Archivo de febrero, 2015

Miscelánea en el párrafo septingentésimo cuadragésimo tercero de El Origen de las Especies

Aquí viene ahora el autor a condensar varios temas, que requerirían amplias explicaciones:

 

  1. La comparación de las diferentes partes u órganos en un mismo individuo. Se trata de la homología de serie, que fue descrita por Richard Owen.
  2. La teoría de la morfogénesis foliar de Goethe: Es conocido de casi todo el mundo que, en una flor, la posición relativa de los sépalos, pétalos, estambres y pistilos, lo mismo que su estructura intima, se explican dentro de la teoría de que consisten en hojas metamorfoseadas, dispuestas en espiral

 

El problema es que no acertamos a entender a cuénto de qué vienen estos temas. Y, desde luego, la lectura no ayuda a la comprensión:

 

Hay otro aspecto igualmente curioso de este asunto….

 

¿Se trata sólo de presentar una colección de curiosidades? ¿A qué asunto se refiere?

 

 

 

743.

 

There is another and equally curious branch of our subject; namely, serial homologies, or the comparison of the different parts or organs in the same individual, and not of the same parts or organs in different members of the same class. Most physiologists believe that the bones of the skull are homologous—that is, correspond in number and in relative connexion—with the elemental parts of a certain number of vertebrae. The anterior and posterior limbs in all the higher vertebrate classes are plainly homologous. So it is with the wonderfully complex jaws and legs of crustaceans. It is familiar to almost every one, that in a flower the relative position of the sepals, petals, stamens, and pistils, as well as their intimate structure, are intelligible on the view that they consist of metamorphosed leaves, arranged in a spire. In monstrous plants, we often get direct evidence of the possibility of one organ being transformed into another; and we can actually see, during the early or embryonic stages of development in flowers, as well as in crustaceans and many other animals, that organs, which when mature become extremely different are at first exactly alike.

 

Hay otro aspecto igualmente curioso de este asunto: las homologías de serie, o sea la comparación de las diferentes partes u órganos en un mismo individuo, y no de las mismas partes u órganos en diferentes seres de la misma clase. La mayor parte de los fisiólogos cree que los huesos del cráneo son homólogos -esto es, que corresponden en número y en conexión relativa- con las partes fundamentales de un cierto número de vértebras. Los miembros anteriores y posteriores en todas las clases superiores de vertebrados son claramente homólogos. Lo mismo ocurre con los apéndices bucales, asombrosamente complicados, y las patas de los crustáceos. Es conocido de casi todo el mundo que, en una flor, la posición relativa de los sépalos, pétalos, estambres y pistilos, lo mismo que su estructura intima, se explican dentro de la teoría de que consisten en hojas metamorfoseadas, dispuestas en espiral. En las plantas monstruosas, muchas veces adquirimos pruebas evidentes de la posibilidad de que un órgano se transforme en otro, y podemos ver realmente, durante los estados tempranos o embrionarios de desarrollo de las flores, lo mismo que en crustáceos y en otros muchos animales, que órganos que cuando llegan a su estado definitivo son sumamente diferentes, son al principio exactamente iguales.

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Una verdadera explicación en el párrafo septingentésimo cuadragésimo segundo de El Origen de las Especies

La explicación es bastante sencilla,…

 

Comienza este párrafo así y yo tiemblo. ¿Cómo puede tomarse esto en serio?

 

 

742.

 

The explanation is to a large extent simple, on the theory of the selection of successive slight modifications, each being profitable in some way to the modified form, but often affecting by correlation other parts of the organisation. In changes of this nature, there will be little or no tendency to alter the original pattern, or to transpose the parts. The bones of a limb might be shortened and flattened to any extent, becoming at the same time enveloped in thick membrane, so as to serve as a fin; or a webbed hand might have all its bones, or certain bones, lengthened to any extent, with the membrane connecting them increased, so as to serve as a wing; yet all these modifications would not tend to alter the framework of the bones or the relative connexion of the parts. If we suppose that an early progenitor—the archetype, as it may be called—of all mammals, birds and reptiles, had its limbs constructed on the existing general pattern, for whatever purpose they served, we can at once perceive the plain signification of the homologous construction of the limbs throughout the class. So with the mouths of insects, we have only to suppose that their common progenitor had an upper lip, mandibles, and two pairs of maxillae, these parts being perhaps very simple in form; and then natural selection will account for the infinite diversity in structure and function of the mouths of insects. Nevertheless, it is conceivable that the general pattern of an organ might become so much obscured as to be finally lost, by the reduction and ultimately by the complete abortion of certain parts, by the fusion of other parts, and by the doubling or multiplication of others, variations which we know to be within the limits of possibility. In the paddles of the gigantic extinct sea-lizards, and in the mouths of certain suctorial crustaceans, the general pattern seems thus to have become partially obscured.

 

La explicación es bastante sencilla, dentro de la teoría de la selección de ligeras variaciones sucesivas, por ser cada modificación provechosa en algún modo a la forma modificada; pero que afectan a veces, por correlación, a otras partes del organismo. En cambios de esta naturaleza habrá poca o ninguna tendencia a la variación de los planes primitivos o a trasposición de las partes. Los huesos de un miembro pudieron acortarse y aplastarse en cualquier medida, y ser envueltos al mismo tiempo por una membrana gruesa para servir como una aleta; o en una membrana palmeada pudieron todos o algunos huesos alargarse hasta cualquier dimensión, creciendo la membrana que los une de manera que sirviese de ala; y, sin embargo, todas estas modificaciones no tenderían a alterar el armazón de huesos o la conexión relativa de las partes. Si suponemos que un remoto antepasado -el arquetipo, como puede llamársele- de todos los mamíferos, aves y reptiles tuvo sus miembros construidos según el plan actual, cualquiera que fuese el fin para que sirviesen, podemos desde luego comprender toda la significación de la construcción homóloga de los miembros en toda la clase. Lo mismo ocurre en los órganos bucales de los insectos; nos basta sólo suponer que su antepasado común tuvo un labio superior, mandíbulas y dos pares de maxilas, siendo estas partes quizá de forma sencillísima, y luego la selección natural explicará la infinita diversidad en la estructura y funciones de los aparatos bucales de los insectos. Sin embargo, es concebible que el plan general de un órgano pueda obscurecerse tanto que finalmente se pierda, por la reducción y, últimamente, por el aborto completo de ciertas partes, por la fusión de otras y por la duplicación o multiplicación de otras; variaciones éstas que sabemos que están dentro de los límites de lo posible. En las aletas de los gigantescos reptiles marinos extinguidos y en las bocas de ciertos crustáceos chupadores, el plan general parece haber quedado de este modo en parte obscurecido.

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La teoría ordinaria de la creación independiente, chivo expiatorio, en el párrafo septingentésimo cuadragésimo primero de El Origen de las Especies

Cada vez que el autor hace referencia a la “La teoría ordinaria de la creación independiente”, es como si  escapase de toda dificultad poniéndose a salvo. Así, después de eludir en el párrafo anterior todo comentario histórico a las teorías de Geoffroy St. Hilaire que le obligaría a tratar de Cuvier y de Lamarck,  en este se pone a salvo. Para evitar tener que dar explicaciones vuelve a su escondite favorito, el chivo expiatorio de todas sus culpas: La teoría ordinaria de la creación independiente.

741.

 

Nothing can be more hopeless than to attempt to explain this similarity of pattern in members of the same class, by utility or by the doctrine of final causes. The hopelessness of the attempt has been expressly admitted by Owen in his most interesting work on the “Nature of Limbs.” On the ordinary view of the independent creation of each being, we can only say that so it is; that it has pleased the Creator to construct all the animals and plants in each great class on a uniform plan; but this is not a scientific explanation.

 

Nada puede haber más inútil que intentar explicar esta semejanza de tipo en miembros de la misma clase por la utilidad o por la doctrina de las causas finales. La inutilidad de intentar esto ha sido expresamente reconocida por Owen en su interesantísima obra sobre la Nature of Limbs. Según la teoría ordinaria de la creación independiente de cada ser, podemos decir solamente que esto es así; que ha placido al Creador construir todos los animales y plantas, en cada una de las grandes clases, según un plan uniforme; pero esto no es una explicación científica.

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Jamás encontramos traspuestos, por ejemplo, los huesos del brazo y antebrazo, o los del muslo y la pierna; en el párrafo septingentésimo cuadragésimo de El Origen de las Especies

¡Qué increible manera de explicar las observaciones de Geoffroy St. Hilaire! De repente, así como quien no quiere la cosa el autor nos ha introducido en el mundo de la morfología y acto seguido nos presenta las observaciones de Geoffroy St. Hilaire como un relámpago. Sin introducción previa alguna. Sin explicación alguna. Sin referencia a la obra de Lamarck ni de Cuvier. Evidentemente, tales referencias servirían de contraste mostrando lo que es ciencia y lo que no lo es, algo que no conviene en este momento al autor.

 

 

740.

Geoffroy St. Hilaire has strongly insisted on the high importance of relative position or connexion in homologous parts; they may differ to almost any extent in form and size, and yet remain connected together in the same invariable order. We never find, for instance, the bones of the arm and forearm, or of the thigh and leg, transposed. Hence the same names can be given to the homologous bones in widely different animals. We see the same great law in the construction of the mouths of insects: what can be more different than the immensely long spiral proboscis of a sphinx-moth, the curious folded one of a bee or bug, and the great jaws of a beetle? Yet all these organs, serving for such widely different purposes, are formed by infinitely numerous modifications of an upper lip, mandibles, and two pairs of maxillae. The same law governs the construction of the mouths and limbs of crustaceans. So it is with the flowers of plants.

 

Geoffroy St. Hilaire ha insistido mucho sobre la gran importancia de la posición relativa o conexión en las partes homólogas: pueden éstas diferir casi ilimitadamente en forma y tamaño, y, sin embargo, permanecen unidas entre sí en el mismo orden invariable. jamás encontramos traspuestos, por ejemplo, los huesos del brazo y antebrazo, del muslo y pierna; de aquí que pueden darse los mismos nombres a huesos homólogos en animales muy diferentes. Vemos esta misma gran ley en la construcción de los órganos bucales de los insectos: ¿qué puede haber más diferente que la proboscis espiral, inmensamente larga, de un esfíngido; la de una abeja o de una chinche, curiosamente plegada, y los grandes órganos masticadores de un coleóptero? Sin embargo, todos estos órganos, que sirven para fines sumamente diferentes, están formados por modificaciones infinitamente numerosas de un labio superior, mandíbulas y dos pares de maxilas. La misma ley rige la construcción de los órganos bueales y patas de los crustáceos. Lo mismo ocurre en las flores de las plantas.

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Veamos ahora algo de morfología en el párrafo septingentésimo trigésimo noveno de El Origen de las Especies

Para discutir acerca de El Origen de las Especies, cuando ya hemos hablado de lucha, de competición, de los trabajos de los ganaderos, de los granjeros y una multitud de ejemplos de la cría de palomas. Cuando ya se ha discutido la gris y triste teoría de Malthus, que se ha presentado como base de toda teoría; entonces,… Es entonces cuando parece llegado el momento de hablar algo de morfología. Algo serio,  como por ejemplo:

 

  1. Hemos visto que los miembros de una misma clase, independientemente de sus costumbres, se parecen en el plan general de su organización.
  2. Esta semejanza se expresa frecuentemente por el término unidad de tipo o diciendo que las diversas partes y órganos son homólogos en las distintas especies de la clase.
  3. Esta semejanza se expresa frecuentemente por el término unidad de tipo o diciendo que las diversas partes y órganos son homólogos en las distintas especies de la clase. Todo el asunto se comprende con denominación general de Morfología. Es ésta una de las partes más interesantes de la Historia Natural, y casi puede decirse que es su verdadera esencia.

 

Exacto Mr Darwin. Está usted en lo cierto. La morfología es sin duda la verdadera esencia de la Historia Natural. Puede usted proclamarlo a los cuatro vientos. No la lucha por la supervivencia. No las aburridas y grises teorías del clérigo Malthus. No el trabajo de los criadores de palomas. La morfología que usted tiene la desfachatez de abordar en el párrafo septingentésimo trigésimo noveno de su insoportable obra.

 

 

 

739.

 

MORPHOLOGY.

 

We have seen that the members of the same class, independently of their habits of life, resemble each other in the general plan of their organisation. This resemblance is often expressed by the term “unity of type;” or by saying that the several parts and organs in the different species of the class are homologous. The whole subject is included under the general term of Morphology. This is one of the most interesting departments of natural history, and may almost be said to be its very soul. What can be more curious than that the hand of a man, formed for grasping, that of a mole for digging, the leg of the horse, the paddle of the porpoise, and the wing of the bat, should all be constructed on the same pattern, and should include similar bones, in the same relative positions? How curious it is, to give a subordinate though striking instance, that the hind feet of the kangaroo, which are so well fitted for bounding over the open plains—those of the climbing, leaf-eating koala, equally well fitted for grasping the branches of trees—those of the ground-dwelling, insect or root-eating, bandicoots—and those of some other Australian marsupials—should all be constructed on the same extraordinary type, namely with the bones of the second and third digits extremely slender and enveloped within the same skin, so that they appear like a single toe furnished with two claws. Notwithstanding this similarity of pattern, it is obvious that the hind feet of these several animals are used for as widely different purposes as it is possible to conceive. The case is rendered all the more striking by the American opossums, which follow nearly the same habits of life as some of their Australian relatives, having feet constructed on the ordinary plan. Professor Flower, from whom these statements are taken, remarks in conclusion: “We may call this conformity to type, without getting much nearer to an explanation of the phenomenon;” and he then adds “but is it not powerfully suggestive of true relationship, of inheritance from a common ancestor?”

 

Morfología

Hemos visto que los miembros de una misma clase, independientemente de sus costumbres, se parecen en el plan general de su organización. Esta semejanza se expresa frecuentemente por el término unidad de tipo o diciendo que las diversas partes y órganos son homólogos en las distintas especies de la clase. Todo el asunto se comprende con denominación general de Morfología. Es ésta una de las partes más interesantes de la Historia Natural, y casi puede decirse que es su verdadera esencia. ¿Qué puede haber más curioso que el que la mano del hombre, hecha para coger; la del topo, hecha para minar; la pata del caballo, la aleta de la marsopa y el ala de un murciélago, estén todas construidas según el mismo patrón y encierren huesos semejantes en las mismas posiciones relativas? ¡Qué curioso es -para dar un ejemplo menos importante, aunque llamativo- que las patas posteriores del canguro, tan bien adaptadas para saltar en llanuras despejadas; las del coala, trepador que se alimenta de hojas, igualmente bien adaptado para agarrarse a las ramas de los árboles; las de los bandicuts, que viven bajo tierra y se alimentan de insectos o raíces, y las de algunos otros marsupiales australianos, estén constituídas todas según el mismo tipo extraordinario, o sea con los huesos del segundo y tercer dedos sumamente delgados y envueltos por una misma piel, de manera que parecen como un solo dedo, provisto de dos uñas! A pesar de esta semejanza de modelo, es evidente que las patas posteriores de estos varios animales son usadas para fines tan diferentes como pueda imaginarse. Hacen que sea notabilisimo el caso las zarigüellas de América, que, teniendo casi las mismas costumbres que muchos de sus parientes australianos, tienen los pies construídos según el plan ordinario. El profesor Flower, de quien están tomados estos datos, hace observar en conclusión: «Podemos llamar esto conformidad con el tipo, sin acercarnos mucho a una explicación del fenómeno», y luego añade: «pero ¿no sugiere poderosamente la idea de verdadero parentesco, de herencia de un antepasado común?»

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La audacia irreparable de Haeckel en el septingentésimo trigésimo octavo párrafo de Sobre el Origen de las Especies

En medio del fárrago aparecen frases de una claridad meridiana. Podríamos decir, proféticas:

De este modo ha empezado audazmente una gran labor y nos muestra cómo la clasificación será tratada en el porvenir

Efectivamente, Haeckel empezó una gran labor y lo hizo audazmente: Falsificando las imágenes de los embriones.

Tomamos por ejemplo la siguente frase de un artículo de Elizabeth Pennisi en la revista Science:

 

Using modern techniques, a British researcher has photographed embryos like those pictured in the famous, century-old drawings by Ernst Haeckel–proving that Haeckel’s images were falsified. Haeckel once admitted to his peers that he doctored the drawings, but that confession was forgotten.

 

El hombre de Piltdown, la Biston betularia, los embriones de Haeckel,…  Un número elevado de fraudes en torno al darwinismo. En cuanto al trato dado a la taxonomía, de  acuerdo con el expresado en esta obra: La indiferencia más absoluta. Una falta de respeto integral. ¿Consecuencias? Miren a su alrededor y ya nos dicen…

 

 

738.

 

Professor Haeckel in his “Generelle Morphologie” and in another works, has recently brought his great knowledge and abilities to bear on what he calls phylogeny, or the lines of descent of all organic beings. In drawing up the several series he trusts chiefly to embryological characters, but receives aid from homologous and rudimentary organs, as well as from the successive periods at which the various forms of life are believed to have first appeared in our geological formations. He has thus boldly made a great beginning, and shows us how classification will in the future be treated.

 

El profesor Häckel, en su Generelle Morphologie y en otras obras, ha empleado su gran conocimiento y capacidad en lo que él llama filogenia, o sea las líneas genealógicas de todos los seres orgánicos. Al formar las diferentes series cuenta principalmente con los caracteres embriológicos; pero se ayuda con los datos que proporcionan los órganos homólogos y rudimentarios, y también los sucesivos períodos en que se cree que han aparecido por vez primera en nuestras formaciones geológicas las diferentes formas orgánicas. De este modo ha empezado audazmente una gran labor y nos muestra cómo la clasificación será tratada en el porvenir.

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Clímax en el párrafo septingentésimo trigésimo séptimo de El Origen de las Especies

El clímax del lenguaje darviniano o darwinés se hace patente en este párrafo. Después de suposiciones, artefactos de la imaginación, palabras sin significado, pretericiones y detallamientos, vuelve el autor por sus fueros constantes. Asistimos aquí a la fundación del lenguaje político contemporáneo: Newspeak. Neolengua. Hablar sin decir nada. Lean ustedes mismos:

 

737.

 

Finally, we have seen that natural selection, which follows from the struggle for existence, and which almost inevitably leads to extinction and divergence of character in the descendants from any one parent-species, explains that great and universal feature in the affinities of all organic beings, namely, their subordination in group under group. We use the element of descent in classing the individuals of both sexes and of all ages under one species, although they may have but few characters in common; we use descent in classing acknowledged varieties, however different they may be from their parents; and I believe that this element of descent is the hidden bond of connexion which naturalists have sought under the term of the Natural System. On this idea of the natural system being, in so far as it has been perfected, genealogical in its arrangement, with the grades of difference expressed by the terms genera, families, orders, etc., we can understand the rules which we are compelled to follow in our classification. We can understand why we value certain resemblances far more than others; why we use rudimentary and useless organs, or others of trifling physiological importance; why, in finding the relations between one group and another, we summarily reject analogical or adaptive characters, and yet use these same characters within the limits of the same group. We can clearly see how it is that all living and extinct forms can be grouped together within a few great classes; and how the several members of each class are connected together by the most complex and radiating lines of affinities. We shall never, probably, disentangle the inextricable web of the affinities between the members of any one class; but when we have a distinct object in view, and do not look to some unknown plan of creation, we may hope to make sure but slow progress.

 

Finalmente, hemos visto que la selección natural que resulta de la lucha por la existencia, y que casi inevitablemente conduce a la extinción y a la divergencia de caracteres en los descendientes de cualquier especie madre, explica el gran rasgo característico general de las afinidades de todos los seres orgánicos, o sea la subordinación de unos grupos a otros. Utilizamos el principio genealógico o de descendencia al clasificar en una sola especie los individuos de los dos sexos y los de todas las edades, aun cuando pueden tener muy pocos caracteres comunes; usamos la genealogía al clasificar variedades reconocidas, por muy diferentes que sean de sus especies madres, y yo creo que este principio genealógico o de descendencia es el oculto lazo de unión que los naturalistas han buscado con el nombre de sistema natural. Con esta idea de que el sistema natural -en la medida en que ha sido realizado- es genealógico por su disposición, expresando los grados de diferencia por los términos géneros, familias, órdenes, etc., podemos comprender las reglas que nos hemos visto obligados a seguir en nuestra clasificación. Podemos comprender por qué damos a ciertas semejanzas mucho más valor que a otras; por qué utilizamos los órganos rudimentarios e inútiles, u otros de importancia fisiológica insignificante; por qué al averiguar las relaciones entre un grupo y otro rechazamos inmediatamente los caracteres analógicos o de adaptación, y, sin embargo, utilizamos estos mismos caracteres dentro de los límites de un mismo grupo. Podemos ver claramente por qué es que todas las formas vivientes y extinguidas pueden agruparse en un corto número de grandes clases y por qué los diferentes miembros de cada clase están relacionados mutuamente por líneas de afinidad complicadas y divergentes. Probablemente, jamás desenredaremos el inextricable tejido de las afinidades que existen entre los miembros de una clase cualquiera; pero, teniendo a la vista un problema determinado, y no buscando un plan desconocido de creación, podemos esperar realizar progresos lentos, pero seguros.

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La culpa es de la extinción en el párrafo septingentésimo trigésimo sexto de El Origen de las Especies

Indica el autor al principio de este párrafo:

La extinción, como hemos visto en el capítulo cuarto, ha representado un papel importante en agrandar y definir los intervalos entre los diferentes grupos de cada clase.

 

Pero nada de eso hemos visto en el capítulo cuarto, en el que sólo hemos visto un empeño inaudito en incrustarnos a machamartillo el concepto inútil de Selección natural. La extinción no sabemos si ha hecho lo que el autor dice aquí o no. No tenemos evidencia a favor ni en contra.

 

Lo que realmente hace nuestro autor nos lo indica claramente en la frase siguiente y no es otra cosa que falsear las observaciones: Explicar mediante suposiciones:

 

De este modo podemos explicar la marcada distinción de clases enteras -por ejemplo, entre las aves y todos los otros animales vertebrados- por la suposición de que se han perdido por completo muchas formas orgánicas antiguas, mediante las cuales los primitivos antepasados estuvieron en otro tiempo unidos con los primitivos antepasados de las otras clases de vertebrados entonces menos diferenciadas.

 

 

Lo que sigue a esta confesión es un conjunto de disparates que incluyen , como no la vuelta obligada a un cuadro que el autor se ha sacado de la manga y que contiene varios errores.

 

 

736.

 

Extinction, as we have seen in the fourth chapter, has played an important part in defining and widening the intervals between the several groups in each class. We may thus account for the distinctness of whole classes from each other—for instance, of birds from all other vertebrate animals—by the belief that many ancient forms of life have been utterly lost, through which the early progenitors of birds were formerly connected with the early progenitors of the other and at that time less differentiated vertebrate classes. There has been much less extinction of the forms of life which once connected fishes with Batrachians. There has been still less within some whole classes, for instance the Crustacea, for here the most wonderfully diverse forms are still linked together by a long and only partially broken chain of affinities. Extinction has only defined the groups: it has by no means made them; for if every form which has ever lived on this earth were suddenly to reappear, though it would be quite impossible to give definitions by which each group could be distinguished, still a natural classification, or at least a natural arrangement, would be possible. We shall see this by turning to the diagram: the letters, A to L, may represent eleven Silurian genera, some of which have produced large groups of modified descendants, with every link in each branch and sub-branch still alive; and the links not greater than those between existing varieties. In this case it would be quite impossible to give definitions by which the several members of the several groups could be distinguished from their more immediate parents and descendants. Yet the arrangement in the diagram would still hold good and would be natural; for, on the principle of inheritance, all the forms descended, for instance from A, would have something in common. In a tree we can distinguish this or that branch, though at the actual fork the two unite and blend together. We could not, as I have said, define the several groups; but we could pick out types, or forms, representing most of the characters of each group, whether large or small, and thus give a general idea of the value of the differences between them. This is what we should be driven to, if we were ever to succeed in collecting all the forms in any one class which have lived throughout all time and space. Assuredly we shall never succeed in making so perfect a collection: nevertheless, in certain classes, we are tending toward this end; and Milne Edwards has lately insisted, in an able paper, on the high importance of looking to types, whether or not we can separate and define the groups to which such types belong.

 

La extinción, como hemos visto en el capítulo cuarto, ha representado un papel importante en agrandar y definir los intervalos entre los diferentes grupos de cada clase. De este modo podemos explicar la marcada distinción de clases enteras -por ejemplo, entre las aves y todos los otros animales vertebrados- por la suposición de que se han perdido por completo muchas formas orgánicas antiguas, mediante las cuales los primitivos antepasados estuvieron en otro tiempo unidos con los primitivos antepasados de las otras clases de vertebrados entonces menos diferenciadas. Ha habido mucha menos extinción en las formas orgánicas que enlazaron en otro tiempo los peces con los batracios. Aun ha habido menos dentro de algunas clases enteras, por ejemplo, los crustáceos; pues en ellos las formas más portentosamente distintas están todavía enlazadas por una larga cadena de afinidades sólo en algunos puntos interrumpida. La extinción tan sólo ha definido los grupos: en modo alguno los ha hecho; pues si reapareciesen de pronto todas las formas que en cualquier tiempo han vivido sobre la Tierra, aunque sería completamente imposible dar definiciones por las que cada grupo pudiese ser distinguido, todavía sería posible una clasificación natural o, por lo menos, una ordenación natural. Veremos esto volviendo al cuadro: las letras A a L pueden representar once géneros silúricos, algunos de los cuales han producido grandes grupos de descendientes modificados con todas las formas de unión para cada rama y sub-rama que vive todavía, y los eslabones de unión no son mayores que los que existen entre variedades vivientes. En este caso sería por completo imposible dar definiciones por las que los diferentes miembros de los diversos grupos pudiesen ser distinguidos de sus ascendientes y descendientes más próximos. Sin embargo, la disposición del cuadro, a pesar de esto,subsistiría y sería natural; pues, según el principio de la herencia, todas las formas descendientes, por ejemplo, de A tendrían algo de común. En un árbol podemos distinguir esta o aquella rama, aun cuando en la misma horquilla las dos se unen y confunden. No podríamos, como he dicho, definir los diversos grupos; pero podríamos elegir tipos o formas que representasen la mayor parte de los caracteres de cada grupo, grande o pequeño, y dar así una idea general del valor de las diferencias entre ellos. Esto es a lo que nos veríamos obligados, si pudiésemos conseguir alguna vez recoger todas las formas de alguna clase que han vivido en todo tiempo y lugar. Seguramente jamás conseguiremos hacer una colección tan perfecta; sin embargo, en ciertas clases tendemos a este fin, y Milne Edwards ha insistido recientemente, en un excelente trabajo, sobre la gran importancia de fijar la atención en los tipos, podamos o no separar y definir los grupos a que estos tipos pertenecen.

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Construyendo árboles imaginarios en el párrafo septingentésimo trigésimo quinto de El Origen de las Especies

El concepto de principio no tiene un significado claro. Ni ahora ni hace doscientos o ciento cincuenta años. En ciencia existen otros conceptos que aun siendo a menudo confusos son más claros, tales como conjetura, hipótesis, teoría, o ley. Pero el autor se empeña en escribir siempre de la manera más obscura posible y por eso tenemos que encontrarnos tantas veces con palabras indefinidas, imprecisas, ambiguas y fantasmas semánticos. Nada hay en la realidad que se corresponda con lo expresado en esta frase:

 

Según el principio de la multiplicación y divergencia gradual de los caracteres de las especies que descienden de un antepasado común,…

 

 

735.

 

On the principle of the multiplication and gradual divergence in character of the species descended from a common progenitor, together with their retention by inheritance of some characters in common, we can understand the excessively complex and radiating affinities by which all the members of the same family or higher group are connected together. For the common progenitor of a whole family, now broken up by extinction into distinct groups and subgroups, will have transmitted some of its characters, modified in various ways and degrees, to all the species; and they will consequently be related to each other by circuitous lines of affinity of various lengths (as may be seen in the diagram so often referred to), mounting up through many predecessors. As it is difficult to show the blood-relationship between the numerous kindred of any ancient and noble family, even by the aid of a genealogical tree, and almost impossible to do so without this aid, we can understand the extraordinary difficulty which naturalists have experienced in describing, without the aid of a diagram, the various affinities which they perceive between the many living and extinct members of the same great natural class.

 

Según el principio de la multiplicación y divergencia gradual de los caracteres de las especies que descienden de un antepasado común, unido a la conservación por herencia de algunos caracteres comunes, podemos comprender las afinidades tan sumamente complejas y divergentes que enlazan todos los miembros de una misma familia o grupo superior; pues el antepasado común de toda una familia, dividida ahora por extinciones en grupos y subgrupos distintos, habrá transmitido algunos de sus caracteres modificados, en diferentes maneras y grados, a todas las especies, que estarán, por consiguiente, relacionadas entre sí por líneas de afinidad tortuosas, de distintas longitudes, que se remontan a muchos antepasados, como puede verse en el cuadro a que tantas veces se ha hecho referencia. Del mismo modo que es difícil hacer ver el parentesco de consanguinidad entre la numerosa descendencia de cualquier familia noble y antigua, aun con ayuda de un árbol genealógico, y que es imposible hacerlo sin este auxilio, podemos comprender la extraordinaria dificultad que han experimentado los naturalistas al describir, sin el auxilio de un diagrama, las diversas afinidades que observan entre los numerosos miembros vivientes y extinguidos de una misma gran clase.

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De nuevo una falsa disyuntiva en el párrafo septingentésimo trigésimo cuarto de El Origen de las Especies

Entre tanto texto el autor se encuentra libre para escribir lo que le viene en gana. Hemos visto ya como utiliza palabras sin significado, dogmas, aberraciones, contradicciones y todo tipo de falacias. Ahora nos obsequia con una falsa disyuntiva que ya veíamos párrafos atrás:

 

Como se cree que estos puntos de afinidad son reales y no meramente adaptativos,

 

¿Qué significa afinidad real y por qué la afinidad real no puede ser adaptativa?

 

 

 

734.

 

Mr. Waterhouse has remarked that when a member belonging to one group of animals exhibits an affinity to a quite distinct group, this affinity in most cases is general and not special: thus, according to Mr. Waterhouse, of all Rodents, the bizcacha is most nearly related to Marsupials; but in the points in which it approaches this order, its relations are general, that is, not to any one Marsupial species more than to another. As these points of affinity are believed to be real and not merely adaptive, they must be due in accordance with our view to inheritance from a common progenitor. Therefore, we must suppose either that all Rodents, including the bizcacha, branched off from some ancient Marsupial, which will naturally have been more or less intermediate in character with respect to all existing Marsupials; or that both Rodents and Marsupials branched off from a common progenitor, and that both groups have since undergone much modification in divergent directions. On either view we must suppose that the bizcacha has retained, by inheritance, more of the character of its ancient progenitor than have other Rodents; and therefore it will not be specially related to any one existing Marsupial, but indirectly to all or nearly all Marsupials, from having partially retained the character of their common progenitor, or of some early member of the group. On the other hand, of all Marsupials, as Mr. Waterhouse has remarked, the Phascolomys resembles most nearly, not any one species, but the general order of Rodents. In this case, however, it may be strongly suspected that the resemblance is only analogical, owing to the Phascolomys having become adapted to habits like those of a Rodent. The elder De Candolle has made nearly similar observations on the general nature of the affinities of distinct families of plants.

 

Míster Waterhouse ha hecho observar que cuando una forma que pertenece a un grupo de animales muestra afinidad con un grupo completamente distinto, esta afinidad, en la mayor parte de los casos, es general y no especial; así, según míster Waterhouse, de todos los roedores, la vizcacha es la más relacionada con los marsupiales; pero en los puntos en que se aproxima a este orden, sus relaciones son generales, esto es, no son mayores con una especie de marsupial que con otra. Como se cree que estos puntos de afinidad son reales y no meramente adaptativos, tienen que deberse, de acuerdo con nuestra teoría, a herencia de un antepasado común. Por esto tendríamos que suponer: o bien que todos los roedores, incluso la vizcacha, han descendido de algún antiguo marsupial que naturalmente habrá sido por sus caracteres más o menos intermedio con relación a todos los marsupiales vivientes; o bien que, tanto los roedores como los marsupiales, son ramificaciones de un antepasado común, y que ambos grupos han experimentado después mucha modificación en direcciones divergentes. Según ambas hipótesis, tendríamos que suponer que la vizcacha ha conservado por herencia más caracteres de su remoto antepasado que los otros roedores, y que por esto no estará relacionada especialmente con ningún marsupial viviente, sino indirectamente con todos o casi todos los marsupiales, por haber conservado en parte los caracteres de su común progenitor o de algún miembro antiguo del grupo. Por otra parte, de todos los marsupiales, según ha hecho observar míster Waterhouse, el Phascolomys es el que se parece más, no a una especie determinada, sino al orden de los roedores en general. En este caso, sin embargo, hay grave sospecha de que la semejanza es sólo analógica, debido a que el Phascolomys se ha adaptado a costumbres como las de los roedores. Aug. Pyr. de Candolle ha hecho casi las mismas observaciones acerca de las afinidades de distintas familias de plantas.

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