Archivo de diciembre 1st, 2014

Detallamiento y preterición en el párrafo sexcentésimo octogésimo del Origen de las Especies

La afirmación siguiente pide al menos un ejemplo:

 

las especies que llegan ocasionalmente, tras largos intervalos de tiempo, a un distrito nuevo y aislado, y que tienen que competir con nuevos compañeros, tienen que estar sumamente sujetas a modificación y han de producir con frecuencia grupos descendientes modificados.

 

Porque aunque diga “como ya se explicó”, nunca se ha explicado. Es un caso de Preterición, una de las figuras utilizadas a menudo en esta obra. Empero la figura predominante en este párrafo es otra: El detallamiento. Ese recurso que consiste en hablar mucho cuando uno no tiene nada que decir.

 

 

 

 

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Although in oceanic islands the species are few in number, the proportion of endemic kinds (i.e. those found nowhere else in the world) is often extremely large. If we compare, for instance, the number of endemic land-shells in Madeira, or of endemic birds in the Galapagos Archipelago, with the number found on any continent, and then compare the area of the island with that of the continent, we shall see that this is true. This fact might have been theoretically expected, for, as already explained, species occasionally arriving, after long intervals of time in the new and isolated district, and having to compete with new associates, would be eminently liable to modification, and would often produce groups of modified descendants. But it by no means follows that, because in an island nearly all the species of one class are peculiar, those of another class, or of another section of the same class, are peculiar; and this difference seems to depend partly on the species which are not modified having immigrated in a body, so that their mutual relations have not been much disturbed; and partly on the frequent arrival of unmodified immigrants from the mother-country, with which the insular forms have intercrossed. It should be borne in mind that the offspring of such crosses would certainly gain in vigour; so that even an occasional cross would produce more effect than might have been anticipated. I will give a few illustrations of the foregoing remarks: in the Galapagos Islands there are twenty-six land birds; of these twenty-one (or perhaps twenty-three) are peculiar; whereas of the eleven marine birds only two are peculiar; and it is obvious that marine birds could arrive at these islands much more easily and frequently than land-birds. Bermuda, on the other hand, which lies at about the same distance from North America as the Galapagos Islands do from South America, and which has a very peculiar soil, does not possess a single endemic land bird; and we know from Mr. J.M. Jones’s admirable account of Bermuda, that very many North American birds occasionally or even frequently visit this island. Almost every year, as I am informed by Mr. E.V. Harcourt, many European and African birds are blown to Madeira; this island is inhabited by ninety-nine kinds, of which one alone is peculiar, though very closely related to a European form; and three or four other species are confined to this island and to the Canaries. So that the islands of Bermuda and Madeira have been stocked from the neighbouring continents with birds, which for long ages have there struggled together, and have become mutually co-adapted. Hence, when settled in their new homes, each kind will have been kept by the others to its proper place and habits, and will consequently have been but little liable to modification. Any tendency to modification will also have been checked by intercrossing with the unmodified immigrants, often arriving from the mother-country. Madeira again is inhabited by a wonderful number of peculiar land-shells, whereas not one species of sea-shell is peculiar to its shores: now, though we do not know how sea-shells are dispersed, yet we can see that their eggs or larvae, perhaps attached to seaweed or floating timber, or to the feet of wading birds, might be transported across three or four hundred miles of open sea far more easily than land-shells. The different orders of insects inhabiting Madeira present nearly parallel cases.

 

Aun cuando en las islas oceánicas las especies son en corto número, la proporción de especies peculiar -esto es, que no se encuentran en ninguna otra parte del mundo- es con frecuencia grandísima. Si comparamos, por ejemplo, el número de moluscos terrestres peculiares de la isla de Madeira, o de aves peculiares del archipiélago de los Galápagos, con el número de los que se encuentran en cualquier continente, y comparamos después el área de la isla con la del continente, veremos que esto es cierto. Este hecho podía esperarse teóricamente, pues, como ya se explicó, las especies que llegan ocasionalmente, tras largos intervalos de tiempo, a un distrito nuevo y aislado, y que tienen que competir con nuevos compañeros, tienen que estar sumamente sujetas a modificación y han de producir con frecuencia grupos descendientes modificados. Pero en modo alguno se sigue que, porque en una isla sean peculiares casi todas las especies de una clase, lo sean las de otra clase o de otra sección de la misma clase, y esta diferencia parece depender, en parte, de que las especies que no están modificadas han emigrado juntas, de manera que no se han perturbado mucho las relaciones mutuas, y, en parte, de la frecuente llegada de inmigrantes no modificados procedentes del país de origen, con los cuales se han cruzado las formas insulares. Hay que tener presente que la descendencia de estos cruzamientos tiene seguramente que ganar en vigor; de suerte que hasta un cruzamiento accidental ha de producir más efecto del que pudiera esperarse Daré algunos ejemplos de las observaciones precedentes. En las islas de los Galápagos hay 26 aves terrestres; de éstas, 21 -o quizá 23- son peculiares, mientras que de 11 aves marinas sólo lo son 2, y es evidente que las aves marinas pudieron llegar a estas últimas islas con mucha mayor facilidad y frecuencia que las terrestres. Por el contrario, las Bermudas -que están situadas, aproximadamente, a la misma distancia de América del Norte que las islas de los Galápagos lo están de América del Sur, y que tienen un suelo muy particular- no poseen ni una sola ave terrestre peculiar, y sabemos, por la admirable descripción de las islas Bermudas de mister J. M. Jones, que muchísimas aves de América del Norte, accidentalmente o con frecuencia, visitan estas islas. Casi todos los años, según me informa mister E. V. Harcourt, muchas aves europeas y africanas son arrastradas por el viento hasta Madeira. Esta isla es habitada por noventa y nueve tipos, de los cuales una sola es peculiar, aunque muy estrechamente relacionado con una forma europea, y tres o cuatro especies están confinadas a esta isla y de Canarias. Por lo que en las islas de Bermudas y Madeira se han almacenado aves de los continentes vecinos, las cuales durante siglos han luchado juntas allí, y se han co-adaptado mutuamente. Por lo tanto, cuando se establecieron en sus nuevos hogares, cada tipo se ha mantenido por los demás en su lugar y sus costumbres, y en consecuencia han sido muy poco susceptibles de modificación. Cualquier tendencia a la modificación también ha sido verificada por el cruzamiento con los inmigrantes no modificados, que a menudo llegan desde la madre patria. Madeira es asimismo habitada por un número maravilloso de moluscos terrestres peculiares, mientras que ninguna especie de concha marina es peculiar a sus costas: ahora, sin embargo no sabemos cómo se encuentran dispersas las conchas marinas, sin embargo, podemos ver que sus huevos o las larvas, quizás unidos a algas o maderas flotantes, o a los pies de las aves zancudas, pueden ser transportados a través de tres o cuatro mil kilómetros de mar abierto mucho más fácilmente que las conchas terrestres. Los diferentes órdenes de insectos que viven en Madeira presentan casos casi paralelos.

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