Archivo de diciembre, 2013

Obreras estériles: Otra dificultad en el párrafo cuadrigentésimo cuadragésimo quinto de El Origen de las Especies

Hagamos como proponíamos al comentar el párrafo anterior: Olvidémonos de la dificultad. Quedémonos sólo con la teoría. Dice el autor:

 

puede demostrarse que algunos insectos y otros animales articulados, en estado natural, resultan accidentalmente estériles; y si estos insectos hubiesen sido sociables, y si hubiese sido útil para la sociedad el que cada año hubiese nacido un cierto número, capaces de trabajar pero incapaces de procrear, yo no sé ver dificultad alguna especial en que esto se hubiese efectuado por selección natural.

 

Pero observen que la frase encierra una trampa, un engaño, pues al empezar por

 

puede demostrarse que

Y terminar por

 

que esto se hubiese efectuado por selección natural.

 

Lleva al lector a pensar que el autor haya podido demostrar nada en relación con la selección natural. Pero cuando uno lee despacio la frase entera se da cuenta de que no. Jamás, ni el autor en toda su obra, ni nadie, puede demostrar ningún cambio en la naturaleza debido a la Selección Natural. Siempre habrá otra causa distinta (y más real).

 

 

 

 

 

 

 

445

The subject well deserves to be discussed at great length, but I will here take only a single case, that of working or sterile ants. How the workers have been rendered sterile is a difficulty; but not much greater than that of any other striking modification of structure; for it can be shown that some insects and other articulate animals in a state of nature occasionally become sterile; and if such insects had been social, and it had been profitable to the community that a number should have been annually born capable of work, but incapable of procreation, I can see no especial difficulty in this having been effected through natural selection. But I must pass over this preliminary difficulty. The great difficulty lies in the working ants differing widely from both the males and the fertile females in structure, as in the shape of the thorax, and in being destitute of wings and sometimes of eyes, and in instinct. As far as instinct alone is concerned, the wonderful difference in this respect between the workers and the perfect females would have been better exemplified by the hive-bee. If a working ant or other neuter insect had been an ordinary animal, I should have unhesitatingly assumed that all its characters had been slowly acquired through natural selection; namely, by individuals having been born with slight profitable modifications, which were inherited by the offspring, and that these again varied and again were selected, and so onwards. But with the working ant we have an insect differing greatly from its parents, yet absolutely sterile; so that it could never have transmitted successively acquired modifications of structure or instinct to its progeny. It may well be asked how it is possible to reconcile this case with the theory of natural selection?

 

 

El asunto merece ser discutido con gran extensión pero tomaré aquí nada más que un solo caso: el de las hormigas obreras estériles. De qué modo las obreras se han vuelto estériles, constituye una dificultad; pero no mucho mayor que la de cualquier otra modificación notable de conformación, pues puede demostrarse que algunos insectos y otros animales articulados, en estado natural, resultan accidentalmente estériles; y si estos insectos hubiesen sido sociables, y si hubiese sido útil para la sociedad el que cada año hubiese nacido un cierto número, capaces de trabajar pero incapaces de procrear, yo no sé ver dificultad alguna especial en que esto se hubiese efectuado por selección natural. Pero he de pasar por alto esta dificultad preliminar. La gran dificultad estriba en que las hormigas obreras difieren mucho de los machos y de las hembras fecundas en su conformación, como en la forma del tórax, en estar desprovistas de alas y a veces de ojos, y en el instinto. Por lo que se refiere sólo al instinto, la abeja común hubiese sido un ejemplo mejor de la maravillosa diferencia, en este particular, entre las obreras y las hembras perfectas. Si una hormiga obrera u otro insecto neutro hubiese sido un animal ordinario, habría yo admitido sin titubeo que todos sus caracteres habían sido adquiridos lentamente por selección natural, o sea, por haber nacido individuos con ligeras modificaciones útiles, que fueron heredadas por los descendientes, y que éstos, a su vez, variaron y fueron seleccionados, y así sucesivamente. Pero en la hormiga obrera tenemos un instinto que difiere mucho del de sus padres, aun cuando es completamente estéril; de modo que nunca pudo haber transmitido a sus descendientes modificaciones de estructura o instinto adquiridas sucesivamente. Puede muy bien preguntarse cómo es posible conciliar este caso con la teoría de la selección natural.

 

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Constantes oposiciones y dificultades para una teoría que no lo es en el párrafo cuadrigentésimo cuadragésimo cuarto de El Origen de las Especies

 

Este párrafo muestra claramente una de las estrategias del autor: Presenta una serie tan amplia de dificultades de complejidad tan elevada que por fuerza, esto debe servir para mantener en pie a su teoría. El problema es que si damos la vuelta a su razonamiento, es decir, nos olvidamos de toda dificultad para responder a la pregunta ¿En qué consiste la Teoría? Entonces vemos que no hay tal teoría. Eliminadas las dificultades, el libro queda reducido a una serie de anécdotas, una visión parcial, sectaria y maltusiana de la naturaleza y poco más.

 

 

 

 

444

No doubt many instincts of very difficult explanation could be opposed to the theory of natural selection—cases, in which we cannot see how an instinct could have originated; cases, in which no intermediate gradations are known to exist; cases of instincts of such trifling importance, that they could hardly have been acted on by natural selection; cases of instincts almost identically the same in animals so remote in the scale of nature that we cannot account for their similarity by inheritance from a common progenitor, and consequently must believe that they were independently acquired through natural selection. I will not here enter on these several cases, but will confine myself to one special difficulty, which at first appeared to me insuperable, and actually fatal to the whole theory. I allude to the neuters or sterile females in insect communities: for these neuters often differ widely in instinct and in structure from both the males and fertile females, and yet, from being sterile, they cannot propagate their kind.

 

Indudablemente podrían oponerse a la teoría de la selección natural muchos instintos de explicación dificilísima: casos en los cuales no podemos comprender cómo se pudo haber originado un instinto; casos en que no se sabe que existan gradaciones intermedias; casos de instintos de importancia tan insignificante, que la selección natural apenas pudo haber obrado sobre ellos; casos de instintos casi idénticos en animales tan distantes en la escala de la naturaleza, que no podemos explicar su semejanza por herencia de un antepasado común, y que, por consiguiente, hemos de creer que fueron adquiridos independientemente por selección natural. No entraré aquí en estos varios casos, y me limitaré a una dificultad especial, que al principio me pareció insuperable y realmente fatal para toda la teoría. Me refiero a las hembras neutras o estériles de las sociedades de los insectos, pues estas neutras, frecuentemente, difieren mucho en instintos y conformación, tanto de los machos como de las hembras fecundas, y, sin embargo, por ser estériles no pueden propagar su clase.

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Se han hecho algunas objeciones en el párrafo cuadrigentésimo cuadragésimo tercero de El Origen de las Especies

 

No nos indica el autor quién ha sido el que ha hecho la objeción tan razonable, es decir:

 

«las variaciones de estructura y de instinto tienen que haber sido simultáneas y exactamente acopladas entre sí,

 

Tampoco argumenta en contra de dicha objeción, sino al contrario, indica que su fuerza descansa por completo en la admisión de que los cambios en los instintos y conformación son bruscos. Pero esto no es exactamente así. Bruscos o no,  los cambios han de producirse simultáneamente y de manera acoplada. Nadie dice (y mucho menos prueba) que haya de ocurrir nada de manera brusca. Sea como fuere, brusca, suave, súbita o paulatinamente, los cambios, tiene razón quien hace la objeción, han de producirse simultáneamente.

 

Ante esta situación, el autor vuelve por sus fueros:

 

 

¿qué especial dificultad habría en que la selección natural conservase todas las ligeras variaciones individuales en la forma del pico que fuesen o que estuviesen mejor adaptadas para abrir las simientes hasta que se formasen un pico tan bien conformado para este fin como el del trepatroncos, al mismo tiempo que la costumbre, o la necesidad, o la variación espontánea del gusto llevasen al ave a hacerse cada vez más granívora?

 

Especial dificultad, ninguna. O mejor dicho dos:

 

  1. En Ciencia no se suelen admitir como válidas o ciertas todas aquellas ideas para las cuales no se ve especial dificultad. La selección Natural quedaría por tanto descartada.
  2. Si es cierto, como indica el autor que las ligeras variaciones se van conservando. Queda por demostrar que esto ocurra en paralelo con el cambio de especie. Una vez demostrado no parece conveniente llamar a esto Selección Natural. Sería mezclar el caso con otros completamente diferentes y generar confusión. Pero atención! Antes de nada hay que demostrar que los cambios indicados ocurren con el cambio de especie y demostrarlo no significa decir que no sea imposible.

 

 

 

 

443

OBJECTIONS TO THE THEORY OF NATURAL SELECTION AS APPLIED TO INSTINCTS: NEUTER AND STERILE INSECTS.

 

It has been objected to the foregoing view of the origin of instincts that “the variations of structure and of instinct must have been simultaneous and accurately adjusted to each other, as a modification in the one without an immediate corresponding change in the other would have been fatal.” The force of this objection rests entirely on the assumption that the changes in the instincts and structure are abrupt. To take as an illustration the case of the larger titmouse, (Parus major) alluded to in a previous chapter; this bird often holds the seeds of the yew between its feet on a branch, and hammers with its beak till it gets at the kernel. Now what special difficulty would there be in natural selection preserving all the slight individual variations in the shape of the beak, which were better and better adapted to break open the seeds, until a beak was formed, as well constructed for this purpose as that of the nuthatch, at the same time that habit, or compulsion, or spontaneous variations of taste, led the bird to become more and more of a seed-eater? In this case the beak is supposed to be slowly modified by natural selection, subsequently to, but in accordance with, slowly changing habits or taste; but let the feet of the titmouse vary and grow larger from correlation with the beak, or from any other unknown cause, and it is not improbable that such larger feet would lead the bird to climb more and more until it acquired the remarkable climbing instinct and power of the nuthatch. In this case a gradual change of structure is supposed to lead to changed instinctive habits. To take one more case: few instincts are more remarkable than that which leads the swift of the Eastern Islands to make its nest wholly of inspissated saliva. Some birds build their nests of mud, believed to be moistened with saliva; and one of the swifts of North America makes its nest (as I have seen) of sticks agglutinated with saliva, and even with flakes of this substance. Is it then very improbable that the natural selection of individual swifts, which secreted more and more saliva, should at last produce a species with instincts leading it to neglect other materials and to make its nest exclusively of inspissated saliva? And so in other cases. It must, however, be admitted that in many instances we cannot conjecture whether it was instinct or structure which first varied.

 

A la opinión precedente sobre el origen de los instintos se ha hecho la objeción de que «las variaciones de estructura y de instinto tienen que haber sido simultáneas y exactamente acopladas entre sí, pues una modificación en aquélla sin el correspondiente cambio inmediato en éste, hubiese sido fatal. La fuerza de esta objeción descansa por completo en la admisión de que los cambios en los instintos y conformación son bruscos. Tomemos como ejemplo el caso del carbonero (Parus major), al que se ha hecho alusión en un capitulo precedente; esta ave, muchas veces, estando en una rama, sujeta entre sus patas las simientes del tejo y las golpea con el pico, hasta que llega al núcleo. Ahora bien; ¿qué especial dificultad habría en que la selección natural conservase todas las ligeras variaciones individuales en la forma del pico que fuesen o que estuviesen mejor adaptadas para abrir las simientes hasta que se formasen un pico tan bien conformado para este fin como el del trepatroncos, al mismo tiempo que la costumbre, o la necesidad, o la variación espontánea del gusto llevasen al ave a hacerse cada vez más granívora? En este caso, se supone que el pico se modifica lentamente por selección natural, después de lentos cambios de costumbres o gustos, y de acuerdo con ellos; pero dejemos que los pies del carbonero varíen y se hagan mayores por correlación con el pico, o por alguna otra causa desconocida, y no es imposible que estos pies mayores lleven al ave a trepar cada vez más, hasta que adquiera el instinto y la facultad de trepar tan notables del trepatroncos. En este caso, se supone que un cambio gradual de conformación lleva al cambio de costumbres instintivas. Tomemos otro ejemplo: pocos instintos son tan notables como el que lleva a la salangana a hacer su nido por completo de saliva condensada. Algunas aves construyen sus nidos de barro, que se cree que está humedecido con saliva, y una de las golondrinas de América del Norte hace su nido, según he visto, de tronquitos aglutinados con saliva, y hasta con plaquitas formadas de esta substancia. ¿Es, pues, muy improbable que la selección natural de aquellos individuos que segregasen cada vez más saliva produjese al fin una especie con instintos que la llevasen a despreciar otros materiales y a hacer sus nidos exclusivamente de saliva condensada? Y lo mismo en otros casos. Hay que admitir, sin embargo, que en muchos no podemos conjeturar si fue el instinto o la conformación lo que primero varió.

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Lo que las abejas no sabían en el párrafo cuadrigentésimo cuadragésimo segundo de El Origen de las Especies

 

La selección natural ha llevado paulatinamente a las abejas a describir esferas iguales a una distancia mutua dada,

Esto es, de nuevo, consecuencia de la creencia del autor, quien tiene una fe ciega en la Selección Natural que, según nos dice:

 

ha llevado paulatinamente a las abejas a describir esferas iguales a una distancia mutua dada,

 

El resto, es decir,  lo poco que puede haber de sensible en el párrafo es,  como de costumbre, obra de Jean Baptiste de Lamarck.

 

442

Thus, as I believe, the most wonderful of all known instincts, that of the hive-bee, can be explained by natural selection having taken advantage of numerous, successive, slight modifications of simpler instincts; natural selection having, by slow degrees, more and more perfectly led the bees to sweep equal spheres at a given distance from each other in a double layer, and to build up and excavate the wax along the planes of intersection. The bees, of course, no more knowing that they swept their spheres at one particular distance from each other, than they know what are the several angles of the hexagonal prisms and of the basal rhombic plates; the motive power of the process of natural selection having been the construction of cells of due strength and of the proper size and shape for the larvae, this being effected with the greatest possible economy of labour and wax; that individual swarm which thus made the best cells with least labour, and least waste of honey in the secretion of wax, having succeeded best, and having transmitted their newly-acquired economical instincts to new swarms, which in their turn will have had the best chance of succeeding in the struggle for existence.

 

De este modo, a mi parecer, el más maravilloso de todos los instintos conocidos el de la abeja común, puede explicarse porque la selección natural ha sacado provecho de numerosas modificaciones pequeñas y sucesivas de instintos sencillos; porque la selección natural ha llevado paulatinamente a las abejas a describir esferas iguales a una distancia mutua dada, dispuestas en dos capas, y a construir y excavar la cera en los planos de intersección de un modo cada vez más perfecto: las abejas, evidentemente, no sabían que describían sus esferas a una distancia mutua particular, más de lo que saben ahora como son los diferentes ángulos de los prismas hexagonales y de las placas rómbicas basales; pues la fuerza propulsora del proceso de selección natural fue la construcción de celdillas de la debida solidez y del tamaño y forma adecuados para las larvas, realizado esto con la mayor economía posible del tamaño y cera. Aquellos enjambres que hicieron de este modo las mejores celdillas con el menor trabajo y el menor gasto de miel para la secreción de cera, tuvieron el mejor éxito y transmitieron sus instintos nuevamente adquiridos a nuevos enjambres, los cuales, a su vez, habrán tenido las mayores probabilidades de buen éxito en la lucha por la existencia.

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Partir del dogma en el párrafo cuadrigentésimo cuadragésimo primero de El Origen de las Especies

Aquí viene a concluir el autor sus experiencias tan mediocremente relatadas en párrafos anteriores sobre la técnica de edificación de un panal.  Como vemos, su método es anti-científico y en lugar de exponer ordenadamente las conclusiones de sus observaciones, lo que hace es, en primer lugar, volver con sus prejuicios, con sus preconceptos de su teoría, poniéndolos por delante para intentar explicar todo en base a ellos.

 

 

441

As natural selection acts only by the accumulation of slight modifications of structure or instinct, each profitable to the individual under its conditions of life, it may reasonably be asked, how a long and graduated succession of modified architectural instincts, all tending towards the present perfect plan of construction, could have profited the progenitors of the hive-bee? I think the answer is not difficult: cells constructed like those of the bee or the wasp gain in strength, and save much in labour and space, and in the materials of which they are constructed. With respect to the formation of wax, it is known that bees are often hard pressed to get sufficient nectar; and I am informed by Mr. Tegetmeier that it has been experimentally proved that from twelve to fifteen pounds of dry sugar are consumed by a hive of bees for the secretion of a pound of wax; so that a prodigious quantity of fluid nectar must be collected and consumed by the bees in a hive for the secretion of the wax necessary for the construction of their combs. Moreover, many bees have to remain idle for many days during the process of secretion. A large store of honey is indispensable to support a large stock of bees during the winter; and the security of the hive is known mainly to depend on a large number of bees being supported. Hence the saving of wax by largely saving honey, and the time consumed in collecting the honey, must be an important element of success any family of bees. Of course the success of the species may be dependent on the number of its enemies, or parasites, or on quite distinct causes, and so be altogether independent of the quantity of honey which the bees can collect. But let us suppose that this latter circumstance determined, as it probably often has determined, whether a bee allied to our humble-bees could exist in large numbers in any country; and let us further suppose that the community lived through the winter, and consequently required a store of honey: there can in this case be no doubt that it would be an advantage to our imaginary humble-bee if a slight modification of her instincts led her to make her waxen cells near together, so as to intersect a little; for a wall in common even to two adjoining cells would save some little labour and wax. Hence, it would continually be more and more advantageous to our humble-bees, if they were to make their cells more and more regular, nearer together, and aggregated into a mass, like the cells of the Melipona; for in this case a large part of the bounding surface of each cell would serve to bound the adjoining cells, and much labour and wax would be saved. Again, from the same cause, it would be advantageous to the Melipona, if she were to make her cells closer together, and more regular in every way than at present; for then, as we have seen, the spherical surfaces would wholly disappear and be replaced by plane surfaces; and the Melipona would make a comb as perfect as that of the hive-bee. Beyond this stage of perfection in architecture, natural selection could not lead; for the comb of the hive-bee, as far as we can see, is absolutely perfect in economising labour and wax.

 

Como la selección natural obra solamente por acumulación de pequeñas modificaciones de estructura o de instinto, útil cada una de ellas al individuo en ciertas condiciones de vida, puede razonablemente preguntarse: ¿Cómo pudo haber aprovechado a los antepasados de la abeja común una larga sucesión gradual de modificaciones del instinto arquitectónico tendiendo todas hacia el presente plan perfecto de construcción? Creo que la respuesta no es difícil: las celdillas construidas como las de la abeja o las de la avispa ganan en resistencia y economizan mucho el trabajo y espacio y los materiales de que están construidas. Por lo que se refiere a la formación de cera, es sabido que las abejas, con frecuencia, están muy apuradas para conseguir el néctar suficiente, y míster Tegetmeier me informa que se ha probado experimentalmente que las abejas de una colmena consumen de doce a quince libras de azúcar seco para la producción de una libra de cera, de modo que las abejas de una colmena tienen que recolectar y consumir una cantidad asombrosa de néctar líquido para la secreción de la cera necesaria para la construcción de sus panales. Además, muchas abejas tienen que quedar ociosas varios días durante el proceso de secreción. Una gran provisión de miel es indispensable para mantener un gran número de abejas durante el invierno, y es sabido que la seguridad de la comunidad depende principalmente de que se mantengan un gran número de abejas. Por consiguiente, el ahorro de cera, por ahorrar mucha miel y tiempo empleado en recolectarla, ha de ser un elemento importante del buen éxito para toda familia de abejas. Naturalmente, el éxito de la especie puede depender del número de sus enemigos o parásitos, o de causas por completo distintas, y así ser totalmente independiente de la cantidad de miel que puedan reunir las abejas. Pero supongamos que esta última circunstancia determinó -como es probable que muchas veces lo haya determinado- el que un himenóptero afín de nuestros abejorros pudiese existir en gran número en un país, y supongamos, además, que la comunidad viviese durante el invierno y, por consiguiente, necesitase una provisión de miel; en este caso, es indudable que sería una ventaja para nuestro abejorro imaginario el que una ligera modificación en sus instintos lo llevase a hacer sus celdillas de cera unas próximas a otras, de modo que se entrecortasen un poco; pues una pared común, aun sólo para dos celdillas contiguas, ahorraría un poco de trabajo y cera. Por consiguiente, sería cada vez más ventajoso para nuestro abejorro el que hiciese sus celdillas cada vez más regulares, más cerca unas de otras, y agregadas formando una masa, como las de Melipona; pues, en este caso, una gran parte de la superficie limitante de cada celdilla serviría para limitar las contiguas, y se economizaría mucho trabajo y cera. Además, por la misma causa, sería ventajoso para Melipona el que hiciese sus celdillas más juntas y más regulares por todos conceptos que las hace al presente; pues, como hemos visto, las superficies esféricas desaparecerían por completo y serían reemplazadas por superficies planas, y la Melipona haría un panal tan perfecto como el de la abeja común. La selección natural no pudo llegar más allá de este estado de perfección arquitectónica; pues el panal de la abeja, hasta donde nosotros podemos juzgar, es absolutamente perfecto por lo que se refiere a economizar trabajo y cera.

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El autor confunde el hexágono con un prisma en el párrafo cuadrigentésimo cuadragésimo de El Origen de las Especies

El autor confunde hexágono con prisma hexagonal. Cuando dice:

 

in this case the bees can lay the foundations of one wall of a new hexagon, in its strictly proper place, projecting beyond the other completed cells.

 

(en este caso las abejas pueden poner los comienzos de una pared de un nuevo hexágono en su lugar preciso, proyectándose más allá de las otras celdillas completas.)

 

Está  equivocado. Los hexágonos son figuras geométricas planas y no tienen paredes. La pared a la que se refiere debe pertenecer a un prisma de base hexagonal.

La explicación se vuelve luego confusa. Debe ser de nuevo porque el autor no tiene espacio:

 

but I have not space here to enter on this subject.

 

Y es la enésima vez que el autor se queja de esta carencia, mientras que, por otra parte inunda el texto con largos  párrafos  de descripciones interminables de cosas que no vienen a cuento o repeticiones demostrando lo contrario de lo que dice, es decir que dispuso de todo el tiempo que consideró conveniente. Lo que no sabemos es para qué necesitaba tanto tiempo ni tanto espacio.

 

 

 

 

 

 

 

 

440

When bees have a place on which they can stand in their proper positions for working—for instance, on a slip of wood, placed directly under the middle of a comb growing downwards, so that the comb has to be built over one face of the slip—in this case the bees can lay the foundations of one wall of a new hexagon, in its strictly proper place, projecting beyond the other completed cells. It suffices that the bees should be enabled to stand at their proper relative distances from each other and from the walls of the last completed cells, and then, by striking imaginary spheres, they can build up a wall intermediate between two adjoining spheres; but, as far as I have seen, they never gnaw away and finish off the angles of a cell till a large part both of that cell and of the adjoining cells has been built. This capacity in bees of laying down under certain circumstances a rough wall in its proper place between two just-commenced cells, is important, as it bears on a fact, which seems at first subversive of the foregoing theory; namely, that the cells on the extreme margin of wasp-combs are sometimes strictly hexagonal; but I have not space here to enter on this subject. Nor does there seem to me any great difficulty in a single insect (as in the case of a queen-wasp) making hexagonal cells, if she were to work alternately on the inside and outside of two or three cells commenced at the same time, always standing at the proper relative distance from the parts of the cells just begun, sweeping spheres or cylinders, and building up intermediate planes.

 

Cuando las abejas tienen lugar en el cual pueden estar en la posición adecuada para trabajar -por ejemplo, un listón de madera colocado directamente debajo del medio de un panal que vaya creciendo hacia abajo, de manera que el panal tenga que ser construido sobre una de las caras del listón-, en este caso las abejas pueden poner los comienzos de una pared de un nuevo hexágono en su lugar preciso, proyectándose más allá de las otras celdillas completas. Es suficiente que las abejas puedan estar colocadas a las debidas distancias relativas, unas de otras, y respecto de las paredes de las últimas celdillas completas y, entonces, mediante sorprendentes esferas imaginarias, pueden construir una pared intermediaria entre dos esferas contiguas; pero, por lo que he podido ver, nunca muerden ni rematan los ángulos de la celdilla hasta que ha sido construida una gran parte, tanto de esta celdilla como de las contiguas. Esta facultad de las abejas de construir en ciertas circunstancias una pared tosca, en su lugar debido, entre las celdillas recién comenzadas, es importante, pues se relaciona con un hecho que parece, al pronto, destruir la teoría precedente, o sea, con el hecho de que las celdillas del margen de los avisperos son rigurosamente hexagonales; pero no tengo aquí espacio para entrar en este asunto. Tampoco me parece una gran dificultad el que un solo insecto -como ocurre con la avispa reina- haga celdillas hexagonales si trabajase alternativamente por dentro y por fuera de dos o tres celdillas empezadas a un mismo tiempo, estando siempre a la debida distancia relativa de las partes de las celdillas recién comenzadas, describiendo esferas o cilindros y construyendo planos intermediarios.

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Más Apicultura en el párrafo cuadrigentésimo trigésimo noveno de El Origen de las Especies

 

La exposición sobre la construcción de un panal sigue aquí con los menores detalles. Ignoramos tanto el motivo por el cual el autor dijo en el párrafo anterior que no entraría en detalles como a qué viene esta meticulosa exposición de apicultura en un tratado sobre el Origen de las Especies.

 

 

 

439

It seems at first to add to the difficulty of understanding how the cells are made, that a multitude of bees all work together; one bee after working a short time at one cell going to another, so that, as Huber has stated, a score of individuals work even at the commencement of the first cell. I was able practically to show this fact, by covering the edges of the hexagonal walls of a single cell, or the extreme margin of the circumferential rim of a growing comb, with an extremely thin layer of melted vermilion wax; and I invariably found that the colour was most delicately diffused by the bees—as delicately as a painter could have done it with his brush—by atoms of the coloured wax having been taken from the spot on which it had been placed, and worked into the growing edges of the cells all round. The work of construction seems to be a sort of balance struck between many bees, all instinctively standing at the same relative distance from each other, all trying to sweep equal spheres, and then building up, or leaving ungnawed, the planes of intersection between these spheres. It was really curious to note in cases of difficulty, as when two pieces of comb met at an angle, how often the bees would pull down and rebuild in different ways the same cell, sometimes recurring to a shape which they had at first rejected.

 

Parece al principio que aumenta la dificultad de comprender cómo se hacen las celdillas el que una multitud de abejas trabajen juntas; pues una abeja, después de haber trabajado un poco tiempo en una celdilla, va a otra, de modo que, como Huber ha observado, aun en el comienzo de la primera celdilla trabajan una veintena de individuos. Pude demostrar prácticamente este hecho cubriendo los bordes de las paredes hexagonales de una sola celdilla o el margen del reborde circular de un panal en construcción con una capa sumamente delgada de cera mezclada con bermellón; y encontré invariablemente que el color era muy delicadamente difundido por las abejas -tan delicadamente como pudiera haberlo hecho un pintor con su pincel-, por haber tomado partículas de la cera coloreada, del sitio en que había sido colocada, y haber trabajado con ella en los bordes crecientes de las celdillas de alrededor. La construcción parece ser una especie de equilibrio entre muchas abejas que están todas instintivamente a la misma distancia mutua, que se esfuerzan todas en excavar esferas iguales y luego construir o dejar sin morder los planos de intersección de estas esferas. Era realmente curioso notar, en casos de dificultad, como cuando dos partes de panal se encuentran formando un ángulo, con qué frecuencia las abejas derriban y reconstruyen de diferentes maneras la misma celdilla, repitiendo a veces una forma que al principio habían desechado.

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El autor no entrará en detalles en el párrafo cuadrigentésimo trigésimo octavo de El Origen de las Especies

El párrafo comienza criticando someramente las experiencias de Huber e indicando lo que sigue:

 

pero no entraré ahora en detalles.

 

El autor tiene dos opciones: Explicar algo o no explicarlo. Si decide hacerlo es necesario entrar en detalles, si no,  huelga comenzar la explicación.  Por el contrario y con su habitual estilo ambiguo, lo único que consigue  es tomar el pelo al lector.

 

 

 

438

Huber’s statement, that the very first cell is excavated out of a little parallel-sided wall of wax, is not, as far as I have seen, strictly correct; the first commencement having always been a little hood of wax; but I will not here enter on details. We see how important a part excavation plays in the construction of the cells; but it would be a great error to suppose that the bees cannot build up a rough wall of wax in the proper position—that is, along the plane of intersection between two adjoining spheres. I have several specimens showing clearly that they can do this. Even in the rude circumferential rim or wall of wax round a growing comb, flexures may sometimes be observed, corresponding in position to the planes of the rhombic basal plates of future cells. But the rough wall of wax has in every case to be finished off, by being largely gnawed away on both sides. The manner in which the bees build is curious; they always make the first rough wall from ten to twenty times thicker than the excessively thin finished wall of the cell, which will ultimately be left. We shall understand how they work, by supposing masons first to pile up a broad ridge of cement, and then to begin cutting it away equally on both sides near the ground, till a smooth, very thin wall is left in the middle; the masons always piling up the cut-away cement, and adding fresh cement on the summit of the ridge. We shall thus have a thin wall steadily growing upward but always crowned by a gigantic coping. From all the cells, both those just commenced and those completed, being thus crowned by a strong coping of wax, the bees can cluster and crawl over the comb without injuring the delicate hexagonal walls. These walls, as Professor Miller has kindly ascertained for me, vary greatly in thickness; being, on an average of twelve measurements made near the border of the comb, 1/352 of an inch in thickness; whereas the basal rhomboidal plates are thicker, nearly in the proportion of three to two, having a mean thickness, from twenty-one measurements, of 1/229 of an inch. By the above singular manner of building, strength is continually given to the comb, with the utmost ultimate economy of wax.

 

La observación de Huber de que la primera de todas las celdillas es excavada en una pequeña pared de cera de lados paralelos, no es, según lo que he visto, rigurosamente exacta, pues el primer comienzo ha sido siempre una pequeña caperuza de cera; pero no entraré ahora en detalles. Vemos el importantísimo papel que representa el excavar en la construcción de las celdillas; pero sería un error suponer que las abejas no pueden construir una tosca pared de cera en la posición adecuada; esto es, en el plano de intersección de dos esferas contiguas. Tengo varios ejemplos que muestran claramente que las abejas pueden hacer esto. Incluso en la tosca pared o reborde circular de cera que hay alrededor de un panal en formación, pueden observarse a veces flexiones que corresponden por su posición a los planos de las placas basales rómbicas de las futuras celdillas, pero la tosca pared de cera tiene siempre que ser acabada mordiéndola mucho las abejas por los dos lados. El modo como construyen las abejas es curioso: hacen siempre la primera pared tosca diez o veinte veces más gruesa que la delgadísima pared terminada de la celdilla, que ha de quedar finalmente. Comprenderemos cómo trabajan, suponiendo unos albañiles que primero amontonan un grueso muro de cemento y que luego empiezan a quitar por los dos lados hasta ras del suelo, hasta que dejan en el medio una delgadísima pared; los albañiles van siempre amontonando en lo alto del muro el cemento quitado, añadiéndole cemento nuevo. Así tendremos una delgadísima pared, creciendo continuamente hacia arriba; pero coronada siempre por una gigantesca albardilla. Por estar todas las celdillas, tanto las recién comenzadas como las terminadas coronadas por una gran albardilla de cera, las abejas pueden apiñarse en el panal y caminar por él sin estropear las delicadas paredes hexagonales. Estas paredes, según el profesor Miller ha comprobado amablemente para mi, varían mucho en grosor, teniendo 1/352 de pulgada de grueso, según el promedio de doce medidas hechas cerca del borde del panal, mientras que las placas basales romboidales son más gruesas, estando aproximadamente en la relación de tres a dos, teniendo un grueso de 1/229 de pulgada, como promedio de veintiuna medidas. Mediante la singular manera de construir que se acaba de indicar, se da continuamente fuerza al panal, con la máxima economía final de cera.

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Observaciones compatibles con una teoría del autor en el párrafo cuadrigentésimo trigésimo séptimo de El Origen de las Especies

No se entiende muy bien la finalidad que tiene el autor en sus experimentos y observaciones en los panales. En este párrafo parece contradecir en algo la opinión de Huber, más no explica muy bien en qué. Al final dice:

 Algunas de estas observaciones difieren de las hechas por Francisco Huber, tan justamente celebrado; pero estoy convencido de su exactitud, y si tuviese espacio demostraría que son compatibles con mi teoría.

 

Y es ya van unas cuantas veces en las que que este prolífico autor se queja en su obra de falta de espacio. Mi impresión es la contraria:  El autor contó con demasiado espacio para lo poco que tenía que contar.

 

 

 

 

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From the experiment of the ridge of vermilion wax we can see that, if the bees were to build for themselves a thin wall of wax, they could make their cells of the proper shape, by standing at the proper distance from each other, by excavating at the same rate, and by endeavouring to make equal spherical hollows, but never allowing the spheres to break into each other. Now bees, as may be clearly seen by examining the edge of a growing comb, do make a rough, circumferential wall or rim all round the comb; and they gnaw this away from the opposite sides, always working circularly as they deepen each cell. They do not make the whole three-sided pyramidal base of any one cell at the same time, but only that one rhombic plate which stands on the extreme growing margin, or the two plates, as the case may be; and they never complete the upper edges of the rhombic plates, until the hexagonal walls are commenced. Some of these statements differ from those made by the justly celebrated elder Huber, but I am convinced of their accuracy; and if I had space, I could show that they are conformable with my theory.

 

Por el experimento de la lámina de cera con bermellón podemos ver que, si las abejas pudiesen construir por sí mismas una pared delgada de cera, podrían hacer sus celdas de la forma debida, colocándose a la distancia conveniente unas de otras, excavando con igual velocidad y esforzándose en hacer cavidades esféricas iguales, pero sin permitir nunca que las esferas llegasen unas a otras, produciéndose agujeros. Ahora bien; las abejas, como puede verse claramente examinando el borde de un panal en construcción, hacen una tosca pared o reborde circular todo alrededor del panal, y lo muerden por los dos lados, trabajando siempre circularmente al ahondar cada celdilla. No hacen de una vez toda la base piramidal de tres lados de cada celdilla, sino solamente la laminilla o las dos laminillas rómbicas que están en el borde de crecimiento del panal, y nunca completan los bordes superiores de las placas rómbicas hasta que han empezado las paredes hexagonales. Algunas de estas observaciones difieren de las hechas por Francisco Huber, tan justamente celebrado; pero estoy convencido de su exactitud, y si tuviese espacio demostraría que son compatibles con mi teoría.

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El autor hace trabajar a las abejas en el párrafo cuadrigentésimo trigésimo sexto de El Origen de las Especies

El autor ha puesto una lámina de cera en un panal para ver cómo trabajan las abejas. En estos párrafos relata los  detalles de este experimento. Como les decía en el párrafo anterior no creo que merezca muchos comentarios.

 

 

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Considering how flexible thin wax is, I do not see that there is any difficulty in the bees, whilst at work on the two sides of a strip of wax, perceiving when they have gnawed the wax away to the proper thinness, and then stopping their work. In ordinary combs it has appeared to me that the bees do not always succeed in working at exactly the same rate from the opposite sides; for I have noticed half-completed rhombs at the base of a just-commenced cell, which were slightly concave on one side, where I suppose that the bees had excavated too quickly, and convex on the opposed side where the bees had worked less quickly. In one well-marked instance, I put the comb back into the hive, and allowed the bees to go on working for a short time, and again examined the cell, and I found that the rhombic plate had been completed, and had become PERFECTLY FLAT: it was absolutely impossible, from the extreme thinness of the little plate, that they could have effected this by gnawing away the convex side; and I suspect that the bees in such cases stand in the opposed cells and push and bend the ductile and warm wax (which as I have tried is easily done) into its proper intermediate plane, and thus flatten it.

 

Considerando lo flexible que es la cera delgada, no veo que exista dificultad alguna en que las abejas, cuando trabajan en los dos lados de una tira de cera, noten cuándo han mordido la cera, hasta dejarla de la delgadez adecuada, y paren entonces su labor. En los panales ordinarios me ha parecido que las abejas no siempre consiguen trabajar exactamente con la misma velocidad por los dos lados, pues he observado en la base de una celdilla recién empezada rombos medio completos, que eran, ligeramente cóncavos por uno de los lados, donde supongo que las abejas habían excavado con demasiada rapidez, y convexos por el lado opuesto, donde las abejas habían trabajado menos rápidamente. En un caso bien notorio volví a colocar el panal en la colmena, y permití a las abejas ir a trabajar durante un corto tiempo, y, examinando la celdilla, encontré que la laminilla rómbica había sido completada y quedado perfectamente plana; era absolutamente imposible, por la extrema delgadez de la plaquita que las abejas pudiesen haber efectuado esto mordisqueando el lado convexo, y sospecho que, en estos casos, las abejas están en lados opuestos y empujan y vencen la cera, dúctil y caliente -lo cual, como he comprobado, es fácil de hacer, hasta colocarla en su verdadero plano intermedio, y de este modo la igualan.

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