Archivo de noviembre, 2013

Curiosidades de las hormigas en el párrafo cuadrigentésimo vigésimo tercero de El Origen de las Especies

El autor relata su experiencia personal con Formica sanguinea, una hormiga esclavista. Contiene algunas afirmaciones extrañas en obra que pueda considerarse científica, y más propias de un relato de fantasía o, a lo sumo de divulgación.  Por ejemplo:

 

  1. Hence, it is clear that the slaves feel quite at home.

 

(es evidente que las esclavas se encuentran completamente como en su casa.)

 

  1. Mr. Smith informs me that he has watched the nests at various hours during May,  June and August, both in Surrey and Hampshire, and has never seen the slaves, though present in large numbers in August, either leave or enter the nest. Hence, he considers them as strictly household slaves.

 

 

(míster Smith me informa que ha observado los hormigueros a diferentes horas en mayo, junio y agosto, tanto en Surrey como en Hampshire, y, a pesar de existir en gran número en agosto, nunca ha visto a las esclavas entrar o salir del hormiguero; y, por consiguiente, las considera como esclavas exclusivamente domésticas.)

 

  1. The masters, on the other hand, may be constantly seen bringing in materials for the nest, and food of all kinds

 

(A las amas, por el contrario, se les puede ver constantemente llevando materiales para el hormiguero y comidas de todas clases)

 

 

Extraño que las amas lleven constantemente materiales mientras las esclavas quedan en su casa, pero lo que sigue tampoco tiene mucho sentido…..

 

423

Another species, Formica sanguinea, was likewise first discovered by P. Huber to be a slave-making ant. This species is found in the southern parts of England, and its habits have been attended to by Mr. F. Smith, of the British Museum, to whom I am much indebted for information on this and other subjects. Although fully trusting to the statements of Huber and Mr. Smith, I tried to approach the subject in a sceptical frame of mind, as any one may well be excused for doubting the existence of so extraordinary an instinct as that of making slaves. Hence, I will give the observations which I made in some little detail. I opened fourteen nests of F. sanguinea, and found a few slaves in all. Males and fertile females of the slave-species (F. fusca) are found only in their own proper communities, and have never been observed in the nests of F. sanguinea. The slaves are black and not above half the size of their red masters, so that the contrast in their appearance is great. When the nest is slightly disturbed, the slaves occasionally come out, and like their masters are much agitated and defend the nest: when the nest is much disturbed, and the larvae and pupae are exposed, the slaves work energetically together with their masters in carrying them away to a place of safety. Hence, it is clear that the slaves feel quite at home. During the months of June and July, on three successive years, I watched for many hours several nests in Surrey and Sussex, and never saw a slave either leave or enter a nest. As, during these months, the slaves are very few in number, I thought that they might behave differently when more numerous; but Mr. Smith informs me that he has watched the nests at various hours during May, June and August, both in Surrey and Hampshire, and has never seen the slaves, though present in large numbers in August, either leave or enter the nest. Hence, he considers them as strictly household slaves. The masters, on the other hand, may be constantly seen bringing in materials for the nest, and food of all kinds. During the year 1860, however, in the month of July, I came across a community with an unusually large stock of slaves, and I observed a few slaves mingled with their masters leaving the nest, and marching along the same road to a tall Scotch-fir tree, twenty-five yards distant, which they ascended together, probably in search of aphides or cocci. According to Huber, who had ample opportunities for observation, the slaves in Switzerland habitually work with their masters in making the nest, and they alone open and close the doors in the morning and evening; and, as Huber expressly states, their principal office is to search for aphides. This difference in the usual habits of the masters and slaves in the two countries, probably depends merely on the slaves being captured in greater numbers in Switzerland than in England.

 

Huber descubrió también, por vez primera, que otra especie, Formica sanguinea, era hormiga esclavista. Esta especie se encuentra en las regiones meridionales de Inglaterra, y sus costumbres han sido objeto de estudio por míster J. Smith, del British Museum, a quien estoy muy obligado por sus indicaciones sobre éste y otros asuntos. Aunque dando crédito completo a las afirmaciones de Huber y de míster Smith, procuré llegar a este asunto con una disposición mental escéptica, pues a cualquiera puede muy bien excusársele de que dude de la existencia de un instinto tan extraordinario como el de tener esclavas. Por consiguiente, daré con algún detalle las observaciones que hice. Abrí catorce hormigueros de F. sanguinea, y en todos encontré algunas esclavas. Los machos y las hembras fecundas de la especie esclava (F. fusca) se encuentran sólo en sus propias comunidades, y nunca han sido observados en los hormigueros de F. sanguinea. Las esclavas son negras, y su tamaño no mayor de la mitad del de sus amas, que son rojas, de modo que el contraste de aspecto es grande. Si se inquieta algo el hormiguero, las esclavas salen de vez en cuando y, lo mismo que sus amas, se muestran muy agitadas y defienden el hormiguero; si se perturba mucho el hormiguero y las larvas y ninfas quedan expuestas, las esclavas trabajan enérgicamente, junto con sus amas, en transportarlas a un lugar seguro; por lo tanto, es evidente que las esclavas se encuentran completamente como en su casa. En los meses de junio y julio, en tres años sucesivos, observé durante muchas horas varios hormigueros en Surrey y Sussex, y nunca vi a ninguna esclava entrar o salir del hormiguero. Como en estos meses las esclavas son en cortísimo número, pensé que debían conducirse de modo diferente cuando fuesen más numerosas; pero míster Smith me informa que ha observado los hormigueros a diferentes horas en mayo, junio y agosto, tanto en Surrey como en Hampshire, y, a pesar de existir en gran número en agosto, nunca ha visto a las esclavas entrar o salir del hormiguero; y, por consiguiente, las considera como esclavas exclusivamente domésticas. A las amas, por el contrario, se les puede ver constantemente llevando materiales para el hormiguero y comidas de todas clases. Durante el año 1860, sin embargo, en el mes de julio, tropecé con un hormiguero con una provisión extraordinaria de esclavas, y observé algunas de ellas que, unidas con sus amas, abandonaban el hormiguero y marchaban, por el mismo camino, hacia un gran pino silvestre, distante veinticinco yardas, al que subieron juntas, probablemente, en busca de pulgones o cóccidos. Según Huber, qué tuvo muchas ocasiones para la observación, las esclavas, en Suiza, trabajan habitualmente con sus amos en hacer el hormiguero; pero ellas solas abren y cierran las puertas por la mañana y la noche, y, como Huber afirma expresamente, su principal oficio es buscar pulgones. Esta diferencia en las costumbres ordinarias de las amas y de las esclavas, en los dos países, probablemente depende sólo de que las esclavas son capturadas en mayor número en Suiza que en Inglaterra.

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Un célebre instinto en algunas hormigas en el párrafo cuadrigentésimo vigésimo segundo de El Origen de las Especies

Al parecer fue Pierre Huber quien describió por primera vez un instinto que, hasta entonces,  se había observado a menudo como comportamiento habitual en el ser humano:  El de hacer esclavos a sus semejantes. Este hábito, comportamiento o instinto ha de resultarle muy familiar y estimado a un autor que proponga como teoría científica la selección natural, supervivencia del más apto, pues bien podremos considerar más apto a quien sea capaz de hacer más esclavos, como los señores que, en Rusia, según relata Nicolai Gogol en su novela Almas Muertas, medían su riqueza por el número de almas en su posesión. En efecto el párrafo termina de manera aclaradora:

 

Si no hubiésemos sabido de ninguna otra hormiga esclavista, habría sido desesperanzado el meditar acerca de cómo un instinto tan maravilloso pudo haber llegado a esta perfección.

 

Ahora nos ha aclarado ya qué es lo que entiende el autor por perfección, cuestión que había quedado pendiente dos párrafos atrás en el 420 cuando dijo que esas aves  que ponían huevos aquí y allá tenían su instinto imperfecto.

 

 

422

 

SLAVE-MAKING INSTINCT.

 

This remarkable instinct was first discovered in the Formica (Polyerges) rufescens by Pierre Huber, a better observer even than his celebrated father. This ant is absolutely dependent on its slaves; without their aid, the species would certainly become extinct in a single year. The males and fertile females do no work of any kind, and the workers or sterile females, though most energetic and courageous in capturing slaves, do no other work. They are incapable of making their own nests, or of feeding their own larvae. When the old nest is found inconvenient, and they have to migrate, it is the slaves which determine the migration, and actually carry their masters in their jaws. So utterly helpless are the masters, that when Huber shut up thirty of them without a slave, but with plenty of the food which they like best, and with their larvae and pupae to stimulate them to work, they did nothing; they could not even feed themselves, and many perished of hunger. Huber then introduced a single slave (F. fusca), and she instantly set to work, fed and saved the survivors; made some cells and tended the larvae, and put all to rights. What can be more extraordinary than these well-ascertained facts? If we had not known of any other slave-making ant, it would have been hopeless to speculate how so wonderful an instinct could have been perfected.

 

Este notable instinto fue descubierto por vez primera en la Formica (Polyerges) rufescens por Pierre Huber, observador mejor aún que su famoso padre. Esta hormiga depende en absoluto de sus esclavas: sin su ayuda la especie se extinguiría seguramente en un solo año. Los machos y las hembras fecundas no hacen trabajo de ninguna clase, y las obreras, o hembras estériles, aunque sumamente enérgicas y valerosas al apresar esclavas, no hacen ningún otro trabajo; son incapaces de construir sus propios nidos y de alimentar sus propias larvas. Cuando el nido viejo resulta incómodo y tienen que emigrar, son las esclavas las que determinan la emigración y llevan positivamente en sus mandíbulas a sus amas. Tan por completo incapaces de valerse son las amas, que, cuando Huber encerró treinta de ellas sin ninguna esclava, pero con abundancia de la comida que más les gusta, y con sus propias larvas y ninfas para estimularlas a trabajar, no hicieron nada; no pudieron ni siquiera alimentarse a sí mismas, y muchas murieron de hambre. Entonces introdujo Huber una sola esclava (F. fusca), y ésta inmediatamente se puso a trabajar, alimentó y salvó a las supervivientes, hizo algunas celdas y cuidó de las larvas, y lo puso todo en orden. ¿Qué puede haber más extraordinario que estos hechos certísimos? Si no hubiésemos sabido de ninguna otra hormiga esclavista, habría sido desesperanzado el meditar acerca de cómo un instinto tan maravilloso pudo haber llegado a esta perfección.  

 

 

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Supuestas modificaciones de algunos himenópteros en el párrafo cuadrigentésimo vigésimo primero de El Origen de las Especies

¿Qué pruebas aporta el autor en favor de esta sentencia?:

en estos himenópteros se han modificado no sólo sus instintos, sino también su conformación en relación con sus costumbres parásitas

¿Conoce algún ejemplo de lo que indica, es decir de algún himenóptero antes y después de tales modificaciones?

 

Indica el autor:

 

no sé ver dificultad alguna en que la selección natural haga permanente una costumbre accidental, si es ventajosa para la especie, y si no es exterminado de este modo el insecto cuyo nido y provisión de comida se apropia traidoramente.

 

Pero esto es un gran disparate: En primer lugar hay que demostrar que una sola costumbre accidental se pueda convertir en permanente. A continuación demostrar el mecanismo que lo explica. Hecho todo esto, se demuestra que en ningún caso interviene la selección natural. Jamás.

 

 

421

 

Many bees are parasitic, and regularly lay their eggs in the nests of other kinds of bees. This case is more remarkable than that of the cuckoo; for these bees have not only had their instincts but their structure modified in accordance with their parasitic habits; for they do not possess the pollen-collecting apparatus which would have been indispensable if they had stored up food for their own young. Some species of Sphegidae (wasp-like insects) are likewise parasitic; and M. Fabre has lately shown good reason for believing that, although the Tachytes nigra generally makes its own burrow and stores it with paralysed prey for its own larvae, yet that, when this insect finds a burrow already made and stored by another sphex, it takes advantage of the prize, and becomes for the occasion parasitic. In this case, as with that of the Molothrus or cuckoo, I can see no difficulty in natural selection making an occasional habit permanent, if of advantage to the species, and if the insect whose nest and stored food are feloniously appropriated, be not thus exterminated.

 

 

Muchos himenópteros son parásitos, y ponen regularmente sus huevos en nidos de otras especies de himenópteros. Este caso es más notable que el del cuclillo, pues en estos himenópteros se han modificado no sólo sus instintos, sino también su conformación en relación con sus costumbres parásitas, pues no poseen el aparato colector del polen, que hubiera sido indispensable si recogiesen comida para sus propias crías. Algunas especies de esfégidos -insectos que parecen avispas- son también parásitos, y monsieur Fabre, recientemente, ha señalado motivos fundados para creer que, aun cuando el Tachytes nigra generalmente hace su propio agujero y lo aprovisiona con presas paralizadas para sus propias larvas, a pesar de esto, cuando este insecto encuentra un agujero ya hecho y aprovisionado por otro esfégido, se aprovecha de la ventaja y se hace accidentalmente parásito. En este caso, como en el del Molothrus o en el del cuclillo, no sé ver dificultad alguna en que la selección natural haga permanente una costumbre accidental, si es ventajosa para la especie, y si no es exterminado de este modo el insecto cuyo nido y provisión de comida se apropia traidoramente.

 

 

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Algunas costumbres de las gallináceas en el párrafo cuadrigentésimo vigésimo de El Origen de las Especies

El instinto del avestruz de América, lo mismo que en el caso del Molothrus bonariensis, todavía no se ha perfeccionado, indica el autor en este párrafo. La explicación es la siguiente:

 

pues un número sorprendente de huevos quedan desparramados por las llanuras, hasta el punto que en un solo día de caza recogí no menos de veinte huevos perdidos e inutilizados.

 

Esperamos que pronto Molothrus bonariensis perfeccione sus hábitos al gusto de nuestro autor. Sugerimos que ponga los huevos en embalajes a la puerta de su residencia en Down house. Quedará así el instinto perfeccionado y si no se lo creen vean dentro de dos párrafos, en el 422 qué es lo que entiende el autor por un instinto perfecto…..

 

 

 

420

 

Various birds, as has already been remarked, occasionally lay their eggs in the nests of other birds. This habit is not very uncommon with the Gallinaceae, and throws some light on the singular instinct of the ostrich. In this family several hen birds unite and lay first a few eggs in one nest and then in another; and these are hatched by the males. This instinct may probably be accounted for by the fact of the hens laying a large number of eggs, but, as with the cuckoo, at intervals of two or three days. The instinct, however, of the American ostrich, as in the case of the Molothrus bonariensis, has not as yet been perfected; for a surprising number of eggs lie strewed over the plains, so that in one day’s hunting I picked up no less than twenty lost and wasted eggs.

 

Diferentes aves, como se ha hecho ya observar, ponen a veces sus huevos en los nidos de otras. Esta costumbre no es muy rara en las gallináceas, y da alguna luz acerca del singular instinto de los avestruces. En esta familia se reúnen varias hembras, y ponen primero un corto número de huevos en un nido y después en otro, y estos huevos son incubados por los machos. Este instinto puede explicarse probablemente por el hecho de que los avestruces hembras ponen un gran número de huevos, pero con intervalo de dos o tres días, lo mismo que el cuclillo. Sin embargo, el instinto del avestruz de América, lo mismo que en el caso del Molothrus bonariensis, todavía no se ha perfeccionado, pues un número sorprendente de huevos quedan desparramados por las llanuras, hasta el punto que en un solo día de caza recogí no menos de veinte huevos perdidos e inutilizados.

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Míster Hudson, excelente observador y tenazmente incrédulo en la evolución, en el párrafo cuadrigentésimo décimo noveno de El Origen de las Especies

 

La poblaciones de Molothrus badius tienen costumbres muy variadas en lo que se refiere a sus crías. Otras especies de Molothrus tienen otras costumbres. Mister Hudson es el que ha observado todo esto.  No se lo pierdan, porque…:

 

Mr. Hudson is a strong disbeliever in evolution, ………….

 

(Mr. Hudson es tenazmente incrédulo en la evolución; ………)

 

 …but he appears to have been so much struck by the imperfect instincts of the Molothrus bonariensis that he quotes my words, and asks, “Must we consider these habits, not as especially endowed or created instincts, but as small consequences of one general law, namely, transition?”

 

(…pero parece haber sido tan impresionado por los instintos imperfectos del Molothrus bonariensis, que cita mis palabras y pregunta: «¿Hemos de considerar estas costumbres no como instintos especialmente fundados o creados, sino como pequeñas consecuencias de una ley general, es decir de la transición?)

 

 Pero no nos dejemos llevar por la retórica. La respuesta es, sin duda, el rechazo inmediato de una pregunta mal planteada. No existe ley alguna que  pueda llamarse Ley  de la transición.

 

 

 

419

Some species of Molothrus, a widely distinct genus of American birds, allied to our starlings, have parasitic habits like those of the cuckoo; and the species present an interesting gradation in the perfection of their instincts. The sexes of Molothrus badius are stated by an excellent observer, Mr. Hudson, sometimes to live promiscuously together in flocks, and sometimes to pair. They either build a nest of their own or seize on one belonging to some other bird, occasionally throwing out the nestlings of the stranger. They either lay their eggs in the nest thus appropriated, or oddly enough build one for themselves on the top of it. They usually sit on their own eggs and rear their own young; but Mr. Hudson says it is probable that they are occasionally parasitic, for he has seen the young of this species following old birds of a distinct kind and clamouring to be fed by them. The parasitic habits of another species of Molothrus, the M. bonariensis, are much more highly developed than those of the last, but are still far from perfect. This bird, as far as it is known, invariably lays its eggs in the nests of strangers; but it is remarkable that several together sometimes commence to build an irregular untidy nest of their own, placed in singular ill-adapted situations, as on the leaves of a large thistle. They never, however, as far as Mr. Hudson has ascertained, complete a nest for themselves. They often lay so many eggs—from fifteen to twenty—in the same foster-nest, that few or none can possibly be hatched. They have, moreover, the extraordinary habit of pecking holes in the eggs, whether of their own species or of their foster parents, which they find in the appropriated nests. They drop also many eggs on the bare ground, which are thus wasted. A third species, the M. pecoris of North America, has acquired instincts as perfect as those of the cuckoo, for it never lays more than one egg in a foster-nest, so that the young bird is securely reared. Mr. Hudson is a strong disbeliever in evolution, but he appears to have been so much struck by the imperfect instincts of the Molothrus bonariensis that he quotes my words, and asks, “Must we consider these habits, not as especially endowed or created instincts, but as small consequences of one general law, namely, transition?”

 

Algunas especies de Molothrus, género muy característico de aves en América, afín a nuestros estorninos, tienen costumbres parásitas como las del cuclillo, y las especies presentan una interesante gradación en la perfección de sus instintos. Míster Hudson, excelente observador, ha comprobado que los machos y hembras de Molothrus badius viven a veces en bandadas, reunidos en promiscuidad, y otras veces forman parejas. Unas veces construyen nido propio, otras se apoderan de uno perteneciente a alguna otra ave, a veces arrojando los pajarillos del extraño. Unas veces ponen sus huevos en el nido que se han apropiado de esta manera o, lo que es bastante extraño, construyen uno para ellos encima de aquél. Comúnmente empollan sus propios huevos y crían sus propios hijos; pero míster Hudson dice que es probable que sean accidentalmente parásitos, pues ha visto a los pequeñuelos de esta especie siguiendo a aves adultas de otra y gritando para que los alimentasen. Las costumbres parásitas de otra especie de Molothrus, el M. bonariensis, están bastante más desarrolladas que las de aquél, pero distan mucho de ser perfectas. Esta ave, según lo que de ella se sabe, pone invariablemente sus huevos en nidos de extraños; pero es notable que a veces varias, juntas, empiezan por sí mismas a construir un nido irregular y mal acondicionado, colocado en sitios singularmente inadecuados, tales como en las hojas de un gran cardo. Sin embargo, según lo que ha averiguado míster Hudson, nunca terminan un nido para sí mismas. Con frecuencia ponen tantos huevos -de quince a veinte- en el mismo nido adoptivo, que pocos o ninguno podrán dar pequeñuelos. Tienen además la extraordinaria costumbre de agujerear picoteando los huevos, tanto los de su propia especie como los de los padres nutricios, que encuentran en los nidos que se han apropiado. Ponen también muchos huevos en el suelo desnudo, los cuales quedan de este modo inútiles. Una tercera especie, el M. pecoris de América del Norte, ha adquirido instintos tan perfectos como los del cuclillo, pues nunca pone más de un huevo en el nido adoptivo, de modo que el pajarillo se cría seguramente. Míster Hudson es tenazmente incrédulo en la evolución; pero parece haber sido tan impresionado por los instintos imperfectos del Molothrus bonariensis, que cita mis palabras y pregunta: «¿Hemos de considerar estas costumbres no como instintos especialmente fundados o creados, sino como pequeñas consecuencias de una ley general, es decir de la transición?

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Observaciones sobre el odioso comportamiento del cuclillo y su deseo ciego en el párrafo cuadrigentésimo décimo octavo de El Origen de las Especies

La Teoría de Evolución por Selección Natural en estado puro. No se la pierdan:

 El primer paso hacia la adquisición de este instinto pudo haber sido la simple inquietud involuntaria por parte del joven cuclillo,  ya un poco adelantado en edad y fuerza,  habiéndose después perfeccionado y transmitido esta costumbre a una edad más temprana.  No sé ver en esto mayor dificultad que en que los polluelos de otras aves, antes de salir del huevo, adquirieran el instinto de romper su propio cascarón, o en que en las culebras pequeñas, como lo ha señalado Owen, se forme en las mandíbulas superiores un diente agudo transitorio para cortar la cubierta apergaminada del huevo; pues si cada parte es susceptible de variaciones individuales en todas las edades, y las variaciones tienden a ser heredadas a la edad correspondiente o antes -hechos que son indiscutibles-, los instintos y la conformación del individuo joven pudieron modificarse lentamente, lo mismo que los del adulto, y ambas hipótesis tienen que sostenerse o caer junto con toda la teoría de la selección natural.

 

 

 

418

In the case of the European cuckoo, the offspring of the foster-parents are commonly ejected from the nest within three days after the cuckoo is hatched; and as the latter at this age is in a most helpless condition, Mr. Gould was formerly inclined to believe that the act of ejection was performed by the foster-parents themselves. But he has now received a trustworthy account of a young cuckoo which was actually seen, while still blind and not able even to hold up its own head, in the act of ejecting its foster-brothers. One of these was replaced in the nest by the observer, and was again thrown out. With respect to the means by which this strange and odious instinct was acquired, if it were of great importance for the young cuckoo, as is probably the case, to receive as much food as possible soon after birth, I can see no special difficulty in its having gradually acquired, during successive generations, the blind desire, the strength, and structure necessary for the work of ejection; for those cuckoos which had such habits and structure best developed would be the most securely reared. The first step towards the acquisition of the proper instinct might have been mere unintentional restlessness on the part of the young bird, when somewhat advanced in age and strength; the habit having been afterwards improved, and transmitted to an earlier age. I can see no more difficulty in this than in the unhatched young of other birds acquiring the instinct to break through their own shells; or than in young snakes acquiring in their upper jaws, as Owen has remarked, a transitory sharp tooth for cutting through the tough egg-shell. For if each part is liable to individual variations at all ages, and the variations tend to be inherited at a corresponding or earlier age—propositions which cannot be disputed—then the instincts and structure of the young could be slowly modified as surely as those of the adult; and both cases must stand or fall together with the whole theory of natural selection.

 

En el caso del cuclillo europeo, los hijos de los padres adoptivos son, por lo común, arrojados del nido a los tres días de haber salido el cuclillo del huevo, y como el cuclillo a esta edad se encuentra en un estado en que no puede valerse, míster Gould se inclinó primero a creer que el acto de la expulsión era ejecutado por los mismos padres nutricios; pero ahora ha recibido un informe fidedigno de que un cuclillo, todavía ciego e incapaz hasta de levantar su propia cabeza, fue positivamente visto en el acto de arrojar a sus hermanos adoptivos. El observador volvió a colocar en el nido uno de éstos, y fue arrojado de nuevo. Respecto de los medios por los que fue adquirido este extraño y odioso instinto, si fue de gran importancia para el joven cuclillo, como lo fue probablemente el recibir tanta comida como sea posible en seguida de su nacimiento, no sé ver especial dificultad en que el cuclillo, durante las sucesivas generaciones, haya adquirido gradualmente el deseo ciego, la fuerza y la estructura necesarias para el trabajo de expulsión, pues aquellos cuclillos jóvenes que tuviesen más desarrollada tal costumbre y conformación serían los que se criarían con más seguridad. El primer paso hacia la adquisición de este instinto pudo haber sido la simple inquietud involuntaria por parte del joven cuclillo, ya un poco adelantado en edad y fuerza, habiéndose después perfeccionado y transmitido esta costumbre a una edad más temprana. No sé ver en esto mayor dificultad que en que los polluelos de otras aves, antes de salir del huevo, adquirieran el instinto de romper su propio cascarón, o en que en las culebras pequeñas, como lo ha señalado Owen, se forme en las mandíbulas superiores un diente agudo transitorio para cortar la cubierta apergaminada del huevo; pues si cada parte es susceptible de variaciones individuales en todas las edades, y las variaciones tienden a ser heredadas a la edad correspondiente o antes -hechos que son indiscutibles-, los instintos y la conformación del individuo joven pudieron modificarse lentamente, lo mismo que los del adulto, y ambas hipótesis tienen que sostenerse o caer junto con toda la teoría de la selección natural.

 

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El cuclillo australiano y el tamaño de los huevos en el párrafo cuadrigentésimo décimo séptimo de El Origen de las Especies

Continúa la descripción más meticulosa de las costumbres del cuclillo.  Las especulaciones sobre el tamaño de los huevos son increíbles:

 Ahora bien; si hubiese sido ventajoso a esta especie el haber puesto huevos todavía menores que actualmente, de modo que hubiesen engañado a ciertos padres adoptivos, o lo que es más probable, se hubiesen desarrollado en menos tiempo -pues se asegura que existe relación entre el tamaño de los huevos y la duración de su incubación-, en este caso no hay dificultad en creer que pudo haberse formado una raza o especie que hubiese puesto huevos cada vez menores, pues éstos habrían sido incubados y logrados con más seguridad.

 

417

Turning now to the Australian species: though these birds generally lay only one egg in a nest, it is not rare to find two and even three eggs in the same nest. In the bronze cuckoo the eggs vary greatly in size, from eight to ten lines in length. Now, if it had been of an advantage to this species to have laid eggs even smaller than those now laid, so as to have deceived certain foster-parents, or, as is more probable, to have been hatched within a shorter period (for it is asserted that there is a relation between the size of eggs and the period of their incubation), then there is no difficulty in believing that a race or species might have been formed which would have laid smaller and smaller eggs; for these would have been more safely hatched and reared. Mr. Ramsay remarks that two of the Australian cuckoos, when they lay their eggs in an open nest, manifest a decided preference for nests containing eggs similar in colour to their own. The European species apparently manifests some tendency towards a similar instinct, but not rarely departs from it, as is shown by her laying her dull and pale-coloured eggs in the nest of the hedge-warbler with bright greenish-blue eggs. Had our cuckoo invariably displayed the above instinct, it would assuredly have been added to those which it is assumed must all have been acquired together. The eggs of the Australian bronze cuckoo vary, according to Mr. Ramsay, to an extraordinary degree in colour; so that in this respect, as well as in size, natural selection might have secured and fixed any advantageous variation.

 

Volviendo ahora a las especies australianas, aun cuando estas aves ponen en un nido generalmente un solo huevo, no es raro encontrar dos y hasta tres huevos en el mismo nido. En el cuclillo bronceado los huevos varían mucho de tamaño, siendo su longitud de ocho a diez líneas. Ahora bien; si hubiese sido ventajoso a esta especie el haber puesto huevos todavía menores que actualmente, de modo que hubiesen engañado a ciertos padres adoptivos, o lo que es más probable, se hubiesen desarrollado en menos tiempo -pues se asegura que existe relación entre el tamaño de los huevos y la duración de su incubación-, en este caso no hay dificultad en creer que pudo haberse formado una raza o especie que hubiese puesto huevos cada vez menores, pues éstos habrían sido incubados y logrados con más seguridad. Hace observar míster Ramsay que dos de los cuclillos australianos, cuando ponen sus huevos en un nido abierto, manifiestan preferencia por nidos que contengan huevos de color próximo al de los suyos. La especie europea parece manifestar cierta tendencia a un instinto semejante; pero no es raro que se aparte de él, como lo demuestra al poner sus huevos mates de color pálido en el nido de la curruca de invierno, que tiene los huevos brillantes de color azul verdoso. Si nuestro cuclillo hubiera desplegado invariablemente el instinto antedicho, éste se habría seguramente agregado a los instintos que se pretende que tienen que haber sido adquiridos todos juntos. Los huevos del cuclillo bronceado de Australia, según míster Ramsay, varían muchísimo de color, de modo que, en este particular, lo mismo que en el tamaño, la selección natural pudo haber asegurado y fijado alguna variación ventajosa.

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Costumbres del cuclillo en el párrafo cuadrigentésimo décimo sexto de El Origen de las Especies

De interés para ornitólogos, este párrafo nada aporta en relación con la formación ni con la transformación de especies .

 

416

 

It has been objected that I have not noticed other related instincts and adaptations of structure in the cuckoo, which are spoken of as necessarily co-ordinated. But in all cases, speculation on an instinct known to us only in a single species, is useless, for we have hitherto had no facts to guide us. Until recently the instincts of the European and of the non-parasitic American cuckoo alone were known; now, owing to Mr. Ramsay’s observations, we have learned something about three Australian species, which lay their eggs in other birds’ nests. The chief points to be referred to are three: first, that the common cuckoo, with rare exceptions, lays only one egg in a nest, so that the large and voracious young bird receives ample food. Secondly, that the eggs are remarkably small, not exceeding those of the skylark—a bird about one-fourth as large as the cuckoo. That the small size of the egg is a real case of adaptation we may infer from the fact of the mon-parasitic American cuckoo laying full-sized eggs. Thirdly, that the young cuckoo, soon after birth, has the instinct, the strength and a properly shaped back for ejecting its foster-brothers, which then perish from cold and hunger. This has been boldly called a beneficent arrangement, in order that the young cuckoo may get sufficient food, and that its foster-brothers may perish before they had acquired much feeling!

 

Se ha propuesto la objeción de que yo no he hecho mención de otros instintos y adaptaciones de estructura correlativos en el cuclillo, de los que se ha dicho que están necesariamente coordinados. Pero, en todo caso, es inútil el hacer teorías sobre un instinto que nos es conocido tan sólo en una sola especie, pues hasta ahora no tenemos hechos que nos guíen. Hasta hace poco tiempo sólo se conocían los instintos del cuclillo europeo y del cuclillo americano, que no es parásito; actualmente, debido a las observaciones de míster Ramsay, hemos sabido algo sobre tres especies australianas que ponen sus huevos en nidos de otras aves. Los puntos principales que hay que indicar son tres: primero, que el cuclillo común, con raras excepciones, pone un solo huevo en un nido, de modo que el ave joven, grande y voraz, recibe abundantemente alimento. Segundo, que los huevos son notablemente pequeños, no mayores que los de la alondra, ave cuyo tamaño es aproximadamente como una cuarta parte del de un cuclillo; y podemos deducir que este pequeño tamaño del huevo es un caso real de adaptación, del hecho de que el cuclillo americano, que no es parásito, pone huevos del tamaño normal. Tercero, que el cuclillo en cuanto nace tiene el instinto, la fuerza y el dorso especialmente conformado para desalojar a sus hermanos adoptivos, que entonces, por consiguiente, mueren de frío y hambre. Esto ha sido audazmente llamado una disposición benéfica para que el cuclillo joven pueda conseguir comida suficiente, y que sus hermanos adoptivos perezcan antes de que hayan adquirido mucha sensibilidad.

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El instinto del cuclillo en el párrafo cuadrigentésimo décimo quinto de El Origen de las Especies

El cuco pone sus huevos a intervalos de dos o tres días y esto le obliga a ponerlos en nidos de otros pájaros, dice el autor.  Se duda que el cuclillo americano haga como el europeo. La información con la que el autor cuenta para discutir el caso procede, como de costumbre, de fuentes variadas, no del todo bien contrastadas:

 

Se ha afirmado y se ha negado que el cuclillo americano pone accidentalmente sus huevos en nidos de otros pájaros; pero el doctor Merrell, de Iowa, me ha dicho recientemente que una vez, en Illinois, encontró en el nido de un arrendajo azul (Garrulus cristatus) un cuclillo pequeño junto con un arrendajo pequeño, y como ambos tenían ya casi toda la pluma, no pudo haber error en su identificación

 

La explicación evolutiva no tiene desperdicio. No se la pierdan…..:

 

Supongamos ahora que un remoto antepasado de nuestro cuclillo europeo tuvo las costumbres del cuclillo americano, y que la hembra a veces ponía algún huevo en el nido de otra ave. Si el ave antigua obtuvo algún provecho por esta costumbre accidental, por serle posible emigrar más pronto, o por alguna otra causa, o si los pequeñuelos, por haber sacado provecho del engañado instinto de otra especie, resultaron más vigorosos que cuando los cuidaba su propia madre, abrumada, como apenas podía dejar de estarlo teniendo huevos y pequeñuelos de diferentes edades a un mismo tiempo, entonces los pájaros adultos y los pequeñuelos obtendrían ventajas. Y la analogía nos llevaría a creer que las crías sacadas de este modo serían aptas para seguir, por herencia, la costumbre accidental y aberrante de su madre, y, a su vez, tenderían a poner sus huevos en nidos de otras aves y a tener, de este modo, mejor éxito en la cría de sus pequeños. Mediante un largo proceso de esta naturaleza, creo yo que se ha producido el instinto de nuestro cuclillo. También se ha afirmado recientemente, con pruebas suficientes, por Adolf Müller, que el cuclillo pone a veces sus huevos sobre el suelo desnudo, los incuba y alimenta sus pequeños. Este hecho extraordinario es probablemente un caso de reversión al primitivo instinto de nidificación, perdido desde hace mucho tiempo.

 

 

 

415INSTINCTS OF THE CUCKOO.

 

It is supposed by some naturalists that the more immediate cause of the instinct of the cuckoo is that she lays her eggs, not daily, but at intervals of two or three days; so that, if she were to make her own nest and sit on her own eggs, those first laid would have to be left for some time unincubated or there would be eggs and young birds of different ages in the same nest. If this were the case the process of laying and hatching might be inconveniently long, more especially as she migrates at a very early period; and the first hatched young would probably have to be fed by the male alone. But the American cuckoo is in this predicament, for she makes her own nest and has eggs and young successively hatched, all at the same time. It has been both asserted and denied that the American cuckoo occasionally lays her eggs in other birds’ nests; but I have lately heard from Dr. Merrill, of Iowa, that he once found in Illinois a young cuckoo, together with a young jay in the nest of a blue jay (Garrulus cristatus); and as both were nearly full feathered, there could be no mistake in their identification. I could also give several instances of various birds which have been known occasionally to lay their eggs in other birds’ nests. Now let us suppose that the ancient progenitor of our European cuckoo had the habits of the American cuckoo, and that she occasionally laid an egg in another bird’s nest. If the old bird profited by this occasional habit through being enabled to emigrate earlier or through any other cause; or if the young were made more vigorous by advantage being taken of the mistaken instinct of another species than when reared by their own mother, encumbered as she could hardly fail to be by having eggs and young of different ages at the same time, then the old birds or the fostered young would gain an advantage. And analogy would lead us to believe that the young thus reared would be apt to follow by inheritance the occasional and aberrant habit of their mother, and in their turn would be apt to lay their eggs in other birds’ nests, and thus be more successful in rearing their young. By a continued process of this nature, I believe that the strange instinct of our cuckoo has been generated. It has, also recently been ascertained on sufficient evidence, by Adolf Muller, that the cuckoo occasionally lays her eggs on the bare ground, sits on them and feeds her young. This rare event is probably a case of reversion to the long-lost, aboriginal instinct of nidification.

 

Suponen algunos naturalistas que la causa más inmediata del instinto del cuclillo es que no pone sus huevos diariamente, sino con intervalos de dos o tres días, de modo que, si tuviese que hacer su nido e incubar sus propios huevos, los primeramente puestos quedarían durante algún tiempo sin ser incubados, o tendría que haber huevos y pajarillos de diferente tiempo en el mismo nido. Si así fuese, el proceso de puesta e incubación sería excesivamente largo, especialmente porque la hembra emigra muy pronto, y los pajarillos recién salidos del huevo tendrían probablemente que ser alimentados por el macho solo. Pero el cuclillo de América está en estas circunstancias, pues la hembra hace su propio nido y tiene a un mismo tiempo huevos y pajarillos nacidos sucesivamente. Se ha afirmado y se ha negado que el cuclillo americano pone accidentalmente sus huevos en nidos de otros pájaros; pero el doctor Merrell, de Iowa, me ha dicho recientemente que una vez, en Illinois, encontró en el nido de un arrendajo azul (Garrulus cristatus) un cuclillo pequeño junto con un arrendajo pequeño, y como ambos tenían ya casi toda la pluma, no pudo haber error en su identificación. Podría citar algunos ejemplos de diferentes pájaros de los que se sabe que alguna vez ponen sus huevos en los nidos de otros pájaros. Supongamos ahora que un remoto antepasado de nuestro cuclillo europeo tuvo las costumbres del cuclillo americano, y que la hembra a veces ponía algún huevo en el nido de otra ave. Si el ave antigua obtuvo algún provecho por esta costumbre accidental, por serle posible emigrar más pronto, o por alguna otra causa, o si los pequeñuelos, por haber sacado provecho del engañado instinto de otra especie, resultaron más vigorosos que cuando los cuidaba su propia madre, abrumada, como apenas podía dejar de estarlo teniendo huevos y pequeñuelos de diferentes edades a un mismo tiempo, entonces los pájaros adultos y los pequeñuelos obtendrían ventajas. Y la analogía nos llevaría a creer que las crías sacadas de este modo serían aptas para seguir, por herencia, la costumbre accidental y aberrante de su madre, y, a su vez, tenderían a poner sus huevos en nidos de otras aves y a tener, de este modo, mejor éxito en la cría de sus pequeños. Mediante un largo proceso de esta naturaleza, creo yo que se ha producido el instinto de nuestro cuclillo. También se ha afirmado recientemente, con pruebas suficientes, por Adolf Müller, que el cuclillo pone a veces sus huevos sobre el suelo desnudo, los incuba y alimenta sus pequeños. Este hecho extraordinario es probablemente un caso de reversión al primitivo instinto de nidificación, perdido desde hace mucho tiempo.

 

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El autor anuncia su intención en el párrafo cuadrigentésimo décimo cuarto de El Origen de las Especies

Comienza una sección dedicada a los instintos especiales.  El autor anuncia su intención de hablar de tres de ellos.  Dice que los tres han sido modificados por la selección, lo cual es mucho decir.  Muchísimo. Es como decir que han sido modificados por acción de la naturaleza, o dicho de otro modo, por la voluntad del Creador.  ¿Querrá decir con ello también que los instintos han aparecido por obra de la selección? Veremos cómo las opiniones del autor no modifican en nada lo que se sabe acerca de estos instintos al tratarlos mediante sus puntos de vista.

 

Los instintos que veremos desarrollarse ante nuestros ojos en los largos párrafos que siguen son tres:  El que lleva al cuclillo a poner sus huevos en nidos de otras aves, el que tienen ciertas hormigas a procurarse esclavas y la facultad de hacer celdillas que tiene la abeja común. Seguro que en alguno de ellos encontramos detalles familiares. Iremos viendo……………..

 

 

 

414

SPECIAL INSTINCTS.

 

We shall, perhaps, best understand how instincts in a state of nature have become modified by selection by considering a few cases. I will select only three, namely, the instinct which leads the cuckoo to lay her eggs in other birds’ nests; the slave-making instinct of certain ants; and the cell-making power of the hive-bee: these two latter instincts have generally and justly been ranked by naturalists as the most wonderful of all known instincts.

 

Quizá, considerando algunos casos, comprenderemos mejor cómo los instintos en estado natural han llegado a modificarse por selección. Elegirá sólo tres, a saber: el instinto que lleva al cuclillo a poner sus huevos en nidos de otras aves, el instinto que tienen ciertas hormigas a procurarse esclavas y la facultad de hacer celdillas que tiene la abeja común. Estos dos últimos instintos han sido considerados, justa y generalmente, por los naturalistas como los más maravillosos de todos los conocidos.

 

 

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