Archivo de enero, 2014

Atrevidas afirmaciones en relación con los cruzamientos interespecíficos en animales en el párrafo cuadrigentésimo sexagésimo sexto de El Origen de las Especies

El autor salta de los animales a las plantas como si tal cosa. Dice ahora al referirse a aquellos:

se han hecho con cuidado muchos menos experimentos que en las plantas.

Y eso lo afirma por no estar al corriente de algunos de los trabajos realizados,  por ejemplo,  por Flourens en el jardín des Plantes de Paris. Pero por otra parte, tampoco interesa la cantidad de  los experimentos sino su calidad, el potencial que puede haber en ellos  para demostrar unas u otras hipótesis. En los experimentos no cuenta el número sino la rectitud. A tal efecto es interesante volver a esta frase que el autor escribía precisamente en el párrafo anterior:

 

Los experimentos prácticos de los horticultores, aunque no estén hechos con precisión científica, merecen alguna atención.

Para decirle que no, que de ninguna manera. Sólo merecen atención los experimentos que estén hechos con precisión científica. Como los de Pierre Flourens en el jardín des Plantes de Paris.

 

Esta ignorancia de la obra de otros autores contemporáneos explica en parte la reacción de Flourens, pero que nadie se engañe, lo que motivó los comentarios de Flourens en su libro (Examen du libre de M Darwin sur l’Origine des Especes) fue la deficiencia de los planteamientos de Darwin, su abuso del lenguaje, su desconocimiento de la Historia Natural, el hecho indiscutible de que había copiado de Lamarck y ese peligroso tufillo a eugenesia que llevaba el libro desde su título.

 

He aquí una construcción típica, producto de la confusa mente del autor:

 

Si se puede dar crédito a nuestras agrupaciones sistemáticas, esto es, si los géneros de animales son tan distintos entre sí como lo son los de las plantas, en este caso, podemos inferir que animales más distantes de la escala de la naturaleza se pueden cruzar con mayor facilidad que en el caso de las plantas; pero los híbridos mismos son, a mi parecer, más estériles.

 

¿Podremos verdaderamente, como dice el autor inferir? Sospecho que no. De ninguna manera podemos inferir ni la cuarta parte de tanto atrevimiento.

 

¿Por qué este constante empeño en decir una cosa y a continuación la contraria?

Sin duda es una manera segura de tener siempre razón. Así como de no tenerla.

 

 

 

466

In regard to animals, much fewer experiments have been carefully tried than with plants. If our systematic arrangements can be trusted, that is, if the genera of animals are as distinct from each other as are the genera of plants, then we may infer that animals more widely distinct in the scale of nature can be crossed more easily than in the case of plants; but the hybrids themselves are, I think, more sterile. It should, however, be borne in mind that, owing to few animals breeding freely under confinement, few experiments have been fairly tried: for instance, the canary-bird has been crossed with nine distinct species of finches, but, as not one of these breeds freely in confinement, we have no right to expect that the first crosses between them and the canary, or that their hybrids, should be perfectly fertile. Again, with respect to the fertility in successive generations of the more fertile hybrid animals, I hardly know of an instance in which two families of the same hybrid have been raised at the same time from different parents, so as to avoid the ill effects of close interbreeding. On the contrary, brothers and sisters have usually been crossed in each successive generation, in opposition to the constantly repeated admonition of every breeder. And in this case, it is not at all surprising that the inherent sterility in the hybrids should have gone on increasing.

 

Por lo que se refiere a los animales, se han hecho con cuidado muchos menos experimentos que en las plantas. Si se puede dar crédito a nuestras agrupaciones sistemáticas, esto es, si los géneros de animales son tan distintos entre sí como lo son los de las plantas, en este caso, podemos inferir que animales más distantes de la escala de la naturaleza se pueden cruzar con mayor facilidad que en el caso de las plantas; pero los híbridos mismos son, a mi parecer, más estériles. Habría que tener presente, sin embargo, que se han intentado pocos experimentos en buenas condiciones, debido a que pocos animales crían fácilmente en cautividad; por ejemplo, el canario ha sido cruzado con nueve especies distintas de fringílidos; pero como ninguna de éstas cría bien en cautividad, no tenemos derecho a esperar que haya de ser perfectamente fecundado su primer cruzamiento con el canario ni que lo hayan de ser sus híbridos. Además, por lo que se refiere a la fecundidad en las sucesivas generaciones de los animales híbridos más fecundados, apenas sé de ningún caso en el cual hayan sido criadas a un mismo tiempo dos familias de la misma clase de híbrido procedentes de padres distintos, a fin de evitar los efectos perjudiciales de la unión entre parientes próximos. Por el contrario, ordinariamente han sido cruzados hermanos y hermanas en cada una de las generaciones sucesivas, en oposición a la advertencia constantemente repetida por todo criador; y, en este caso, no es nada sorprendente que la esterilidad inherente a los híbridos tenga que haber ido aumentando.

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A gusto entre los horticultores en el párrafo cuadrigentésimo sexagésimo quinto de El Origen de las Especies

El autor se encuentra siempre más a gusto entre horticultores que entre científicos. Así es notable el comienzo del párrafo:

Los experimentos prácticos de los horticultores, aunque no estén hechos con precisión científica, merecen alguna atención.

 

En el que también nos dice:

 

Herbert afirma que un híbrido de Calceolaria integrifolia y plantaginea, especies sumamente diferentes en su constitución general, «se reproduce tan perfectamente como si fuese una especie natural de las montañas de Chile».

 

Y bien. ¿Dónde podemos consultar los experimentos y los resultados de Herbert?

 

 

 

465

The practical experiments of horticulturists, though not made with scientific precision, deserve some notice. It is notorious in how complicated a manner the species of Pelargonium, Fuchsia, Calceolaria, Petunia, Rhododendron, etc., have been crossed, yet many of these hybrids seed freely. For instance, Herbert asserts that a hybrid from Calceolaria integrifolia and plantaginea, species most widely dissimilar in general habit, “reproduces itself as perfectly as if it had been a natural species from the mountains of Chile.” I have taken some pains to ascertain the degree of fertility of some of the complex crosses of Rhododendrons, and I am assured that many of them are perfectly fertile. Mr. C. Noble, for instance, informs me that he raises stocks for grafting from a hybrid between Rhod. ponticum and catawbiense, and that this hybrid “seeds as freely as it is possible to imagine.” Had hybrids, when fairly treated, always gone on decreasing in fertility in each successive generation, as Gartner believed to be the case, the fact would have been notorious to nurserymen. Horticulturists raise large beds of the same hybrid, and such alone are fairly treated, for by insect agency the several individuals are allowed to cross freely with each other, and the injurious influence of close interbreeding is thus prevented. Any one may readily convince himself of the efficiency of insect agency by examining the flowers of the more sterile kinds of hybrid Rhododendrons, which produce no pollen, for he will find on their stigmas plenty of pollen brought from other flowers.

 

Los experimentos prácticos de los horticultores, aunque no estén hechos con precisión científica, merecen alguna atención. Es notorio de qué modo tan complicado han sido cruzadas las especies de Pelargonium, Fuchsia, Calceolaria, Petunia, Rhododendron, etc., y, sin embargo, muchos de estos híbridos producen abundantes semillas. Por ejemplo, Herbert afirma que un híbrido de Calceolaria integrifolia y plantaginea, especies sumamente diferentes en su constitución general, «se reproduce tan perfectamente como si fuese una especie natural de las montañas de Chile». Me he tomado algún trabajo para determinar el grado de fecundidad de algunos de los cruzamientos complejos de los Rhododendron, y me he convencido que muchos de ellos son perfectamente fecundos. Míster C. Noble, por ejemplo, me informa que cultiva para el injerto pies de un híbrido de Rh. ponticum y catawbiense, y que este híbrido «produce semillas tan abundantemente como pueda imaginarse». Si los híbridos, convenientemente tratados, hubiesen ido disminuyendo siempre en fecundidad en cada una de las generaciones sucesivas, como creía Gärtner, el hecho hubiera sido bien conocido de los horticultores. Los horticultores cultivan grandes tablas de los mismos híbridos, y sólo así están cuidados convenientemente, pues, por la acción de los insectos, los diferentes individuos pueden cruzarse libremente, y de este modo se evita la influencia perjudicial de los cruzamientos entre parientes próximos. Todo el mundo puede fácilmente convencerse por sí mismo de la eficacia de la acción de los insectos examinando las flores de las clases más estériles de Rhododendron, híbridos que no producen polen, pues encontrará en sus estigmas gran cantidad de polen, traído de otras flores.

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Ladis Montiel: Una imagen para el recuerdo

 

La fotografía está tomada en la mañana de un día de verano en un viñedo de la Ribera de Navarra o de la Rioja Baja, seguramente alguno perteneciente a la Bodega de Camilo Castilla, en Corella, en la que Ladis trabajó como enólogo durante tantos años. En ella, con sombrero blanco y camisa blanca arremangada, Ladis se inclina ante una viña para comprobar el punto de sazón de sus granos. Su gesto es el del caballero que saluda a una dama haciendo cortésmente el besamanos (Encantado de saludarla, veo que hoy tiene sus dedillos algo redondos y morados, ¿Se encuentra bien hoy la señora?), o el de quien con veneración se inclina ante imagen o autoridad religiosa. La foto muestra, digámoslo de una vez, su reverencia, y ese respeto manifiesto por los objetos y por las personas que es la contraseña, la clave,  para  ganarse inmediatamente el respeto de quienes lo rodean sentando así la convivencia sobre esa base firme, cálida y transparente que otros llamarían entrañable. En su mano izquierda, a juego con el sombrero y la camisa, hay un objeto también blanco, tal vez un cuadernillo de anotaciones, y mientras la derecha sostiene las uvas de un racimo, va adelantando un poco la cara, con la vista fija, clavada en el mismo como preguntándole: ¿Qué me cuentas hoy? ¿Qué tal vas? Busca así, mediante esa aproximación, el momento de poner en juego su cualidad más asombrosa que es la permeabilidad, esa capacidad para absorber información del entorno, que en su modo más general equivale a la de escuchar,  acción bien simple y necesaria, pero que muy pocos afortunados, Ladis entre ellos, han podido cultivar con éxito a lo largo de sus días.  Aquel del retrato no sabemos lo que la viña tendría que contarle, pero su actitud es elocuente y nos presenta dos de sus cualidades principales: respeto y permeabilidad. Saber escuchar.

El sol extiende sus rayos por el viñedo en la foto de aquella mañana de verano. La luz llena a golpes las hojas superiores de las cepas, los campos del fondo por encima de sus ramas más altas y por debajo, atravesando sus tallos, dibuja en el suelo un conjunto de sombras continuas con las de la camisa, en su brazo, en su cara y en el sombrero. A pesar de la hora temprana en la mañana me hago cargo del calor y puedo suponer cuánto se agradecerá al andar por la viña el menor soplo de brisa, el mínimo correr del aire fresco que, moviendo la camisa, pueda llegar a transmitir esa sensación que es como decir: estoy aquí, te escucho y te entiendo. En alguna ocasión he disfrutado de esa experiencia del aire y también de la de acercarme a una viña siguiendo a Ladis. Por eso puedo imaginar cómo llegó aquel día al lugar en donde le tomaron la foto. Aproximándose con impaciencia y acelerando el paso a medida que se acercaba a la viña. Dejando a sus compañeros atrás para llegar el primero y así poder comunicar las novedades: Están secas. Hay poco grano. Tienen mosca.

Escribir, que es difícil cuando el recuerdo es algo todavía vivo, se convierte en tarea imposible, pesadilla, cuando el recuerdo arde mostrando el hueco irreparable que ha quedado y la memoria viene exigiendo lo necesario pero ya imposible, que no es recuerdo alguno, sino otra cosa distinta, su fuente, vivencia compartida. Salir al campo un día, andar por el viñedo, por las calles y luego regresar a la bodega, al laboratorio, para llenar todo tipo de recipientes con caldos de todos los orígenes, colores, olores y temperaturas. Recomenzar la cata dolorosamente interrumpida. Aquí un Pinot Noir, allá un Sirah. Primero el moscatel, después el Sauternes. Aquello de allá, no, que está malo. Este se ha calentado, hay que abrir la nevera y sacar otro. Copas, frascos, vasos y matraces van llenando mesas y estantes mientras los sentidos que van alimentando a la memoria, la ponen también a prueba.

Haciendo de tripas corazón uno puede creer que puede llegar a superarlo, cuando en realidad es justo lo contrario: cuanto hay nos supera. El remedio empieza al reconocer la debilidad propia y buscar en nuestro auxilio lo de siempre, lugares comunes, anécdotas, todo ese material congelado que, si no sale, acaba por doler en la memoria y que, cuando sale, lo hace a veces en la forma estrepitosa de una carcajada o como solemos decir, con humor. Recuerdos fríos, anécdotas congeladas a fuerza de repetirlas, como en aquellas tardes durante las fiestas de Arnedo, cuando Ladis a la salida de los toros se pasaba a dar una vuelta por casa. En una ocasión había entrado en el gallinero, en donde tenían preparado su cuarto mi hermano Manolo y sus amigos, escondiéndose detrás de la puerta, para darles un susto. Pero el susto se lo llevó mi tía Carmen, solterona octogenaria que entonces vivía con nosotros y había ido a dar una vuelta por allí. No se preocupe señora, que soy el Ladis Montiel, vino a reconfortarla con su explicación cortés. En otra ocasión semejante, entrando a recomendarse para oficial de la milicia universitaria con mi tío Vicente Grande, a la sazón Comandante de Estado Mayor en Zaragoza. Afortunadamente las plazas se ganaban mediante un examen riguroso y no mediante recomendación. Sin embargo el rato de conversación no fue en balde y vino a dar una amistad permanente. Otra. Las anécdotas se acumulan pero están, como digo, frías, como los pasteles, destinados a proyectiles en una batalla campal, con los que Ladis nos obsequió un día en aquel cuarto del Arco de las Nieves. Memorias todas congeladas. Y sin embargo, algo vivo queda que está ardiendo en medio de todas ellas, con insistencia, con la firmeza de toda duda, como por ejemplo aquel papel colgado en la pared del laboratorio del enólogo mediante una chincheta. Su texto, escrito a mano, algo así como esto:

Nada te turbe, Nada te espante, Todo se pasa, Dios no se muda. La paciencia Todo lo alcanza; Quien a Dios tiene Nada le falta: Sólo Dios basta.

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Más casos de cruzamientos entre especies y una gran confusión en el párrafo cuadrigentésimo sexagésimo cuarto de El Origen de las Especies

Sigue el autor dando ejemplos de cruzamientos entre especies distintas en plantas, aunque sería muy difícil encontrar la referencia original pues no la cita. Pero lo que es más grave es la confusión que presenta entre planta y especie:

 

….algunas plantas determinadas de ciertas especies de  Lobelia, Verbascum y Passiflora pueden fácilmente ser fecundadas por polen de una especie distinta; pero no por el de la misma planta, aun cuando se haya comprobado que este polen es perfectamente sano fecundando otras plantas o especies.

 

Entonces, estas plantas determinadas ¿Pueden ser fecundadas por polen de la misma especie, sí o no?

 

 

La conclusión final es, como de costumbre, en primer lugar errónea:

 

Estos casos sirven para demostrar de qué causas tan pequeñas y misteriosas depende a veces la mayor o menor fecundidad de una especie.

 

Pues se trata de casos excepcionales que no sirven para demostrar leyes generales. Y en segundo lugar, inútil, pues nadie trabaja para descubrir la existencia de causas pequeñas o misteriosas.

 

 

464

This case of the Crinum leads me to refer to a singular fact, namely, that individual plants of certain species of Lobelia, Verbascum and Passiflora, can easily be fertilised by the pollen from a distinct species, but not by pollen from the same plant, though this pollen can be proved to be perfectly sound by fertilising other plants or species. In the genus Hippeastrum, in Corydalis as shown by Professor Hildebrand, in various orchids as shown by Mr. Scott and Fritz Muller, all the individuals are in this peculiar condition. So that with some species, certain abnormal individuals, and in other species all the individuals, can actually be hybridised much more readily than they can be fertilised by pollen from the same individual plant! To give one instance, a bulb of Hippeastrum aulicum produced four flowers; three were fertilised by Herbert with their own pollen, and the fourth was subsequently fertilised by the pollen of a compound hybrid descended from three distinct species: the result was that “the ovaries of the three first flowers soon ceased to grow, and after a few days perished entirely, whereas the pod impregnated by the pollen of the hybrid made vigorous growth and rapid progress to maturity, and bore good seed, which vegetated freely.” Mr. Herbert tried similar experiments during many years, and always with the same result. These cases serve to show on what slight and mysterious causes the lesser or greater fertility of a species sometimes depends.

 

Este caso del Crinum me lleva a mencionar un hecho singular, o sea, que algunas plantas determinadas de ciertas especies de Lobelia, Verbascum y Passiflora pueden fácilmente ser fecundadas por polen de una especie distinta; pero no por el de la misma planta, aun cuando se haya comprobado que este polen es perfectamente sano fecundando otras plantas o especies. En el género Hippeastrum, en Corydalis, según demostró el profesor Hildebrand, y en diferentes orquídeas, según demostraron míster Scott y Fritz Müller, todos los individuos están en esta condición particular. De modo que en algunas especies ciertos individuos anómalos, y en otras todos los individuos, pueden positivamente ser hibridados con mucha mayor facilidad que ser fecundados por polen del mismo individuo. Por ejemplo, un bulbo de Hippeastrum aulicum produjo cuatro flores; tres fueron fecundadas con su propio polen por Herbert, y la cuarta fue fecundada posteriormente con polen de un híbrido compuesto, descendiente de tres especies distintas: el resultado fue que «los ovarios de las tres primeras flores cesaron pronto de crecer, y al cabo de pocos días perecieron por completo, mientras que el impregnado por el polen del híbrido tuvo un crecimiento vigoroso y se desarrolló rápidamente hasta la madurez, y produjo buenas semillas, que germinaron perfectamente». Míster Herbert hizo experimentos análogos durante varios años, y siempre con el mismo resultado. Estos casos sirven para demostrar de qué causas tan pequeñas y misteriosas depende a veces la mayor o menor fecundidad de una especie.

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Un simple caso de fecundidad entre híbridos de dos especies en el párrafo cuadrigentésimo sexagésimo tercero de El Origen de las Especies

Los cruzamientos entre especies distintas son más fecundos en plantas que en animales. El autor aporta aquí un ejemplo de la experiencia personal de un conocido suyo, un tercer hibridador muy experimentado, el honorable y reverendo W. Herbert.  Se trata de un ejemplo puntual que no tiene ninguna relevancia y  podemos suponer que hay muchos casos semejantes en los tratados de Gaertner o cualesquiera  otros dedicados a los cruzamientos.

Éste  caso que aquí nos viene a contar el autor no sabemos si se encuentra o no en la literatura científica pues no hay cita alguna que nos oriente al respecto. Además no sólo su comentario al respecto es improcedente:

 

De sus muchas observaciones importantes, citaré aquí nada más que una sola como ejemplo, a saber, «que todos los óvulos de un fruto de Crinum capense fecundado por C. revolutum produjeron planta, lo que nunca vi que ocurriese en ningún caso de su fecundación natural».

 

También es improcedente el texto comentado:

 

«que todos los óvulos de un fruto de Crinum capense fecundado por C. revolutum produjeron planta, lo que nunca vi que ocurriese en ningún caso de su fecundación natural».

 

El honorable y reverendo W. Herbert debería explicar a qué se refiere cuando dice ocurriese en ningún caso de su fecundación natural. En ausencia de esta explicación, tenemos la impresión de que el autor está  introduciendo en su obra un ejemplo de manera interesada.

 

 

463

Now let us turn to the results arrived at by a third most experienced hybridiser, namely, the Hon. and Rev. W. Herbert. He is as emphatic in his conclusion that some hybrids are perfectly fertile—as fertile as the pure parent-species—as are Kolreuter and Gartner that some degree of sterility between distinct species is a universal law of nature. He experimented on some of the very same species as did Gartner. The difference in their results may, I think, be in part accounted for by Herbert’s great horticultural skill, and by his having hot-houses at his command. Of his many important statements I will here give only a single one as an example, namely, that “every ovule in a pod of Crinum capense fertilised by C. revolutum produced a plant, which I never saw to occur in a case of its natural fecundation.” So that here we have perfect, or even more than commonly perfect fertility, in a first cross between two distinct species.

 

Pasemos ahora a los resultados a que ha llegado un tercer hibridador muy experimentado, el honorable y reverendo W. Herbert. Es tan terminante en su conclusión de que algunos híbridos son perfectamente fecundos -tan fecundos como las especies progenitoras puras-, como Gärtner y Kölreuter lo son en que es una ley universal de la Naturaleza cierto grado de esterilidad entre distintas especies. Hizo aquél sus experiencias con algunas de las mismas especies exactamente con que las hizo Gärtner. La diferencia de sus resultados puede, a mi parecer, explicarse en parte por la gran competencia de Herbert en horticultura y por haber tenido invernaderos a su disposición. De sus muchas observaciones importantes, citaré aquí nada más que una sola como ejemplo, a saber, «que todos los óvulos de un fruto de Crinum capense fecundado por C. revolutum produjeron planta, lo que nunca vi que ocurriese en ningún caso de su fecundación natural». De modo que en un primer cruzamiento entre dos especies distintas tenemos aquí fecundidad perfecta y aún más que común.

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Un autor atrevido pide nuestra confianza en el párrafo cuadrigentésimo sexagésimo segundo de El Origen de las Especies

El autor expone su parecer acerca de las experiencias de Gaertner. Sus afirmaciones carecen de pruebas:

 

Pero, a mi parecer, en casi todos estos casos la fecundidad ha disminuido por una causa independiente, por cruzamiento entre parientes demasiado próximos. He hecho tantos experimentos y reunido tantos hechos que muestran, de una parte, que un cruzamiento ocasional con un individuo o variedad diferente aumenta el vigor y fecundidad de la descendencia, y, por otra parte, que el cruzamiento entre parientes próximos disminuye su vigor y fecundidad, que no puedo dudar de la exactitud de esta conclusión.

 

Lamentablemente para el autor y afortunadamente para la ciencia, los demás lectores sí que dudamos seriamente de la exactitud de su conclusión. Por muchos experimentos que haya hecho y por muy cierto que sea lo que dice, la esterilidad en los experimentos con híbridos, al cabo de varias generaciones, no tiene por qué ser debida a un efecto endogámico. Para demostrarlo, tendría que hacer los experimentos pertinentes con híbridos de orígenes diferentes. Pero no. Como en tantas ocasiones el autor pide nuestra confianza en su experiencia y en su buen hacer. Afortunadamente la ciencia no funciona en base a confianza personal, sino más bien en base a pruebas experimentales.

La mezcla que hace de experimentos con animales y experimentos con plantas no ayuda para nada a concederle la confianza solicitada.

 

 

 

 

462

In regard to the sterility of hybrids in successive generations; though Gartner was enabled to rear some hybrids, carefully guarding them from a cross with either pure parent, for six or seven, and in one case for ten generations, yet he asserts positively that their fertility never increases, but generally decreases greatly and suddenly. With respect to this decrease, it may first be noticed that when any deviation in structure or constitution is common to both parents, this is often transmitted in an augmented degree to the offspring; and both sexual elements in hybrid plants are already affected in some degree. But I believe that their fertility has been diminished in nearly all these cases by an independent cause, namely, by too close interbreeding. I have made so many experiments and collected so many facts, showing on the one hand that an occasional cross with a distinct individual or variety increases the vigour and fertility of the offspring, and on the other hand that very close interbreeding lessens their vigour and fertility, that I cannot doubt the correctness of this conclusion. Hybrids are seldom raised by experimentalists in great numbers; and as the parent-species, or other allied hybrids, generally grow in the same garden, the visits of insects must be carefully prevented during the flowering season: hence hybrids, if left to themselves, will generally be fertilised during each generation by pollen from the same flower; and this would probably be injurious to their fertility, already lessened by their hybrid origin. I am strengthened in this conviction by a remarkable statement repeatedly made by Gartner, namely, that if even the less fertile hybrids be artificially fertilised with hybrid pollen of the same kind, their fertility, notwithstanding the frequent ill effects from manipulation, sometimes decidedly increases, and goes on increasing. Now, in the process of artificial fertilisation, pollen is as often taken by chance (as I know from my own experience) from the anthers of another flower, as from the anthers of the flower itself which is to be fertilised; so that a cross between two flowers, though probably often on the same plant, would be thus effected. Moreover, whenever complicated experiments are in progress, so careful an observer as Gartner would have castrated his hybrids, and this would have insured in each generation a cross with pollen from a distinct flower, either from the same plant or from another plant of the same hybrid nature. And thus, the strange fact of an increase of fertility in the successive generations of ARTIFICIALLY FERTILISED hybrids, in contrast with those spontaneously self-fertilised, may, as I believe, be accounted for by too close interbreeding having been avoided.

 

Por lo que se refiere a la esterilidad de los híbridos en generaciones sucesivas, aun cuando Gärtner pudo criar algunos híbridos durante seis, siete y, en un caso, diez generaciones, preservándolos de un cruzamiento con ninguno de los progenitores puros, afirma, sin embargo, positivamente, que su fecundidad nunca aumentó, sino que, en general, disminuyó grande y repentinamente. Por lo que se refiere a esta disminución, hay que advertir, en primer lugar, que cuando una modificación de estructura o constitución es común a los dos padres, muchas veces se transmite aumentada a la descendencia, y en las plantas híbridas ambos elementos sexuales están ya influidos en cierto grado. Pero, a mi parecer, en casi todos estos casos la fecundidad ha disminuido por una causa independiente, por cruzamiento entre parientes demasiado próximos. He hecho tantos experimentos y reunido tantos hechos que muestran, de una parte, que un cruzamiento ocasional con un individuo o variedad diferente aumenta el vigor y fecundidad de la descendencia, y, por otra parte, que el cruzamiento entre parientes próximos disminuye su vigor y fecundidad, que no puedo dudar de la exactitud de esta conclusión. Los experimentadores raras veces crían un gran número de híbridos, y como las especies progenitoras u otros híbridos afines crecen generalmente en el mismo jardín, las visitas de los insectos tienen que ser cuidadosamente impedidas durante la época de floración, y, por consiguiente, los híbridos, abandonados a sí mismo, generalmente serán fecundados en cada generación por polen de la misma flor, y esto debe ser perjudicial para su fecundidad, disminuida ya por su origen híbrido. Me ha confirmado en esta convicción una afirmación notable hecha repetidamente por Gärtner, o sea que, aun los híbridos menos fecundados, si son fecundados artificialmente con polen híbrido de la misma clase, su fecundidad, a pesar de los efectos frecuentemente perjudiciales de la manipulación, a veces aumenta francamente y continúa aumentando. Ahora bien; en el proceso de fecundación artificial, con tanta frecuencia se toma por casualidad -como sé por experiencia propia- polen de las anteras de otra flor como de las anteras de la misma flor que ha de ser fecundada, de modo que así se efectuaría un cruzamiento entre dos flores, aunque probablemente muchas veces de la misma planta. Además, al verificar experimentos complicados, un observador tan cuidadoso como Gärtner tuvo que haber castrado sus híbridos, y esto habría asegurado en cada generación el cruzamiento con polen de distinta flor, bien de la misma planta, bien de otra de igual naturaleza híbrida, y, de este modo, el hecho extraño de un aumento de fecundidad en las generaciones sucesivas de híbridos fecundados artificialmente, en oposición con los que espontáneamente se han fecundado a sí mismos, puede explicarse por haber sido evitados los cruzamientos entre parientes demasiado próximos.

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Sinécdoque y Confusión provocada en el párrafo cuadrigentésimo sexagésimo primero de El Origen de las Especies

El autor se complace en repetir un viejo asunto, la incapacidad (suya) para distinguir entre especies y variedades, a la que aquí viene a comparar con las pruebas de fecundidad:

 

 Es también sumamente instructivo comparar -pero no tengo lugar aquí para entrar en detalles- las pruebas dadas por nuestros mejores botánicos en el problema de si ciertas formas dudosas tendrían que ser clasificadas como especies o como variedades, con las pruebas procedentes de la fecundidad aducidas por diferentes hibridadores o por el mismo observador según experimentos hechos en diferentes años. De este modo se puede demostrar que ni la esterilidad ni la fecundidad proporcionan una distinción segura entre especies y variedades. Las pruebas de este origen muestran gradaciones insensibles, y son dudosas en igual medida que las pruebas procedentes de otras diferencias de constitución y estructura.

 

La conclusión es falsa y se basa,  como a menudo ocurre en este confuso autor,  en una sinécdoque, tropo que consiste en extender, restringir o alterar de algún modo la significación de las palabras, para designar un todo con el nombre de una de sus partes, o viceversa; un género con el de una especie, o al contrario; una cosa con el de la materia de que está formada, etc.

 

Es decir: Esta afirmación es falsa:

 

De este modo se puede demostrar que ni la esterilidad ni la fecundidad proporcionan una distinción segura entre especies y variedades.

 

Puesto que la ausencia de fertilidad (esterilidad) viene a ser prueba de distinción entre especies. Así la siguiente afirmación es también falsa:

 

Las pruebas de este origen muestran gradaciones insensibles,

 

Puesto que en la mayoría de los casos las pruebas no muestran gradaciones insensibles sino, fecundidad o esterilidad.

 

 

 

 

461

It is certain, on the one hand, that the sterility of various species when crossed is so different in degree and graduates away so insensibly, and, on the other hand, that the fertility of pure species is so easily affected by various circumstances, that for all practical purposes it is most difficult to say where perfect fertility ends and sterility begins. I think no better evidence of this can be required than that the two most experienced observers who have ever lived, namely Kolreuter and Gartner, arrived at diametrically opposite conclusions in regard to some of the very same forms. It is also most instructive to compare—but I have not space here to enter on details—the evidence advanced by our best botanists on the question whether certain doubtful forms should be ranked as species or varieties, with the evidence from fertility adduced by different hybridisers, or by the same observer from experiments made during different years. It can thus be shown that neither sterility nor fertility affords any certain distinction between species and varieties. The evidence from this source graduates away, and is doubtful in the same degree as is the evidence derived from other constitutional and structural differences.

 

Es seguro, por una parte, que la esterilidad de diferentes especies, al cruzarse, es de grado tan distinto y presenta gradaciones tan insensibles, y, por otra, que la fecundidad de las especies puras es tan fácilmente influida por diferentes circunstancias que, para todos los fines prácticos, es dificilísimo decir dónde termina la fecundidad perfecta y dónde empieza la esterilidad. Creo que no se puede pedir mejor prueba de esto que el que los dos observadores más experimentados que han existido, o sea Kölreuter y Gärtner, llegaron a conclusiones diametralmente opuestas respecto a algunas formas, exactamente las mismas. Es también sumamente instructivo comparar -pero no tengo lugar aquí para entrar en detalles- las pruebas dadas por nuestros mejores botánicos en el problema de si ciertas formas dudosas tendrían que ser clasificadas como especies o como variedades, con las pruebas procedentes de la fecundidad aducidas por diferentes hibridadores o por el mismo observador según experimentos hechos en diferentes años. De este modo se puede demostrar que ni la esterilidad ni la fecundidad proporcionan una distinción segura entre especies y variedades. Las pruebas de este origen muestran gradaciones insensibles, y son dudosas en igual medida que las pruebas procedentes de otras diferencias de constitución y estructura.

 

 

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Categorias: Binomio Con-Con

Empecemos por la esterilidad de las especies cuando se cruzan en el párrafo cuadrigentésimo sexagésimo de El Origen de las Especies

Habla el autor de unos trabajos de Kolreuter y de Gartner a los que dice admirar. Del primero indica que en diez casos ha encontrado fecundación entre especies distintas. Siguiendo su costumbre, el autor no indica ni la referencia ni a qué casos se refiere Kolreuter ni tampoco en cuántos casos lo intentó para obtener esos diez positivos.

 

Su ambigüedad no conoce límites y son frecuentes las frases retóricas que se exponen sin decir nada:

 

It is impossible to study the several memoirs and works of those two conscientious and admirable observers, Kolreuter and Gartner, who almost devoted their lives to this subject, without being deeply impressed with the high generality of some degree of sterility.

 

Es imposible estudiar las diferentes memorias y obras de aquellos dos escrupulosos y admirables observadores, Kölreuter y Gärtner, que casi consagraron su vida a este asunto, sin quedar profundamente impresionado, por lo muy general que es cierto grado de esterilidad

 

por lo muy general que es cierto grado de esterilidad

 

¿Qué manera de expresarse es esta? ¿A qué grado de esterilidad se refiere? ¿Acaso quiere decir cierto grado de fertilidad y el error ha permanecido en todas las traducciones a lo largo de décadas y miles de ediciones?

 

 

 

 

460

 

DEGREES OF STERILITY.

 

First, for the sterility of species when crossed and of their hybrid offspring. It is impossible to study the several memoirs and works of those two conscientious and admirable observers, Kolreuter and Gartner, who almost devoted their lives to this subject, without being deeply impressed with the high generality of some degree of sterility. Kolreuter makes the rule universal; but then he cuts the knot, for in ten cases in which he found two forms, considered by most authors as distinct species, quite fertile together, he unhesitatingly ranks them as varieties. Gartner, also, makes the rule equally universal; and he disputes the entire fertility of Kolreuter’s ten cases. But in these and in many other cases, Gartner is obliged carefully to count the seeds, in order to show that there is any degree of sterility. He always compares the maximum number of seeds produced by two species when first crossed, and the maximum produced by their hybrid offspring, with the average number produced by both pure parent-species in a state of nature. But causes of serious error here intervene: a plant, to be hybridised, must be castrated, and, what is often more important, must be secluded in order to prevent pollen being brought to it by insects from other plants. Nearly all the plants experimented on by Gartner were potted, and were kept in a chamber in his house. That these processes are often injurious to the fertility of a plant cannot be doubted; for Gartner gives in his table about a score of cases of plants which he castrated, and artificially fertilised with their own pollen, and (excluding all cases such as the Leguminosae, in which there is an acknowledged difficulty in the manipulation) half of these twenty plants had their fertility in some degree impaired. Moreover, as Gartner repeatedly crossed some forms, such as the common red and blue pimpernels (Anagallis arvensis and coerulea), which the best botanists rank as varieties, and found them absolutely sterile, we may doubt whether many species are really so sterile, when intercrossed, as he believed.

 

Empecemos por la esterilidad de las especies cuando se cruzan y de su descendencia híbrida. Es imposible estudiar las diferentes memorias y obras de aquellos dos escrupulosos y admirables observadores, Kölreuter y Gärtner, que casi consagraron su vida a este asunto, sin quedar profundamente impresionado, por lo muy general que es cierto grado de esterilidad. Kölreuter hace la regla universal; pero luego corta el nudo, pues en diez casos en los cuales encuentra que dos formas, consideradas por la mayor parte de los autores como especies distintas completamente, son fecundadas entre sí, las clasifica sin titubeos como variedades. Gärtner también hace la regla igualmente universal, y discute la completa fecundidad de los diez casos de Kölreuter; pero en este y otros muchos casos Gärtner se ve obligado a contar cuidadosamente las semillas, para demostrar que hay algún grado de esterilidad. Compara Gärtner siempre el máximo de semillas producido por dos especies al cruzarse por vez primera y el máximo producido por su descendencia híbrida, con el promedio producido por las dos especies progenitores puras en estado natural; pero aquí intervienen causas de grave error: una planta, para ser hibridada, tiene que ser castrada y, lo que muchas veces es más importante, ha de ser aislada, con objeto de impedir que le sea llevado por insectos el polen de otras plantas. Casi todas las sometidas a experimento por Gärtner estaban plantadas en macetas, y las tenía en una habitación en su casa. Es indudable que estos procedimientos muchas veces son perjudiciales para la fecundidad de una planta, pues Gärtner da en su cuadro una veintena aproximadamente de casos de plantas que castró y fecundó artificialmente con su propio polen, y -exceptuando todos los casos, como el de las leguminosas, en que existe una dificultad reconocida en la manipulación- en la mitad de estas veinte plantas disminuyó en cierto grado la fecundidad. Además, como Gärtner cruzó repetidas veces algunas formas, tales como los murajes rojo y azul comunes (Anagallis arvensis y coerulea), que los mejores botánicos clasifican como variedades, y las encontró absolutamente estériles: podemos dudar de si muchas especies, cuando se cruzan, son realmente tan estériles como él creía.

 

 

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Por fin se exponen las diferencias entre variedades y especies en el párrafo cuadrigentésimo quincuagésimo noveno de El Origen de las Especies

El autor ha esperado hasta el párrafo cuadrigentésimo quincuagésimo noveno para exponer la diferencia entre variedad y especie. Algo tarde en un libro que iba a tratar sobre el Origen de las Especies. Parece que corrige así sus puntos de vista anteriores según los cuales no habría diferencia entre variedades y especies, pero no. Más que corregir o aclarar es este párrafo lugar de máxima confusión, tan grande que llega a parecer malintencionada, es decir que el autor lo que quiere es crear confusión. Léanlo y me dicen…..

 

 

459

The fertility of varieties, that is of the forms known or believed to be descended from common parents, when crossed, and likewise the fertility of their mongrel offspring, is, with reference to my theory, of equal importance with the sterility of species; for it seems to make a broad and clear distinction between varieties and species.

 

La fecundidad de las variedades -o sea de las formas que se sabe o se cree que han descendido de antepasados comunes- cuando se cruzan, y también la fecundidad de su descendencia mestiza, es, por lo que se refiere a mi teoría, de igual importancia que la esterilidad de las especies, pues ello parece constituir una amplia y clara distinción entre variedades y especies.

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Las causas de la esterilidad, al descubierto, en el párrafo cuadrigentésimo quincuagésimo octavo de El Origen de las Especies

El autor se considera a sí mismo persona única y de inteligencia preclara, especialmente dotado para este tipo de estudios. Se representa a sí mismo como el único capaz de abordar estas cuestiones:

 

 

The distinction probably has been slurred over, owing to the sterility in both cases being looked on as a special endowment, beyond the province of our reasoning powers.

 

Probablemente se ha pasado por alto esta distinción, debido a que la esterilidad ha sido considerada en ambos casos como un don especial fuera del alcance de nuestra inteligencia.

 

 

458

Pure species have of course their organs of reproduction in a perfect condition, yet when intercrossed they produce either few or no offspring. Hybrids, on the other hand, have their reproductive organs functionally impotent, as may be clearly seen in the state of the male element in both plants and animals; though the formative organs themselves are perfect in structure, as far as the microscope reveals. In the first case the two sexual elements which go to form the embryo are perfect; in the second case they are either not at all developed, or are imperfectly developed. This distinction is important, when the cause of the sterility, which is common to the two cases, has to be considered. The distinction probably has been slurred over, owing to the sterility in both cases being looked on as a special endowment, beyond the province of our reasoning powers.

 

Las especies puras tienen, evidentemente, sus órganos de reproducción en estado perfecto, y, sin embargo, cuando se cruzan entre sí producen poca o ninguna descendencia. Por el contrario, los híbridos tienen sus órganos reproductores funcionalmente impotentes, como puede verse claramente por la condición del elemento masculino, tanto en las plantas como en los animales, aun cuando los órganos formadores mismos sean perfectos en su estructura hasta donde la revela el microscopio. En el primer caso, los dos elementos sexuales que van a formar el embrión son perfectos; en el segundo, o están imperfectamente desarrollados, o no se han desarrollado. Esta distinción es importante cuando se ha de considerar la causa de la esterilidad, que es común a los dos casos. Probablemente se ha pasado por alto esta distinción, debido a que la esterilidad ha sido considerada en ambos casos como un don especial fuera del alcance de nuestra inteligencia.

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