Archivo de junio 19th, 2014

El estructuralismo en Biología: Curiosos motivos para rechazar el comentario de un libro

Hace un año escribí el comentario del libro “El laboratorio de Foucault (Descifrar y ordenar)” de Mauricio Jalón (Editorial Anthropos, número 46. CSIC, Madrid 1994) enviándolo para su publicación  a Llull, Revista de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, en donde fue rechazado y después a Asclepio, Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia, en donde fue asimismo, rechazado.

Uno de los motivos aducidos por estas revistas para rechazar el comentario,  era que se refería a un libro ya antiguo (el libro es de 1994) y que, por lo general, en dichas revistas se publican comentarios de libros recientes, como si la historia de la ciencia fuese el ouroboros, la serpiente autofágica que va desapareciendo a medida que genera nuevos contenidos . Pero además, entre los comentarios recibidos se encontraban los siguientes párrafos:

 

En realidad, el libro indicado es utilizado como pretexto para abordar el tema central de la Nota, la defensa por el autor de la aplicación del estructuralismo a la Biología (en contra del positivismo y del evolucionismo).

En ese punto focaliza como una de las raíces del Estructuralismo a las aportaciones de Cuvier en el ámbito de la Historia Natural. Concretamente, en apoyo de sus tesis describe, con una muy extensa cita, el principio de las correlaciones orgánicas de Cuvier. Este principio, como otros que defendía el naturalista, parte de un a priori metafísico,  la adaptación perfecta y la armonía de órganos y funciones del ser vivo, de lo que deriva sus conclusiones.

Efectivamente, tiene razón el anónimo evaluador. Confieso haber usado el libro como pretexto para defender la aplicación del estructuralismo a la Biología (en contra del positivismo y del evolucionismo). Considero esto una gran necesidad en el momento presente.  El evolucionismo, y más concretamente el darwinismo, se ha encumbrado a sí mismo como única opción en Biología y esto ha ocasionado un daño de grandes proporciones en esta disciplina. Prueba de ello es el maltrato sistemático a toda opinión o escuela que el darwinismo haya considerado ajena a sus principios.  En particular, es notorio el maltrato a Lamarck, reiteradamente discutido y comprobado en este blog y surge ahora a la vista el maltrato a Cuvier, que aquí se pone de manifiesto y cuyo análisis dará mucho que hablar.

Sigue acertando el  anónimo evaluador cuando dice:

En ese punto focaliza como una de las raíces del Estructuralismo a las aportaciones de Cuvier en el ámbito de la Historia Natural.

Y es que basta con leer algunos párrafos de Cuvier para reconocer en ellos el estructuralismo más puro y original. Es precisamente por eso que utilicé en mi comentario la muy extensa cita, mencionando el principio de las correlaciones orgánicas de Cuvier, que parece haber molestado al evaluador.

Pero si hasta aquí estoy de acuerdo con lo que dice el evaluador anónimo, en lo que sigue sólo veo un gran disparate:

Este principio, como otros que defendía el naturalista, parte de un a priori metafísico,  la adaptación perfecta y la armonía de órganos y funciones del ser vivo, de lo que deriva sus conclusiones.

A nadie le puede parecer razonable que el principio de las correlaciones de Cuvier parta de un a priori metafísico. Esto es un disparate porque  el principio de las correlaciones de Cuvier parte de la más elemental observación de la naturaleza. Pero el darwinismo, la creencia en la entidad inventada que es la selección natural, ha generado una enorme confusión en la ciencia. Las más elementales observaciones se confunden con metafísica. Del mismo modo, el año pasado el (también anónimo) evaluador del libro “Manual para detectar la impostura Científica: Examen del libro de Darrwin por Flurens” me indicaba:

Edición crítica ideologizada y anecdótica, falta de rigor filosófico, la crítica debería contextualizarse históricamente, carente de bibliografía. 

¿Falta de rigor filosófico?

El darwinismo ha conseguido sembrar la confusión hasta extremos insospechados……

 

El final de los comentarios del evaluador anónimo que rechazó el comentario del libro “El laboratorio de Foucault (Descifrar y ordenar)” de Mauricio Jalón (Editorial Anthropos, número 46. CSIC, Madrid 1994) se encuentra al final de dicho comentario que acabo de publicar en Digital CSIC.

 

Referencias

La biblioteca como laboratorio. Comentario del libro “El laboratorio de Foucault (Descifrar y ordenar)” de Mauricio Jalón. Editorial Anthropos , número 46. CSIC, Madrid 1994.

Manual para detectar la impostura científica: Examen del libro de Darwin por Flourens. Digital CSIC, 2013. 225 páginas.

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Los cirrípedos sésiles y otros acontecimientos inesperados en el párrafo quingentésimo sexagésimo tercero de El Origen de las Especies

El autor tiene una curiosa manera de pensar, sobre la que vienen a caer a plomo los acontecimientos más inesperados . Veamos primero cómo empieza éste párrafo:

 

Puedo citar otro ejemplo, que me ha impresionado mucho, por haber ocurrido ante mis propios ojos.

 

Así dice el autor que no había encontrado cirrípedos fósiles de la era secundaria. Que todos los que encuentra, y son muchos, proceden del terciario. Esto no conviene a sus ideas del gradualismo, puesto que parece así que todos los cirrípedos han aparecido súbitamente en el terciario. Esto es consecuencia de la manera de pensar obtusa, puesto que si hubiese cirrípedos en las era secundaria, esto tampoco diría nada a favor del gradualismo. Pero sigamos leyendo:

 

 

Esto era para mí una penosa contrariedad, pues constituía un ejemplo más de aparición brusca de un grupo grande de especies. Pero, apenas publicada mi obra, un hábil paleontólogo, míster Bosquet, me envió un dibujo de un ejemplar perfecto de un cirrípedo sesil inconfundible, que él mismo había sacado del cretácico de Bélgica; y, como para que el caso resultase lo más llamativo posible, este cirrípedo, era un Chthamalus, género muy común, grande y extendido por todas partes, del que ni una sola especie se ha encontrado hasta ahora, ni siquiera en los estratos terciarios. Todavía más recientemente, un Pyrgoma, que pertenece a una subfamilia diferente de cirrípedos sesiles, ha sido descubierto por míster Woodward en el cretácico superior; de modo que actualmente tenemos pruebas abundantes de la existencia de este grupo de animales durante el período secundario.

 

Pero, ¿qué sabemos hoy de este Chthamalus?

 

Con todo lujo de detalles nos lo explican John W.M Jagt y René-Pierre Carriol, en su artículo titulado The allegedly Late Cretaceous Chthamalus darwini Bosquet, 1857: a junior synonym of extant Chthamalus stellatus (Poli, 1791) (Cirripedia, Balanomorpha, Chthamalidae). En el resumen leemos:

 

The type specimen of the allegedly Late Cretaceous (Maastrichtian) Chthamalus darwini Bosquet, 1857 from the Schneeberg, northwest of Aachen (Germany), is reevaluated and redescribed. Opinions expressed by previous authors, including Bosquet himself (between 1860 and 1863), that this did not actually represent a latest Cretaceous fossil taxon, but an extant species which must have found its way to the Schneeberg as kitchen waste, are corroborated. In fact, we hold it to be conspecific with C. stellatus (Poli, 1791), a widely distributed species on the coasts of the Atlantic and in the English Channel, the North Sea and the Mediterranean. Thus, the genus Chthamalus, and the species C. darwini, can be struck definitively from the list of Late Cretaceous cirripede taxa occurring in the Aachen area. The only sessile cirripedes found here in situ in Upper Cretaceous strata are verrucomorphans (verrucids, proverrucids) and brachylepadomorphs (brachylepadids).

 

 

Y traducimos:

 

 

El espécimen tipo del,  según se dice,  Cretácico Tardío (Maastrichtian) Chthamalus darwini Bosquet, 1857 de Schneeberg, el noroeste de Aquisgrán (Alemania), es reconsiderado y descrito de nuevo. Las opiniones expresadas por autores anteriores, incluyendo Bosquet mismo (entre 1860 y 1863), que esto en realidad no representó un último taxon fósil Cretáceo, sino una especie existente que debe haber encontrado su camino al Schneeberg junto a la basura de la cocina, son corroboradas. De hecho, lo cumplimos con ser con-especifico con C. stellatus (Poli, 1791), una especie extensamente distribuida sobre las costas de Atlántico y enel Canal Inglés, Mar del Norte y Mediterráneo. Así, el género Chthamalus, y la especie C. darwini, puede ser borrado definitivamente de la lista de cirrípedos del Cretáceo Tardío ocurriendo en Aquisgrán. .  Los únicos cirrípedos sésiles encontrado aquí in situ en estratos Cretáceos Superiores son los verrucomorfos (verrucids, proverrucids) y brachylepadomorfos (brachylepadids).

 

 

 

 

 

 

 

 

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I may give another instance, which, from having passed under my own eyes has much struck me. In a memoir on Fossil Sessile Cirripedes, I stated that, from the large number of existing and extinct tertiary species; from the extraordinary abundance of the individuals of many species all over the world, from the Arctic regions to the equator, inhabiting various zones of depths, from the upper tidal limits to fifty fathoms; from the perfect manner in which specimens are preserved in the oldest tertiary beds; from the ease with which even a fragment of a valve can be recognised; from all these circumstances, I inferred that, had sessile cirripedes existed during the secondary periods, they would certainly have been preserved and discovered; and as not one species had then been discovered in beds of this age, I concluded that this great group had been suddenly developed at the commencement of the tertiary series. This was a sore trouble to me, adding, as I then thought, one more instance of the abrupt appearance of a great group of species. But my work had hardly been published, when a skilful palaeontologist, M. Bosquet, sent me a drawing of a perfect specimen of an unmistakable sessile cirripede, which he had himself extracted from the chalk of Belgium. And, as if to make the case as striking as possible, this cirripede was a Chthamalus, a very common, large, and ubiquitous genus, of which not one species has as yet been found even in any tertiary stratum. Still more recently, a Pyrgoma, a member of a distinct subfamily of sessile cirripedes, has been discovered by Mr. Woodward in the upper chalk; so that we now have abundant evidence of the existence of this group of animals during the secondary period.

 

 

Puedo citar otro ejemplo, que me ha impresionado mucho, por haber ocurrido ante mis propios ojos. En una memoria sobre los cirrípedos sésiles fósiles afirmé que, por el gran número de especies vivientes y fósiles terciarlas; por la extraordinaria abundancia de individuos de muchas especies en todo el mundo, desde las regiones árticas hasta el Ecuador, que viven en diferentes zonas de profundidad, desde los límites superiores de las mareas hasta 50 brazas; por el modo perfecto como los ejemplares se conservan en las capas terciarias más antiguas; por la facilidad con que puede ser reconocido hasta un pedazo de una valva; por todas estas circunstancias juntas, sacaba yo la conclusión de que, si los cirrípedos sésiles hubieran existido durante los períodos secundarios, seguramente se hubiesen conservado y hubiesen sido descubiertos; y como no se había encontrado entonces ni una sola especie en capas de esta edad, llegaba a la conclusión de que este gran grupo se había desarrollado súbitamente en el comienzo de la serie terciaria. Esto era para mí una penosa contrariedad, pues constituía un ejemplo más de aparición brusca de un grupo grande de especies. Pero, apenas publicada mi obra, un hábil paleontólogo, míster Bosquet, me envió un dibujo de un ejemplar perfecto de un cirrípedo sesil inconfundible, que él mismo había sacado del cretácico de Bélgica; y, como para que el caso resultase lo más llamativo posible, este cirrípedo, era un Chthamalus, género muy común, grande y extendido por todas partes, del que ni una sola especie se ha encontrado hasta ahora, ni siquiera en los estratos terciarios. Todavía más recientemente, un Pyrgoma, que pertenece a una subfamilia diferente de cirrípedos sesiles, ha sido descubierto por míster Woodward en el cretácico superior; de modo que actualmente tenemos pruebas abundantes de la existencia de este grupo de animales durante el período secundario.

 

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