Archivo de abril 22nd, 2014

Charles Darwin en El Club de los Suicidas, de Stevenson

 

 

Nos encontramos inmersos en  el primer capítulo. El príncipe Florizel de Bohemia y el coronel Geraldine se encuentran en el Club de los suicidas. Cada uno de los personajes explica sus motivaciones para encontrarse en el mismo:

 

¡A la eterna memoria del baron Trenck, ejemplo de suicidas! -gritó uno-. Pasó de una celda pequeña a otra más pequeña, para poder alcanzar al fin la libertad.

-Por mi parte -dijo un segundo-, sólo deseo una venda para los ojos y algodón para los oídos. Sólo que no hay algodón lo bastante grueso en este mundo.

Un tercero quería averiguar los misterios de la vida futura y un cuarto aseguraba que nunca se hubiera unido al club si no le hubieran inducido a creer en Darwin.

No puedo tolerar la idea de descender de un mono -afirmaba aquel curioso suicida.

Sí. Hemos leído bien. A un miembro del club le habían inducido a creer en Darwin. No es que él se hubiese convencido naturalmente o como fruto de sus propias lecturas independientes. Al parecer había sido el resultado de un lavado de cerebro: Lo indujeron. Seguro que no fue el único. Algo habría oído Stevenson para ponerlo tan claro…………

 

 

Lectura aconsejada:

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