Archivo de junio 23rd, 2015

Nuestra repugnancia natural en el párrafo octingentésimo vigésimo quinto de El Origen de las Especies

Después de párrafos y párrafos intentando convencer a un inocente lector, sin prueba alguna, que una especie se convierte en otra, tenemos que leer lo que sigue como argumento:

 

825.

But the chief cause of our natural unwillingness to admit that one species has given birth to other and distinct species, is that we are always slow in admitting any great changes of which we do not see the steps. The difficulty is the same as that felt by so many geologists, when Lyell first insisted that long lines of inland cliffs had been formed, and great valleys excavated, by the agencies which we still see at work. The mind cannot possibly grasp the full meaning of the term of even a million years; it cannot add up and perceive the full effects of many slight variations, accumulated during an almost infinite number of generations.

 

Pero la causa principal de nuestra repugnancia natural a admitir que una especie ha dado nacimiento a otra distinta es que siempre somos tardos en admitir grandes cambios cuyos grados no vemos. La dificultad es la misma que la que experimentaron tantos geólogos cuando Lyell sostuvo por vez primera que los agentes que vemos todavía en actividad han formado las largas líneas de acantilados del interior y han excavado los grandes valles. La mente no puede abarcar toda la significación ni siquiera de la expresión un millón de años; no puede sumar y percibir todo el resultado de muchas pequeñas variaciones acumuladas durante un número casi infinito de generaciones.

Lectura aconsejada:

 

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