarios se ve claramente en el caso de los cirrípedos hermafroditas; cuando estudiaba yo este orden presté particular atención a la observación de míster Waterhouse, y estoy plenamente convencido de que la regla casi siempre se confirma. En una obra futura daré una lista de todos los casos más notables; aquí citaré solo uno, porque sirve de ejemplo de la regla en su aplicación más amplia.  Las válvulas operculares de cirrípedos sésiles (balanos) son, en todos los sentidos de la palabra, estructuras muy importantes, y se diferencian muy poco, incluso en géneros distintos, pero en las diferentes especies de un mismo género, Pyrgoma, estas válvulas presentan una cantidad maravillosa de variación, las válvulas homólogas en las diferentes especies que a veces totalmente diferente en la forma y la cantidad de variación en los individuos de la misma especie es tan grande que no es exagerado afirmar que las variedades de la misma especie difieren más entre sí otros en los personajes derivados de estos órganos importantes, que las especies pertenecientes a otros géneros distintos.

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