Archivo de abril 12th, 2013

Milagros de la selección natural en el párrafo ducentésimo octogésimo primero de El Origen de las Especies

Entre los prodigios de la selección natural no es menor el de convertir un nervio vestido de pigmento en un ojo. Credo quia absurdum.

Así, bien puede la selección natural haber convertido un sencillo aparato, formado por un nervio vestido de pigmento y cubierto al exterior por una membrana transparente, en un instrumento óptico tan perfecto como el que poseen (todos) los miembros de la clase de los articulados. Cabe la posibilidad de que alguien lo crea.

 

Todo vale si así se salva nuestro dogma. Pero la cosa no queda ahí,….. No.

 

No es imposible que un ojo complejo proceda de uno sencillo. Esto es ciertamente lo que hay que demostrar, lo cual parece improbable. Lo imposible es la selección natural.

Lo que importa son los ojos que sirven precisamente para ver. Ver los hechos y en ellos ver cada uno lo que desee:

Cuando reflexionamos sobre estos hechos, expuestos aquí demasiado brevemente, relativos a la extensión, diversidad y gradación

O sea que si no vemos gradación alguna; al menos tenemos  los hechos que podemos interpretarlos a nuestro gusto diciendo que  son relativos a la gradación. Es decir, no hay gradación, pero la vemos. Son los milagros de la fe y quien esto escribe tiene la preparación académica de un sacerdote decimonónico.

 

 

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When we reflect on these facts, here given much too briefly, with respect to the wide, diversified, and graduated range of structure in the eyes of the lower animals; and when we bear in mind how small the number of all living forms must be in comparison with those which have become extinct, the difficulty ceases to be very great in believing that natural selection may have converted the simple apparatus of an optic nerve, coated with pigment and invested by transparent membrane, into an optical instrument as perfect as is possessed by any member of the Articulata class.

 

Cuando reflexionamos sobre estos hechos, expuestos aquí demasiado brevemente, relativos a la extensión, diversidad y gradación de la estructura de los ojos de los animales inferiores, y cuando tenemos presente lo pequeño que debe ser el número de formas vivientes en comparación con las que se han extinguido, entonces deja de ser muy grande la dificultad de creer que la selección natural puede haber convertido un sencillo aparato, formado por un nervio vestido de pigmento y cubierto al exterior por una membrana transparente, en un instrumento óptico tan perfecto como el que poseen todos los miembros de la clase de los articulados.

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