El cocodrilo, por Herodoto

He aquí ahora la naturaleza del cocodrilo. Durante los cuatro meses de pleno invierno no come nada. Es cuadrúpedo y vive en tierra firme, y pasa la mayor parte del día en seco, pero la noche entera en el río, cuya agua es entonces más caliente que la intemperie y el rocío. De todas las criaturas que nosotros conocemos, ésa es la que de más pequeño tamaño alcanza el más grande; pues los huevos que pone no son mucho más grandes que los de la oca, y el polluelo guarda proporción con el huevo, pero se desarrolla y llega a medir hasta diecisiete codos y todavía más. Y tiene ojos de cerdo, dientes grandes y colmillos proporcionados a su cuerpo. Es el único animal que no tiene lengua; tampoco mueve la mandíbula inferior, sino que es el único animal que acerca la mandíbula superior a la inferior. Tiene también fuertes garras y una piel cubierta de escamas, irrompible, en la espalda. Y es ciego en el agua, pero a la intemperie su vista es muy penetrante. Y como viven en el agua, el interior de su boca está toda llena de sanguijuelas. Y ciertamente las demás bestias y aves le huyen, pero el reyezuelo vive en paz con él, porque le es útil; en efecto, cuando el cocodrilo sale del agua a tierra y entonces abre la boca (acostumbra a hacerlo, casi siempre, volviéndose de cara al céfiro), el reyezuelo penetra en su boca y devora a las sanguijuelas; y el cocodrilo siente placer en ser aliviado y no causa daño alguno al reyezuelo.

 

Herodoto. Historias. Libro II.

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