Archivo de enero 13th, 2015

Los naturalistas en su trabajo en el septingentésimo décimo párrafo de El Origen de las Especies

 

Continúa el autor reconociendo directa e irónicamente, con esa falsa modestia que ya hemos detectado en otras ocasiones, que la Historia Natural es algo ajeno a su experiencia (y, asimismo nos atreveríamos a decir, a su interés). Lo que no faltan son alusiones a autores importantes, con la consabida adulación:

 

710.

 

Practically, when naturalists are at work, they do not trouble themselves about the physiological value of the characters which they use in defining a group or in allocating any particular species. If they find a character nearly uniform, and common to a great number of forms, and not common to others, they use it as one of high value; if common to some lesser number, they use it as of subordinate value. This principle has been broadly confessed by some naturalists to be the true one; and by none more clearly than by that excellent botanist, Aug. St. Hilaire. If several trifling characters are always found in combination, though no apparent bond of connexion can be discovered between them, especial value is set on them. As in most groups of animals, important organs, such as those for propelling the blood, or for aerating it, or those for propagating the race, are found nearly uniform, they are considered as highly serviceable in classification; but in some groups all these, the most important vital organs, are found to offer characters of quite subordinate value. Thus, as Fritz Muller has lately remarked, in the same group of crustaceans, Cypridina is furnished with a heart, while in two closely allied genera, namely Cypris and Cytherea, there is no such organ; one species of Cypridina has well-developed branchiae, while another species is destitute of them.

 

Prácticamente, cuando los naturalistas están en su trabajo, no se preocupan del valor fisiológico de los caracteres que utilizan al definir un grupo o al señalar una especie determinada. Si encuentran un carácter casi uniforme y común a un gran número de formas, y que no existe en otras, lo utilizan como un carácter de gran valor; si es común a un número menor de formas, lo utilizan como un carácter de valor secundario. Algunos naturalistas han reconocido plenamente este principio como el único verdadero; pero ninguno lo ha hecho con mayor claridad que el excelente botánico Aug. St. Hilaire. Si varios caracteres insignificantes se encuentran siempre combinados, aun cuando no pueda descubrirse entre ellos ningún lazo aparente de conexión, se les atribuye especial valor. Como en la mayor parte de los grupos de animales, órganos importantes, tales como los de propulsión de la sangre, los de la aireación de ésta o los de propagación de la especie, se ve que son casi uniformes, son considerados como utilísimos para la clasificación; pero en algunos grupos se observa que todos éstos -los órganos vitales más importantes- ofrecen caracteres de valor completamente secundario. Así, según recientemente ha hecho observar Fritz Müller, en el mismo grupo de crustáceos, Cypridina está provisto de corazón, mientras que en géneros sumamente afines -Cypris y Cytherea- no existe este órgano. Una especie de Cypridina tiene branquias bien desarrolladas, mientras que otra está desprovista de ellas.

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