Archivo de diciembre, 2013

Continúa la explicación prometida en el párrafo cuadrigentésimo trigésimo quinto de El Origen de las Especies

El traductor no se molestó mucho en estos párrafos. Francamente, y disculpen si les molesta, yo tampoco encuentro mucho interés en traducirlos. Lo que está mal escrito en cualquier lengua no debe ser traducido a otra.

 

 

435

I then put into the hive, instead of a thick, rectangular piece of wax, a thin and narrow, knife-edged ridge, coloured with vermilion. The bees instantly began on both sides to excavate little basins near to each other, in the same way as before; but the ridge of wax was so thin, that the bottoms of the basins, if they had been excavated to the same depth as in the former experiment, would have broken into each other from the opposite sides. The bees, however, did not suffer this to happen, and they stopped their excavations in due time; so that the basins, as soon as they had been a little deepened, came to have flat bases; and these flat bases, formed by thin little plates of the vermilion wax left ungnawed, were situated, as far as the eye could judge, exactly along the planes of imaginary intersection between the basins on the opposite side of the ridge of wax. In some parts, only small portions, in other parts, large portions of a rhombic plate were thus left between the opposed basins, but the work, from the unnatural state of things, had not been neatly performed. The bees must have worked at very nearly the same rate in circularly gnawing away and deepening the basins on both sides of the ridge of vermilion wax, in order to have thus succeeded in leaving flat plates between the basins, by stopping work at the planes of intersection.

 

 

 

Entonces puse en la colmena, en vez de una pieza rectangular y gruesa de cera, una lámina delgada, estrecha y teñida con bermellón. Las abejas empezaron inmediatamente a excavar a ambos lados las pequeñas depresiones, unas junto a otras, lo mismo que antes; pero la lámina de cera era tan delgada, que los fondos de las depresiones de lados opuestos, si hubiesen sido excavados hasta la misma profundidad que en el experimento anterior, se habrían encontrado, resultando agujeros. Las abejas, sin embargo, no permitieron que esto ocurriese, y pararon sus excavaciones a su tiempo debido, de modo que las depresiones, en cuanto fueron profundizadas un poco, vinieron a tener sus bases planas, y estas bases planas, formadas por las plaquitas delgadas de cera con bermellón dejadas sin morder, estaban situadas, hasta donde podía juzgarse por la vista, exactamente en los planos imaginarios de intersección de las depresiones de las caras opuestas de la lámina de cera. De este modo en algunas partes quedaron, entre las depresiones opuestas, tan sólo pequeñas porciones de una placa rómbica; en otras partes, porciones grandes: la obra, debido al estado antinatural de las cosas, no había quedado realizada primorosamente. Para haber conseguido de este modo el dejar lamínillas planas entre las depresiones, parando el trabajo en los planos de intersección, las abejas tuvieron que haber trabajado casi exactamente con la misma velocidad en los dos lados de la placa de cera con bermellón, al morder circularmente y profundizar las depresiones.

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Hay una teoría que puede ser comprobada experimentalmente en el párrafo cuadrigentésimo trigésimo cuarto de El Origen de las Especies

Terminaba el párrafo anterior con una frase memorable que es la siguiente:

 

Mediante estas modificaciones de instintos, que en sí mismos no son maravillosos -apenas más que los que llevan a un ave a hacer su nido-, creo yo que la abeja común ha adquirido por selección natural su inimitable facultad arquitectónica.

 

Pues bien, en los que siguen el autor se va a afanar en la tarea imposible de demostrar esto que es un disparate.

 

 

 

 

 

434

But this theory can be tested by experiment. Following the example of Mr. Tegetmeier, I separated two combs, and put between them a long, thick, rectangular strip of wax: the bees instantly began to excavate minute circular pits in it; and as they deepened these little pits, they made them wider and wider until they were converted into shallow basins, appearing to the eye perfectly true or parts of a sphere, and of about the diameter of a cell. It was most interesting to observe that, wherever several bees had begun to excavate these basins near together, they had begun their work at such a distance from each other that by the time the basins had acquired the above stated width (i.e. about the width of an ordinary cell), and were in depth about one sixth of the diameter of the sphere of which they formed a part, the rims of the basins intersected or broke into each other. As soon as this occurred, the bees ceased to excavate, and began to build up flat walls of wax on the lines of intersection between the basins, so that each hexagonal prism was built upon the scalloped edge of a smooth basin, instead of on the straight edges of a three-sided pyramid as in the case of ordinary cells.

 

Pero esta teoría puede comprobarse experimentalmente. Siguiendo el ejemplo de míster Tegetmeier, separé dos panales y puse entre ellos una tira rectangular de cera larga y gruesa; las abejas inmediatamente empezaron a excavar en ella pequeñas fosetas circulares; y a medida que profundizaban estas losetas; las hacían cada vez más anchas, hasta que se convirtieron en depresiones poco profundas, apareciendo a la vista perfectamente como una porción de esfera y de diámetro aproximadamente igual al de una celdilla. Era interesantísimo observar, que dondequiera que varias abejas hablan empezado a excavar estas depresiones casi juntas, habían empezado su obra a tal distancia unas de otras, que, con el tiempo, las depresiones habían adquirido la anchura antes indicada -o sea próximamente la anchura de una celdilla ordinaria-, y tenían de profundidad como una sexta parte del diámetro de la esfera de que formaban parte, y los bordes de las depresiones se interceptaban o cortaban mutuamente. Tan pronto como esto ocurría, las abejas cesaban de excavar, y empezaban a levantar paredes planas de cera en las líneas de intersección, entre las depresiones, de manera que cada prisma hexagonal quedaba construido sobre el borde ondulado de una depresión lisa, en vez de estarlo sobre los bordes rectos de una pirámide de tres caras, como ocurre en las celdillas ordinarias.

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Maravillosa perfección y otras muchas suposiciones en el párrafo cuadrigentésimo trigésimo tercero de El Origen de las Especies

 

Insiste el autor. Si la Melipona obrase como una abeja, sus resultados serían iguales que los de una abeja. No cabe duda. A partir de ahí, el número de suposiciones en éste párrafo supera lo tolerable.

 

433

Hence we may safely conclude that, if we could slightly modify the instincts already possessed by the Melipona, and in themselves not very wonderful, this bee would make a structure as wonderfully perfect as that of the hive-bee. We must suppose the Melipona to have the power of forming her cells truly spherical, and of equal sizes; and this would not be very surprising, seeing that she already does so to a certain extent, and seeing what perfectly cylindrical burrows many insects make in wood, apparently by turning round on a fixed point. We must suppose the Melipona to arrange her cells in level layers, as she already does her cylindrical cells; and we must further suppose, and this is the greatest difficulty, that she can somehow judge accurately at what distance to stand from her fellow-labourers when several are making their spheres; but she is already so far enabled to judge of distance, that she always describes her spheres so as to intersect to a certain extent; and then she unites the points of intersection by perfectly flat surfaces. By such modifications of instincts which in themselves are not very wonderful—hardly more wonderful than those which guide a bird to make its nest—I believe that the hive-bee has acquired, through natural selection, her inimitable architectural powers.

 

Por consiguiente, podemos llegar a la conclusión de que si pudiésemos modificar ligeramente los instintos que posee ya la Melipona, y que en sí mismos no son maravillosos, esta abeja haría una construcción tan maravillosamente perfecta como la de la abeja común. Sería necesario suponer que la Melipona puede formar sus celdillas verdaderamente esféricas y de tamaño casi igual, cosa qué no sería muy sorprendente, viendo que ya hace esto en cierta medida y viendo qué agujeros tan perfectamente cilíndricos hacen muchos insectos en la madera, al parecer, dando vueltas alrededor de un punto fijo. Tendríamos que suponer que la Melipona arregla sus celdillas en capas planas, como ya lo hace con sus celdillas cilíndricas, y tendríamos que suponer -y ésta es la mayor dificultad- que puede, de alguna manera, juzgar, en algún modo, a qué distancia se encuentra de sus compañeras de trabajo cuando varias están haciendo sus esferas; pero la Melipona está ya capacitada para apreciar la distancia, hasta el punto que siempre describe sus esferas de modo que se corten en cierta extensión, y entonces une los puntos de intersección por superficies perfectamente planas. Mediante estas modificaciones de instintos, que en sí mismos no son maravillosos -apenas más que los que llevan a un ave a hacer su nido-, creo yo que la abeja común ha adquirido por selección natural su inimitable facultad arquitectónica.

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La jirafa por Pietro di Cosimo

 

El nombre latino de la jirafa es Giraffa camelopardalis debido a que en la antigüedad se la tomó por un híbrido de camello y leopardo.  Además de exótico,  es animal  arrogante por mirar siempre desde arriba,  desde la cima de la evolución,  puesto que, a base de estirar el cuello llegó a ramonear los bocados más altos dejando los más bajos para esos otros animales como ciervos y antílopes que,  si no se han extinguido todavía ha sido sólo por azar y por eso miran abajo, al suelo, sabiendo que cualquier día les llegará su hora y caerán extínguidos.  A la jirafa en cambio, no;  ella, como sabemos fue, es,  sin duda más apta, más alta.  Su destino está escrito con letras de oro y consiste en ser cada día más alta. Excelente competidora en la lucha por la supervivencia.

También en el arte,  actividad altísima, excelente,  encontramos una jirafa representada en un cuadro de Piero di Cósimo.  Según nos cuenta Ursula Staël  en el Diario de la Cámara Oscura,  ésta jirafa llegó a Florencia el 11 de noviembre de 1487 siendo entonces  “molto grande e molto bella e piacevole”.  Lamentablemente,  cinco años después se rompió el cuello contra el quicio de una puerta. A propósito del accidente, se hace la autora  unas cuantas preguntas, de las  que reproducimos a continuación las impares:

 

¿Cómo fue su vida renacentista?

¿Que tal Florencia desde arriba?

Y el invierno: ¿insoportable?

¿Que habrá sido de su cuello?

¿Lo habrán vendado desde la copa de una capilla?

¿Existirá un retrato de su convalecencia?

 

Junto a la jirafa que , como decíamos arriba,  y es bien sabido, es modelo de ser  evolucionado y competente,  en el cuadro podemos ver otros modelos del progreso y del comportamiento humanos. A la izquierda,  labora Vulcano;  frente a él,  Eolo, confina a  los malos vientos en pellejos de vino; y así otras  alegorías de los tiempos en que los hombres se civilizaron y empezaron alrededor del fuego y por el fuego  a construir  casas, formar familias nucleares y domesticar los animales.……..  En una palabra, el progreso.

 

 

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Una lección de geometría en el párrafo cuadrigentésimo trigésimo segundo de El Origen de las Especies

 

Efectivamente, al recibir su carta, el profesor Miller, de Cambridge, contesta al autor que sí,  que es cierto que operando como la abeja, se obtienen panales como los de la abeja. Brillante geómetra. Indeed.

 

432

If a number of equal spheres be described with their centres placed in two parallel layers; with the centre of each sphere at the distance of radius x sqrt(2) or radius x 1.41421 (or at some lesser distance), from the centres of the six surrounding spheres in the same layer; and at the same distance from the centres of the adjoining spheres in the other and parallel layer; then, if planes of intersection between the several spheres in both layers be formed, there will result a double layer of hexagonal prisms united together by pyramidal bases formed of three rhombs; and the rhombs and the sides of the hexagonal prisms will have every angle identically the same with the best measurements which have been made of the cells of the hive-bee. But I hear from Professor Wyman, who has made numerous careful measurements, that the accuracy of the workmanship of the bee has been greatly exaggerated; so much so, that whatever the typical form of the cell may be, it is rarely, if ever, realised.

 

Si se describe un número de esferas iguales, cuyos centros estén situados en dos planos paralelos, estando el centro de cada esfera a una distancia igual al radio x la raíz cuadrada de 2 (o sea, al radio x 1,41421) o a una distancia menor de los centros de las seis esferas que la rodean en el mismo plano, y a la misma distancia de los centros de las esferas adyacentes en el otro plano paralelo; entonces, tomando los planos de intersección entre las diferentes esferas de los dos planos paralelos, resultarán dos capas de prismas hexagonales, unidas entre sí por bases piramidales formadas por tres rombos, y los rombos y los lados de los prismas hexagonales tendrán todos los ángulos idénticamente iguales a los dados por las mejores medidas que se han hecho de las celdas de la abeja común. Pero el profesor Wyman, que ha hecho numerosas medidas cuidadosas, me dice que la precisión de la labor de la abeja ha sido muy exagerada, hasta tal punto, que lo que podría ser la forma típica de la celdilla pocas veces o nunca se realiza.

 

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La inexactitud de la Melipona en el párrafo cuadrigentésimo trigésimo primero de El Origen de las Especies

 

Si la Melipona hubiera hecho sus panales de la manera como los hace la abeja, entonces, concluye nuestro autor, los panales de la Melipona serían como son los de la abeja. ¿No es ciertamente el razonamiento propio de un genio? Empero,  para confirmarlo debidamente, el autor escribe al Profesor Miller, de Cambridge…….

 

 

431

 

Reflecting on this case, it occurred to me that if the Melipona had made its spheres at some given distance from each other, and had made them of equal sizes and had arranged them symmetrically in a double layer, the resulting structure would have been as perfect as the comb of the hive-bee. Accordingly I wrote to Professor Miller, of Cambridge, and this geometer has kindly read over the following statement, drawn up from his information, and tells me that it is strictly correct:—

 

Reflexionando sobre este caso, se me ocurrió que, si la Melipona hubiera hecho sus esferas a igual distancia unas de otras, y las hubiera hecho de igual tamaño, y las hubiera dispuesto simétricamente en dos capas, la construcción resultante hubiese sido tan perfecta como el panal de la abeja común. De consiguiente, escribí al profesor Miller, de Cambridge, y este geómetra ha revisado amablemente el siguiente resumen, sacado de sus informes, y me dice que es rigurosamente exacto.

 

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Ese gran principio de la gradación en el párrafo cuadrigentésimo trigésimo de El Origen de las Especies

Con tres puntos ha construido el autor una gradación. Si en el punto medio no estuviese la Melipona domestica de Méjico, habría construido una gradación con sólo dos puntos.

 

Si entonces, con dos puntos, habría sido totalmente inadmisible admitir gradación alguna, con tres viene a ocurrir algo parecido. No hay tal gradación sino tres comportamientos diferentes e independientes. Dicho de otro modo ¿Qué entiende el autor por Principio de la Gradación? ¿Que las cosas cambian poco a poco? No siempre.

 

 

430

I was led to investigate this subject by Mr. Waterhouse, who has shown that the form of the cell stands in close relation to the presence of adjoining cells; and the following view may, perhaps, be considered only as a modification of his theory. Let us look to the great principle of gradation, and see whether Nature does not reveal to us her method of work. At one end of a short series we have humble-bees, which use their old cocoons to hold honey, sometimes adding to them short tubes of wax, and likewise making separate and very irregular rounded cells of wax. At the other end of the series we have the cells of the hive-bee, placed in a double layer: each cell, as is well known, is an hexagonal prism, with the basal edges of its six sides bevelled so as to join an inverted pyramid, of three rhombs. These rhombs have certain angles, and the three which form the pyramidal base of a single cell on one side of the comb, enter into the composition of the bases of three adjoining cells on the opposite side. In the series between the extreme perfection of the cells of the hive-bee and the simplicity of those of the humble-bee, we have the cells of the Mexican Melipona domestica, carefully described and figured by Pierre Huber. The Melipona itself is intermediate in structure between the hive and humble bee, but more nearly related to the latter: it forms a nearly regular waxen comb of cylindrical cells, in which the young are hatched, and, in addition, some large cells of wax for holding honey. These latter cells are nearly spherical and of nearly equal sizes, and are aggregated into an irregular mass. But the important point to notice is, that these cells are always made at that degree of nearness to each other that they would have intersected or broken into each other if the spheres had been completed; but this is never permitted, the bees building perfectly flat walls of wax between the spheres which thus tend to intersect. Hence, each cell consists of an outer spherical portion, and of two, three, or more flat surfaces, according as the cell adjoins two, three or more other cells. When one cell rests on three other cells, which, from the spheres being nearly of the same size, is very frequently and necessarily the case, the three flat surfaces are united into a pyramid; and this pyramid, as Huber has remarked, is manifestly a gross imitation of the three-sided pyramidal base of the cell of the hive-bee. As in the cells of the hive-bee, so here, the three plane surfaces in any one cell necessarily enter into the construction of three adjoining cells. It is obvious that the Melipona saves wax, and what is more important, labour, by this manner of building; for the flat walls between the adjoining cells are not double, but are of the same thickness as the outer spherical portions, and yet each flat portion forms a part of two cells.

 

Me llevó a investigar este asunto míster Waterhouse, quien ha demostrado que la forma de la celdilla está en íntima relación con la existencia de celdillas adyacentes, y las ideas que siguen pueden quizá considerarse como una simple modificación de su teoría. Consideremos el gran principio de la gradación, y veamos si la Naturaleza no nos revela su método de trabajo. En un extremo de una corta serie tenemos los abejorros, que utilizan sus capullos viejos para guardar miel, añadiéndoles a veces cortos tubos de cera, y que hacen también celdillas de cera separadas e irregularmente redondeadas. En el extremo de la serie tenemos las celdillas de la abeja común situadas en dos capas: cada celdilla, como es bien sabido, es un prisma hexagonal, con los bordes de la base de sus seis caras achaflanados, de modo que se acoplen a una pirámide invertida formada por tres rombos. Estos rombos tienen determinados ángulos, y los tres que forman la base piramidal de una celdilla de un lado del panal entran en la composición de las bases de tres celdillas contiguas del lado opuesto. En la serie, entre la extrema perfección de las celdillas de la abeja común y la simplicidad de las del abejorro, tenemos las celdillas de Melipona domestica de Méjico, cuidadosamente descritas y representadas por Pierre Huber. La Melipona misma es intermedia, por su conformación, entre la abeja común y el abejorro, pero más próxima a este último. Construye un panal de cera, casi regular, formado por celdillas cilíndricas, en las cuales se desarrollan las crías, y, además, por algunas celdas de cera grandes para guardar miel. Estas últimas son casi esféricas, de tamaño casi igual, y están reunidas, constituyendo una masa irregular. Pero el punto importante que hay que advertir es que estas celdas están siempre construidas a tal proximidad unas de otras, que se hubiesen roto o entrecortado mutuamente si las esferas hubiesen sido completas; pero esto no ocurre nunca, pues estas abejas construyen paredes de cera perfectamente planas entre las esferas que tienden a entrecortarse. Por consiguiente, cada celdilla consta de una porción extrema esférica y de dos, tres o más superficies planas, según que la celdilla sea contigua de otras dos, tres o más celdillas. Cuando una celdilla queda sobre otras tres -lo cual, por ser las esferas del mismo tamaño, es un caso obligado y frecuentísimo-, las tres superficies planas forman una pirámide, y esta pirámide, como Huber ha hecho observar, es manifiestamente una imitación tosca de la base piramidal de tres caras de las celdillas de la abeja común. Lo mismo que en las celdillas de la abeja común, también aquí las tres superficies planas de una celdilla entran necesariamente en la construcción de tres celdillas contiguas. Es manifiesto que, con este modo de construir, la Melipona ahorra cera y, lo que es más importante, trabajo, pues las paredes planas entre las celdillas contiguas no son dobles, sino que son del mismo grueso que las porciones esféricas exteriores, y, sin embargo, cada porción plana forma parte de dos celdillas.

 

 

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Un necio descrito en el párrafo cuadrigentésimo vigésimo noveno de El Origen de las Especies

 

Dice el autor:

 

Ha de ser un necio quien sea capaz de examinar la delicada estructura de un panal, tan hermosamente adaptado a sus fines, sin admiración entusiasta.

 

Lo que le falta es explicar convenientemente en qué ha de consistir la admiración entusiasta a la que se refiere en esta frase y que, con énfasis,  reclama del lector. Cómo empieza y cuándo acaba y por qué. Explicado esto podríamos saber a quién llama el autor necio, excluyéndolo así (al menos temporalmente) de la partida de hombres sabios, creyentes en la seleción natural. Con parecido argumento,  es lícito pensar que ha de ser un necio quien piense que con éstos párrafos se pueda aclarar nada sobre el Origen de las Especies.

 

 

 

 

429

 

CELL-MAKING INSTINCT OF THE HIVE-BEE.

 

I will not here enter on minute details on this subject, but will merely give an outline of the conclusions at which I have arrived. He must be a dull man who can examine the exquisite structure of a comb, so beautifully adapted to its end, without enthusiastic admiration. We hear from mathematicians that bees have practically solved a recondite problem, and have made their cells of the proper shape to hold the greatest possible amount of honey, with the least possible consumption of precious wax in their construction. It has been remarked that a skilful workman, with fitting tools and measures, would find it very difficult to make cells of wax of the true form, though this is effected by a crowd of bees working in a dark hive. Granting whatever instincts you please, it seems at first quite inconceivable how they can make all the necessary angles and planes, or even perceive when they are correctly made. But the difficulty is not nearly so great as at first appears: all this beautiful work can be shown, I think, to follow from a few simple instincts.

 

No entraré aquí en pequeños detalles sobre este asunto, sino que daré simplemente un bosquejo de las conclusiones a que he llegado. Ha de ser un necio quien sea capaz de examinar la delicada estructura de un panal, tan hermosamente adaptado a sus fines, sin admiración entusiasta. Los matemáticos dicen que las abejas han resuelto prácticamente un profundo problema, y que han hecho sus celdillas de la forma adecuada para que contengan la mayor cantidad de miel con el menor gasto posible de la preciosa cera en su construcción. Se ha hecho observar que un hábil obrero, con herramientas y medidas adecuadas, encontraría muy difícil hacer celdillas de cera de la forma debida, aun cuando esto es ejecutado por una muchedumbre de abejas que trabajan en una obscura colmena. Concediéndoles todos los instintos que se quiera, parece al pronto completamente incomprensible cómo pueden hacer todos los ángulos y planos necesarios y aun conocer si están correctamente hechos. Pero la dificultad no es, ni en mucho, tan grande como al principio parece; puede demostrarse, a mi parecer, que todo este hermoso trabajo es consecuencia de un corto número de instintos sencillos.

La imagen está tomada de Joyas Pampeanas, blog que propone artículos de interés para amas de casa, astronautas, asesinos seriales, científicos, domadores, podólogos, presidentes y ermitaños.

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Conjeturas en el párrafo cuadrigentésimo vigésimo octavo de El Origen de las Especies

Como tantas veces el autor se contradice y aquí indica que no pretende hacer conjeturas al principio de un párrafo cuyo contenido es pura conjetura.

 

 

 

 

 

428

By what steps the instinct of F. sanguinea originated I will not pretend to conjecture. But as ants which are not slave-makers, will, as I have seen, carry off pupae of other species, if scattered near their nests, it is possible that such pupae originally stored as food might become developed; and the foreign ants thus unintentionally reared would then follow their proper instincts, and do what work they could. If their presence proved useful to the species which had seized them—if it were more advantageous to this species, to capture workers than to procreate them—the habit of collecting pupae, originally for food, might by natural selection be strengthened and rendered permanent for the very different purpose of raising slaves. When the instinct was once acquired, if carried out to a much less extent even than in our British F. sanguinea, which, as we have seen, is less aided by its slaves than the same species in Switzerland, natural selection might increase and modify the instinct—always supposing each modification to be of use to the species—until an ant was formed as abjectly dependent on its slaves as is the Formica rufescens.

 

No pretenderé conjeturar por qué grados se originó el instinto de F. sanguinea. Pero, como las hormigas que no son esclavistas, se llevan las ninfas de otras especies si están esparcidas cerca de sus hormigueros, como lo he visto yo; es posible que estas ninfas, primitivamente almacenadas como comida, pudieron llegar a desarrollarse, y estas hormigas extrañas, criadas así involuntariamente, seguirían entonces sus propios instintos y harían el trabajo que pudiesen. Si su presencia resultó útil a la especie que las habla cogido -si era más ventajoso para esta especie capturar obreros que procrearlos-, la costumbre de recolectar ninfas, primitivamente para alimento, pudo por selección natural ser reforzada y hecha permanentemente para el muy diferente fin de criar esclavas. Una vez adquirido el instinto -aun cuando alcanzase un desarrollo menor que en nuestra F. sanguinea inglesa, que, como hemos visto, es menos ayudada por sus esclavas que la misma especie en Suiza-, la selección natural pudo aumentar y modificar el instinto -suponiendo siempre que todas las modificaciones fuesen útiles para la especie-, hasta que se formó una especie de hormiga, que depende tan abyectamente de sus esclavas, como la Formica rufescens.

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La esclavitud (de las hormigas) en los distintos países en el párrafo cuadrigentésimo vigésimo séptimo de El Origen de las Especies

El párrafo presenta el contraste entre F. sanguinea y F. rufescens. Se refiere a la segunda como continental, pero según indica después la primera también es continental pues describe sus instintos en Suiza.

 

427

Such are the facts, though they did not need confirmation by me, in regard to the wonderful instinct of making slaves. Let it be observed what a contrast the instinctive habits of F. sanguinea present with those of the continental F. rufescens. The latter does not build its own nest, does not determine its own migrations, does not collect food for itself or its young, and cannot even feed itself: it is absolutely dependent on its numerous slaves. Formica sanguinea, on the other hand, possesses much fewer slaves, and in the early part of the summer extremely few. The masters determine when and where a new nest shall be formed, and when they migrate, the masters carry the slaves. Both in Switzerland and England the slaves seem to have the exclusive care of the larvae, and the masters alone go on slave-making expeditions. In Switzerland the slaves and masters work together, making and bringing materials for the nest: both, but chiefly the slaves, tend and milk as it may be called, their aphides; and thus both collect food for the community. In England the masters alone usually leave the nest to collect building materials and food for themselves, their slaves and larvae. So that the masters in this country receive much less service from their slaves than they do in Switzerland.

 

Tales son los hechos -aun cuando no necesitaban, mi confirmación- que se refieren al maravilloso instinto de esclavismo. Obsérvese qué contraste ofrecen las costumbres instintivas de F. sanguinea con las de F. rufescens, que vive en el continente. Esta última no construye su propio hormiguero, ni determina sus propias emigraciones, ni recolecta comida para sí misma ni para sus crías, y ni siquiera puede alimentarse; depende en absoluto de sus numerosas esclavas; F. sanguinea, por el contrario, posee muchas menos esclavas, y en la primera parte del verano sumamente pocas; las amas determinan cuándo y dónde se ha de formar un nuevo hormiguero, y cuando emigran, las amas llevan las esclavas. Tanto en Suiza como en Inglaterra, las esclavas parecen tener el cuidado exclusivo de las larvas, y las amas van solas en las expediciones para coger esclavas. En Suiza, esclavas y amas trabajan juntas haciendo el hormiguero y llevando materiales para él; unas y otras, pero principalmente las esclavas, cuidan y ordeñan -como pudiera decirse- sus pulgones, y de este modo unas y otras recogen comida para la comunidad. En Inglaterra, sólo las amas abandonan ordinariamente el hormiguero para recoger materiales de construcción y comida para sí mismas, sus larvas y esclavas; de modo que las amas en Inglaterra reciben muchos menos servicios de sus esclavas que en Suiza.

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