Archivo de marzo, 2016

La huella de Huxley en el párrafo octingentésimo vigésimo séptimo de El Origen de las Especies

 

Hace tiempo que terminamos de comentar párrafo a párrafo el Origen de las Especies, una larga y amarga tarea que nos ha llevado varios años. Empero, esto no excluye volver sobre algún párrafo en los casos en los que una eventual re-lectura pueda ofrecer algo interesante.

Como decíamos al comentar los párrafos finales, estos contienen grandes dosis de arrogancia y faltas de respeto inauditas para con la Historia Natural y la Taxonomía. Es increible que estos párrafos permanezcan de esta manera sin que sean sometidos a una crítica constante.

Por otra parte es en algunos de estos párrafos en donde se demuestra que Darwin no escribió solo su libro. Ni mucho menos. En ellos la huella de Huxley es evidente. Su estilo pomposo y retórico, sus metáforas, su acritud al presentar la Historia Natural como una disputa constante entre los evolucionistas y los creacionistas. No hay que olvidar que fue Huxley quien defendió a Darwin de las críticas de el origen y que su función a lo largo del proceso de difusión del libro fue indiscutible. Pensamos asimismo que Huxley tuvo un papel indiscutible en la redacción de sus párrafos. Por ejemplo en este, donde dice:

 

 

827.

 

Several eminent naturalists have of late published their belief that a multitude of reputed species in each genus are not real species; but that other species are real, that is, have been independently created. This seems to me a strange conclusion to arrive at. They admit that a multitude of forms, which till lately they themselves thought were special creations, and which are still thus looked at by the majority of naturalists, and which consequently have all the external characteristic features of true species—they admit that these have been produced by variation, but they refuse to extend the same view to other and slightly different forms. Nevertheless, they do not pretend that they can define, or even conjecture, which are the created forms of life, and which are those produced by secondary laws. They admit variation as a vera causa in one case, they arbitrarily reject it in another, without assigning any distinction in the two cases. The day will come when this will be given as a curious illustration of the blindness of preconceived opinion. These authors seem no more startled at a miraculous act of creation than at an ordinary birth. But do they really believe that at innumerable periods in the earth’s history certain elemental atoms have been commanded suddenly to flash into living tissues? Do they believe that at each supposed act of creation one individual or many were produced? Were all the infinitely numerous kinds of animals and plants created as eggs or seed, or as full grown? and in the case of mammals, were they created bearing the false marks of nourishment from the mother’s womb? Undoubtedly some of these same questions cannot be answered by those who believe in the appearance or creation of only a few forms of life or of some one form alone. It has been maintained by several authors that it is as easy to believe in the creation of a million beings as of one; but Maupertuis’ philosophical axiom “of least action” leads the mind more willingly to admit the smaller number; and certainly we ought not to believe that innumerable beings within each great class have been created with plain, but deceptive, marks of descent from a single parent.

 

Varios naturalistas eminentes han manifestado recientemente su opinión de que una multitud de supuestas especies dentro de cada género no son especies reales; pero que otras especies son reales, esto es, que han sido creadas independientemente. Esto me parece que es llegar a una extraña conclusión. Admiten que una multitud de formas, que hasta hace poco creían ellos mismos que eran creaciones especiales, y que son consideradas todavía así por la mayor parte de los naturalistas, y que, por consiguiente, tienen todos los rasgos característicos extremos de verdaderas especies; admiten, sí, que éstas han sido producidas por variación, pero se niegan a hacer extensiva la misma opinión a otras formas poco diferentes. Sin embargo, no pretenden poder definir, y ni siquiera conjeturar, cuáles son las formas orgánicas creadas y cuáles las producidas por leyes secundarias. Admiten la variación como una vera causa en un caso; arbitrariamente la rechazan en otro, sin señalar ninguna distinción entre ambos. Vendrá el día en que esto se citará como un ejemplo de la ceguera de la opinión preconcebida. Estos autores parecen no asombrarse más de un acto milagroso o de creación que de un nacimiento ordinario. Pero ¿creen realmente que en innumerables períodos de la historia de la Tierra ciertos átomos elementales han recibido la orden de formar de repente tejidos vivientes? ¿Creen que en cada supuesto acto de creación se produjeron muchos o un individuos? Las infinitas clases de animales y plantas ¿fueron creadas todas como huevos o semillas, o por completo desarrolladas? Y, en el caso de los mamíferos, ¿fueron éstos creados llevando la falsa señal de la nutrición por el útero de la madre? Indudablemente, algunas de estas mismas preguntas no pueden ser contestadas por los que creen en la aparición o creación de sólo un corto número de formas orgánicas o de alguna forma solamente. Diversos autores han sostenido que es tan fácil creer en la creación de un millón de seres como en la de uno; pero el axioma filosófico de Maupertuis, de la menor acción nos lleva con más gusto a admitir el menor número, y ciertamente no necesitamos creer que han sido creados innumerables seres dentro de cada una de las grandes clases con señales patentes, pero engañosas, de ser descendientes de un solo antepasado.

Lectura aconsejada:

 

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