Archivo de noviembre 28th, 2014

Quien admita la doctrina de la creación separada para cada especie en el párrafo sexcentésimo septuagésimo noveno del Origen de las Especies

¿Alguien sería tan amable de explicarnos qué es eso de la doctrina de la creación separada para cada especie?

 

Nos gustaría mucho poder echarle un vistazo para saber en qué consiste y si tiene algún fundamento científico, o si el autor de este libro está viendo visiones. En cuanto al resto del párrafo, mejor no hablar.

 

 

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The species of all kinds which inhabit oceanic islands are few in number compared with those on equal continental areas: Alph. de Candolle admits this for plants, and Wollaston for insects. New Zealand, for instance, with its lofty mountains and diversified stations, extending over 780 miles of latitude, together with the outlying islands of Auckland, Campbell and Chatham, contain altogether only 960 kinds of flowering plants; if we compare this moderate number with the species which swarm over equal areas in Southwestern Australia or at the Cape of Good Hope, we must admit that some cause, independently of different physical conditions, has given rise to so great a difference in number. Even the uniform county of Cambridge has 847 plants, and the little island of Anglesea 764, but a few ferns and a few introduced plants are included in these numbers, and the comparison in some other respects is not quite fair. We have evidence that the barren island of Ascension aboriginally possessed less than half-a-dozen flowering plants; yet many species have now become naturalised on it, as they have in New Zealand and on every other oceanic island which can be named. In St. Helena there is reason to believe that the naturalised plants and animals have nearly or quite exterminated many native productions. He who admits the doctrine of the creation of each separate species, will have to admit that a sufficient number of the best adapted plants and animals were not created for oceanic islands; for man has unintentionally stocked them far more fully and perfectly than did nature.

 

Las especies de todas clases que viven en las islas oceánicas son en corto número, comparadas con las que viven en territorios continentales iguales. Alph. de Candolle admite esto para las plantas, y Wollaston para los insectos. Nueva Zelanda, por ejemplo, con sus elevadas montañas y variadas estaciones, ocupando 780 millas de latitud, junto con las islas de Auckland, Campbell y Chatham, contiene, en junto, tan sólo 960 clases de plantas fanerógamas; si comparamos este reducido número con las numerosísimas especies que pueblan extensiones iguales en el sudoeste de Australia o en el Cabo de Buena Esperanza, tenemos que admitir que alguna causa, independientemente de las diferentes condiciones físicas, ha dado origen a una diferencia numérica tan grande. Hasta el uniforme condado de Cambridge tiene 847 plantas, y la pequeña isla de Anglesea tiene 764, si bien en estos números están incluidos algunos helechos y algunas plantas introducidas, y la comparación, por algunos otros conceptos, no es completamente justa. Tenemos pruebas de que la estéril isla de la Ascensión poseía primitivamente menos de media docena de plantas fanerógamas, y, no obstante, muchas especies se han naturalizado actualmente en ella, como lo han hecho en Nueva Zelanda y en cualquier otra isla oceánica que pueda citarse. Hay motivos para creer que en Santa Elena las plantas y animales naturalizados han exterminado del todo, o casi todo, muchas producciones indígenas. Quien admita la doctrina de la creación separada para cada especie, tendrá que admitir que para las islas oceánicas no fue creado un número suficiente de plantas y animales bien adaptados, pues el hombre involuntariamente las ha poblado de modo mucho más completo y perfecto que lo hizo la naturaleza.

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