Archivo de junio 1st, 2015

Cómo obra la selección natural en el párrafo octingentésimo noveno de El Origen de las Especies

Aquí se nos indica ya un aspecto fundamental del idioma sectario que es el darwiniano o darvinés: ¿Cómo obra la selección natural? Sin duda, por competición. No lo duden.

 

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As natural selection acts by competition, it adapts and improves the inhabitants of each country only in relation to their co-inhabitants; so that we need feel no surprise at the species of any one country, although on the ordinary view supposed to have been created and specially adapted for that country, being beaten and supplanted by the naturalised productions from another land. Nor ought we to marvel if all the contrivances in nature be not, as far as we can judge, absolutely perfect; as in the case even of the human eye; or if some of them be abhorrent to our ideas of fitness. We need not marvel at the sting of the bee, when used against the enemy, causing the bee’s own death; at drones being produced in such great numbers for one single act, and being then slaughtered by their sterile sisters; at the astonishing waste of pollen by our fir-trees; at the instinctive hatred of the queen-bee for her own fertile daughters; at ichneumonidae feeding within the living bodies of caterpillars; and at other such cases. The wonder, indeed, is, on the theory of natural selection, that more cases of the want of absolute perfection have not been detected.

 

Como la selección natural obra mediante la competencia, adapta y perfecciona los habitantes de cada país tan sólo en relación a los otros habitantes; de manera que no debe sorprendernos que las especies de un país, a pesar de que, según la teoría ordinaria, se supone que han sido creadas y especialmente adaptadas para él, sean derrotadas y suplantadas por las producciones naturalizadas procedentes de otro. Tampoco debemos maravillarnos de que todas las disposiciones en la naturaleza no sean -hasta donde podemos juzgar- absolutamente perfectas, como en el caso del mismo ojo humano, ni de que algunas de ellas sean ajenas a nuestras ideas acerca de lo adecuado. No debemos maravillarnos de que el aguijón de la abeja, al ser utilizado contra un enemigo, ocasione la muerte de la propia abeja; de que se produzca tan gran número de zánganos para un solo acto, y de que sean luego matados por sus hermanas estériles; ni del asombroso derroche del polen en nuestros abetos; ni del odio instintivo de la reina de las abejas hacia sus propias hijas fecundas; ni de que los icneumónidos se alimenten en el interior del cuerpo de las orugas vivas; ni de otros casos semejantes. Lo portentoso, dentro de la teoría de la selección natural, es que no se hayan descubierto más casos de falta de absoluta perfección.

Lectura aconsejada:

 

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