Archivo de octubre, 2013

Curiosas costumbres de perros y gatos en el párrafo cuadrigentésimo noveno de El Origen de las Especies

 

Comenzamos una sección sobre los cambios heredados de costumbre o instinto en animales domésticos. Tal y como está escrito el título:

 

INHERITED CHANGES OF HABIT OR INSTINCT IN DOMESTICATED ANIMALS

 

No permite saber si el autor identifica el instinto de los animales domésticos con hábito o con cambio de hábito o con cambio de hábito heredado. En cualquier caso se habla aquí de instinto en los animales domésticos, lo cual es correcto, mientras que los instintos domésticos (domestic instincts), una expresión común en toda la sección es algo del todo incorrecto: Una contradictio in adiecto, un fantasma semántico. Los instintos son tendencias naturales y, por tanto, jamás domésticos.

Lo que va a considerar ahora el autor, según dice, es la posibilidad de variaciones heredadas del instinto. Como siempre parte de la dudosa premisa de que lo que ocurra en domesticación será válido en la naturaleza. Los ejemplos de este párrafo son una serie de anécdotas que le han contado al autor, entre otros un Mr St John, sin referencia a publicación científica alguna.

 

Al referirse a instintos de animales domésticos, el autor emplea el término inapropiado de domestic instincts. Inapropiado porque todos los comportamientos a que se refiere podrían darse en la naturaleza antes de domesticación alguna:

 

Domestic instincts, as they may be called, are certainly far less fixed than natural instincts; but they have been acted on by far less rigorous selection, and have been transmitted for an incomparably shorter period, under less fixed conditions of life.

 

 

409 INHERITED CHANGES OF HABIT OR INSTINCT IN DOMESTICATED ANIMALS.

 

The possibility, or even probability, of inherited variations of instinct in a state of nature will be strengthened by briefly considering a few cases under domestication. We shall thus be enabled to see the part which habit and the selection of so-called spontaneous variations have played in modifying the mental qualities of our domestic animals. It is notorious how much domestic animals vary in their mental qualities. With cats, for instance, one naturally takes to catching rats, and another mice, and these tendencies are known to be inherited. One cat, according to Mr. St. John, always brought home game birds, another hares or rabbits, and another hunted on marshy ground and almost nightly caught woodcocks or snipes. A number of curious and authentic instances could be given of various shades of disposition and taste, and likewise of the oddest tricks, associated with certain frames of mind or periods of time. But let us look to the familiar case of the breeds of dogs: it cannot be doubted that young pointers (I have myself seen striking instances) will sometimes point and even back other dogs the very first time that they are taken out; retrieving is certainly in some degree inherited by retrievers; and a tendency to run round, instead of at, a flock of sheep, by shepherd-dogs. I cannot see that these actions, performed without experience by the young, and in nearly the same manner by each individual, performed with eager delight by each breed, and without the end being known—for the young pointer can no more know that he points to aid his master, than the white butterfly knows why she lays her eggs on the leaf of the cabbage—I cannot see that these actions differ essentially from true instincts. If we were to behold one kind of wolf, when young and without any training, as soon as it scented its prey, stand motionless like a statue, and then slowly crawl forward with a peculiar gait; and another kind of wolf rushing round, instead of at, a herd of deer, and driving them to a distant point, we should assuredly call these actions instinctive. Domestic instincts, as they may be called, are certainly far less fixed than natural instincts; but they have been acted on by far less rigorous selection, and have been transmitted for an incomparably shorter period, under less fixed conditions of life.

 

La posibilidad, y aun la probabilidad, de variaciones hereditarias de instinto en estado natural, quedará confirmada considerando brevemente algunos casos de animales domésticos. De este modo podremos ver el papel que la costumbre y la selección de las llamadas variaciones espontáneas han representado en la modificación de las facultades mentales de los animales domésticos. En los gatos, por ejemplo, unos se ponen naturalmente a cazar ratas, y otros ratones; y se sabe que estas tendencias son hereditarias. Un gato, según míster St. John, traía siempre a la casa aves de caza; otro, liebres y conejos, y otro, cazaba en terrenos pantanosos, y cogía casi todas las noches chochas y agachadizas. Podrían citarse algunos ejemplos curiosos y auténticos de diferentes matices en la disposición y gustos, y también de las más extrañas estratagemas, relacionados con ciertas disposiciones mentales o períodos de tiempo, que son hereditarios. Pero consideramos el caso familiar de las razas de perros. Es indudable que los perros de muestra jóvenes -yo mismo he visto un ejemplo notable- algunas veces muestran la caza y hasta hacen retroceder a otros perros la primera vez que se les saca; el cobrar la caza es, seguramente, en cierto grado, hereditario en los retrievers, como lo es en los perros de pastor cierta tendencia a andar alrededor del rebaño de carneros, en vez de echarse a él. No sé ver que estos actos, realizados sin experiencia por los individuos jóvenes, y casi del mismo modo por todos los individuos, realizados con ansioso placer por todas las castas y sin que el fin sea conocido -pues el cachorro del perro de muestra no puede saber que él señala la caza para ayudar a su dueño, mejor de lo que sabe una mariposa de la col por qué pone sus huevos en la hoja de una col-; no sé ver que estos actos difieren esencialmente de los verdaderos instintos. Si viésemos una especie de lobo, que, joven y sin domesticación alguna, tan pronto como oliese su presa permaneciese inmóvil como una estatua y luego lentamente se fuese adelante con un paso particular, y otra especie de lobo que en lugar de echarse a un rebaño de ciervos se precipitase corriendo alrededor de ellos y los empujase hacia un punto distante, seguramente llamaríamos instintivos a estos actos. Los instintos domésticos, como podemos llamarlos, son ciertamente mucho menos fijos que los naturales; pero sobre ellos ha actuado una selección mucho menos rigurosa, y se han transmitido por un período incomparablemente más corto, en condiciones menos fijas de la vida.

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El autor dice de sí mismo que no habla sin tener buenas pruebas en el párrafo cuadrigentésimo octavo de El Origen de las Especies

En el párrafo anterior hemos visto cómo el pensamiento del autor está orientado en función de manterner su dogma:  su creencia en la Selección Natural. Pero es en este cuando el paciente y heroico lector,  cansado de ver la obra de autores expuesta sin la debida cita  (Lamarck, Blyth,…),  la libérrima exposición de ideas carentes de toda prueba o evidencia experimental, los juegos de palabras más obscuros repetidos hasta la saciedad; entonces, …. Cuando ya nada nos va a sorprender…..Es entonces cuando el autor expresa su modesta opinión sobre sí mismo:

 

I can only repeat my assurance,  that I do not speak without good evidence.

Puedo sólo repetir mi convicción de que no hablo sin tener buenas pruebas.

 

 

Qui s’excuse, s’accuse……………..

 

 

 

408

That the mental qualities of animals of the same kind, born in a state of nature, vary much, could be shown by many facts. Several cases could also be adduced of occasional and strange habits in wild animals, which, if advantageous to the species, might have given rise, through natural selection, to new instincts. But I am well aware that these general statements, without the facts in detail, can produce but a feeble effect on the reader’s mind. I can only repeat my assurance,  that I do not speak without good evidence.

 

 

Podría probarse, por numerosos hechos, que varían mucho las cualidades mentales de los animales de la misma especie nacidos en estado natural. Podrían citarse varios casos de costumbres ocasionales y extrañas en animales salvajes, que, si fuesen ventajosas para la especie, podían haber dado origen, mediante selección natural, a nuevos instintos. Pero estoy plenamente convencido de que estas afirmaciones generales, sin los hechos detallados, producirán poquísimo efecto en el ánimo del lector. Puedo sólo repetir mi convicción de que no hablo sin tener buenas pruebas.

 

 

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Necesidades y requerimientos de la fe en en el párrafo cuadrigentésimo séptimo de El Origen de las Especies

Al igual que en sucesivas ediciones se fue modificando la obra, quitando y añadiendole fragmentos,  alguien debería hoy hacer una buena acción y eliminar algunas sentencias de este libro.  Muchas. De lo contrario,  la posteridad opinará que estuvimos locos por  admitir esto como un tratado serio acerca de la naturaleza. Veamos si no lo que dice este párrafo:

 

I can only assert that instincts certainly do vary—for instance, the migratory instinct, both in extent and direction, and in its total loss.

 

Que traducido por nuestros estimados traductores ha quedado:

 

Sólo puedo afirmar que los instintos indudablemente varían -por ejemplo, el instinto migratorio- tanto en extensión y dirección como en perderse totalmente.

 

¿Cómo afina tan poco su escritura este autor que puede afirmar que los instintos, el instinto migratorio en particular,  varían tanto en extensión y dirección como en perderse totalmente? ¿De verdad cree que el autor en una gradación semejante de los instintos? ¿ De verdad cree que los instintos varían hasta perderse totalmente y que esa variación  forma parte de instinto alguno?

 

Pero el autor ha confesado su error al principio del párrafo: Se ve obligado a creer esto porque es necesario para la acción de la Selección Natural:

 

 

 

 

 

407

As some degree of variation in instincts under a state of nature, and the inheritance of such variations, are indispensable for the action of natural selection, as many instances as possible ought to be given; but want of space prevents me. I can only assert that instincts certainly do vary—for instance, the migratory instinct, both in extent and direction, and in its total loss. So it is with the nests of birds, which vary partly in dependence on the situations chosen, and on the nature and temperature of the country inhabited, but often from causes wholly unknown to us. Audubon has given several remarkable cases of differences in the nests of the same species in the northern and southern United States. Why, it has been asked, if instinct be variable, has it not granted to the bee “the ability to use some other material when wax was deficient?” But what other natural material could bees use? They will work, as I have seen, with wax hardened with vermilion or softened with lard. Andrew Knight observed that his bees, instead of laboriously collecting propolis, used a cement of wax and turpentine, with which he had covered decorticated trees. It has lately been shown that bees, instead of searching for pollen, will gladly use a very different substance, namely, oatmeal. Fear of any particular enemy is certainly an instinctive quality, as may be seen in nestling birds, though it is strengthened by experience, and by the sight of fear of the same enemy in other animals. The fear of man is slowly acquired, as I have elsewhere shown, by the various animals which inhabit desert islands; and we see an instance of this, even in England, in the greater wildness of all our large birds in comparison with our small birds; for the large birds have been most persecuted by man. We may safely attribute the greater wildness of our large birds to this cause; for in uninhabited islands large birds are not more fearful than small; and the magpie, so wary in England, is tame in Norway, as is the hooded crow in Egypt.

 

Como para la acción de la selección natural son imprescindibles algún grado de variación en los instintos en estado natural y la herencia de estas variaciones, debieran darse cuantos ejemplos fuesen posibles; pero me lo impide la falta de espacio. Sólo puedo afirmar que los instintos indudablemente varían -por ejemplo, el instinto migratorio- tanto en extensión y dirección como en perderse totalmente. Lo mismo ocurre con los nidos de las aves, que varían, en parte, dependiendo de las situaciones escogidas y de la naturaleza y temperatura de la región habitada; pero que varían con frecuencia por causas que nos son completamente desconocidas. Audubon ha citado varios casos notables de diferencias en los nidos de una misma especie en los Estados Unidos del Norte y en los del Sur. Se ha preguntado: ¿Por qué, si el instinto es variable, no ha dado a la abeja «la facultad de utilizar algún otro material cuando faltaba la cera»? Pero ¿qué otro material natural pudieron utilizar las abejas? Las abejas quieren trabajar, según he visto, con cera endurecida con bermellón o reblandecida con manteca de cerdo. Andrew Knight observó que sus abejas, en lugar de recoger trabajosamente propóleos, usaban un cemento de cera y trementina, con el que había cubierto árboles descortezados. Recientemente se ha demostrado que las abejas, en lugar de buscar polen, utilizan gustosas una substancia muy diferente: la harina de avena. El temor de un enemigo determinado es ciertamente una cualidad instintiva, como puede verse en los pajarillos que no han salido aún del nido, si bien aumenta por la experiencia y por ver en otros animales el temor del mismo enemigo. Los diferentes animales que habitan en las islas desiertas adquieren lentamente el temor del hombre, como he demostrado en otro lugar; y podemos ver un ejemplo de esto incluso en Inglaterra, en donde todas nuestras aves grandes son más salvajes que las pequeñas, porque las grandes han sido perseguidas por el hombre. Podemos seguramente atribuir a esta causa el que las aves grandes sean más salvajes, pues en las islas deshabitadas las aves grandes no son más tímidas que las pequeñas, y la urraca, tan desconfiada en Inglaterra, es mansa en Noruega, como lo es el grajo de capucha en Egipto.

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Una falacia y algunas contradicciones en el párrafo cuadrigentésimo sexto de El Origen de las Especies

Si este párrafo aislado se da a leer a unos niños de diez o doce años es posible que provoque su sonrisa. Vean lo que dice al principio:

 

Además, lo mismo que en el caso de conformación física, y de acuerdo con mi teoría, el instinto de cada especie es bueno para ella misma; y, hasta donde podemos juzgar, jamás ha sido producido para el exclusivo bien de otras especies

 

No obstante y según su costumbre pronto da un ejemplo que contradice tal afirmación: El de los pulgones de Huber.  Empero parece que el autor es reacio a creer en su propio ejemplo y de nuevo afirma:

 

Aun cuando no existe prueba alguna de que ningún animal realice un acto para el exclusivo bien de otra especie, sin embargo, todas se esfuerzan en sacar ventajas de los instintos de otras, y todas sacan ventaja de la constitución física más débil de otras especies. Así también, ciertos instintos no pueden ser considerados como absolutamente perfectos; pero como no son indispensables detalles acerca de uno u otro de estos puntos, podemos aquí pasarlos por alto.

 

¿Acaso no acabamos de ver un ejemplo de lo contrario? ¿No es algo exagerada esta afirmación:

 

todas sacan ventaja de la constitución física más débil de otras especies?.

 

Finalmente obsesionado con la perfección e ignorante de esa gran verdad que dice que lo mejor es enemigo de lo bueno vuelve el autor con su matracada de la perfección:

 

Así también, ciertos instintos no pueden ser considerados como absolutamente perfectos; pero como no son indispensables detalles acerca de uno u otro de estos puntos, podemos aquí pasarlos por alto.

 

Vuelve también a pasar por alto todo aquello que no le gusta o no concuerda con su visión del mundo: la lucha.

 

 

406

 

Again, as in the case of corporeal structure, and conformably to my theory, the instinct of each species is good for itself, but has never, as far as we can judge, been produced for the exclusive good of others. One of the strongest instances of an animal apparently performing an action for the sole good of another, with which I am acquainted, is that of aphides voluntarily yielding, as was first observed by Huber, their sweet excretion to ants: that they do so voluntarily, the following facts show. I removed all the ants from a group of about a dozen aphides on a dock-plant, and prevented their attendance during several hours. After this interval, I felt sure that the aphides would want to excrete. I watched them for some time through a lens, but not one excreted; I then tickled and stroked them with a hair in the same manner, as well as I could, as the ants do with their antennae; but not one excreted. Afterwards, I allowed an ant to visit them, and it immediately seemed, by its eager way of running about to be well aware what a rich flock it had discovered; it then began to play with its antennae on the abdomen first of one aphis and then of another; and each, as soon as it felt the antennae, immediately lifted up its abdomen and excreted a limpid drop of sweet juice, which was eagerly devoured by the ant. Even the quite young aphides behaved in this manner, showing that the action was instinctive, and not the result of experience. It is certain, from the observations of Huber, that the aphides show no dislike to the ants: if the latter be not present they are at last compelled to eject their excretion. But as the excretion is extremely viscid, it is no doubt a convenience to the aphides to have it removed; therefore probably they do not excrete solely for the good of the ants. Although there is no evidence that any animal performs an action for the exclusive good of another species, yet each tries to take advantage of the instincts of others, as each takes advantage of the weaker bodily structure of other species. So again certain instincts cannot be considered as absolutely perfect; but as details on this and other such points are not indispensable, they may be here passed over.

 

Además, lo mismo que en el caso de conformación física, y de acuerdo con mi teoría, el instinto de cada especie es bueno para ella misma; y, hasta donde podemos juzgar, jamás ha sido producido para el exclusivo bien de otras especies. Uno de los ejemplos más notables de que tengo noticia, de un animal que aparentemente realiza un acto para el solo bien de otro, es el de los pulgones, que, según fue observado por vez primera por Huber, dan espontáneamente su dulce secreción a las hormigas; y que la dan espontáneamente lo demuestran los hechos siguientes: Quité todas las hormigas de un grupo de una docena de pulgones que estaban sobre una romaza, e impedí durante varias horas el que las hormigas se ocupasen de ellos. Después de este intervalo, estaba yo seguro de que los pulgones necesitarían excretar. Los examiné durante algún tiempo con una lente, pero ninguno excretaba; entonces les hice cosquillas y golpeé con un pelo, del mismo modo, hasta donde me fue posible, que lo hacen las hormigas con sus antenas; pero ninguno excretaba. Después dejé que una hormiga los visitase, y ésta, inmediatamente, por su ansiosa manera de marchar, pareció darse cuanta del riquísimo rebaño que había descubierto; entonces empezó a tocar, con las antenas encima del abdomen de un pulgón primero, y luego de otro, y todos, tan pronto como sentían las antenas, levantaban inmediatamente el abdomen y excretaban una límpida gota de dulce jugo, que era devorada ansiosamente por la hormiga. Incluso los pulgones más jóvenes se conducían de este modo, mostrando que la acción era instintiva, y no resultado de la experiencia. Según las observaciones de Huber, es seguro que los pulgones no muestran aversión alguna a las hormigas: si éstas faltan, se ven, al fin, obligados a expulsar su excreción; pero como ésta es muy viscosa, es indudablemente una conveniencia para los pulgones el que se la quiten, por lo cual, verosímilmente, no excretan sólo para bien de las hormigas. Aun cuando no existe prueba alguna de que ningún animal realice un acto para el exclusivo bien de otra especie, sin embargo, todas se esfuerzan en sacar ventajas de los instintos de otras, y todas sacan ventaja de la constitución física más débil de otras especies. Así también, ciertos instintos no pueden ser considerados como absolutamente perfectos; pero como no son indispensables detalles acerca de uno u otro de estos puntos, podemos aquí pasarlos por alto.

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Solución salomónica: La ambigüedad es la mejor manera de resolver una contradicción en el párrafo cuadrigentésimo quinto de El Origen de las Especies

¿En qué quedamos: pueden los instintos más maravillosos ser adquiridos por costumbre como indicaba el autor en el párrafo anterior, o no pueden como se indicaba dos párrafos más adelante?

 

La solución,  salomónica, está justo en el punto medio entre dos contrarios: El negroblanco, la cuadratura del círculo. Indica el autor:

 

“…….me ha sorprendido ver cuán comúnmente pueden encontrarse gradaciones que llevan a los instintos más complejos.”

 

¿Será cierto esto? Un momento, porque aún hay más:

 

“Los cambios en el instinto pueden, a veces, ser facilitados porque la misma especie tenga instintos diferentes en diferentes períodos de su vida o en diferentes estaciones del año, o cuando se halla en diferentes circunstancias, etc.; casos en los cuales, bien un instinto, bien otro, pudo ser conservado por selección natural. Y puede demostrarse que se presentan en la Naturaleza estos ejemplos de diversidad de instintos en la misma especie.”

 

¿De verdad que los cambios en el instinto pueden, a veces, ser facilitados? ¿Dará el autor algún ejemplo?

 

Y,…¿ de esta otra afirmación?:

 

“Y puede demostrarse que se presentan en la Naturaleza estos ejemplos de diversidad de instintos en la misma especie.”

 

¿Tendremos algún ejemplo de diversidad de instintos en la misma especie?, ¿Nos servirá para algo? Ya lo veremos……………

 

 

 

 

 

 

405

 

 No complex instinct can possibly be produced through natural selection, except by the slow and gradual accumulation of numerous, slight, yet profitable, variations. Hence, as in the case of corporeal structures, we ought to find in nature, not the actual transitional gradations by which each complex instinct has been acquired—for these could be found only in the lineal ancestors of each species—but we ought to find in the collateral lines of descent some evidence of such gradations; or we ought at least to be able to show that gradations of some kind are possible; and this we certainly can do. I have been surprised to find, making allowance for the instincts of animals having been but little observed, except in Europe and North America, and for no instinct being known among extinct species, how very generally gradations, leading to the most complex instincts, can be discovered. Changes of instinct may sometimes be facilitated by the same species having different instincts at different periods of life, or at different seasons of the year, or when placed under different circumstances, etc.; in which case either the one or the other instinct might be preserved by natural selection. And such instances of diversity of instinct in the same species can be shown to occur in nature.

 

Ningún instinto complejo ha podido producirse mediante selección natural, si no es por la acumulación lenta y gradual de numerosas variaciones ligeras, pero útiles. Por consiguiente, lo mismo que en el caso de las conformaciones materiales, tenemos que encontrar en la naturaleza, no las verdaderas gradaciones transitorias, mediante las cuales ha sido adquirido cada instinto complejo -pues éstas se encontrarían sólo en los antepasados por línea directa de cada especie-, sino que tenemos que encontrar alguna prueba de tales gradaciones en las líneas colaterales de descendencia, o, por lo menos, hemos de poder demostrar que son posibles gradaciones de alguna clase, y esto indudablemente podemos hacerlo. Haciéndome cargo de que los instintos de los animales han sido muy poco observados, excepto en Europa y América del Norte, y de que no se conoce ningún instinto en las especies extinguidas, me ha sorprendido ver cuán comúnmente pueden encontrarse gradaciones que llevan a los instintos más complejos. Los cambios en el instinto pueden, a veces, ser facilitados porque la misma especie tenga instintos diferentes en diferentes períodos de su vida o en diferentes estaciones del año, o cuando se halla en diferentes circunstancias, etc.; casos en los cuales, bien un instinto, bien otro, pudo ser conservado por selección natural. Y puede demostrarse que se presentan en la Naturaleza estos ejemplos de diversidad de instintos en la misma especie.

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El autor no tiene dificultades para ver cosas que no existen y contradecirse continuamente en el párrafo cuadrigentésimo cuarto de El Origen de las Especies

Las cosas más imposibles son,  no ya posibles,  sino mucho más. Algunas de ellas son vistas con toda naturalidad:

 

y si puede demostrarse que los instintos varían realmente, por poco que sea, entonces no se ve dificultad alguna en que la selección natural conservase y acumulase continuamente variaciones del instinto hasta cualquier grado que fuese provechoso.

 

 

Pero nada nos sorprende porque en la misma frase el autor viene a decir exactamente lo contrario que afirmaba en el párrafo anterior. Donde decía:

 

Puede demostrarse claramente que los instintos más maravillosos de que tenemos noticia, o sea los de la abeja común y los de muchas hormigas, no pudieron haber sido adquiridos por costumbre.

 

Ahora dice:

 

y si puede demostrarse que los instintos varían realmente, por poco que sea, entonces no sé ver dificultad alguna en que la selección natural conservase y acumulase continuamente variaciones del instinto hasta cualquier grado que fuese provechoso. Así es, a mi parecer, como se han originado todos los instintos más complicados y maravillosos.

 

Así cada uno puede quedarse con lo que más le convenga, por mi parte, un consejo:  Quédese cada uno con lo que al más poderoso convenga. Ya saben que quien a buen árbol se arrima,…….

 

404

 

 

It will be universally admitted that instincts are as important as corporeal structures for the welfare of each species, under its present conditions of life. Under changed conditions of life, it is at least possible that slight modifications of instinct might be profitable to a species; and if it can be shown that instincts do vary ever so little, then I can see no difficulty in natural selection preserving and continually accumulating variations of instinct to any extent that was profitable. It is thus, as I believe, that all the most complex and wonderful instincts have originated. As modifications of corporeal structure arise from, and are increased by, use or habit, and are diminished or lost by disuse, so I do not doubt it has been with instincts. But I believe that the effects of habit are in many cases of subordinate importance to the effects of the natural selection of what may be called spontaneous variations of instincts;—that is of variations produced by the same unknown causes which produce slight deviations of bodily structure.

 

Todo el mundo admitirá que los instintos son tan importantes como las estructuras corporales para la prosperidad de cada especie en sus condiciones de vida actuales. Cambiando éstas es, por lo menos, posible que ligeras modificaciones del instinto puedan ser útiles a alguna especie, y si puede demostrarse que los instintos varían realmente, por poco que sea, entonces no sé ver dificultad alguna en que la selección natural conservase y acumulase continuamente variaciones del instinto hasta cualquier grado que fuese provechoso. Así es, a mi parecer, como se han originado todos los instintos más complicados y maravillosos. No dudo que ha ocurrido con los instintos lo mismo que con las modificaciones de estructura material, que se originan y aumentan por el uso o costumbre y disminuyen o se pierden por el desuso; pero creo que los efectos de la costumbre son, en muchos casos, de importancia subordinada a los efectos de la selección natural, de lo que pueden llamarse variaciones espontáneas de los instintos; esto es, variaciones producidas por las mismas causas desconocidas que producen ligeras variaciones en la conformación física.

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El lenguaje de la evolución a veces parece ofuscar más que iluminar

 

Acabo de abrir el Boletín de noticias del  Sistema NotiWeb madri+d  correspondiente a hoy (23/10/2013 ) en cuyo encabezamiento, sección Cita del día,  leo con alegría la siguiente frase de Lynn Margulis (1938 – 2011):

“El lenguaje de la evolución a veces parece ofuscar más que iluminar”

 

Surgen dos preguntas:

 

  1. ¿En dónde publicó esto Lynn Margulis?

La respuesta, inmediata con ayuda de Google:  En su libro titulado Una Revolución en la Evolución (Colección Honoris Causa; Universidad de Valencia, 2002).

 

Y 2.  ¿Qué peaje tuvo que pagar para publicar esta frase tan abiertamente crítica con el sistema?

Muy sencillo. El pago consistió en la correspondiente adulación a Darwin y a su fantasía favorita: la Selección Natural. Dos páginas antes en su mismo libro se lee:

Charles Darwin estableció que las especies descendían de sus predecesores.  Toda la vida está conectada a través del tiempo hasta el mismo origen de la vida. Darwin mostró que muchas de las variaciones son hereditarias………etc etc etc que no me molestaré en copiar incluyendo argumentos  en relación con la selección natural.

 

Y ya para terminar:  ¿Puede un autor que está denunciando la oscuridad que hay en el lenguaje de la evolución haber escrito esto sólo un par de páginas antes? ¿Pueden proceder ambos párrafos del mismo autor que, con tanta claridad, ve en una página lo que ignoró en la anterior?   La respuesta no sólo es que sí.  Hay más. Tanta contradicción es habitual y es necesaria.  Para que alguien pueda escribir sobre evolución lo primero que debe aprender es a contradecirse. La ambigüedad ha de ser su doctrina.  La Selección Natural su guía.  Recuerden: Dentro de cincuenta años nadie entenderá de qué estamos hablando. Neolengua es Ingsoc e Ingsoc es Neolengua. Doblepensar. 1984. Orwell.

Imagen de Akifrases

 

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Mozart, el clavicordio y una confusión terrible en el párrafo cuadrigentésimo tercero de El Origen de las Especies

 

Una terrible confusión mental preside este párrafo.

Para empezar, supone el autor que una acción habitual puede convertirse en hereditaria.  Dice poder mostrarlo pero ni lo demuestra ni tampoco da un solo ejemplo de ello.  No importa, porque según indica a continuación, los instintos más notables no se adquieren a partir de la costumbre (possibly,  el condicional que está presente en la edición inglesa para que nada quede firmemente asegurado, aunque el traductor lo haya eliminado, como siempre,   para ayudar al autor):

 

It can be clearly shown that the most wonderful instincts with which we are acquainted, namely, those of the hive-bee and of many ants, could not possibly have been acquired by habit.

 

Puede demostrarse claramente que los instintos más maravillosos de que tenemos noticia, o sea los de la abeja común y los de muchas hormigas, no pudieron (posiblemente ) haber sido adquiridos por costumbre.

Concluye así el párrafo con una afirmación opuesta a aquella con la que empezó:

Puede demostrarse claramente que los instintos más maravillosos de que tenemos noticia, o sea los de la abeja común y los de muchas hormigas, no pudieron haber sido adquiridos por costumbre.

Si, puede demostrarse, es posible que pueda demostrarse. Empero la ciencia no se ocupa ni de lo que pueda demostrase ni de lo que sea posible que pueda demostrarse. Se ocupa de las propias demostraciones que aquí no aparecen por ninguna parte.

 

¿Algo confuso, no? No importa siempre nos quedará Mozart……..

 

 

403

If we suppose any habitual action to become inherited—and it can be shown that this does sometimes happen—then the resemblance between what originally was a habit and an instinct becomes so close as not to be distinguished. If Mozart, instead of playing the pianoforte at three years old with wonderfully little practice, had played a tune with no practice at all, be might truly be said to have done so instinctively. But it would be a serious error to suppose that the greater number of instincts have been acquired by habit in one generation, and then transmitted by inheritance to succeeding generations. It can be clearly shown that the most wonderful instincts with which we are acquainted, namely, those of the hive-bee and of many ants, could not possibly have been acquired by habit.

 

Si suponemos que una acción habitual se vuelve hereditaria -y puede demostrarse que esto ocurre algunas veces-, en este caso la semejanza entre lo que primitivamente fue una costumbre y un instinto se hace tan grande, que no se distinguen. Si Mozart, en lugar de tocar el clavicordio a los tres años de edad, con muy poquísima práctica, hubiese ejecutado una melodía sin práctica ninguna, podría haberse dicho con verdad que lo había hecho instintivamente. Pero sería un grave error suponer que la mayor parte de los instintos han sido adquiridos por costumbre en una generación, y transmitidos entonces por herencia a las generaciones sucesivas. Puede demostrarse claramente que los instintos más maravillosos de que tenemos noticia, o sea los de la abeja común y los de muchas hormigas, no pudieron haber sido adquiridos por costumbre.

Imagen tomada de Eine Kleine Nachtmusik, magnífico blog de Ana Carolina, desde Guadalajara, Jalisco, Mexico.

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Frederick Cuvier comparte espacio con otros viejos metafísicos y una oruga en su “hamaca” en el párrafo cuadrigentésimo segundo de El Origen de las Especies

Según Frederick Cuvier y otros viejos metafísicos (seguramente sin importancia pues nos quedamos sin cita alguna), los instintos comparten aspectos en común con los hábitos.  Así de nuevo cita el autor a m. P. Huber, quien en experiencias que no sabemos si fueron publicadas o no, muestra que determinadas orugas construyen sus capullos (algunas traducciones dicen hamacas) según instintos y les molesta ser interrumpidas.

 

 

402

 

Frederick Cuvier and several of the older metaphysicians have compared instinct with habit. This comparison gives, I think, an accurate notion of the frame of mind under which an instinctive action is performed, but not necessarily of its origin. How unconsciously many habitual actions are performed, indeed not rarely in direct opposition to our conscious will! yet they may be modified by the will or reason. Habits easily become associated with other habits, with certain periods of time and states of the body. When once acquired, they often remain constant throughout life. Several other points of resemblance between instincts and habits could be pointed out. As in repeating a well-known song, so in instincts, one action follows another by a sort of rhythm; if a person be interrupted in a song, or in repeating anything by rote, he is generally forced to go back to recover the habitual train of thought: so P. Huber found it was with a caterpillar, which makes a very complicated hammock; for if he took a caterpillar which had completed its hammock up to, say, the sixth stage of construction, and put it into a hammock completed up only to the third stage, the caterpillar simply re-performed the fourth, fifth, and sixth stages of construction. If, however, a caterpillar were taken out of a hammock made up, for instance, to the third stage, and were put into one finished up to the sixth stage, so that much of its work was already done for it, far from deriving any benefit from this, it was much embarrassed, and, in order to complete its hammock, seemed forced to start from the third stage, where it had left off, and thus tried to complete the already finished work.

 

Federico Cuvier y algunos de los metafísicos antiguos han comparado el instinto con la costumbre. Esta comparación da, creo yo, una noción exacta de la condición mental bajo la cual se realiza un acto instintivo, pero no necesariamente de su origen. ¡Qué inconscientemente se realizan muchos actos habituales, incluso, a veces, en oposición directa de nuestra voluntad consciente!, y, sin embargo, pueden ser modificados por la voluntad o por la razón. Las costumbres fácilmente llegan a asociarse con otras costumbres, con ciertos períodos de tiempo y con ciertos estados del cuerpo. Una vez adquiridas, muchas veces permanecen constantes durante toda la vida. Podrían señalarse otros varios puntos de semejanza entre los instintos y las costumbres. Como al repetir una canción bien conocida, también en los instintos una acción sigue a otra por una especie de ritmo; si una persona es interrumpida en una canción, o al repetir algo aprendido de memoria, se ve obligada, por lo común, a volver atrás para recobrar el curso habitual de su pensamiento. P. Huber observó que así ocurría en una oruga que hace una cubierta, a modo de hamaca complicadísima; pues dice que, cuando cogía una oruga que había terminado su cubierta, supongamos, hasta el sexto período de la construcción, y la ponía en una cubierta hecha sólo hasta el tercero, la oruga volvía simplemente a repetir los períodos cuarto, quinto y sexto; pero si se cogía una oruga de una cubierta hecha, por ejemplo, hasta el período tercero, y se la ponía una hecha hasta el sexto, de modo que mucho de la obra estuviese ya ejecutado, lejos de sacar de esto algún beneficio, se veía muy embarazada, y, para completar su cubierta, parecía obligada a comenzar desde el período tercero, donde había dejado su trabajo, y de este modo intentaba completar la obra ya terminada.

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No se da definición de instinto pero se indica que hay un poco de juicio o razón en animales inferiores de la escala natural en el párrafo cuadrigentésimo primero de El Origen de las Especies

El autor prefiere dar ejemplos a dar una definición. Ya sabemos bien sus lectores que las definiciones no son su terreno favorito. Los ejemplos, tampoco.

 

Cierto que son los ejemplos más socorridos y libres de inconvenientes que las definiciones que,  en definitiva,  pueden llevar pronto a contradicciones.  Empero, de nuevo nos sorprende y tras decir que no va a dar una definición, la da inmediatamente. Tal vez se trata de una definición “instintiva”:

 

An action, which we ourselves require experience to enable us to perform, when performed by an animal, more especially by a very young one, without experience, and when performed by many individuals in the same way, without their knowing for what purpose it is performed, is usually said to be instinctive

 

Comúnmente se dice que es instintivo un acto para el que nosotros necesitamos experiencia que nos capacite para realizarlos, cuando lo ejecuta un animal, especialmente si es un animal muy joven, sin experiencia, y cuando es realizado del mismo modo por muchos individuos, sin que conozcan para qué fin se ejecuta.

 

Ah! Commonly, commonly. Comúnmente, dice nuestro autor.  Mal empezamos. ¿Acaso va a apoyar todo un capítulo en una difinición basada en creencias populares? Algo confusa esta definición y esta manera de comenzar el capítulo,…. ¿no creen?

 

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I will not attempt any definition of instinct. It would be easy to show that several distinct mental actions are commonly embraced by this term; but every one understands what is meant, when it is said that instinct impels the cuckoo to migrate and to lay her eggs in other birds’ nests. An action, which we ourselves require experience to enable us to perform, when performed by an animal, more especially by a very young one, without experience, and when performed by many individuals in the same way, without their knowing for what purpose it is performed, is usually said to be instinctive. But I could show that none of these characters are universal. A little dose of judgment or reason, as Pierre Huber expresses it, often comes into play, even with animals low in the scale of nature.

 

No intentaré dar definición alguna del instinto. Sería fácil demostrar que comúnmente se abarcan con un mismo término varios actos mentales diferentes; pero todo el mundo comprende lo que se quiere expresar cuando se dice que el instinto impulsa al cuclillo a emigrar y poner sus huevos en nidos de otras aves. Comúnmente se dice que es instintivo un acto para el que nosotros necesitamos experiencia que nos capacite para realizarlos, cuando lo ejecuta un animal, especialmente si es un animal muy joven, sin experiencia, y cuando es realizado del mismo modo por muchos individuos, sin que conozcan para qué fin se ejecuta. Pero podría yo demostrar que ninguno de estos caracteres es universal. Un poco de juicio o razón, según la expresión de Pierre Huber, entra muchas veces en juego aun en animales inferiores de la escala natural.

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