Archivo de junio 30th, 2014

Geología confusa y anticuada en el párrafo quingentésimo septuagésimo de El Origen de las Especies

Dice el autor:

Por consiguiente, quizá podamos deducir que, durante los períodos paleozoico y secundario, no existieron continentes ni islas continentales donde ahora se extienden los océanos,

 

Y también:

 

Si podemos, pues, deducir algo de estos hechos, tenemos que deducir que, donde ahora se extienden los océanos ha habido océanos desde el período más remoto de que tenemos alguna noticia, y, por el contrario, donde ahora existen continentes han existido grandes extensiones de tierra desde el período cámbrico, sometidas indudablemente a grandes oscilaciones de nivel

 

Evidentemente el autor no consideraba la posibilidad de que los continentes se desplazasen…..Sus nociones de geología están hoy anticuadas. ¿Cuánto habrá que esperar para reconocer lo mismo de sus nociones de historia natural?

 

 

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Looking to the existing oceans, which are thrice as extensive as the land, we see them studded with many islands; but hardly one truly oceanic island (with the exception of New Zealand, if this can be called a truly oceanic island) is as yet known to afford even a remnant of any palaeozoic or secondary formation. Hence, we may perhaps infer, that during the palaeozoic and secondary periods, neither continents nor continental islands existed where our oceans now extend; for had they existed, palaeozoic and secondary formations would in all probability have been accumulated from sediment derived from their wear and tear; and would have been at least partially upheaved by the oscillations of level, which must have intervened during these enormously long periods. If, then, we may infer anything from these facts, we may infer that, where our oceans now extend, oceans have extended from the remotest period of which we have any record; and on the other hand, that where continents now exist, large tracts of land have existed, subjected, no doubt, to great oscillations of level, since the Cambrian period. The coloured map appended to my volume on Coral Reefs, led me to conclude that the great oceans are still mainly areas of subsidence, the great archipelagoes still areas of oscillations of level, and the continents areas of elevation. But we have no reason to assume that things have thus remained from the beginning of the world. Our continents seem to have been formed by a preponderance, during many oscillations of level, of the force of elevation. But may not the areas of preponderant movement have changed in the lapse of ages? At a period long antecedent to the Cambrian epoch, continents may have existed where oceans are now spread out, and clear and open oceans may have existed where our continents now stand. Nor should we be justified in assuming that if, for instance, the bed of the Pacific Ocean were now converted into a continent we should there find sedimentary formations, in recognisable condition, older than the Cambrian strata, supposing such to have been formerly deposited; for it might well happen that strata which had subsided some miles nearer to the centre of the earth, and which had been pressed on by an enormous weight of superincumbent water, might have undergone far more metamorphic action than strata which have always remained nearer to the surface. The immense areas in some parts of the world, for instance in South America, of naked metamorphic rocks, which must have been heated under great pressure, have always seemed to me to require some special explanation; and we may perhaps believe that we see in these large areas the many formations long anterior to the Cambrian epoch in a completely metamorphosed and denuded condition.

 

Considerando los océanos existentes, que son tres veces mayores que la tierra, los vemos salpicados de muchas islas; pero apenas se sabe, hasta ahora, de ninguna isla verdaderamente oceánica -excepto Nueva Zelanda, si es que ésta puede llamarse verdaderamente así- que aporte ni siquiera un resto de alguna formación paleozoica o secundaria. Por consiguiente, quizá podamos deducir que, durante los períodos paleozoico y secundario, no existieron continentes ni islas continentales donde ahora se extienden los océanos, pues, si hubieran existido, se hubiesen acumulado, según toda probabilidad, formaciones paleozoicas y secundarias formadas de sedimentos derivados de su desgaste y destrucción, y éstos, por lo menos en parte, se hubiesen levantado en las oscilaciones de nivel que tienen que haber ocurrido durante estos períodos enormemente largos. Si podemos, pues, deducir algo de estos hechos, tenemos que deducir que, donde ahora se extienden los océanos ha habido océanos desde el período más remoto de que tenemos alguna noticia, y, por el contrario, donde ahora existen continentes han existido grandes extensiones de tierra desde el período cámbrico, sometidas indudablemente a grandes oscilaciones de nivel. El mapa en colores unido a mi libro sobre los Arrecifes de Corales me llevó a la conclusión de que, en general, los grandes océanos son todavía áreas de hundimiento, y los grandes archipiélagos, áreas de oscilación de nivel, y los continentes, áreas de elevación; pero no tenemos razón alguna para suponer que las cosas hayan sido así desde el principio del mundo. Nuestros continentes parecen haberse formado por la preponderancia de una fuerza de elevación, durante muchas oscilaciones de nivel; pero, ¿no pueden, en el transcurso de edades, haber cambiado las áreas de mayor movimiento? En un período muy anterior a la época cámbrica pueden haber existido continentes donde ahora se extienden los océanos, y claros océanos sin límites donde ahora están nuestros continentes. Tampoco estaría justificado el admitir que si, por ejemplo, el lecho del Océano Pacífico se convirtiese ahora en un continente, tendríamos que encontrar allí formaciones sedimentarias, en estado reconocible, más antiguas que los estratos cámbricos, suponiendo que tales formaciones se hubiesen depositado allí en otro tiempo; pues pudiera ocurrir muy bien que estratos que hubiesen quedado algunas millas más cerca del centro de la tierra, y que hubiesen sufrido la presión del enorme peso del agua que los cubre, pudiesen haber sufrido una acción metamórfica mayor que los estratos que han permanecido siempre más cerca de la superficie. Siempre me ha parecido que exigían una explicación especial los inmensos territorios de rocas metamórficas desnudas existentes en algunas partes del mundo, por ejemplo, en América del Sur, que tienen que haber estado calentadas a gran presión, y quizá podamos pensar que en estos grandes territorios contemplamos las numerosas formaciones muy anteriores a la época cámbrica, en estado de completa denudación y metamorfosis.

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