El caso de Egipto, país en el cual el clima no cambia, y los animales tampoco; algunos argumentos en contra de la ciencia, y otras enseñanzas de la doctrina en el párrafo tricentésimo vigésimo séptimo de El Origen de las Especies

 

El autor dispone de una “teoría”, o mejor dicho “doctrina”, como él mismo indica, de enorme plasticidad que va adaptando acá y allá según las circunstancias lo requieren.  Exactamente como había indicado Agassiz:

 

Esto que Darwin presenta como una teoría sobre el origen de las especies no es un resultado poco a poco logrado por las investigaciones laboriosas aplicadas a la solución de algunos puntos de detalle, a fin de llegar después a una síntesis general. No. Se trata de una doctrina que, a partir de la concepción desciende a los hechos, y trata a los  hechos para apoyar una idea.

 

 

Si en Egipto, la expedición napoleónica abrió paso al saqueo de las tumbas y allí se encontraron animales momificados que pertenecen a las especies actuales, esto indica que las especies no han cambiado.  Pero, dice el autor, esto es porque el clima en Egipto no ha cambiado; mejor prueba habría sido ver lo mismo, es decir ausencia de cambio en periodos y épocas glaciares:

 

The many animals which have remained unchanged since the commencement of the glacial period, would have been an incomparably stronger case, for these have been exposed to great changes of climate and have migrated over great distances; whereas, in Egypt, during the last several thousand years, the conditions of life, as far as we know, have remained absolutely uniform

 

Pero, más aún,  si no se hubiese observado cambio alguno en condiciones cambiantes, eso sería malo para los que creen en  una ley innata y necesaria de desarrollo, es decir, el conjunto de los científicos. Por el contrario, bueno para la doctrina, puesto que:

 

la doctrina de la selección natural o de la supervivencia de los más adecuados, que enseña que, cuando ocurre que aparecen variaciones o diferencias individuales de naturaleza útil, éstas se conservarán; pero esto se efectuará sólo en ciertas circunstancias favorables.

 

Las últimas frases del párrafo son así ejemplos de escritura incomprensible:

 

El hecho de que desde el período glacial se haya producido poca o ninguna modificación, habría sido de alguna utilidad contra los que creen en una ley innata y necesaria de desarrollo; pero no tiene fuerza alguna contra la doctrina de la selección natural o de la supervivencia de los más adecuados, que enseña que, cuando ocurre que aparecen variaciones o diferencias individuales de naturaleza útil, éstas se conservarán; pero esto se efectuará sólo en ciertas circunstancias favorables.

 

 

 

 

 

 

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It has been argued that, as none of the animals and plants of Egypt, of which we know anything, have changed during the last three or four thousand years, so probably have none in any part of the world. But, as Mr. G.H. Lewes has remarked, this line of argument proves too much, for the ancient domestic races figured on the Egyptian monuments, or embalmed, are closely similar or even identical with those now living; yet all naturalists admit that such races have been produced through the modification of their original types. The many animals which have remained unchanged since the commencement of the glacial period, would have been an incomparably stronger case, for these have been exposed to great changes of climate and have migrated over great distances; whereas, in Egypt, during the last several thousand years, the conditions of life, as far as we know, have remained absolutely uniform. The fact of little or no modification having been effected since the glacial period, would have been of some avail against those who believe in an innate and necessary law of development, but is powerless against the doctrine of natural selection or the survival of the fittest, which implies that when variations or individual differences of a beneficial nature happen to arise, these will be preserved; but this will be effected only under certain favourable circumstances.

 

 

Se ha argüido que ninguno de los animales y plantas de Egipto, de los que tenemos algún conocimiento, ha cambiado durante los últimos tres o cuatro mil años, y que, de igual modo, probablemente no ha cambiado ninguno en ninguna parte del mundo. Pero, como ha hecho observar míster G. H. Lewes, este modo de demostración prueba demasiado, pues las antiguas razas domésticas, representadas en los antiguos monumentos egipcios o embalsamadas, son sumamente semejantes y hasta idénticas a las que viven ahora, y, sin embargo, todos los naturalistas admiten que estas razas se han producido por modificación de sus tipos primitivos. Los numerosos animales que han permanecido sin variación desde el principio del período glacial hubiesen constituido un caso incomparablemente más señalado, pues estos animales han estado sometidos a grandes cambios de climas y han emigrado a grandes distancias, mientras que en Egipto, durante los últimos miles de años, las condiciones de vida, hasta donde alcanza nuestro conocimiento, han permanecido absolutamente uniformes. El hecho de que desde el período glacial se haya producido poca o ninguna modificación, habría sido de alguna utilidad contra los que creen en una ley innata y necesaria de desarrollo; pero no tiene fuerza alguna contra la doctrina de la selección natural o de la supervivencia de los más adecuados, que enseña que, cuando ocurre que aparecen variaciones o diferencias individuales de naturaleza útil, éstas se conservarán; pero esto se efectuará sólo en ciertas circunstancias favorables.

 

 

Lectura aconsejada:

 Manual para detectar la impostura científica: Examen del libro de Darwin por Flourens. Digital CSIC, 2013. 225 páginas.

 

 

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Comentarios

¡Cuántos lustros, amable Don Emilio!: de nuevo aquí en la madre Patria colonizadora, para trabajar sin mucho descanso en mis clasecillas.
Reconozco que mi mentalidad antitecnológica me ponía trabas a la hora de entablar con usted discurso desde mi humildico País. Pero ahora ya aquí, qué menos que saludar al viejo demonio satánico y salmantino, o sea usted: el antidarwiniano más peliagudo y confeso del orbe todo.
Que aquí sigue ud. solo, sin que nadie le responda a nada, quizás ya aburrido de su empresa anticreyente.
Pero le traigo un diamantico, para que lo pula con su palabra debastadora (sic, no me lo corrija): mi madre al morir, bueno un poquico antes, al morir no se dice nada, dijo estas palabras: “Hijo querido, que no te creas que vas a dejar sin herencia mis manías y cochinadas. Pa’ ti son”.
Haga con ello lo que guste, don. feliz viaje, si viaja.

Estimado Don Gregorio,

Bienvenido al blog. Por un lado decirle que no soy tan malo, como usted bien sabe. POr otro que tampoco estoy tan solo. siempre hay alguien que se acerca a dejar algún comentario, por lo general amable (los otros suelo borrarlos ya).

Gracias por la frasecita, además de lo que decía en ella, demuestra que su madre le dejó también un tanto de verdad y eso es importante. Efectivamente, como indica, viajo. Muchas gracias por el comentario y los buenos deseos. Seguiremos en contacto, espero.

Un cordial saludo,

(requerido)

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