Archivo de junio 18th, 2014

Los objetos fractales según Eugène Delacroix (1798-1863)

 

La naturaleza es singularmente consecuente consigo misma: en Trouville dibujé unos fragmentos de roca a la orilla del mar, con todos sus accidentes proporcionados de manera tal que daban sobre el papel la impresión de un acantilado enorme; sólo faltaba un objeto que pudiera establecer la escala del tamaño. En este mismo instante, estoy escribiendo al lado de un hormiguero que se ha formado al pie de un árbol, a medias sobre pequeños accidentes de terreno y a medias por el trabajo paciente de las hormigas; hay en él taludes, partes dominantes que forman pequeños desfiladeros, por los cuales pasan y vuelven a pasar los habitantes con aire atareado, como si fuesen la población de un país pequeño que la imaginación puede ampliar en un instante. Lo que no es más que una topera, yo lo veo por mi gusto como si fuera una vasta extensión poblada de escarpadas rocas, de cuestas empinadas, gracias al tamaño diminuto de sus habitantes. Un fragmento de carbón, de tierra o de sílex, o una piedra cualquiera, podrá representar en proporción reducida, la forma de rocas inmensas.

 

Observo lo mismo en Dieppe, en las rocas a flor de agua que el mar recubre a cada marea; yo veía en ellas golfos, brazos de mar, picos altivos suspendidos encima de abismos, valles dividiendo con sus sinuosidades toda una comarca que presentaba los mismos accidentes de terreno que vemos a nuestro alrededor. Lo mismo acaece con las olas del mar, divididas en olitas pequeñas, que se subdividen aún más y presentan  los mismos accidentes de luz y el mismo dibujo. Las grandes olas de ciertos mares, las de El Cabo, por ejemplo, de las que se dice que algunas tienen media legua de ancho, se componen de multitud de olas que, en su mayoría, suelen ser tan pequeñas como las que vemos nosotros en el estanque de nuestro jardín.

A menudo observé, al dibujar árboles, que tal rama separada es como un árbol pequeño: bastaría, para verlo así, con que las hojas fueran proporcionadas.

 

Delacroix. Diario. 5 de agosto de 1854.

 

Tomado de Claude Levi-Strauss. Mirar, Escuchar Leer, p 61. Ed Siruela. 1993

Imagen: Delacroix, La roca de Etretat. Tomada de Caminando en círculos.

 

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Por fin ejemplos, pero…..¿ejemplos de qué?, en el párrafo quingentésimo sexagésimo segundo de El Origen de las Especies

Después de haber especulado libremente sobre todo aquello que ha creído conveniente, promete ahora el autor dar ejemplos. Así dice:

 

Citaré ahora algunos ejemplos para aclarar las observaciones precedentes y para demostrar lo expuestos que estamos a error al suponer que grupos enteros de especies se hayan producido súbitamente.

 

O sea que va a dar ejemplos para satisfacer dos motivos:

 

  1. Aclarar las observaciones precedentes
  2. Demostrar lo expuestos que estamos a error al suponer que grupos enteros de especies se hayan producido súbitamente.

 

No indica de dónde ha sacado la segunda suposición. En cuanto a la primera, nos preguntamos cuáles de las observaciones precedentes pretende ahora el autor aclarar. Las posibilidades son múltiples. Así las tres primeras proceden del párrafo anterior (561), las siguientes tres del anterior (560) :

  1. que debió ser preciso un tiempo enorme para adaptar un organismo a algún modo nuevo y peculiar de vida
  2. que las formas de transición con frecuencia quedarían durante mucho tiempo limitadas a una región
  3. que, una vez que esta adaptación se efectuó y algunas especies hubieron adquirido así una gran ventaja sobre otros organismos, sería necesario un espacio de tiempo relativamente corto para producir muchas formas divergentes, que se dispersarían rápidamente por todo el mundo.
  4. La manera brusca como grupos enteros de especies aparecen súbitamente en ciertas formaciones, ha sido presentada por varios paleontólogos.
  5. Que de continuo exageramos la perfección de los registros geológicos, y deducimos erróneamente que, porque ciertos géneros o familias no han sido encontrados por debajo de un piso dado, estos géneros o familias no existieron antes de este piso.
  6. De continuo olvidamos lo grande que es el mundo comparado con la extensión en que han sido cuidadosamente examinadas las formaciones geológicas; olvidamos que pueden haber existido durante mucho tiempo, en un sitio, grupos de especies, y haberse multiplicado lentamente antes de invadir los antiguos archipiélagos de Europa y de los Estados Unidos

 

 

 

 

 

562

I will now give a few examples to illustrate the foregoing remarks, and to show how liable we are to error in supposing that whole groups of species have suddenly been produced. Even in so short an interval as that between the first and second editions of Pictet’s great work on Palaeontology, published in 1844-46 and in 1853-57, the conclusions on the first appearance and disappearance of several groups of animals have been considerably modified; and a third edition would require still further changes. I may recall the well-known fact that in geological treatises, published not many years ago, mammals were always spoken of as having abruptly come in at the commencement of the tertiary series. And now one of the richest known accumulations of fossil mammals belongs to the middle of the secondary series; and true mammals have been discovered in the new red sandstone at nearly the commencement of this great series. Cuvier used to urge that no monkey occurred in any tertiary stratum; but now extinct species have been discovered in India, South America and in Europe, as far back as the miocene stage. Had it not been for the rare accident of the preservation of footsteps in the new red sandstone of the United States, who would have ventured to suppose that no less than at least thirty different bird-like animals, some of gigantic size, existed during that period? Not a fragment of bone has been discovered in these beds. Not long ago, palaeontologists maintained that the whole class of birds came suddenly into existence during the eocene period; but now we know, on the authority of Professor Owen, that a bird certainly lived during the deposition of the upper greensand; and still more recently, that strange bird, the Archeopteryx, with a long lizard-like tail, bearing a pair of feathers on each joint, and with its wings furnished with two free claws, has been discovered in the oolitic slates of Solenhofen. Hardly any recent discovery shows more forcibly than this how little we as yet know of the former inhabitants of the world.

 

Citaré ahora algunos ejemplos para aclarar las observaciones precedentes y para demostrar lo expuestos que estamos a error al suponer que grupos enteros de especies se hayan producido súbitamente. Aun en un intervalo tan corto como el que media entre la primera edición y la segunda de la gran obra de Paleontología de Pictet, publicadas en 1844-46 y en 1853-57, se han modificado mucho las conclusiones sobre la primera aparición y la desaparición de diferentes grupos de animales, y una tercera edición exigiría todavía nuevas modificaciones. Debo recordar el hecho, bien conocido, de que en los tratados de Geología publicados no hace muchos años se hablaba siempre de los mamíferos como habiéndose presentado bruscamente al comienzo de la serie terciaria, y ahora uno de los más ricos yacimientos conocidos de mamíferos fósiles pertenece a la mitad de la serie secundaria, y se han descubierto verdaderos mamíferos en la arenisca roja moderna casi al principio de esta gran serie. Cuvier acostumbraba a hacer la objeción de que en ningún estrato terciario se presentaba ningún mono; pero actualmente se han descubierto especies extinguidas en la India, América del Sur y en Europa, retrocediendo hasta el mioceno. Si no hubiese sido por la rara casualidad de conservarse las pisadas en la arenisca roja moderna de los Estados Unidos, ¿quién se hubiera aventurado a suponer que existieran durante aquel período hasta treinta especies, por lo menos, de animales parecidos a las aves, algunos de tamaño gigantesco? ¡Ni un fragmento de hueso se ha descubierto en estas capas! No hace mucho tiempo, los paleontólogos suponían que la clase entera de las aves había empezado a existir súbitamente durante el período mioceno; pero hoy sabemos, según la autoridad del profesor Owen, que es seguro que durante la sedimentación de la arenisca verde superior vivió un ave, y, todavía más recientemente, ha sido descubierta en las pizarras oolíticas de Solenhofen la extraña ave Archeopteryx, con una larga cola como de saurio, la cual lleva un par de plumas en cada articulación, y con las alas provistas de dos uñas libres. Difícilmente ningún descubrimiento reciente demostrará con más fuerza que éste lo poco que sabemos hasta ahora de los habitantes anteriores del mundo.

 

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