Vuelta a las aves, como transportadoras de semillas, en el párrafo sexcentésimo cuadragésimo tercero del Origen de las Especies

Ese recurso retórico denominado detallamiento, es decir perderse en detalles cuando uno no tiene nada que decir, es llevado aquí a extremos ejemplares.

 

643

Although the beaks and feet of birds are generally clean, earth sometimes adheres to them: in one case I removed sixty-one grains, and in another case twenty-two grains of dry argillaceous earth from the foot of a partridge, and in the earth there was a pebble as large as the seed of a vetch. Here is a better case: the leg of a woodcock was sent to me by a friend, with a little cake of dry earth attached to the shank, weighing only nine grains; and this contained a seed of the toad-rush (Juncus bufonius) which germinated and flowered. Mr. Swaysland, of Brighton, who during the last forty years has paid close attention to our migratory birds, informs me that he has often shot wagtails (Motacillae), wheatears, and whinchats (Saxicolae), on their first arrival on our shores, before they had alighted; and he has several times noticed little cakes of earth attached to their feet. Many facts could be given showing how generally soil is charged with seeds. For instance, Professor Newton sent me the leg of a red-legged partridge (Caccabis rufa) which had been wounded and could not fly, with a ball of hard earth adhering to it, and weighing six and a half ounces. The earth had been kept for three years, but when broken, watered and placed under a bell glass, no less than eighty-two plants sprung from it: these consisted of twelve monocotyledons, including the common oat, and at least one kind of grass, and of seventy dicotyledons, which consisted, judging from the young leaves, of at least three distinct species. With such facts before us, can we doubt that the many birds which are annually blown by gales across great spaces of ocean, and which annually migrate—for instance, the millions of quails across the Mediterranean—must occasionally transport a few seeds embedded in dirt adhering to their feet or beaks? But I shall have to recur to this subject.

 

Aun cuando el pico y las patas de las aves generalmente están limpios, a veces se les adhiere tierra: en un caso quité de la pata de una perdiz 61 granos de tierra arcillosa seca, y en otro caso, 22 granos, y en la tierra habla una piedrecita del tamaño de una arveja. Un ejemplo mejor: un amigo me envió una pata de chocha con una plastita de tierra seca pegada al tarso que pesaba sólo 9 granos y contenía una semilla de resbalabueyes (Juncus bulonius), que germinó y floreció. Míster Swaysland, de Brighton, que durante los últimos cuarenta años ha prestado gran atención a nuestras aves emigrantes, me informa que, con frecuencia, ha matado aguzanieves (Motacilla) y culiblancos (Saxicola), al momento de llegar a nuestras costas, antes de que se hubiesen posado, y muchas veces ha observado pequeñas plastitas de tierra pegadas a sus pies. Podrían citarse muchos hechos que muestran cuán general es que el suelo esté cargado de semillas. Por ejemplo: el profesor Newton me envió la pata de una perdiz (Caccabis rufa) que había sido herida y no podía volar, con una bola de tierra dura adherida, que pesaba seis onzas y media. La tierra fue conservada durante tres años; pero cuando fue rota, regada y colocada bajo una campana de cristal salieron de ella nada menos que 82 plantas: consistían éstas en 12 monocotiledóneas, entre ellas la avena común, y, por lo menos, otra especie de gramínea, y en 70 dicotiledóneas, que pertenecían, a juzgar por sus hojas jóvenes, a tres especies distintas, por lo menos. Con estos hechos a la vista, ¿podemos dudar de que las muchas aves que anualmente son arrastradas por las tormentas a grandes distancias sobre el océano, y las muchas que anualmente emigran -por ejemplo, los millones de codornices que atraviesan el Mediterráneo-, han de transportar ocasionalmente unas pocas semillas empotradas en el barro que se adhiere a sus patas y picos? Pero tendré que volver sobre este asunto.

Lectura aconsejada:

Related posts:

  1. Las aves, transportadoras de semillas, en el párrafo sexcentésimo cuadragésimo primero del Origen de las Especies
  2. La langosta migratoria, transportadora de semillas, en el párrafo sexcentésimo cuadragésimo segundo del Origen de las Especies
  3. Algunos experimentos con semillas en el párrafo sexcentésimo trigésimo octavo del Origen de las Especies
  4. Vuelta al único gráfico de la obra, ese que está lleno de errores en el párrafo sexcentésimo del Origen de las Especies
  5. Siguen los experimentos con semillas en el sexcentésimo trigésimo noveno párrafo del Origen de las Especies
Etiquetas:

Si te gustó esta entrada anímate a escribir un comentario o suscribirte al feed y obtener los artículos futuros en tu lector de feeds.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

(requerido)

(requerido)


*