Archivo de abril 30th, 2015

Barbaridad en el párrafo septingentésimo octogésimo sexto de El Origen de las Especies

El texto de este párrafo introductorio del capítulo final constituye una barbaridad sin parangón en la historia de la Ciencia. Quienes defienden la teoría de selección natural demuestran que no lo han leído.

 

Que La verdad de ciertas proposiciones no pueda ser discutida, como indica al final del párrafo no prueba que esas proposiciones expliquen nada. La ciencia no trata de verdades sino de explicaciones.

 

 

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That many and serious objections may be advanced against the theory of descent with modification through variation and natural selection, I do not deny. I have endeavoured to give to them their full force. Nothing at first can appear more difficult to believe than that the more complex organs and instincts have been perfected, not by means superior to, though analogous with, human reason, but by the accumulation of innumerable slight variations, each good for the individual possessor. Nevertheless, this difficulty, though appearing to our imagination insuperably great, cannot be considered real if we admit the following propositions, namely, that all parts of the organisation and instincts offer, at least individual differences—that there is a struggle for existence leading to the preservation of profitable deviations of structure or instinct—and, lastly, that gradations in the state of perfection of each organ may have existed, each good of its kind. The truth of these propositions cannot, I think, be disputed.

 

 

 

No niego que pueden hacerse muchas y graves objeciones a la teoría de la descendencia con modificación, mediante variación y selección natural. Me he esforzado en dar a estas objeciones toda su fuerza. Nada puede parecer al pronto más difícil de creer que el que los órganos e instintos más complejos se han formado, no por medios superiores -aunque análogos- a la razón humana, sino por la acumulación de pequeñas variaciones innumerables, cada una de ellas buena para el individuo que la poseía. Sin embargo, esta dificultad, aunque aparezca a nuestra imaginación como insuperablemente grande, no puede ser considerada como real si admitirnos las proposiciones siguientes: que todas las partes del organismo y todos los instintos ofrecen diferencias, por lo menos, individuales; que hay una lucha por la existencia que lleva a la conservación de las modificaciones provechosas de estructura o instinto, y, finalmente, que pueden haber existido gradaciones en el estado de perfección de todo órgano, buena cada una dentro de su clase. La verdad de estas proposiciones no puede, creo yo, ser discutida.

 

 

Lectura aconsejada:

 

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