Archivo de mayo, 2014

Las especies de los paleontólogos en el párrafo quingentésimo cuadragésimo noveno de El Origen de las Especies

El autor indica que es notorio lo extraordinariamente pequeñas que son las diferencias sobre las que muchos paleontólogos han fundado sus especies. Como no cita ningún ejemplo ni se refiere a caso concreto alguno, sus palabras valen poco o nada.

 

La segunda frase continúa con el mismo estilo:

 

Algunos conquiliólogos experimentados están ahora rebajando a la categoría de variedades muchas de las hermosísimas especies de D’Orbigny y otros autores, y en este criterio encontramos la prueba de las transformaciones que, según la teoría, teníamos que encontrar.

 

¿Algunos conquiliólogos? ¿Quiénes?. ¿Qué prueba se encuentra en este criterio? Ninguna.

 

 

 

549

It is notorious on what excessively slight differences many palaeontologists have founded their species; and they do this the more readily if the specimens come from different sub-stages of the same formation. Some experienced conchologists are now sinking many of the very fine species of D’Orbigny and others into the rank of varieties; and on this view we do find the kind of evidence of change which on the theory we ought to find. Look again at the later tertiary deposits, which include many shells believed by the majority of naturalists to be identical with existing species; but some excellent naturalists, as Agassiz and Pictet, maintain that all these tertiary species are specifically distinct, though the distinction is admitted to be very slight; so that here, unless we believe that these eminent naturalists have been misled by their imaginations, and that these late tertiary species really present no difference whatever from their living representatives, or unless we admit, in opposition to the judgment of most naturalists, that these tertiary species are all truly distinct from the recent, we have evidence of the frequent occurrence of slight modifications of the kind required. If we look to rather wider intervals of time, namely, to distinct but consecutive stages of the same great formation, we find that the embedded fossils, though universally ranked as specifically different, yet are far more closely related to each other than are the species found in more widely separated formations; so that here again we have undoubted evidence of change in the direction required by the theory; but to this latter subject I shall return in the following chapter.

 

Es notorio lo extraordinariamente pequeñas que son las diferencias sobre las que muchos paleontólogos han fundado sus especies, y hacen esto tanto más fácilmente si los ejemplares provienen de diferentes subpisos de la misma formación. Algunos conquiliólogos experimentados están ahora rebajando a la categoría de variedades muchas de las hermosísimas especies de D’Orbigny y otros autores, y en este criterio encontramos la prueba de las transformaciones que, según la teoría, teníamos que encontrar. Consideremos, además, los depósitos terciarios más recientes, que encierran muchos moluscos considerados por la mayor parte de los naturalistas como idénticos de las especies vivientes; pero, algunos excelentes naturalistas, como Agassiz y Pictet, sostienen que todas estas especies terciarias son específicamente distintas, aun cuando admiten que la diferencia es muy pequeña; de modo que en este caso tenemos la prueba de la frecuente existencia de ligeras modificaciones de la naturaleza requerida, a menos que creamos que estos eminentes naturalistas han sido extraviados por su imaginación, y que estas especies del terciario superior no presentan realmente diferencia alguna de sus especies representativas vivientes, o a menos que admitamos, en contra de la opinión de la mayor parte de los naturalistas, que estas especies terciarias son todas realmente distintas de las modernas. Si consideramos espacios de tiempo algo mayores, como los pisos distintos, pero consecutivos, de una misma formación grande, encontramos que los fósiles en ellos enterrados, aunque clasificados universalmente como especies diferentes, son, sin embargo, mucho más afines entre sí que las especies que se encuentran en formaciones mucho más separadas; de modo que aquí tenemos también pruebas indudables de cambios en el sentido exigido por mi teoría; pero sobre este último punto he de insistir en el capítulo siguiente.

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La regla de oro: Una imaginación desbordada en el párrafo quingentésimo cuadragésimo octavo de El Origen de las Especies

El párrafo empieza con una falacia:

Los naturalistas no tienen una regla de oro para distinguir las especies de las variedades.

De acuerdo, pero entonces,……¿No tiene valor alguno el trabajo de los naturalistas? ¿Y la experiencia no tiene valor? ¿Dónde va a parar la obra de Linneo?

El problema se complica y pasamos a mayor confusión:

 

..; pero, cuando se encuentran con una diferencia algo mayor entre dos formas cualesquiera, las consideran ambas como especies, a menos que sean capaces de enlazarlas mediante gradaciones intermedias muy próximas, y……

 

¿Habla el autor de lago concreto, real, o simplemente especula?

 

Especula o, más bien,  inventa. Y si no veamos:

 

…y esto, por las razones que se acaban de señalar, pocas veces podemos esperar efectuarlo en un corte geológico. Suponiendo que B y C sean dos especies y A una tercera que se encuentre en una capa subyacente, aun cuando fuese exactamente intermedia entre B y C, sería considerada simplemente como una tercera especie distinta, a menos que al mismo tiempo estuviese estrechamente enlazada por variedades intermedias, ya con una, ya con varias formas. Tampoco hay que olvidar, como antes se explicó, que A pudo ser el verdadero progenitor de B y C, y, sin embargo, no habría de ser por necesidad rigurosamente intermedio entre ellas por todos conceptos. De modo que podríamos encontrar la especie madre y sus varios descendientes modificados en las capas superiores e inferiores de la misma formación, y, a menos de encontrar numerosas gradaciones de transición, no reconoceríamos su parentesco de consanguinidad, y las consideraríamos, por consiguiente, como especies distintas.

 

Inventos puros de una imaginación desbordada.

 

 

 

548

It is all-important to remember that naturalists have no golden rule by which to distinguish species and varieties; they grant some little variability to each species, but when they meet with a somewhat greater amount of difference between any two forms, they rank both as species, unless they are enabled to connect them together by the closest intermediate gradations; and this, from the reasons just assigned, we can seldom hope to effect in any one geological section. Supposing B and C to be two species, and a third, A, to be found in an older and underlying bed; even if A were strictly intermediate between B and C, it would simply be ranked as a third and distinct species, unless at the same time it could be closely connected by intermediate varieties with either one or both forms. Nor should it be forgotten, as before explained, that A might be the actual progenitor of B and C, and yet would not necessarily be strictly intermediate between them in all respects. So that we might obtain the parent-species and its several modified descendants from the lower and upper beds of the same formation, and unless we obtained numerous transitional gradations, we should not recognise their blood-relationship, and should consequently rank them as distinct species.

 

Es importantísimo recordar que los naturalistas no tienen una regla de oro para distinguir las especies de las variedades; conceden cierta pequeña variabilidad a todas las especies; pero, cuando se encuentran con una diferencia algo mayor entre dos formas cualesquiera, las consideran ambas como especies, a menos que sean capaces de enlazarlas mediante gradaciones intermedias muy próximas, y esto, por las razones que se acaban de señalar, pocas veces podemos esperar efectuarlo en un corte geológico. Suponiendo que B y C sean dos especies y A una tercera que se encuentre en una capa subyacente, aun cuando fuese exactamente intermedia entre B y C, sería considerada simplemente como una tercera especie distinta, a menos que al mismo tiempo estuviese estrechamente enlazada por variedades intermedias, ya con una, ya con varias formas. Tampoco hay que olvidar, como antes se explicó, que A pudo ser el verdadero progenitor de B y C, y, sin embargo, no habría de ser por necesidad rigurosamente intermedio entre ellas por todos conceptos. De modo que podríamos encontrar la especie madre y sus varios descendientes modificados en las capas superiores e inferiores de la misma formación, y, a menos de encontrar numerosas gradaciones de transición, no reconoceríamos su parentesco de consanguinidad, y las consideraríamos, por consiguiente, como especies distintas.

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Muchos casos podrían citarse pero ninguno se cita en el párrafo quingentésimo cuadragésimo séptimo de El Origen de las Especies

El párrafo es ejemplo de ese estilo antiacadémico que preside toda la obra:

 

Podrían citarse muchos casos de capas, de sólo unos pocos pies de grueso, que representan formaciones que en cualquier otra parte tienen miles de pies de grosor, y que tienen que haber exigido un período enorme para su acumulación; y, sin embargo, nadie que ignorase este hecho habría ni siquiera sospechado el larguísimo espacio de tiempo representado por aquella formación tan delgada. Muchos casos podrían citarse en que las capas superiores de una formación se han levantado, han sido denudadas, se han sumergido y luego han sido cubiertas por las capas superiores de la misma formación, hechos que muestran qué espacios de tiempo tan grandes -y sin embargo fáciles de pasar inadvertidos- han transcurrido en su acumulación.

 

El final del párrafo tampoco tiene desperdicio:

 

Por tanto, si la especie hubo de experimentar modificaciones considerables durante la sedimentación de una formación geológica, un corte no tendría que comprender todas las delicadas gradaciones intermedias que, según nuestra teoría, tuvieron que haber existido, sino cambios de forma bruscos, aunque quizá ligeros.

 

 

 

547

It would seem that each separate formation, like the whole pile of formations in any country, has generally been intermittent in its accumulation. When we see, as is so often the case, a formation composed of beds of widely different mineralogical composition, we may reasonably suspect that the process of deposition has been more or less interrupted. Nor will the closest inspection of a formation give us any idea of the length of time which its deposition may have consumed. Many instances could be given of beds, only a few feet in thickness, representing formations which are elsewhere thousands of feet in thickness, and which must have required an enormous period for their accumulation; yet no one ignorant of this fact would have even suspected the vast lapse of time represented by the thinner formation. Many cases could be given of the lower beds of a formation having been upraised, denuded, submerged, and then re-covered by the upper beds of the same formation—facts, showing what wide, yet easily overlooked, intervals have occurred in its accumulation. In other cases we have the plainest evidence in great fossilised trees, still standing upright as they grew, of many long intervals of time and changes of level during the process of deposition, which would not have been suspected, had not the trees been preserved: thus Sir C. Lyell and Dr. Dawson found carboniferous beds 1,400 feet thick in Nova Scotia, with ancient root-bearing strata, one above the other, at no less than sixty-eight different levels. Hence, when the same species occurs at the bottom, middle, and top of a formation, the probability is that it has not lived on the same spot during the whole period of deposition, but has disappeared and reappeared, perhaps many times, during the same geological period. Consequently if it were to undergo a considerable amount of modification during the deposition of any one geological formation, a section would not include all the fine intermediate gradations which must on our theory have existed, but abrupt, though perhaps slight, changes of form.

 

Se diría que cada formación separada, lo mismo que la serie entera de formaciones de un país, ha sido, por lo general, intermitente en su acumulación. Cuando vemos, como ocurre muchas veces, una formación constituida por capas de composición química muy diferente, podemos razonablemente sospechar que el proceso de depósito ha estado más o menos interrumpido. La inspección más minuciosa de una formación tampoco nos da idea del tiempo que puede haber invertido su sedimentación. Podrían citarse muchos casos de capas, de sólo unos pocos pies de grueso, que representan formaciones que en cualquier otra parte tienen miles de pies de grosor, y que tienen que haber exigido un período enorme para su acumulación; y, sin embargo, nadie que ignorase este hecho habría ni siquiera sospechado el larguísimo espacio de tiempo representado por aquella formación tan delgada. Muchos casos podrían citarse en que las capas superiores de una formación se han levantado, han sido denudadas, se han sumergido y luego han sido cubiertas por las capas superiores de la misma formación, hechos que muestran qué espacios de tiempo tan grandes -y sin embargo fáciles de pasar inadvertidos- han transcurrido en su acumulación. En los grandes árboles fosilizados que se conservan todavía en pie, como cuando vivían, tenemos en otros casos la prueba más evidente de muchos larguísimos intervalos de tiempo y de cambios de nivel durante el proceso de sedimentación, que no se hubieran sospechado si no se hubiesen conservado los árboles: así, sir C. Lyell y el doctor Dawson encontraron en Nueva Escocia capas carboníferas de 1.400 pies de grueso, con estratos antiguos que contenían raíces, unas encima de otras, en sesenta y ocho niveles distintos por lo menos. Por consiguiente, cuando una misma especie se presenta en la base, en el medio y en lo alto de una formación, es probable que no haya vivido en el mismo sitio durante todo el período de sedimentación, sino que haya desaparecido y reaparecido quizá muchas veces en el mismo período geológico. Por tanto, si la especie hubo de experimentar modificaciones considerables durante la sedimentación de una formación geológíca, un corte no tendría que comprender todas las delicadas gradaciones intermedias que, según nuestra teoría, tuvieron que haber existido, sino cambios de forma bruscos, aunque quizá ligeros.

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Instrucciones para observar lo que no existe en el párrafo quingentésimo cuadragésimo sexto de El Origen de las Especies

La explicación que se viene a dar en este párrafo para que se logre una gradación perfecta entre dos formas, una de la parte superior y otra de la inferior de la misma formación, parece adecuada. Lamentablemente no aporta ni un solo ejemplo.

 

546

In order to get a perfect gradation between two forms in the upper and lower parts of the same formation, the deposit must have gone on continuously accumulating during a long period, sufficient for the slow process of modification; hence, the deposit must be a very thick one; and the species undergoing change must have lived in the same district throughout the whole time. But we have seen that a thick formation, fossiliferous throughout its entire thickness, can accumulate only during a period of subsidence; and to keep the depth approximately the same, which is necessary that the same marine species may live on the same space, the supply of sediment must nearly counterbalance the amount of subsidence. But this same movement of subsidence will tend to submerge the area whence the sediment is derived, and thus diminish the supply, whilst the downward movement continues. In fact, this nearly exact balancing between the supply of sediment and the amount of subsidence is probably a rare contingency; for it has been observed by more than one palaeontologist that very thick deposits are usually barren of organic remains, except near their upper or lower limits.

 

Para que se logre una gradación perfecta entre dos formas, una de la parte superior y otra de la inferior de la misma formación, el depósito tiene que haberse ido acumulando continuamente durante un largo período, suficiente para el lento proceso de modificación; por consiguiente; el depósito tiene que ser muy grueso y la especie que experimenta el cambio tiene que haber vivido durante todo el tiempo en la misma región. Pero hemos visto que una formación potente, fosilífera en todo su grosor, puede sólo acumularse durante un período de hundimiento y, para que se conserve aproximadamente igual la profundidad necesaria para que una misma especie marina pueda vivir en el mismo lugar, la cantidad de sedimento acarreado tiene necesariamente que compensar la intensidad del hundimiento. Pero este mismo movimiento de depresión tenderá a sumergir el territorio de que proviene el sedimento y, de este modo, a disminuir la cantidad de sedimento, mientras continúe el movimiento de descenso. De hecho, este equilibrio casi perfecto entre la cantidad de sedimento acarreado y la intensidad del hundimiento es probablemente una eventualidad rara, pues ha sido observado por más de un paleontólogo que los depósitos muy gruesos son comúnmente muy pobres en fósiles, excepto cerca de su límite superior o inferior.

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Imitando a Cuvier en el párrafo quingentésimo cuadragésimo quinto de El Origen de las Especies

Dice el autor:

 

y cuando vemos una especie que aparece por vez primera en una formación, lo probable es que simplemente emigró entonces por vez primera a aquel territorio.

 

Con lo cual expresa la misma opinión de Cuvier. Si el autor fuese un verdadero defensor de la transformación de las especies debería decir:

 

y cuando vemos una especie que aparece por vez primera en una formación, lo probable es que se hubiese formado a partir de otra especie anterior en  aquel u otro territorio.

 

 

 

545

We may safely infer that with marine animals of all kinds there has been a large amount of migration due to climatal and other changes; and when we see a species first appearing in any formation, the probability is that it only then first immigrated into that area. It is well known, for instance, that several species appear somewhat earlier in the palaeozoic beds of North America than in those of Europe; time having apparently been required for their migration from the American to the European seas. In examining the latest deposits, in various quarters of the world, it has everywhere been noted, that some few still existing species are common in the deposit, but have become extinct in the immediately surrounding sea; or, conversely, that some are now abundant in the neighbouring sea, but are rare or absent in this particular deposit. It is an excellent lesson to reflect on the ascertained amount of migration of the inhabitants of Europe during the glacial epoch, which forms only a part of one whole geological period; and likewise to reflect on the changes of level, on the extreme change of climate, and on the great lapse of time, all included within this same glacial period. Yet it may be doubted whether, in any quarter of the world, sedimentary deposits, INCLUDING FOSSIL REMAINS, have gone on accumulating within the same area during the whole of this period. It is not, for instance, probable that sediment was deposited during the whole of the glacial period near the mouth of the Mississippi, within that limit of depth at which marine animals can best flourish: for we know that great geographical changes occurred in other parts of America during this space of time. When such beds as were deposited in shallow water near the mouth of the Mississippi during some part of the glacial period shall have been upraised, organic remains will probably first appear and disappear at different levels, owing to the migrations of species and to geographical changes. And in the distant future, a geologist, examining these beds, would be tempted to conclude that the average duration of life of the embedded fossils had been less than that of the glacial period, instead of having been really far greater, that is, extending from before the glacial epoch to the present day.

Podemos seguramente presumir que en los animales marinos de todas clases ha habido mucha emigración, debida a cambios de clima u otros, y cuando vemos una especie que aparece por vez primera en una formación, lo probable es que simplemente emigró entonces por vez primera a aquel territorio. Es bien sabido, por ejemplo, que diferentes especies aparecieron un poco antes en las capas paleozoicas de América del Norte que en las de Europa, evidentemente, por haberse requerido tiempo para su emigración de los mares de América a los de Europa. Examinando los depósitos más recientes en las diferentes regiones del mundo, se ha observado, en todas partes, que un corto número de especies todavía vivientes son comunes en un depósito, pero se han extinguido en el mar contiguo; o, al revés, que algunas abundan ahora en el mar vecino, pero son raras o faltan en aquel depósito determinado. Es una excelente lección reflexionar acerca de la comprobada e importante migración de los habitantes de Europa durante la época glacial, que forma sólo una parte de un período geológico, e igualmente reflexionar acerca de los cambios de nivel, del cambio extremo del clima y del largo tiempo transcurrido, todo ello comprendido dentro del mismo período glacial. Se puede, sin embargo, dudar de que en alguna parte del mundo se han ido acumulando continuamente, dentro de los mismos límites, durante todo este período, depósitos sedimentarios, que comprendan restos fósiles. No es probable, por ejemplo, que se depositasen, durante todo el período glacial, sedimentos cerca de la boca del Misisipí, dentro de los límites de profundidad entre los que pueden prosperar más los animales marinos; pues sabemos que, durante este espacio de tiempo, ocurrieron grandes cambios geológicos en otras partes de América. Cuando se hayan levantado capas como las que se depositaron durante una parte del período glacial, en aguas poco profundas cerca de la boca del Misisipí, los restos orgánicos probablemente aparecerán y desaparecerán en diferentes niveles, debido a migraciones de especies y a cambios geográficos; y dentro de muchísimo tiempo, un geólogo, examinando estas capas, estaría tentado de sacar en conclusión que el promedio de la duración de la vida de las especies fósiles enterradas ha sido menor que la duración del período glacial, mientras que en realidad ha sido mucho mayor, pues se ha extendido desde antes de la época glacial hasta el día de hoy.

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Dificultades insuperables nos impiden llegar a una conclusión justa sobre este punto en el párrafo quingentésimo cuadragésimo cuarto de El Origen de las Especies

El autor encuentra temerarias todas aquellas opiniones que no coinciden en punto y hora con las suyas propias.

 

 

 

544

 

Although each formation may mark a very long lapse of years, each probably is short compared with the period requisite to change one species into another. I am aware that two palaeontologists, whose opinions are worthy of much deference, namely Bronn and Woodward, have concluded that the average duration of each formation is twice or thrice as long as the average duration of specific forms. But insuperable difficulties, as it seems to me, prevent us from coming to any just conclusion on this head. When we see a species first appearing in the middle of any formation, it would be rash in the extreme to infer that it had not elsewhere previously existed. So again, when we find a species disappearing before the last layers have been deposited, it would be equally rash to suppose that it then became extinct. We forget how small the area of Europe is compared with the rest of the world; nor have the several stages of the same formation throughout Europe been correlated with perfect accuracy.

 

Aun cuando cada formación tiene que exigir un lapso de años grandísimo, probablemente cada formación es corta comparada con el período requerido para que una especie se transforme en otra. Ya sé que dos paleontólogos, cuyas opiniones son dignas del mayor respeto, Bronn y Woodward, han llegado a la conclusión de que el promedio de duración de cada formación es igual a dos o tres veces el promedio de duración de las formas específicas; pero dificultades insuperables, a mi parecer, nos impiden llegar a una conclusión justa sobre este punto. Cuando vemos que una especie aparece por vez primera en medio de una formación cualquiera, sería en extremo temerario deducir que esta especie había no existido anteriormente en parte alguna; y, del mismo modo, cuando vemos que una especie desaparece antes de que se hayan depositado las últimas capas, sería igualmente temerario suponer que la especie se extinguió entonces. Olvidamos lo pequeño de la superficie de Europa, comparada con el resto del mundo, y que los diferentes pisos de una misma formación no han sido tampoco correlativos en toda Europa con completa exactitud.

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Ausencia de variedades intermedias en el párrafo quingentésimo cuadragésimo tercero de El Origen de las Especies

El autor buscará con tesón lo que desea encontrar: Variedades intermedias. Si no las encuentra,  entonces buscará justificaciones de su ausencia. Todo antes de admitir que pueda haber un cambio súbito, que sea incompatible con la gradualidad que el propone sin haberla demostrado en ningún momento.  Los ejemplos que da están muy poco documentados.

 

ON THE ABSENCE OF NUMEROUS INTERMEDIATE VARIETIES IN ANY SINGLE FORMATION.

543 

 From these several considerations it cannot be doubted that the geological record, viewed as a whole, is extremely imperfect; but if we confine our attention to any one formation, it becomes much more difficult to understand why we do not therein find closely graduated varieties between the allied species which lived at its commencement and at its close. Several cases are on record of the same species presenting varieties in the upper and lower parts of the same formation. Thus Trautschold gives a number of instances with Ammonites, and Hilgendorf has described a most curious case of ten graduated forms of Planorbis multiformis in the successive beds of a fresh-water formation in Switzerland. Although each formation has indisputably required a vast number of years for its deposition, several reasons can be given why each should not commonly include a graduated series of links between the species which lived at its commencement and close, but I cannot assign due proportional weight to the following considerations. 

 

Ausencia de variedades intermedias numerosas en cada formación separada

 

Por estas diferentes consideraciones resulta indudable que los registros geológicos, considerados en conjunto, son sumamente imperfectos; pero, si limitamos nuestra atención a una formación, es mucho más difícil comprender por qué no encontramos en ella series graduales de variedades entre las especies afines que vivieron al principio y al final de la formación. Se han descrito diferentes casos de una misma especie que presenta variedades en las partes superiores e inferiores de la misma formación; así, Trautschold cita varios ejemplos de Ammonites, y también Hilgendorf ha descrito un caso curiosísimo de diez formas graduales de Planorbis multiformis en las capas sucesivas de una formación de agua dulce de Suiza. Aun cuando cada formación ha requerido, indiscutiblemente, un número grandísimo de años para su depósito, pueden darse diferentes razones de por qué comúnmente cada formación no ha de comprender una serie gradual de eslabones entre las especies que vivieron al principio y al final, aunque no pueda determinar yo el debido valor relativo de las consideraciones siguientes.

 

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Tontos, vagos y otras opiniones de Bertrand Russell

Hace unos días dejé prestado el libro titulado “Sobre el poder” de Bertrand Rusell a un amigo que es traductor profesional. Como a lo largo del  libro tenía yo marcados varios párrafos por lo mal escritos que estaban y las barbaridades que ahí se decían, mi amigo me dijo que eso podría ser debido a la traducción. Mucho me extrañó ese comentario viniendo de un traductor profesional,  pues es bien conocido que la mayoría de las traducciones lo que hacen es arreglar en lugar de descomponer. Cuidan tanto el contenido de sus textos originales que, en la mayoría de los casos,  más que estropearlo,  lo mejoran. Claro está que depende del traductor, pero tratándose de Russell no iban a dejar sus textos en manos de cualquiera. Estoy seguro de que los muchos defectos en dicho libro proceden del autor.  Seguro.

La reciente lectura de otro libro del mismo prolífico autor,  titulado este “La perspectiva científica” viene a confirmar mis sospechas. Bertrand Rusell escribía con soltura; a menudo  sin pensar lo mínimo requerido. Me refiero ahora al Capítulo primero del mencionado libro, este de la perspectiva científica,  en el que como ejemplos del Método Científico se nos ofrecen cuatro. Ya pueden adivinar alguno: A ver piensen.

Galileo, Newton, Darwin y Pavlov. No podía ser de otro modo.  Viniendo de Inglaterra ya se sabe. Pero ni el mismísimo Rusell escribiendo a toda velocidad y sin apenas control puede llegar a creerse que Darwin sea ejemplo del Método Científico.  Ni por lo más remoto.  Vean si no lo que dice. Lean con atención:

Fue Darwin un hombre que viajó mucho, observó con inteligencia  y reflexionó con paciencia. Pocos hombres de su eminente valía han tenido menos que él la cualidad llamada brillo. Nadie se ocupó mucho de él en su juventud. En Cambridge se contentó con no trabajar y se graduó. No siendo posible, en aquel entonces, estudiar Biología en la Universidad, prefirió pasar el tiempo paseando por la comarca, coleccionando escarbajos, lo cual era oficialmente una forma de vagancia. Su verdadera educación la debió al crucero del Beagle……..

Y esto no es defecto del traductor, sino claridad meridiana del autor:

Pocos hombres de su eminente valía han tenido menos que él la cualidad llamada brillo.

Lo que sigue son un conjunto de falacias entre las que destacamos:

Aparte de los detalles científicos, la importancia de Darwin radica en el hecho de que obligó a los biólogos, y con ellos al público en general, a abandonar la antigua creencia en la inmutabilidad de las especies y a aceptar el punto de vista de que los diversos géneros de animales se han desarrollado por variación a partir de antepasados comunes. Como todos los innovadores de los tiempos modernos tuvo que luchar con la autoridad de Aristóteles. De Aristóteles puede decirse que ha sido uno de los infortunios de la raza humana. Aun en este momento la enseñanza de la lógica, en la mayoría de las Universidades está llena de tonterías de las que Aristóteles es responsable.

Y han leído ustedes bien, dice Obligó:

obligó a los biólogos, y con ellos al público en general, a abandonar la antigua creencia en la inmutabilidad de las especies….

De esa obligación hay muchos ejemplos y muy malas consecuencias. Uno de los ejemplos nos lo proporcionaba Robert Louis Stevenson en su Novela El Club de los Suicidas. ¿Se acuerdan? Sí, hombre, aquel que se quería suicidar después de reconocer que le habían obligado a creer en las tesis de Darwin.  Y a pesar de que este ejemplo procede de una novela,… ¡cuánto de cierto hay en todo esto! Tan sólo queda ampliarlo. ¿A qué más nos obligó Darwin, o si lo prefieren, a qué nos obliga el darwinismo?

 

 

 

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Preterición en el párrafo quingentésimo cuadragésimo segundo de El Origen de las Especies

Dice el autor:

 

Durante los períodos de elevación, aumentará la extensión de la tierra y de las partes adyacentes de mar muy poco profundas, y muchas veces se formarán nuevas estaciones, circunstancias todas ellas favorables, como antes se explicó, para la formación de nuevas especies y variedades; pero durante estos períodos habrá generalmente un blanco en los registros geológicos.

 

 

Pero no indica cuándo ha explicado antes que estas circunstancias sean favorables para la formación de nuevas especies. Tampoco ha mencionado un solo ejemplo de ello. Además al decir para la formación de nuevas especies y variedades; viene a establecer una falsa equivalencia entre especie y variedad.

 

 

 

542

One remark is here worth a passing notice. During periods of elevation the area of the land and of the adjoining shoal parts of the sea will be increased and new stations will often be formed—all circumstances favourable, as previously explained, for the formation of new varieties and species; but during such periods there will generally be a blank in the geological record. On the other hand, during subsidence, the inhabited area and number of inhabitants will decrease (excepting on the shores of a continent when first broken up into an archipelago), and consequently during subsidence, though there will be much extinction, few new varieties or species will be formed; and it is during these very periods of subsidence that the deposits which are richest in fossils have been accumulated.

Hay una observación que merece mencionarse de pasada. Durante los períodos de elevación, aumentará la extensión de la tierra y de las partes adyacentes de mar muy poco profundas, y muchas veces se formarán nuevas estaciones, circunstancias todas ellas favorables, como antes se explicó, para la formación de nuevas especies y variedades; pero durante estos períodos habrá generalmente un blanco en los registros geológicos. Por el contrario, durante los movimientos de hundimiento, la superficie habitada y el número de habitantes disminuirán -excepto en las costas de un continente al romperse, formando un archipiélago- y, por consiguiente, durante el hundimiento, aunque habrá muchas extinciones, se formarán pocas variedades y especies nuevas, y precisamente durante estos mismos períodos de depresión es cuando se han acumulado los depósitos que son más ricos en fósiles.

 

 

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Sobre el poder, de Bertrand Russell, y los traductores

 

En 1938, cuando se publicó su libro titulado Sobre el Poder, contaba ya Bertrand Russell (1872-1970) sesenta y seis años.  Había viajado a Rusia entrevistándose con Lenin,  y a China. Aunque algunas críticas y comentarios dicen de este libro que es excelente, por el contrario a mi me parece que está plagado de errores. Indicaré unos pocos:

Hay al final del segundo capítulo un párrafo muy preocupante. Dice:

 

En otros tiempos, los hombres se vendían al diablo para adquirir los poderes mágicos. En nuestros días adquieren ese poder por medio de la ciencia y se ven en la necesidad de convertirse ellos mismos en diablos.

 

Hasta aquí podría pasar por un texto metafórico inspirado la vieja tradición que tiene como punto clave el Fausto de Goethe, pero lo siguiente es peor:

 

No hay esperanza para el mundo mientras el poder no sea domeñado y puesto al servicio, no de este o de aquel grupo de tiranos fanáticos, sino de toda la raza humana, blanca, amarilla y negra, fascista, comunista y demócrata, pues la ciencia ha hecho inevitable que todos vivan o todos mueran.

 

Demasiado énfasis para mi gusto. En esto de domeñar, en aquello de la raza y en esa frase final que no hay quien entienda. ¿Acaso ha hecho la ciencia inevitable que todos vivan o mueran? ¿Se tratará de un error de traducción?…..Pronto veremos que no, de ninguna manera. Los traductores no van nunca en contra del autor establecido sino al contrario…………

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