El argumento que hizo reir a Sedgwick en el párrafo ducentésimo septuagésimo segundo de El Origen de las Especies

 

 

En su intento para explicar la ausencia de situaciones intermedias el autor agota sus recursos y cuenta algunos ejemplos. El último, memorable, del oso que nada con la boca abierta a punto de convertirse en ballena es el que seguramente hizo reir a Sedgwick y era mucho más divertido en la primera edición, de la que procede el siguiente fragmento memorable:

In North America the black bear was seen by Hearne swimming for hours with widely open mouth, thus catching, like a whale, insects in the water. Even in so extreme a case as this, if the supply of insects were constant, and if better adapted competitors did not already exist in the country, I can see no difficulty in a race of bears being rendered, by natural selection, more and more aquatic in their structure and habits, with larger and larger mouths, till a creature was produced as monstrous as a whale.

 

Que traduzco:

 

En Norteamérica,  Hearne vió al oso negro nadando durante horas con la boca muy abierta, para la captura, como haría una ballena,  de insectos en el agua. Incluso en  un caso tan extremo como este, si el suministro de insectos era constante, y los competidores mejor adaptados no existieran ya en el país, no veo ninguna dificultad en que una raza de osos se convirtiese, por selección natural, cada vez más acuática en su estructura y hábitos, con la boca cada vez mayor, hasta producir una criatura  tan monstruosa como una ballena.

 

 

Tanto en la primera como en la sexta ediciones, todo es tarea fácil para la selección natural:

 

In either case it would be easy for natural selection to adapt the structure of the animal to its changed habits, or exclusively to one of its several habits.

 

En ambos casos sería fácil a la selección natural adaptar la estructura del animal a sus nuevas costumbres o exclusivamente a una de sus diferentes costumbres.

 

 

 

272

 

I will now give two or three instances, both of diversified and of changed habits, in the individuals of the same species. In either case it would be easy for natural selection to adapt the structure of the animal to its changed habits, or exclusively to one of its several habits. It is, however, difficult to decide and immaterial for us, whether habits generally change first and structure afterwards; or whether slight modifications of structure lead to changed habits; both probably often occurring almost simultaneously. Of cases of changed habits it will suffice merely to allude to that of the many British insects which now feed on exotic plants, or exclusively on artificial substances. Of diversified habits innumerable instances could be given: I have often watched a tyrant flycatcher (Saurophagus sulphuratus) in South America, hovering over one spot and then proceeding to another, like a kestrel, and at other times standing stationary on the margin of water, and then dashing into it like a kingfisher at a fish. In our own country the larger titmouse (Parus major) may be seen climbing branches, almost like a creeper; it sometimes, like a shrike, kills small birds by blows on the head; and I have many times seen and heard it hammering the seeds of the yew on a branch, and thus breaking them like a nuthatch. In North America the black bear was seen by Hearne swimming for hours with widely open mouth, thus catching, almost like a whale, insects in the water.

 

 

Daré ahora dos o tres ejemplos, tanto de cambio de costumbres como de diversidad de ellas en individuos de la misma especie. En ambos casos sería fácil a la selección natural adaptar la estructura del animal a sus nuevas costumbres o exclusivamente a una de sus diferentes costumbres. Es, sin embargo, difícil decidir, y sin importancia para nosotros, si cambian en general primero las costumbres y después la estructura, o si ligeras modificaciones de conformación llevan al cambio de costumbres; siendo probable que ambas cosas ocurran casi simultáneamente. En cuanto a casos de cambio de costumbres, será suficiente mencionar tan sólo el de los muchos insectos británicos que se alimentan actualmente de plantas exóticas o exclusivamente de substancias artificiales. De diversidad de costumbres podrían citarse innumerables ejemplos; con frecuencia he observado en América del Sur a un tiránido (Saurophagus sulphuratus) cerniéndose sobre un punto y yendo después a otro, como lo haría un cernícalo, y en otras ocasiones lo he visto inmóvil a la orilla del agua, y luego lanzarse a ésta tras un pez, como lo haría un martín pescador. En nuestro propio país se puede observar el carbonero (Parus major) trepando por las ramas, casi como un gateador; a veces, como un alcaudón, mata pájaros pequeños, dándoles golpes en la cabeza, y muchas veces le he oído martillar las simientes del tejo sobre una rama y romperlas así, como lo haría un trepatroncos. Hearne ha visto en América del Norte al oso negro nadar durante horas con la boca muy abierta, cogiendo así, casi como una ballena, insectos en el agua.

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