Archivo de octubre 13th, 2014

El detallamiento continúa en el párrafo sexcentésimo cuadragésimo quinto del Origen de las Especies

El detallamiento es el relato minucioso y muy prolongado de detalles carentes de interés alguno. Basada en el detallamiento,  la retórica puede alcanzar cotas elevadísimas.

Observen la expresión que abre el párrafo:

 

Considerando que estos diferentes medios de transporte, y otros que indudablemente quedan por descubrir, han estado en actividad, año tras año, durante decenas de miles de años, sería, creo yo, un hecho maravilloso que muchas plantas no hubiesen llegado a ser transportadas muy lejos.

 

Y la siguiente:

Estos medios de transporte son a veces llamados accidentales; pero esto no es rigurosamente correcto: las corrientes marinas no son accidentales, ni tampoco lo es la dirección de los vientos predominantes

 

Y las siguientes……

 

 

 

 

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Considering that these several means of transport, and that other means, which without doubt remain to be discovered, have been in action year after year for tens of thousands of years, it would, I think, be a marvellous fact if many plants had not thus become widely transported. These means of transport are sometimes called accidental, but this is not strictly correct: the currents of the sea are not accidental, nor is the direction of prevalent gales of wind. It should be observed that scarcely any means of transport would carry seeds for very great distances; for seeds do not retain their vitality when exposed for a great length of time to the action of sea water; nor could they be long carried in the crops or intestines of birds. These means, however, would suffice for occasional transport across tracts of sea some hundred miles in breadth, or from island to island, or from a continent to a neighbouring island, but not from one distant continent to another. The floras of distant continents would not by such means become mingled; but would remain as distinct as they now are. The currents, from their course, would never bring seeds from North America to Britain, though they might and do bring seeds from the West Indies to our western shores, where, if not killed by their very long immersion in salt water, they could not endure our climate. Almost every year, one or two land-birds are blown across the whole Atlantic Ocean, from North America to the western shores of Ireland and England; but seeds could be transported by these rare wanderers only by one means, namely, by dirt adhering to their feet or beaks, which is in itself a rare accident. Even in this case, how small would be the chance of a seed falling on favourable soil, and coming to maturity! But it would be a great error to argue that because a well-stocked island, like Great Britain, has not, as far as is known (and it would be very difficult to prove this), received within the last few centuries, through occasional means of transport, immigrants from Europe or any other continent, that a poorly-stocked island, though standing more remote from the mainland, would not receive colonists by similar means. Out of a hundred kinds of seeds or animals transported to an island, even if far less well-stocked than Britain, perhaps not more than one would be so well fitted to its new home, as to become naturalised. But this is no valid argument against what would be effected by occasional means of transport, during the long lapse of geological time, whilst the island was being upheaved, and before it had become fully stocked with inhabitants. On almost bare land, with few or no destructive insects or birds living there, nearly every seed which chanced to arrive, if fitted for the climate, would germinate and survive.

 

 

Considerando que estos diferentes medios de transporte, y otros que indudablemente quedan por descubrir, han estado en actividad, año tras año, durante decenas de miles de años, sería, creo yo, un hecho maravilloso que muchas plantas no hubiesen llegado a ser transportadas muy lejos. Estos medios de transporte son a veces llamados accidentales; pero esto no es rigurosamente correcto: las corrientes marinas no son accidentales, ni tampoco lo es la dirección de los vientos predominantes. Hay que observar que casi ningún medio de transporte puede llevar las semillas a distancias muy grandes, pues las semillas no conservan su vitalidad si están expuestas durante mucho tiempo a la acción del mar, ni pueden tampoco ser llevadas mucho tiempo en el buche o intestinos de las aves. Estos medios, sin embargo, bastarían para el transporte ocasional a través de extensiones de mar de 100 millas de ancho, de isla a isla, o de un continente a una isla vecina; pero no de un continente a otro muy distante. Las floras de continentes muy distantes no hubieron de llegar a mezclarse por estos medios, y hubieron de permanecer tan distintas como lo son actualmente. Las corrientes, por su dirección, nunca hubieron de traer semillas de América del Norte a Inglaterra, aun cuando pudieron traer, y traen, de las Antillas a nuestras costas occidentales semillas que, de no quedar muertas por su larguísima inmersión en el agua salada, no pudieron resistir nuestro clima. Casi todos los años una o dos aves marinas son arrastradas por el viento, a través de todo el océano Atlántico, desde América del Norte a las costas occidentales de Irlanda e Inglaterra; pero las semillas no podrían ser transportadas por estos raros viajeros mas que por un medio: por el barro adherido a sus patas o pico; lo que constituye por si mismo una rara casualidad. Aun en este caso, ¡qué pocas probabilidades habría de que una semilla cayese en un suelo favorable y llegase a completo desarrollo! Pero sería un gran error el alegar que porque una isla bien poblada, como la Gran Bretaña, no ha recibido -hasta donde se sabe, y sería dificilísimo el probarlo- en estos últimos siglos inmigrantes de Europa o de otro continente por estos medios ocasionales de transporte, no tenga que recibir colonos por medios semejantes una isla pobremente poblada, aun estando situada más lejos de tierra firme. De cien clases de semillas o animales transportados a una isla, aunque esté mucho menos poblada que la Gran Bretaña, acaso una nada más estarla lo bastante bien adaptada a su nueva patria para que llegase a naturalizarse. Pero este no es un argumento válido contra lo que realizarían los medios ocasionales de transporte durante el largo lapso de tiempo geológico durante el que la isla se iba levantando y antes de que hubiese sido poblada por completo de habitantes. En tierra casi desnuda, en la que viven insectos y aves poco o no destructores, casi cualquier semilla que tenga la fortuna de llegar ha de germinar y sobrevivir, si es adecuada al clima.

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