Archivo de julio 11th, 2013

La selección natural toma el lugar de la adaptación en el párrafo tricentésimo trigésimo de El Origen de las Especies

 

El autor realiza una transformación completamente gratuita y de efecto incalculable. Aquellos caracteres que tienen valor adaptativo,  y la adaptación y el valor adaptativo es algo muy discutible y reconocido desde Aristóteles, pasan ahora a la categoría de caracteres influidos por la selección natural. Por arte de magia.  Por decisión unilateral del autor (o autores) de un capítulo que se publicó por vez primera años después que otros de la misma obra. Como una señora obesa, que llega tarde a la función y se abre un hueco empujando con el trasero al vecino, la selección natural ha llegado para quedarse en la interpretación (esta vez errónea) de la naturaleza.

 

 

 

 

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A much more serious objection has been urged by Bronn, and recently by Broca, namely, that many characters appear to be of no service whatever to their possessors, and therefore cannot have been influenced through natural selection. Bronn adduces the length of the ears and tails in the different species of hares and mice—the complex folds of enamel in the teeth of many animals, and a multitude of analogous cases. With respect to plants, this subject has been discussed by Nageli in an admirable essay. He admits that natural selection has effected much, but he insists that the families of plants differ chiefly from each other in morphological characters, which appear to be quite unimportant for the welfare of the species. He consequently believes in an innate tendency towards progressive and more perfect development. He specifies the arrangement of the cells in the tissues, and of the leaves on the axis, as cases in which natural selection could not have acted. To these may be added the numerical divisions in the parts of the flower, the position of the ovules, the shape of the seed, when not of any use for dissemination, etc.

 

Una objeción mucho más grave ha sido presentada por Bronn, y recientemente por Broca, o sea, que muchos caracteres parecen no servir de nada absolutamente a sus poseedores, y, por consiguiente, no pueden haber sido influidos por la selección natural. Bronn cita la longitud de las orejas y de la cola en las diferentes especies de liebres y ratones, los complicados pliegues del esmalte en los dientes de muchos mamíferos y una multitud de casos análogos. Por lo que se refiere a las plantas, este asunto ha sido discutido por Nägeli en un admirable trabajo. Admite que la selección natural ha hecho mucho, pero insiste en que las familias de plantas difieren entre sí principalmente por caracteres morfológicos que parecen no tener importancia alguna para la prosperidad de las especies. Cree, por consiguiente, en una tendencia innata hacia el desarrollo progresivo y más perfecto. Señala la disposición de las células en los tejidos y la de las hojas en el eje como casos en que la selección natural no pudo haber obrado. A éstos pueden añadirse las divisiones numéricas de las partes de la flor, la posición de los óvulos, la forma de la semilla cuando no es de utilidad alguna para la diseminación, etc.

Lectura aconsejada:

 Manual para detectar la impostura científica: Examen del libro de Darwin por Flourens. Digital CSIC, 2013. 225 páginas.

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