Todo lo que he intentado demostrar en el párrafo septingentésimo octogésimo segundo de El Origen de las Especies

El contenido del párrafo con el que comienza el resúmen de este capítulo es ciertamente ambicioso.

Su lectura produce agobio, su contenido resulta excesivo; en particular la mención que hace a la selección natural. Si alguien me pidiese consejo, empezaría por suprimir dicha mención. El párrafo sigue siendo excesivamente complicado y retorcido, pero quedaría, al menos, más limpio.

 

 

 

782.

 

SUMMARY.

 

In this chapter I have attempted to show that the arrangement of all organic beings throughout all time in groups under groups—that the nature of the relationships by which all living and extinct organisms are united by complex, radiating, and circuitous lines of affinities into a few grand classes—the rules followed and the difficulties encountered by naturalists in their classifications—the value set upon characters, if constant and prevalent, whether of high or of the most trifling importance, or, as with rudimentary organs of no importance—the wide opposition in value between analogical or adaptive characters, and characters of true affinity; and other such rules—all naturally follow if we admit the common parentage of allied forms, together with their modification through variation and natural selection, with the contingencies of extinction and divergence of character. In considering this view of classification, it should be borne in mind that the element of descent has been universally used in ranking together the sexes, ages, dimorphic forms, and acknowledged varieties of the same species, however much they may differ from each other in structure. If we extend the use of this element of descent—the one certainly known cause of similarity in organic beings—we shall understand what is meant by the Natural System: it is genealogical in its attempted arrangement, with the grades of acquired difference marked by the terms, varieties, species, genera, families, orders, and classes.

 

Resumen

En este capítulo he procurado demostrar que la clasificación de todos los seres orgánicos de todos los tiempos en grupos subordinados a otros; que la naturaleza de los parentescos por los que todos los organismos vivientes y extinguidos están unidos en un corto número de grandes clases por líneas de afinidad complicadas, divergentes y tortuosas; que las reglas seguidas y las dificultades encontradas por los naturalistas en sus clasificaciones; que el valor asignado a caracteres, si son constantes o generales, ya sean de suma importancia, o de muy poca, o de ninguna, como los órganos rudimentarios; que los valores opuestos de los caracteres analógicos o de adaptación y los de verdadera afinidad, y otras reglas parecidas, todo resulta naturalmente si admitimos el común parentesco de las formas afines junto con su modificación por variación y selección natural, con las circunstancias de extinción y divergencias de caracteres. Al considerar esta teoría de clasificación hay que tener presente que el elemento genealógico ha sido universalmente utilizado al clasificar juntos los sexos, edades, formas dimorfas y variedades reconocidas de la misma especie, por mucho que difiera entre sí su estructura. Si extendemos el uso de este elemento genealógico -la única causa cierta de semejanza en los seres orgánicos conocida con seguridad-, comprenderemos lo que significa sistema natural: este sistema es genealógico en su tentativa de clasificación, señalando los grados de diferencia adquiridos mediante los términos de variedades, especies, géneros, familias, órdenes y clases.

Lectura aconsejada:

 

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