Los objetos fractales según Eugène Delacroix (1798-1863)

 

La naturaleza es singularmente consecuente consigo misma: en Trouville dibujé unos fragmentos de roca a la orilla del mar, con todos sus accidentes proporcionados de manera tal que daban sobre el papel la impresión de un acantilado enorme; sólo faltaba un objeto que pudiera establecer la escala del tamaño. En este mismo instante, estoy escribiendo al lado de un hormiguero que se ha formado al pie de un árbol, a medias sobre pequeños accidentes de terreno y a medias por el trabajo paciente de las hormigas; hay en él taludes, partes dominantes que forman pequeños desfiladeros, por los cuales pasan y vuelven a pasar los habitantes con aire atareado, como si fuesen la población de un país pequeño que la imaginación puede ampliar en un instante. Lo que no es más que una topera, yo lo veo por mi gusto como si fuera una vasta extensión poblada de escarpadas rocas, de cuestas empinadas, gracias al tamaño diminuto de sus habitantes. Un fragmento de carbón, de tierra o de sílex, o una piedra cualquiera, podrá representar en proporción reducida, la forma de rocas inmensas.

 

Observo lo mismo en Dieppe, en las rocas a flor de agua que el mar recubre a cada marea; yo veía en ellas golfos, brazos de mar, picos altivos suspendidos encima de abismos, valles dividiendo con sus sinuosidades toda una comarca que presentaba los mismos accidentes de terreno que vemos a nuestro alrededor. Lo mismo acaece con las olas del mar, divididas en olitas pequeñas, que se subdividen aún más y presentan  los mismos accidentes de luz y el mismo dibujo. Las grandes olas de ciertos mares, las de El Cabo, por ejemplo, de las que se dice que algunas tienen media legua de ancho, se componen de multitud de olas que, en su mayoría, suelen ser tan pequeñas como las que vemos nosotros en el estanque de nuestro jardín.

A menudo observé, al dibujar árboles, que tal rama separada es como un árbol pequeño: bastaría, para verlo así, con que las hojas fueran proporcionadas.

 

Delacroix. Diario. 5 de agosto de 1854.

 

Tomado de Claude Levi-Strauss. Mirar, Escuchar Leer, p 61. Ed Siruela. 1993

Imagen: Delacroix, La roca de Etretat. Tomada de Caminando en círculos.

 

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