Archivo de agosto 1st, 2013

Motivos para dudar en el párrafo tricentésimo cuadragésimo sexto de El Origen de las Especies

 

Defendiéndose de las objeciones de Mivart, el autor espera contar con todo nuestro apoyo, con la colaboración masiva de sus lectores. Así pregunta:

¿por qué tendremos que dudar de que, por lo que se refiere al tamaño, pudieran haber existido allí, en otro tiempo, gradaciones intermedias, sometidas como ahora a veces a rigurosa escasez?

La respuesta es muy torpe y cuenta además con el apoyo de Chauncey Wright quien ve que, al ser la jirafa más alta, su cuello sería como una atalaya………(el resto ustedes dirán….)….

 

 La imagen procede del blog No me cuentes más cuentos.

 

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To this conclusion Mr. Mivart brings forward two objections. One is that the increased size of the body would obviously require an increased supply of food, and he considers it as “very problematical whether the disadvantages thence arising would not, in times of scarcity, more than counterbalance the advantages.” But as the giraffe does actually exist in large numbers in Africa, and as some of the largest antelopes in the world, taller than an ox, abound there, why should we doubt that, as far as size is concerned, intermediate gradations could formerly have existed there, subjected as now to severe dearths. Assuredly the being able to reach, at each stage of increased size, to a supply of food, left untouched by the other hoofed quadrupeds of the country, would have been of some advantage to the nascent giraffe. Nor must we overlook the fact, that increased bulk would act as a protection against almost all beasts of prey excepting the lion; and against this animal, its tall neck—and the taller the better—would, as Mr. Chauncey Wright has remarked, serve as a watch-tower. It is from this cause, as Sir S. Baker remarks, that no animal is more difficult to stalk than the giraffe. This animal also uses its long neck as a means of offence or defence, by violently swinging its head armed with stump-like horns. The preservation of each species can rarely be determined by any one advantage, but by the union of all, great and small.

 

Contra esta conclusión presenta míster Mivart dos objeciones. Una es que el aumento del tamaño del cuerpo exigiría evidentemente un aumento de alimento, y considera como «muy problemático el que las desventajas que por este motivo se originan no hubiesen de contrapesar con exceso, en tiempos de escasez, a las desventajas». Pero como la jirafa existe actualmente muy numerosa en el Sur de África, y como algunos de los antílopes mayores del mundo, tan grandes como un toro, abundan allí, ¿por qué tendremos que dudar de que, por lo que se refiere al tamaño, pudieran haber existido allí, en otro tiempo, gradaciones intermedias, sometidas como ahora a veces a rigurosa escasez? Seguramente el poder alcanzar en cada estado de aumento de tamaño una cantidad de comida dejada intacta por los otros cuadrúpedos ungulados del país tuvo que haber sido ventajoso para la jirafa en formación, y tampoco debemos dejar pasar inadvertido el hecho de que el aumento de tamaño obraría como una protección contra casi todos los cuadrúpedos de presa, excepto el león, y, como ha hecho observar míster Chauncey Wright, contra este animal serviría su alto cuello -y cuanto más alto, tanto mejor- como una atalaya. Esta es la causa, como hace observar sir S. Baker, por la que ningún animal es más difícil de cazar al acecho que la jirafa. Este animal también utiliza su largo cuello como un arma ofensiva y defensiva, moviendo violentamente su cabeza armada como de muñones de cuernos. La conservación de cada especie raras veces puede estar determinada por una sola ventaja, sino por la unión de todas, grandes y pequeñas.

 

 

Lectura aconsejada:

 Manual para detectar la impostura científica: Examen del libro de Darwin por Flourens. Digital CSIC, 2013. 225 páginas.

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