Diseño en el párrafo septingentésimo quincuagésimo quinto de El Origen de las Especies

Este autor increíblemente ambiguo viene ahora y dice:

Pero no hay razón para que, por ejemplo, el ala de un murciélago o la aleta de una marsopa no tenga que haber sido diseñada, con todas sus partes, en sus debidas proporciones, desde que cada parte se hizo visible.

Lo cual, en caso de tener algún significado, significa exactamente:

Tanto el ala de un murciélago como la aleta de una marsopa han sido diseñadas. La selección natural  no existe

 

 

 

755.

 

We are so much accustomed to see a difference in structure between the embryo and the adult, that we are tempted to look at this difference as in some necessary manner contingent on growth. But there is no reason why, for instance, the wing of a bat, or the fin of a porpoise, should not have been sketched out with all their parts in proper proportion, as soon as any part became visible. In some whole groups of animals and in certain members of other groups this is the case, and the embryo does not at any period differ widely from the adult: thus Owen has remarked in regard to cuttle-fish, “there is no metamorphosis; the cephalopodic character is manifested long before the parts of the embryo are completed.” Land-shells and fresh-water crustaceans are born having their proper forms, while the marine members of the same two great classes pass through considerable and often great changes during their development. Spiders, again, barely undergo any metamorphosis. The larvae of most insects pass through a worm-like stage, whether they are active and adapted to diversified habits, or are inactive from being placed in the midst of proper nutriment, or from being fed by their parents; but in some few cases, as in that of Aphis, if we look to the admirable drawings of the development of this insect, by Professor Huxley, we see hardly any trace of the vermiform stage.

 

Tan acostumbrados estamos a ver la diferencia de conformación entre el embrión y el adulto, que estamos tentados de considerar esta diferencia como dependiente de algún modo necesario del crecimiento. Pero no hay razón para que, por ejemplo, el ala de un murciélago o la aleta de una marsopa no tenga que haber sido diseñada, con todas sus partes, en sus debidas proporciones, desde que cada parte se hizo visible. En algunos grupos enteros de animales y en ciertos miembros de otros grupos ocurre así, y el embrión en ningún período difiere mucho del adulto; así, Owen, por lo que se refiere a los cefalópodos, ha hecho observar que «no hay metamorfosis; el carácter de cefalópodo se manifiesta mucho antes de que las partes del embrión estén completas». Los moluscos terrestres y los crustáceos de agua dulce nacen con sus formas propias, mientras que los miembros marinos de estas dos grandes clases pasan en su desarrollo por cambios considerables y a veces grandes. Las arañas experimentan apenas ninguna metamorfosis. Las larvas de la mayor parte de los insectos pasan por una fase vermiforme, ya sean activas y adaptadas a costumbres diversas, ya inactivas por estar colocadas en medio de alimento adecuado o por ser alimentadas por sus padres; pero en un corto número de casos, como en el de los Aphis, si miramos los admirables dibujos del desarrollo de este insecto, dados por el profesor Huxley, apenas vemos ningún vestigio de la fase vermiforme.

Lectura aconsejada:

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