Archivo de junio, 2014

Geología confusa y anticuada en el párrafo quingentésimo septuagésimo de El Origen de las Especies

Dice el autor:

Por consiguiente, quizá podamos deducir que, durante los períodos paleozoico y secundario, no existieron continentes ni islas continentales donde ahora se extienden los océanos,

 

Y también:

 

Si podemos, pues, deducir algo de estos hechos, tenemos que deducir que, donde ahora se extienden los océanos ha habido océanos desde el período más remoto de que tenemos alguna noticia, y, por el contrario, donde ahora existen continentes han existido grandes extensiones de tierra desde el período cámbrico, sometidas indudablemente a grandes oscilaciones de nivel

 

Evidentemente el autor no consideraba la posibilidad de que los continentes se desplazasen…..Sus nociones de geología están hoy anticuadas. ¿Cuánto habrá que esperar para reconocer lo mismo de sus nociones de historia natural?

 

 

570

Looking to the existing oceans, which are thrice as extensive as the land, we see them studded with many islands; but hardly one truly oceanic island (with the exception of New Zealand, if this can be called a truly oceanic island) is as yet known to afford even a remnant of any palaeozoic or secondary formation. Hence, we may perhaps infer, that during the palaeozoic and secondary periods, neither continents nor continental islands existed where our oceans now extend; for had they existed, palaeozoic and secondary formations would in all probability have been accumulated from sediment derived from their wear and tear; and would have been at least partially upheaved by the oscillations of level, which must have intervened during these enormously long periods. If, then, we may infer anything from these facts, we may infer that, where our oceans now extend, oceans have extended from the remotest period of which we have any record; and on the other hand, that where continents now exist, large tracts of land have existed, subjected, no doubt, to great oscillations of level, since the Cambrian period. The coloured map appended to my volume on Coral Reefs, led me to conclude that the great oceans are still mainly areas of subsidence, the great archipelagoes still areas of oscillations of level, and the continents areas of elevation. But we have no reason to assume that things have thus remained from the beginning of the world. Our continents seem to have been formed by a preponderance, during many oscillations of level, of the force of elevation. But may not the areas of preponderant movement have changed in the lapse of ages? At a period long antecedent to the Cambrian epoch, continents may have existed where oceans are now spread out, and clear and open oceans may have existed where our continents now stand. Nor should we be justified in assuming that if, for instance, the bed of the Pacific Ocean were now converted into a continent we should there find sedimentary formations, in recognisable condition, older than the Cambrian strata, supposing such to have been formerly deposited; for it might well happen that strata which had subsided some miles nearer to the centre of the earth, and which had been pressed on by an enormous weight of superincumbent water, might have undergone far more metamorphic action than strata which have always remained nearer to the surface. The immense areas in some parts of the world, for instance in South America, of naked metamorphic rocks, which must have been heated under great pressure, have always seemed to me to require some special explanation; and we may perhaps believe that we see in these large areas the many formations long anterior to the Cambrian epoch in a completely metamorphosed and denuded condition.

 

Considerando los océanos existentes, que son tres veces mayores que la tierra, los vemos salpicados de muchas islas; pero apenas se sabe, hasta ahora, de ninguna isla verdaderamente oceánica -excepto Nueva Zelanda, si es que ésta puede llamarse verdaderamente así- que aporte ni siquiera un resto de alguna formación paleozoica o secundaria. Por consiguiente, quizá podamos deducir que, durante los períodos paleozoico y secundario, no existieron continentes ni islas continentales donde ahora se extienden los océanos, pues, si hubieran existido, se hubiesen acumulado, según toda probabilidad, formaciones paleozoicas y secundarias formadas de sedimentos derivados de su desgaste y destrucción, y éstos, por lo menos en parte, se hubiesen levantado en las oscilaciones de nivel que tienen que haber ocurrido durante estos períodos enormemente largos. Si podemos, pues, deducir algo de estos hechos, tenemos que deducir que, donde ahora se extienden los océanos ha habido océanos desde el período más remoto de que tenemos alguna noticia, y, por el contrario, donde ahora existen continentes han existido grandes extensiones de tierra desde el período cámbrico, sometidas indudablemente a grandes oscilaciones de nivel. El mapa en colores unido a mi libro sobre los Arrecifes de Corales me llevó a la conclusión de que, en general, los grandes océanos son todavía áreas de hundimiento, y los grandes archipiélagos, áreas de oscilación de nivel, y los continentes, áreas de elevación; pero no tenemos razón alguna para suponer que las cosas hayan sido así desde el principio del mundo. Nuestros continentes parecen haberse formado por la preponderancia de una fuerza de elevación, durante muchas oscilaciones de nivel; pero, ¿no pueden, en el transcurso de edades, haber cambiado las áreas de mayor movimiento? En un período muy anterior a la época cámbrica pueden haber existido continentes donde ahora se extienden los océanos, y claros océanos sin límites donde ahora están nuestros continentes. Tampoco estaría justificado el admitir que si, por ejemplo, el lecho del Océano Pacífico se convirtiese ahora en un continente, tendríamos que encontrar allí formaciones sedimentarias, en estado reconocible, más antiguas que los estratos cámbricos, suponiendo que tales formaciones se hubiesen depositado allí en otro tiempo; pues pudiera ocurrir muy bien que estratos que hubiesen quedado algunas millas más cerca del centro de la tierra, y que hubiesen sufrido la presión del enorme peso del agua que los cubre, pudiesen haber sufrido una acción metamórfica mayor que los estratos que han permanecido siempre más cerca de la superficie. Siempre me ha parecido que exigían una explicación especial los inmensos territorios de rocas metamórficas desnudas existentes en algunas partes del mundo, por ejemplo, en América del Sur, que tienen que haber estado calentadas a gran presión, y quizá podamos pensar que en estos grandes territorios contemplamos las numerosas formaciones muy anteriores a la época cámbrica, en estado de completa denudación y metamorfosis.

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Agassiz en el párrafo quingentésimo sexagésimo noveno de El Origen de las Especies

El caso tiene que quedar por ahora sin explicación…

 

Comienza así este párrafo, como si el fárrago que se nos ha presentado en los párrafos anteriores pudiese deducirse caso alguno. Las preguntas quedan sin responder porque no se han planteado adecuadamente.

 

 

569

The case at present must remain inexplicable; and may be truly urged as a valid argument against the views here entertained. To show that it may hereafter receive some explanation, I will give the following hypothesis. From the nature of the organic remains which do not appear to have inhabited profound depths, in the several formations of Europe and of the United States; and from the amount of sediment, miles in thickness, of which the formations are composed, we may infer that from first to last large islands or tracts of land, whence the sediment was derived, occurred in the neighbourhood of the now existing continents of Europe and North America. This same view has since been maintained by Agassiz and others. But we do not know what was the state of things in the intervals between the several successive formations; whether Europe and the United States during these intervals existed as dry land, or as a submarine surface near land, on which sediment was not deposited, or as the bed of an open and unfathomable sea.

 

El caso tiene que quedar por ahora sin explicación, y puede presentarse realmente como un argumento válido contra las opiniones que aquí se sostienen. A fin de mostrar que más adelante puede recibir alguna explicación, citaré las siguientes hipótesis. Por la naturaleza de los restos orgánicos, que no parecen haber vivido a grandes profundidades en las diferentes formaciones de Europa y los Estados Unidos, y por la cantidad de sedimentos -millas de grueso- de que las formaciones están compuestas, podemos deducir que, desde el principio hasta el fin, hubo, en la proximidad de los continentes de Europa y América del Norte hoy existentes, grandes islas o extensiones de tierra. Esta misma opinión ha sido antes sostenida por Agassiz y otros autores; pero no sabemos cuál fue el estado de cosas en los intervalos entre las diferentes formaciones sucesivas, ni si Europa y los Estados Unidos existieron durante estos intervalos, como tierras emergidas, o como extensiones submarinas próximas a la tierra, sobre las cuales no se depositaron sedimentos, o como fondo de un mar abierto e insondable.

 

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Pregunta sin respuesta en el párrafo quingentésimo sexagésimo octavo de El Origen de las Especies

Empieza el párrafo de manera harto curiosa:

 

A la pregunta de por qué no encontramos ricos depósitos fosilíferos correspondientes a estos supuestos períodos antiquísimos anteriores al sistema cámbrico, no puedo dar respuesta alguna satisfactoria.

 

Frase que leída entre líneas significa:

 

Vengo dando respuestas satisfactorias a multitud de preguntas difíciles. Disculparán ustedes que en este caso particular me abstenga.

 

Y sin embargo, ahí sigue la explicación……

 

 

 

 

568

To the question why we do not find rich fossiliferous deposits belonging to these assumed earliest periods prior to the Cambrian system, I can give no satisfactory answer. Several eminent geologists, with Sir R. Murchison at their head, were until recently convinced that we beheld in the organic remains of the lowest Silurian stratum the first dawn of life. Other highly competent judges, as Lyell and E. Forbes, have disputed this conclusion. We should not forget that only a small portion of the world is known with accuracy. Not very long ago M. Barrande added another and lower stage, abounding with new and peculiar species, beneath the then known Silurian system; and now, still lower down in the Lower Cambrian formation, Mr Hicks has found South Wales beds rich in trilobites, and containing various molluscs and annelids. The presence of phosphatic nodules and bituminous matter, even in some of the lowest azotic rocks, probably indicates life at these periods; and the existence of the Eozoon in the Laurentian formation of Canada is generally admitted. There are three great series of strata beneath the Silurian system in Canada, in the lowest of which the Eozoon is found. Sir W. Logan states that their “united thickness may possibly far surpass that of all the succeeding rocks, from the base of the palaeozoic series to the present time. We are thus carried back to a period so remote, that the appearance of the so-called primordial fauna (of Barrande) may by some be considered as a comparatively modern event.” The Eozoon belongs to the most lowly organised of all classes of animals, but is highly organised for its class; it existed in countless numbers, and, as Dr. Dawson has remarked, certainly preyed on other minute organic beings, which must have lived in great numbers. Thus the words, which I wrote in 1859, about the existence of living beings long before the Cambrian period, and which are almost the same with those since used by Sir W. Logan, have proved true. Nevertheless, the difficulty of assigning any good reason for the absence of vast piles of strata rich in fossils beneath the Cambrian system is very great. It does not seem probable that the most ancient beds have been quite worn away by denudation, or that their fossils have been wholly obliterated by metamorphic action, for if this had been the case we should have found only small remnants of the formations next succeeding them in age, and these would always have existed in a partially metamorphosed condition. But the descriptions which we possess of the Silurian deposits over immense territories in Russia and in North America, do not support the view that the older a formation is the more invariably it has suffered extreme denudation and metamorphism.

 

A la pregunta de por qué no encontramos ricos depósitos fosilíferos correspondientes a estos supuestos períodos antiquísimos anteriores al sistema cámbrico, no pudo dar respuesta alguna satisfactoria. Varios geólogos eminentes, con sir R. Murchison a la cabeza, estaban convencidos, hasta hace poco, de que en los restos orgánicos del estrato silúrico inferior contemplábamos la primera aurora de la vida. Otras autoridades competentisimas, como Lyell y E. Forbes, han impugnado esta conclusión. No hemos de olvidar que sólo una pequeña parte de la tierra está conocida con exactitud. No hace mucho tiempo que monsieur Barrande añadió, debajo del sistema silúrico entonces conocido, otro piso inferior abundante en especies nuevas y peculiares; y ahora, todavía más abajo, en la formación cámbrica inferior, mister Hicks ha encontrado en el sur de Gales capas que son ricas en trilobites y que contienen diferentes moluscos y anélidos. La presencia de nódulos fosfáticos y de materias bituminosas, incluso en algunas de las rocas azoicas inferiores, son probablemente indicios de vida en estos períodos, y se admite generalmente la existencia del Eozoon en la formación laurentina del Canadá. Existen en el Canadá tres grandes series de estratos por debajo del sistema silúrico, y en la inferior de ellas se encuentra el Eozoon. Sir W. Logan afirma que «su grueso, reunidos, puede quizá exceder mucho del de todas las rocas siguientes, desde la base de la serie paleozoica hasta la actualidad. De este modo nos vemos transportados a un período tan remoto, que la aparición de la llamada fauna primordial (de Barrande) puede ser considerada por algunos como un acontecimiento relativamente moderno». De todas las clases de animales, el Eozoon pertenece a la organización inferior; pero, dentro de su clase, es de organización elevada, existe en cantidad innumerable, y, como ha hecho observar el doctor Dawson, seguramente se alimentaba de otros pequeños seres orgánicos, que tuvieron que haber vivido en gran número. Así, las palabras que escribí en 1859, acerca de la existencia de seres orgánicos mucho antes del período cámbrico, y que son casi las mismas que empleó después sir W. Logan, han resultado ciertas. Sin embargo, es grandísima la dificultad para señalar alguna razón buena para explicar la ausencia de grandes cúmulos de estratos, ricos en fósiles, por debajo del sistema cámbrico. No parece probable que las capas más antiguas hayan sido desgastadas por completo por denudación, ni que sus fósiles hayan quedado totalmente borrados por la acción metamórfica, pues si así hubiese ocurrido, habríamos encontrado sólo pequeños residuos de las formaciones siguientes en edad, y éstas se habrían presentado siempre en un estado de metamorfosis parcial. Pero las descripciones que poseemos de los depósitos silúricos, que ocupan inmensos territorios en Rusia y América del Norte, no apoyan la opinión de que invariablemente, cuanto más vieja es una formación, tanto más haya sufrido extrema denudación y metamorfosis.

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Si la teoría es verdadera en el párrafo quingentésimo sexagésimo séptimo de El Origen de las Especies

Si la teoría es verdadera, comienza este párrafo. En ese hipotético caso, no sería una teoría. A las teorías no debe pedirse que sean verdaderas, sino que sean útiles, que muestren relaciones nuevas entre los objetos.

Introduce aquí el autor un problema que todavía hoy da vueltas y al que llama ahora una “formidable objeción”. El problema viene a ser: Si los seres vivos se originan por un cambio gradual del cual desconocemos absolutamente todo, y al cual burdamente estamos dispuestos a atribuir al azar,  entonces no  ha habido tiempo para que tal cambio ocurra. Mejor haga usted una propuesta científica y déjese de metafísica, sería una respuesta prudente a estas disquisiciones.

Interesante la escala temporal propuesta:

 

Sir W. Thompson llega a la conclusión de que la consolidación de la corteza difícilmente pudo haber ocurrido hace menos de veinte millones de años ni más de cuatrocientos, y que probablemente ocurrió no hace menos de noventa y ocho ni más de doscientos. Estos límites amplísimos demuestran lo dudosos que son los datos, y, en lo futuro, otros elementos pueden tener que ser introducidos en el problema.

 

 

567

Consequently, if the theory be true, it is indisputable that before the lowest Cambrian stratum was deposited long periods elapsed, as long as, or probably far longer than, the whole interval from the Cambrian age to the present day; and that during these vast periods the world swarmed with living creatures. Here we encounter a formidable objection; for it seems doubtful whether the earth, in a fit state for the habitation of living creatures, has lasted long enough. Sir W. Thompson concludes that the consolidation of the crust can hardly have occurred less than twenty or more than four hundred million years ago, but probably not less than ninety-eight or more than two hundred million years. These very wide limits show how doubtful the data are; and other elements may have hereafter to be introduced into the problem. Mr. Croll estimates that about sixty million years have elapsed since the Cambrian period, but this, judging from the small amount of organic change since the commencement of the Glacial epoch, appears a very short time for the many and great mutations of life, which have certainly occurred since the Cambrian formation; and the previous one hundred and forty million years can hardly be considered as sufficient for the development of the varied forms of life which already existed during the Cambrian period. It is, however, probable, as Sir William Thompson insists, that the world at a very early period was subjected to more rapid and violent changes in its physical conditions than those now occurring; and such changes would have tended to induce changes at a corresponding rate in the organisms which then existed.

 

Por consiguiente, si la teoría es verdadera, es indiscutible que, antes de que se depositase el estrato cámbrico inferior, transcurrieron largos períodos, tan largos, o probablemente mayores, que el espacio de tiempo que ha separado la edad cámbrica del día de hoy, y, durante estos vastos períodos, los seres vivientes hormigueaban en el mundo. Nos encontramos aquí con una objeción formidable, pues parece dudoso que la tierra, en estado adecuado para habitarla seres vivientes, haya tenido la duración suficiente. Sir W. Thompson llega a la conclusión de que la consolidación de la corteza difícilmente pudo haber ocurrido hace menos de veinte millones de años ni más de cuatrocientos, y que probablemente ocurrió no hace menos de noventa y ocho ni más de doscientos. Estos límites amplísimos demuestran lo dudosos que son los datos, y, en lo futuro, otros elementos pueden tener que ser introducidos en el problema. Míster Croll calcula que desde el período cámbrico han transcurrido aproximadamente sesenta millones de años; pero esto -juzgado por el pequeño cambio de los seres orgánicos desde el comienzo de la época glacial- parece un tiempo cortísimo para los muchos y grandes cambios orgánicos que han ocurrido ciertamente desde la formación cámbrica, y los ciento cuarenta millones de años anteriores apenas pueden considerarse como suficientes para el desarrollo de las variadas formas orgánicas que existían ya durante el período cámbrico. Es, sin embargo, probable, como afirma sir William Thompson, que el mundo, en un período muy remoto, estuvo sometido a cambios más rápidos y violentos en sus condiciones físicas que los que actualmente ocurren, y estos cambios habrían tendido a producir modificaciones proporcionadas en los organismos que entonces existiesen.

 

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Otra dificultad, y ésta es grave en el párrafo quingentésimo sexagésimo sexto de El Origen de las Especies

 

Otra dificultad, indica ahora el autor, consiste en la súbita aparición de varias especies y grupos del Reino Animal en las rocas fosilíferas.  Ya lo indicó en el párrafo anterior mediante una sabia metáfora:  Es como un náufrago perdido en Australia que a los cinco minutos de haber desembarcado en un punto estéril de este país se pusiera  a discutir sobre el número y distribución geográfica de las producciones. La metáfora es suya.

 

 

 

566

ON THE SUDDEN APPEARANCE OF GROUPS OF ALLIED SPECIES IN THE LOWEST KNOWN FOSSILIFEROUS STRATA.

 

There is another and allied difficulty, which is much more serious. I allude to the manner in which species belonging to several of the main divisions of the animal kingdom suddenly appear in the lowest known fossiliferous rocks. Most of the arguments which have convinced me that all the existing species of the same group are descended from a single progenitor, apply with equal force to the earliest known species. For instance, it cannot be doubted that all the Cambrian and Silurian trilobites are descended from some one crustacean, which must have lived long before the Cambrian age, and which probably differed greatly from any known animal. Some of the most ancient animals, as the Nautilus, Lingula, etc., do not differ much from living species; and it cannot on our theory be supposed, that these old species were the progenitors of all the species belonging to the same groups which have subsequently appeared, for they are not in any degree intermediate in character.

 

Sobre la aparición súbita de grupos de especies afines en los estratos fosilíferos inferiores que se conocen

Se presenta aquí otra dificultad análoga mucho más grave. Me refiero a la manera como las especies pertenecientes a varios de los principales grupos del reino animal aparecen súbitamente en las rocas fosilíferas inferiores que se conocen. La mayor parte de las razones que me han convencido de que todas las especies vivientes del mismo grupo descienden de un solo progenitor se aplican con igual fuerza a las especies más antiguas conocidas. Por ejemplo: es indudable que todos los trilobites cámbricos y silúricos descienden de algún crustáceo, que tuvo que haber vivido mucho antes de la edad cámbrica, y que probablemente defirió mucho de todos los animales conocidos. Algunos de los animales más antiguos, como los Nautilus, Lingula, etc., no difieren mucho de especies vivientes, y, según nuestra teoria, no puede suponerse que estas especies antiguas sean las progenitoras de todas las especies pertenecientes a los mismos grupos, que han ido apareciendo luego, pues no tienen caracteres en ningún grado intermedios.

 

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El autor reconoce su temeridad en el párrafo quingentésimo sexagésimo quinto de El Origen de las Especies

Afortunadamente,  el autor reconoce de una vez su temeridad por estar tratando de un tema que desconoce. Desafortunadamente,  lo hace cuando ya lleva más de cuarenta párrafos y está dispuesto a seguir durante otros tantos tratando de ese asunto que ignora.

 

565

 

From these considerations, from our ignorance of the geology of other countries beyond the confines of Europe and the United States, and from the revolution in our palaeontological knowledge effected by the discoveries of the last dozen years, it seems to me to be about as rash to dogmatize on the succession of organic forms throughout the world, as it would be for a naturalist to land for five minutes on a barren point in Australia, and then to discuss the number and range of its productions.

 

Por estas consideraciones, por nuestra ignorancia de la Geología de otros países más allá de los confines de Europa y de los Estados Unidos, y por la revolución que han efectuado en nuestros conocimientos paleontológicos los descubrimientos de los doce años últimos, me parece que casi es tan temerario dogmatizar sobre la sucesión de las formas orgánicas en el mundo como lo sería para un naturalista discutir sobre el número y distribución geográfica de las producciones de Australia cinco minutos después de haber desembarcado en un punto estéril de este país.

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Ayer, hoy, más allá del tiempo

Publicaba ayer en Digital CSIC la recensión del libro titulado  “El laboratorio de Foucault (Descifrar y ordenar)” de Mauricio Jalón (Editorial Anthropos, número 46. CSIC, Madrid 1994) y con ella presentaba también algunos de los comentarios que un evaluador anónimo había hecho de dicha recensión.  Unos los presentaba al principio, estos:

En realidad, el libro indicado es utilizado como pretexto para abordar el tema central de la Nota, la defensa por el autor de la aplicación del estructuralismo a la Biología (en contra del positivismo y del evolucionismo).

En ese punto focaliza como una de las raíces del Estructuralismo a las aportaciones de Cuvier en el ámbito de la Historia Natural. Concretamente, en apoyo de sus tesis describe, con una muy extensa cita, el principio de las correlaciones orgánicas de Cuvier. Este principio, como otros que defendía el naturalista, parte de un a priori metafísico, la adaptación perfecta y la armonía de órganos y funciones del ser vivo, de lo que deriva sus conclusiones….

Comentaba  ya  ayer que eso del a priori metafísico me parece una insensatez. Por el contrario, el principio de las correlaciones orgánicas de Cuvier se deduce de la más elemental observación.

Otros comentarios de éste anónimo evalauador los reservaba para el final, como premio al valeroso lector que hubiese leído toda la recensión. Eran estos:

En todo caso, la afirmación de que Cuvier es “fundador del Estructuralismo”, con un siglo de antelación, es inaceptable o exige una demostración adecuada (en un artículo), no meras afirmaciones o generalidades (estructuralista es “quien descubre estructuras y relaciones entre sus partes”). El planteamiento del autor es ahistórico, parece concebir el movimiento de las ideas, el desarrollo de nuevas propuestas, de una forma abstracta, al margen del tiempo y de la sociedad, de circunstancias concretas que hay que explicar.

Por todo ello se desaconseja la publicación de la nota.

Y son estos los que voy a comentar hoy. No me refiero a eso de que Cuvier sea o no sea “fundador del Estructuralismo”, que es algo que el tiempo juzgará, siempre con el debido permiso de la autoridad competente; sino a esta otra sentencia final, algo confusa,  que dice:

El planteamiento del autor es ahistórico, parece concebir el movimiento de las ideas, el desarrollo de nuevas propuestas, de una forma abstracta, al margen del tiempo y de la sociedad, de circunstancias concretas que hay que explicar.

Y sí, anónimo evaluador, aunque usted y yo estemos de acuerdo en algunas cosas, en otras discrepamos. No tanto en que mi planteamiento sea a-histórico, que no lo es, como en la naturaleza de las ideas. Las ideas solamente pueden concebirse de manera abstracta. Una botella o un árbol puedo tocarlos, medirlos o pesarlos y esto los convierte en objetos concretos. En el límite puedo decir mi botella (e incluso hasta puedo decir mi árbol). Con las ideas es distinto. No es que yo las conciba como abstractas. Es que las ideas son abstractas. No es que yo las conciba arbitrariamente al margen del tiempo y de la sociedad, es que pueden estarlo.

Como indicaba ayer y he indicado en más ocasiones, el darwinismo ha generado mucha confusión. La introducción en el panorama científico de una entidad ambigua y fantasmagórica como la selección natural (contraditio in adyecto, flatus vocis, fantasma semántico, oxímoron basado en una metonimia) ha provocado un mar de confusiones. No he sido yo el primero en detectarlo. Richard Lewontin, profesor de la cátedra Alexander Agassiz en Harvard, en su libro “The Genetic Basis of Evolutionary Change” (1974) explicaba:

Durante muchos años la genética de poblaciones constituyó una teoría poderosa e inmensamente rica sin virtualmente hechos satisfactorios sobre los que trabajar. Fue como una compleja y exquisita máquina diseñada para elaborar una materia prima que nadie había explotado con éxito. Ocasionalmente, algún prospector desusadamente listo o afortunado se encontró con un afloramiento natural de mena de alta graduación, y parte de la maquinaria se puso en marcha para demostrar a sus fiadores que realmente funcionaba. Pero la mayor parte de dicha maquinaria se dejó en manos de los ingenieros, siempre arreglándola, siempre mejorándola, anticipándose al día en que sería llamada a funcionar a pleno rendimiento.

De improviso, la situación cambió. La veta principal fue barrenada y una profusión de hechos fueron vertidos sobre los cubos de esta máquina teórica. Sin embargo, de la máquina no ha salido nada. No es que la máquina no funcione, pues para una gran cantidad de ruidos de engranajes es claramente audible, si no son amortiguados, pero de alguna forma no puede transformar en productos acabados la gran cantidad de materias primas con que ha sido provista. Toda la relación entre teoría y hechos necesita una reconsideración.

Durante muchos años…… Durante muchos años, concretamente desde Darwin, los principales teóricos del estudio de la evolución, entre los que se encuentra Dobzhansky, a quien Lewontin ha dedicado su libro, son incapaces de distinguir entre teoría y hecho, entre lo abstracto y lo concreto. Durante muchos años, desde que se impuso el fantasma semántico, ha reinado la oscuridad y la confusión. No en vano los versos de Dante abren la citada obra de Lewontin:

 

Nel mezzo del cammin di nostra vita

Mi ritrovai per una selva oscura

Che la diritta via era smarrita.

Ahí quanto a dir qual era è cosa dura

Questa selva selvaggia ed aspra e forte,

Che nel pensier rinnova la paura.

 

¿Querrá más evidencia mi anónimo evaluador de que las ideas están fuera del tiempo?

 

En cuanto al final del párrafo, eso que dice:

 parece concebir el movimiento de las ideas, el desarrollo de nuevas propuestas, de una forma abstracta, al margen del tiempo y de la sociedad, de circunstancias concretas que hay que explicar.

no lo entiendo, a no ser que interprete que su autor se ha perdido: Ibant obscuri sola sub nocte per umbram

 

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Súbita aparición de los teleósteos y tamaña contradicción en el párrafo quingentésimo sexagésimo cuarto de El Origen de las Especies

Ayúdenme, si tienen a bien,  a resolver esta contradicción:

 

El caso de aparición aparentemente brusca de un grupo entero de especies, sobre el que con más frecuencia insisten los paleontólogos, es el de los peces teleósteos en la base, según Agassiz, del período cretácico….

pero ahora se admite generalmente que ciertas formas jurásicas y triásicas son teleósteos, y hasta algunas formas paleozoicas han sido clasificadas como tales por una gran autoridad…

 

 

¿En qué quedamos? ¿Quién esa autoridad?

 

 

 

564

The case most frequently insisted on by palaeontologists of the apparently sudden appearance of a whole group of species, is that of the teleostean fishes, low down, according to Agassiz, in the Chalk period. This group includes the large majority of existing species. But certain Jurassic and Triassic forms are now commonly admitted to be teleostean; and even some palaeozoic forms have thus been classed by one high authority. If the teleosteans had really appeared suddenly in the northern hemisphere at the commencement of the chalk formation, the fact would have been highly remarkable; but it would not have formed an insuperable difficulty, unless it could likewise have been shown that at the same period the species were suddenly and simultaneously developed in other quarters of the world. It is almost superfluous to remark that hardly any fossil-fish are known from south of the equator; and by running through Pictet’s Palaeontology it will be seen that very few species are known from several formations in Europe. Some few families of fish now have a confined range; the teleostean fishes might formerly have had a similarly confined range, and after having been largely developed in some one sea, have spread widely. Nor have we any right to suppose that the seas of the world have always been so freely open from south to north as they are at present. Even at this day, if the Malay Archipelago were converted into land, the tropical parts of the Indian Ocean would form a large and perfectly enclosed basin, in which any great group of marine animals might be multiplied; and here they would remain confined, until some of the species became adapted to a cooler climate, and were enabled to double the southern capes of Africa or Australia, and thus reach other and distant seas.

 

El caso de aparición aparentemente brusca de un grupo entero de especies, sobre el que con más frecuencia insisten los paleontólogos, es el de los peces teleósteos en la base, según Agassiz, del período cretácico. Este grupo comprende la gran mayoría de las especies actuales; pero ahora se admite generalmente que ciertas formas jurásicas y triásicas son teleósteos, y hasta algunas formas paleozoicas han sido clasificadas como tales por una gran autoridad. Si los teleósteos hubieran aparecido realmente de pronto en el hemisferio norte, en el comienzo de la formación cretácica, el hecho hubiese sido notabilísimo, pero no hubiera constituido una dificultad insuperable, a menos que se pudiese demostrar también que, en el mismo período, las especies se desarrollaron súbita y simultáneamente en otras partes del mundo. Es casi superfluo hacer observar que apenas se conoce ningún pez fósil de países situados al sur del ecuador, y, recorriendo la Paleontología de Pictet, se verá que de varias formaciones de Europa se conocen poquísimas especies. Algunas familias de peces tienen actualmente una distribucíón geográfica limitada; los peces teleósteos pudieron haber tenido antiguamente una distribución igualmente limitada y haberse extendido ampliamente después de haberse desarrollado mucho en algún mar. Tampoco tenemos derecho alguno a suponer que los mares del mundo hayan estado siempre tan abiertos desde el Norte hasta el Sur como lo están ahora. Aun actualmente, si el Archipielago Malayo se convirtiese en tierra firme, las partes tropicales del Océano Índico formarían un mar perfectamente cerrado, en el cual podría multiplicarse cualquier grupo importante de animales marinos, y permaneciendo allí confinados hasta que algunas de las especies llegasen a adaptarse a clima más frío y pudiesen doblar los cabos del sur de África y de Australia, y de este modo llegar a otros mares distantes.

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El estructuralismo en Biología: Curiosos motivos para rechazar el comentario de un libro

Hace un año escribí el comentario del libro “El laboratorio de Foucault (Descifrar y ordenar)” de Mauricio Jalón (Editorial Anthropos, número 46. CSIC, Madrid 1994) enviándolo para su publicación  a Llull, Revista de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, en donde fue rechazado y después a Asclepio, Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia, en donde fue asimismo, rechazado.

Uno de los motivos aducidos por estas revistas para rechazar el comentario,  era que se refería a un libro ya antiguo (el libro es de 1994) y que, por lo general, en dichas revistas se publican comentarios de libros recientes, como si la historia de la ciencia fuese el ouroboros, la serpiente autofágica que va desapareciendo a medida que genera nuevos contenidos . Pero además, entre los comentarios recibidos se encontraban los siguientes párrafos:

 

En realidad, el libro indicado es utilizado como pretexto para abordar el tema central de la Nota, la defensa por el autor de la aplicación del estructuralismo a la Biología (en contra del positivismo y del evolucionismo).

En ese punto focaliza como una de las raíces del Estructuralismo a las aportaciones de Cuvier en el ámbito de la Historia Natural. Concretamente, en apoyo de sus tesis describe, con una muy extensa cita, el principio de las correlaciones orgánicas de Cuvier. Este principio, como otros que defendía el naturalista, parte de un a priori metafísico,  la adaptación perfecta y la armonía de órganos y funciones del ser vivo, de lo que deriva sus conclusiones.

Efectivamente, tiene razón el anónimo evaluador. Confieso haber usado el libro como pretexto para defender la aplicación del estructuralismo a la Biología (en contra del positivismo y del evolucionismo). Considero esto una gran necesidad en el momento presente.  El evolucionismo, y más concretamente el darwinismo, se ha encumbrado a sí mismo como única opción en Biología y esto ha ocasionado un daño de grandes proporciones en esta disciplina. Prueba de ello es el maltrato sistemático a toda opinión o escuela que el darwinismo haya considerado ajena a sus principios.  En particular, es notorio el maltrato a Lamarck, reiteradamente discutido y comprobado en este blog y surge ahora a la vista el maltrato a Cuvier, que aquí se pone de manifiesto y cuyo análisis dará mucho que hablar.

Sigue acertando el  anónimo evaluador cuando dice:

En ese punto focaliza como una de las raíces del Estructuralismo a las aportaciones de Cuvier en el ámbito de la Historia Natural.

Y es que basta con leer algunos párrafos de Cuvier para reconocer en ellos el estructuralismo más puro y original. Es precisamente por eso que utilicé en mi comentario la muy extensa cita, mencionando el principio de las correlaciones orgánicas de Cuvier, que parece haber molestado al evaluador.

Pero si hasta aquí estoy de acuerdo con lo que dice el evaluador anónimo, en lo que sigue sólo veo un gran disparate:

Este principio, como otros que defendía el naturalista, parte de un a priori metafísico,  la adaptación perfecta y la armonía de órganos y funciones del ser vivo, de lo que deriva sus conclusiones.

A nadie le puede parecer razonable que el principio de las correlaciones de Cuvier parta de un a priori metafísico. Esto es un disparate porque  el principio de las correlaciones de Cuvier parte de la más elemental observación de la naturaleza. Pero el darwinismo, la creencia en la entidad inventada que es la selección natural, ha generado una enorme confusión en la ciencia. Las más elementales observaciones se confunden con metafísica. Del mismo modo, el año pasado el (también anónimo) evaluador del libro “Manual para detectar la impostura Científica: Examen del libro de Darrwin por Flurens” me indicaba:

Edición crítica ideologizada y anecdótica, falta de rigor filosófico, la crítica debería contextualizarse históricamente, carente de bibliografía. 

¿Falta de rigor filosófico?

El darwinismo ha conseguido sembrar la confusión hasta extremos insospechados……

 

El final de los comentarios del evaluador anónimo que rechazó el comentario del libro “El laboratorio de Foucault (Descifrar y ordenar)” de Mauricio Jalón (Editorial Anthropos, número 46. CSIC, Madrid 1994) se encuentra al final de dicho comentario que acabo de publicar en Digital CSIC.

 

Referencias

La biblioteca como laboratorio. Comentario del libro “El laboratorio de Foucault (Descifrar y ordenar)” de Mauricio Jalón. Editorial Anthropos , número 46. CSIC, Madrid 1994.

Manual para detectar la impostura científica: Examen del libro de Darwin por Flourens. Digital CSIC, 2013. 225 páginas.

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Los cirrípedos sésiles y otros acontecimientos inesperados en el párrafo quingentésimo sexagésimo tercero de El Origen de las Especies

El autor tiene una curiosa manera de pensar, sobre la que vienen a caer a plomo los acontecimientos más inesperados . Veamos primero cómo empieza éste párrafo:

 

Puedo citar otro ejemplo, que me ha impresionado mucho, por haber ocurrido ante mis propios ojos.

 

Así dice el autor que no había encontrado cirrípedos fósiles de la era secundaria. Que todos los que encuentra, y son muchos, proceden del terciario. Esto no conviene a sus ideas del gradualismo, puesto que parece así que todos los cirrípedos han aparecido súbitamente en el terciario. Esto es consecuencia de la manera de pensar obtusa, puesto que si hubiese cirrípedos en las era secundaria, esto tampoco diría nada a favor del gradualismo. Pero sigamos leyendo:

 

 

Esto era para mí una penosa contrariedad, pues constituía un ejemplo más de aparición brusca de un grupo grande de especies. Pero, apenas publicada mi obra, un hábil paleontólogo, míster Bosquet, me envió un dibujo de un ejemplar perfecto de un cirrípedo sesil inconfundible, que él mismo había sacado del cretácico de Bélgica; y, como para que el caso resultase lo más llamativo posible, este cirrípedo, era un Chthamalus, género muy común, grande y extendido por todas partes, del que ni una sola especie se ha encontrado hasta ahora, ni siquiera en los estratos terciarios. Todavía más recientemente, un Pyrgoma, que pertenece a una subfamilia diferente de cirrípedos sesiles, ha sido descubierto por míster Woodward en el cretácico superior; de modo que actualmente tenemos pruebas abundantes de la existencia de este grupo de animales durante el período secundario.

 

Pero, ¿qué sabemos hoy de este Chthamalus?

 

Con todo lujo de detalles nos lo explican John W.M Jagt y René-Pierre Carriol, en su artículo titulado The allegedly Late Cretaceous Chthamalus darwini Bosquet, 1857: a junior synonym of extant Chthamalus stellatus (Poli, 1791) (Cirripedia, Balanomorpha, Chthamalidae). En el resumen leemos:

 

The type specimen of the allegedly Late Cretaceous (Maastrichtian) Chthamalus darwini Bosquet, 1857 from the Schneeberg, northwest of Aachen (Germany), is reevaluated and redescribed. Opinions expressed by previous authors, including Bosquet himself (between 1860 and 1863), that this did not actually represent a latest Cretaceous fossil taxon, but an extant species which must have found its way to the Schneeberg as kitchen waste, are corroborated. In fact, we hold it to be conspecific with C. stellatus (Poli, 1791), a widely distributed species on the coasts of the Atlantic and in the English Channel, the North Sea and the Mediterranean. Thus, the genus Chthamalus, and the species C. darwini, can be struck definitively from the list of Late Cretaceous cirripede taxa occurring in the Aachen area. The only sessile cirripedes found here in situ in Upper Cretaceous strata are verrucomorphans (verrucids, proverrucids) and brachylepadomorphs (brachylepadids).

 

 

Y traducimos:

 

 

El espécimen tipo del,  según se dice,  Cretácico Tardío (Maastrichtian) Chthamalus darwini Bosquet, 1857 de Schneeberg, el noroeste de Aquisgrán (Alemania), es reconsiderado y descrito de nuevo. Las opiniones expresadas por autores anteriores, incluyendo Bosquet mismo (entre 1860 y 1863), que esto en realidad no representó un último taxon fósil Cretáceo, sino una especie existente que debe haber encontrado su camino al Schneeberg junto a la basura de la cocina, son corroboradas. De hecho, lo cumplimos con ser con-especifico con C. stellatus (Poli, 1791), una especie extensamente distribuida sobre las costas de Atlántico y enel Canal Inglés, Mar del Norte y Mediterráneo. Así, el género Chthamalus, y la especie C. darwini, puede ser borrado definitivamente de la lista de cirrípedos del Cretáceo Tardío ocurriendo en Aquisgrán. .  Los únicos cirrípedos sésiles encontrado aquí in situ en estratos Cretáceos Superiores son los verrucomorfos (verrucids, proverrucids) y brachylepadomorfos (brachylepadids).

 

 

 

 

 

 

 

 

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I may give another instance, which, from having passed under my own eyes has much struck me. In a memoir on Fossil Sessile Cirripedes, I stated that, from the large number of existing and extinct tertiary species; from the extraordinary abundance of the individuals of many species all over the world, from the Arctic regions to the equator, inhabiting various zones of depths, from the upper tidal limits to fifty fathoms; from the perfect manner in which specimens are preserved in the oldest tertiary beds; from the ease with which even a fragment of a valve can be recognised; from all these circumstances, I inferred that, had sessile cirripedes existed during the secondary periods, they would certainly have been preserved and discovered; and as not one species had then been discovered in beds of this age, I concluded that this great group had been suddenly developed at the commencement of the tertiary series. This was a sore trouble to me, adding, as I then thought, one more instance of the abrupt appearance of a great group of species. But my work had hardly been published, when a skilful palaeontologist, M. Bosquet, sent me a drawing of a perfect specimen of an unmistakable sessile cirripede, which he had himself extracted from the chalk of Belgium. And, as if to make the case as striking as possible, this cirripede was a Chthamalus, a very common, large, and ubiquitous genus, of which not one species has as yet been found even in any tertiary stratum. Still more recently, a Pyrgoma, a member of a distinct subfamily of sessile cirripedes, has been discovered by Mr. Woodward in the upper chalk; so that we now have abundant evidence of the existence of this group of animals during the secondary period.

 

 

Puedo citar otro ejemplo, que me ha impresionado mucho, por haber ocurrido ante mis propios ojos. En una memoria sobre los cirrípedos sésiles fósiles afirmé que, por el gran número de especies vivientes y fósiles terciarlas; por la extraordinaria abundancia de individuos de muchas especies en todo el mundo, desde las regiones árticas hasta el Ecuador, que viven en diferentes zonas de profundidad, desde los límites superiores de las mareas hasta 50 brazas; por el modo perfecto como los ejemplares se conservan en las capas terciarias más antiguas; por la facilidad con que puede ser reconocido hasta un pedazo de una valva; por todas estas circunstancias juntas, sacaba yo la conclusión de que, si los cirrípedos sésiles hubieran existido durante los períodos secundarios, seguramente se hubiesen conservado y hubiesen sido descubiertos; y como no se había encontrado entonces ni una sola especie en capas de esta edad, llegaba a la conclusión de que este gran grupo se había desarrollado súbitamente en el comienzo de la serie terciaria. Esto era para mí una penosa contrariedad, pues constituía un ejemplo más de aparición brusca de un grupo grande de especies. Pero, apenas publicada mi obra, un hábil paleontólogo, míster Bosquet, me envió un dibujo de un ejemplar perfecto de un cirrípedo sesil inconfundible, que él mismo había sacado del cretácico de Bélgica; y, como para que el caso resultase lo más llamativo posible, este cirrípedo, era un Chthamalus, género muy común, grande y extendido por todas partes, del que ni una sola especie se ha encontrado hasta ahora, ni siquiera en los estratos terciarios. Todavía más recientemente, un Pyrgoma, que pertenece a una subfamilia diferente de cirrípedos sesiles, ha sido descubierto por míster Woodward en el cretácico superior; de modo que actualmente tenemos pruebas abundantes de la existencia de este grupo de animales durante el período secundario.

 

Lectura aconsejada:

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