Archivo de enero, 2016

Describir la tarea de un científico: Otro ejemplo en el obituario que escribió Alan Downie de Adam Kondorosi

 

La divulgación científica no es tarea fácil y quienes quieran dedicarse a ella han de tener en cuenta que, entre sus modelos, se encontrarán siempre aquellos científicos que hayan sido capaces en un momento u otro de describir las tareas de sus colegas.

Ya vimos un ejemplo en la descripción que Fernando Galán hacía de la obra de su maesto, Zulueta.  Otro ejemplo muy bueno está en el obituario que hizo Alan Downie de Adam Kondorosi.

En su artículo titulado A Eulogy to Adam Kondorosi, Allan Downie describe en forma compacta (dos páginas y media) la tarea de quien fuera uno de los principales líderes en el campo de la Fijación de Nitrógeno. Para ello comienza con un breve resumen de su trayectoria: su tesis doctoral realizada sobre Genética de fagos de Rhizobium y presentada en el Instituto de Genética de Budapest (Hungría) en 1972, su estancia postdoctoral en la Universidad de Sussex (Unit of Nitrogen Fixation), y el nombramiento en 1981 como director del grupo de Fijación de Nitrógeno en el Instituto Max Planck de Colonia (Alemania). A partir de 1989 dirigió el ISV (Institut des Sciences Vegetales) en Gif-sur-Yvette (Francia).

Una de las claves en su carrera fue el desarrollo de herramientas genéticas. En Sinorhizobium meliloti, desarrolló sistemas de transfección y transducción basados en fagos de Rhizobium (Kondorosi et al. 1974; Orosz et al. 1973).

En la Universidad de Sussex hizo una importante contribución utilizando la recombinación in vivo para generar plásmidos grandes, estables y transmisibles que llevasen los genes de fijación de nitrógeno (genes nif) de Klebsiella pneumoniae (Dixon et al. 1976).

Esto fue precedente de los métodos de clonación in vitro, y condujo a la identificación de la mayor parte de los genes de fijación de nitrógeno en K. pneumoniae (Dixon et al. 1977)

Otras herramientas genéticas (R primes) para mobilizar el ADN en rhizobia, permitieron mostrar mediante técnicas de la genética clásica que había un cromosoma circular en S. meliloti (Kondorosi et al. 1977).

Los instrumentos desarrollados para la movilización de ADN revelaron que los  genes para la nodulación y la fijación de nitrógeno de S. meliloti están localizados en un megaplásmido (Bánfalvi et al. 1981), siendo este al parecer su artículo más citado.

En resumen, en su primera época Adam Kondorosi mostró:

 

1)      Que había rutas compartidas en la reducción de nitrato y la fijación de nitrógeno,

2)      Que se podía hacer genética en las a-proteobacteria,  y

3)       Que los genes de simbiosis podrían ser movilizados a través de fronteras genéticas.

En el año 1981 publicó la secuencia nucleotídica del gen nifH de S. meliloti (Torok and Kondorosi 1981), tarea para la cual debió sintetizar el 32P requerido para las reacciones.

 

Su equipo, en Szeged comenzó a trabajar sobre los genes de la nodulación (Kondorosi et al. 1984) y el análisis subsecuente de su inducción por flavonoides y sus funciones bioquímicas en relación con la production de lipo-quiitooligosaccharide (Schultze y Kondorosi , 1998). Un hallazgo temprano fue la identificación de seis regiones de promotores de genes de la nodulación (nod boxes) en S. meliloti (Rostas et al. 1986) y su importancia como sitios para inducción por el regulador NodD.

Tras relatar las actividades en el ISV, en su artículo,  Allan Downie vuelve al tema principal de su argumentación: La última tarea de la investigación de Adam Kondorosi que comenta se refiere a la generación de herramientas genéticas para la investigación de la simbiosis Rhizobium –leguminosas, con la intención de establecer una estrategia para el etiquetado de genes (gene-tagging) en Medicago truncatula. A tal efecto, Adam Kondorosi y colegas buscaron entre las variedades de M truncatula aquellas que pudieran ser transformadas con facilidad desarrollando un protocolo para la generación de líneas transformadas  (Hoffmann et al. 1997; Trinh et al. 1998).

 

Para quienes vayan a escribir un artículo de divulgación científica o quieran tratar de la labor de un científico, no olviden el consejo implícito en éste artículo de Allan Downie que básicamente consiste en responder a la pregunta  ¿Qué hizo aquella persona de la que vamos a tratar?

 

 

 

 

 

 

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Vasconcelos sobre el darwinismo II

 

“Los británicos predican la selección natural, con la consecuencia tácita de que el reino del mundo corresponde por derecho natural y divino al dolicocéfalo de las islas y sus descendientes… (…)…Lo cierto es que ninguna raza se basta a sí sola, y que la Humanidad perdería, pierde, cada vez que una raza desaparece por medios violentos”.

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¿Es compatible la Ciencia con la Academia?

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Casi una dedicatoria o ¿Por qué Jean Henri Fabre no termina de dedicar su capítulo a Darwin?


En el primer tomo de su obra Souvenirs entomologiques, publicado en Paris en 1882, Fabre describe su encuentro en 1843 con la abeja Chalicodome de las murallas (Chalicodoma muraria para él, hoy Megachile parietina) en los alrededores de Carpentras.  El capítulo VII relata sus experiencias sobre el sentido de la orientación en este insecto.

El capítulo, indica el autor al principio del mismo, iba estar dedicado al recientemente fallecido Charles Darwin, pues era el que había sugerido unos experimentos al autor que, al parecer no estaba de acuerdo con las teorías del naturalista inglés:

 

Mon devoir était de lui rendre compte du résultat de quelques expériences qu’il m’avait suggérées dans notre correspondance, devoir bien doux pour moi, car si les faits, tels que je les observe, m’éloignent de ses théories, je n’ai pas moins en profonde vénération sa noblesse de caractère et sa candeur de savant.

 

Mi deber era darle cuenta de los resultados de algunos experimentos que me había sugerido en nuestra correspondencia, un deber dulce para mí, puesto que si los hechos tal y como los veo, me mantienen lejos de sus teorías, no por ello mi veneración es menos profunda por nobleza de carácter científico y su candidez de sabio.

 

Pero, mediante este  curioso giro, y a pesar de sus buenas palabras, Fabre no termina de hacer efectiva la dedicatoria. ¿Por qué ? enseguida lo veremos…

 

En primer lugar, los resultados de los experimentos propuestos no fueron como se esperaba. Los tratamientos sugeridos por Darwin con intención de “despistar” a las abejas no tuvieron efecto y su sentido de la orientación se mantuvo. Fabre comenta al respecto:

 

Tenons-nous-en là; l’expérience est suffisamment répétée, mais elle ne conclut pas comme l’espérait Charles Darwin, comme je l’espérais aussi, surtout après ce qu’on m’avait raconté sur le chat. En vain, suivant la recommandation faite, je transporte d’abord mes insectes en sens inverse du point où je dois les lâcher; en vain, lorsque je vais revenir sur mes pas, je fais tourner ma fronde avec toute la complication rotatoire que je peux imaginer; en vain, croyant augmenter les difficultés, je répète la rotation jusqu’à cinq fois, au départ, en chemin, à l’arrivée: rien n’y fait: les Chalicodomes reviennent, et la proportion des retours dans la même journée oscille entre 30 et 40 pour 100. Il m’en coûte d’abandonner une idée suggérée par un tel maître et caressée d’autant plus volontiers que je la croyais apte à donner une solution définitive. Les faits sont là, plus éloquents que tous les ingénieux aperçus, et le problème reste tout aussi ténébreux que jamais.

 

Mantengámonos ahí; la experiencia ha sido suficientemente  repetida, pero no concluye como lo esperaba Charles Darwin, como yo mismo lo esperaba también, sobre todo después de lo que se me había contado sobre el gato. En vano, según la recomendación hecha, transporto primero mis insectos en sentido opuesto del punto donde debo soltarlos; en vano, cuando voy a volver sobre mis pasos, hago girar mi honda con toda la complicación rotatoria que puedo imaginar; en vano, creyendo aumentar las dificultades, repito la rotación hasta cinco veces, al principio, de camino, para la llegada: nada de eso tiene efecto: Las abejas vuelven, y la proporción de las que regresan en un mismo día oscila entre 30 y 40 por 100. Me cuesta abandonar una idea sugerida por tal maestro y tanto más acariciada en cuanto a que yo la consideraba apta para dar una solución definitiva. Los hechos están allí, más elocuentes que todas las visiones ingeniosas de conjunto, y el problema queda también tenebroso como jamás.

 

La démonstration est suffisante. Ni les mouvements enchevêtrés d’une rotation comme je l’ai décrite; ni l’obstacle de collines à franchir et de bois à traverser; ni les embûches d’une voie qui s’avance, rétrograde et revient par un ample circuit, ne peuvent troubler les Chalicodomes dépaysés et les empêcher de revenir au nid. J’avais fait part à Ch. Darwin de mes premiers résultats négatifs, ceux de la rotation. S’attendant à un succès, il fut très surpris de l’échec. Ses pigeons, s’il avait eu le loisir de les expérimenter, se seraient comportés comme mes hyménoptères; la rotation préalable ne les aurait pas troublés. Le problème exigeait une autre méthode, et voici ce qui me fut proposé:

 

«_To place the insect within an induction coil, so as to disturb any magnetic or diamagnetic sensibility which it seems just possible that they may possess._»

 

La demostración es suficiente. Ni los movimientos embarullados por una rotación como la descrita; ni el obstáculo de las colinas que hay que superar y el bosque que hay que atravesar; ni las trampas de una vía que se adelanta, vuelve atrás y regresa por un circuito amplio, nada de eso puede confundir a las abejas desubicados para impedirles volver al nido. Había dado parte a Ch. Darwin de mis primeros resultados negativos, los de la rotación. Esperando un éxito, estuvo muy sorprendido del fracaso. Sus palomas, si hubiera tenido oportunidad de experimentar con ellas, se habrían comportado como mis himenópteros; la rotación previa no los habría disturbado. El problema exigía otro método, y he aquí lo que me fue propuesto:

 

Colocar al insecto en una bobina de inducción, para interferir con cualquier sensibilidad magnética o diamagnética que parece posible que pueda tener…

 

 

Lógicamente, este método es considerado imposible de practicar con los medios al alcance de Fabre quien, tras comentarlo con cierta ironía, da noticia del segundo método propuesto por Darwin. Atención:

 

‘ Convertir una aguja muy delgada en un imán; y luego romperla en pedazos muy pequeños, que todavía serían magnéticos, y pegar estos pedazos con algún tipo de pegamento sobre el tórax de los insectos para experimentar con ellos. Creo que un imán tan pequeño, de su proximidad cercana al sistema nervioso del insecto, lo afectaría más que las corrientes terrestres. ‘

 

 

Tal propuesta hace surgir en Fabre el siguiente comentario:

Al escribir estas líneas, me refugio detrás de la reputación poderosa del sabio que engendró tal idea. Si procediese de una persona humilde como yo, no parecería serio. La oscuridad no puede permitirse estas teorías audaces.

Siguiendo los consejos del sabio naturalista inglés, Fabre nos cuenta su experimento. Después de colocar un trozo de imán en el dorso del insecto:

 

El imán se sujeta sobre el tórax; y el insecto se deja ir. En el momento en que  es libre, la abeja se cae a la tierra y vaga, como una loca, en el espacio del suelo. Ella reasume su vuelo, cae abajo otra vez, vuelca sobre su lado, sobre su espalda, golpea contra las cosas en su camino, emite zumbidos ruidosamente, se arroja desesperadamente y acaba por lanzarse por la ventana abierta en un  vuelo precipitado.

¿Qué significa todo esto? ¡El imán parece tener un efecto curioso sobre el sistema de mi paciente! ¡Qué alboroto provoca! ¡Cuán aterrorizada se encuentra la abeja! La Abeja pareció completamente aturullada, haber perdido la tramontana bajo la influencia de mis trucos. Pero vayamos a ver que pasa en el nido. No tenemos que esperar mucho tiempo: El insecto regresa, pero librado de su artilugio magnético. Lo reconozco por los rastros de goma que todavía se adhieren al pelo del tórax. Vuelve a su celda y reasume sus trabajos.

 

Siempre en guardia cuando interrogo a lo desconocido, indispuesto para sacar conclusión alguna antes de sopesar bien los argumentos pro y contra, siento la duda que me invade  con respeto a lo que he visto. ¿ Era realmente la influencia magnética lo que molestó mi abeja de una manera tan extraña? ¿Cuándo ella luchó y dio patadas en el suelo, agitándose desordenadamente tanto con las patas como con las alas, cuando ella escapó en medio del terror, lo hacía bajo la influencia del imán a su espalda? ¿Puede mi artilugio haber frustrado a la influencia de las corrientes terrestres sobre su sistema nervioso? ¿O bien su angustia era simplemente el resultado del aparataje desacostumbrado? Esto es lo que queda por ser visto y sin retraso.

 

Construí un nuevo aparato, pero mediante una paja corta en el lugar del imán. El insecto que lo lleva sobre su espalda se tira al suelo, da patadas y se comporta de modo parecido a como lo hacía con el primero, hasta quitarse de encima la molesta invención, arrancándose con ello una parte de la piel sobre el tórax. La paja produce los mismos efectos que el imán, en otras palabras, el magnetismo no tuvo nada que ver. Mi invención, en ambos casos igualmente, es un artefacto incómodo del cual la abeja trata de librarse inmediatamente por todos los medios posibles. Esperar de ella acciones normales mientras que lleva un aparato, magnetizado o no, sobre su espalda es lo mismo que esperar estudiar los hábitos naturales de un Perro después haberle atado un caldero  a la cola.

 

El experimento con el imán es impracticable. ¿Qué nos diría esto si el insecto lo consintiese? En mi opinión, esto no nos diría nada. Para estudiar el regreso al nido,  un imán no tendría más influencia que un poco de paja.

 

Cuando uno ha leido completo el capítulo, entiende bien por qué Fabre no hizo una dedicatoria al uso. Entenderlo requiere leer el capítulo completo, mejor en francés que en una traducción inglesa. La sutileza de Favre da una redacción educada al texto que no llega a disimular su indignación con los métodos propuestos por el “sabio naturalista inglés”.

 

 

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