Archivo de julio, 2019

Una crónica del Gran Imperialismo. Comentario del libro Papeles de Karukinka, de Domingo Lloris Samo

 

 

 

 

 

 

 

El Duchess of Albany era un clíper de tres palos nombrado en honor de la princesa Helena Federica Augusta hija de Jorge Víctor, príncipe de Waldeck-Pyrmont y Elena de Nassau, nacida el 17 de febrero de 1861 en Arolsen (Alemania) y fallecida el 1 de septiembre de 1922 en el Tirol. La duquesa estaba casada con Leopold George Duncan, Duque de Albany, séptimo hijo de la Reina Victoria I de Inglaterra.

El barco, construido en  1884 por T. Royden & Son, de Liverpool, para la compañía naviera W. and R. Wright, contaba en su tripulación con veintiocho marinos al mando del capitán John Wilson. En su mascarón de proa una imagen representaba a la duquesa de Albany. Procedente de Liverpool llegó  al puerto de Río de Janeiro de donde zarpó el 20 de junio de 1893 con destino a Valparaíso (Chile), pero dos semanas después, el 13 de julio de 1893, naufragó por razones desconocidas a unos 700 metros de la desembocadura del río Luz, isla Grande de Tierra del Fuego (Argentina). Todos los tripulantes salieron ilesos.

Domingo Lloris Samo,  oceanógrafo y autor del libro Ictiofauna marina, publicado en 2006, y más recientemente del Anecdotario y vivencias de un Ictiólogo (Anacefaleosis, 1971 – 2018), tiene cosas que contar más allá de las que  se refieren directamente al ejercicio de su profesión. A lo largo de una estancia en Argentina y en el curso de una provechosa visita a una librería de viejo en la calle Rivadavia, de Buenos Aires, adquirió una serie de volúmenes a los que ha sacado un gran partido. La utilidad de algunos de ellos es bien conocida, de otros intentaremos describirla en lo que sigue, un tercer grupo quedará para estudios posteriores que esperamos el autor podrá llevar a feliz término.

En el prefacio de los papeles de Karukinka cuenta el autor sus adquisiciones en la mencionada librería. Se trata de los volúmenes siguientes 1) una biografía de Esteban Lucas Bridges, titulada: El último confín de la Tierra; 2) un pequeño libro de bolsillo, de Julián I. Ripa, (Recuerdos de un maestro patagónico); 3) ocho volúmenes de la Histoire Naturelle des Poissons, del zoólogo francés Bernard de Lacépède, publicados en 1830 y 4) tres cuadernos con textos manuscritos en inglés, que formaban un atado junto a unas oscuras láminas …

Es seguro que los libros de Lacépède han sido de gran utilidad al autor para el ejercicio diario de su profesión así como en la redacción de su Ictiofauna marina. Con respecto al libro de relatos de Julián I. Ripa (Recuerdos de un maestro patagónico) y la biografía de Esteban Lucas Bridges, hijo del reverendo Thomas Bridges, esperamos tener más noticias en próximas obras del autor, aunque esta última ya aparece oportunamente citada en numerosas ocasiones a lo largo del relato que comentaré a continuación. A los textos manuscritos en inglés contenidos en los tres cuadernos nos referiremos ahora pues forman la base de Los papeles de Karukinka.

Las dos primeras partes son el diario de Edouard Courtney, segundo oficial del barco, después del naufragio. La tercera parte, ya en las páginas finales del libro, es obra de Tomás Monserrat, español que había embarcado como marinero en Liverpool.

El primer cuaderno de bitácora está comprendido entre las páginas 17 y 96. Comienza con la descripción del naufragio que tuvo lugar el día jueves, día 13 de Julio de 1893, y se extiende hasta el mes de septiembre del mismo año. En estos días se describe la incorporación de los dos supervivientes en una población de indígenas de una comunidad selk’nam del cielo del este o Wintek; los cuidados que Tenenesk, el chamán, dispensó al señor Monserrat, herido en una pierna durante el naufragio y cuyo conocimiento del español fue básico para establecer el contacto y sus primeras experiencias en las costumbres de comunicación, caza, recolección y otros aspectos iniciales de la convivencia  con los nativos.

El segundo cuaderno de bitácora (páginas 97 a 260) comprende  el periodo comprendido entre los primeros días de septiembre de 1893 y julio de 1895. Incluye los avatares de la vida en Karukinka, la pesca, la construcción de un fuelle y una fragua, elaboración de cuchillos y los matrimonios de Eduard y Tomás con sendas nativas, Aluxán y Koilah, así como el asedio constante a que se encuentran sometidos por la presión de los nuevos colonizadores.

El historiador Vicens Vives denominó a la segunda mitad del siglo XIX como el periodo del Gran Imperialismo y fue en enormes regiones de los cinco continentes en donde se vieron sus efectos: transformaciones de proporciones gigantescas fruto de la capacidad de gestión de los grandes capitales. A diferencia de los Estados Unidos de América, en donde la colonización de fue  llevada a cabo en gran medida por familias y pequeños propietarios, enormes parcelas en Sudamérica (Chile y Argentina) fueron vendidas a grandes empresas para dedicarlas a la agricultura, a la ganadería y a la minería. Quienes sufrieron los cambios fueron los habitantes de estas tierras al tener que someterse a unas reglas de convivencia completamente nuevas, así como desconsideradas y enormemente perjudiciales para su vida y tradiciones.

Los papeles de Karukinka tiene el aire de un clásico de aventuras, uno de aquellos relatos cuyos autores, como por ejemplo Mayne Reid, tenían la debida formación en historia natural para ir describiendo el territorio y oportunamente dedicando párrafos a las especies de sus plantas y animales. La diferencia de estos relatos, en su mayoría anglosajones, con los papeles de Karukinka estriba en el trato dado a los habitantes de los países visitados por el viajero. Por lo general, para la cultura anglosajona imperante, los habitantes de los bosques o de las estepas de África o Sudamérica eran razas inferiores, subdesarrolladas. En su libro titulado “Sobre la libertad” John Stuart Mill (1806-1873) lo había expresado de manera contundente:

“Casi es innecesario decir que esta doctrina es sólo aplicable a seres humanos en la madurez de sus facultades. No hablamos de los niños ni de los jóvenes que no hayan llegado a la edad que la ley fije como la de la plena masculinidad o feminidad. Los que están todavía en una situación que exige sean cuidados por otros, deben ser protegidos contra sus propios actos, tanto como contra los daños exteriores. Por la misma razón podemos prescindir de considerar aquellos estados atrasados de la sociedad en los que la misma raza puede ser considerada como en su minoría de edad. Las primeras dificultades en el progreso espontáneo son tan grandes que es difícil poder escoger los medios para vencerlas; y un gobernante lleno de espíritu de mejoramiento está autorizado para emplear todos los recursos mediante los cuales pueda alcanzar un fin, quizá inaccesible de otra manera. El despotismo es un modo legítimo de gobierno tratándose de bárbaros, siempre que su fin sea su mejoramiento, y que los medios se justifiquen por estar actualmente encaminados a ese fin. La libertad, como un principio, no tiene aplicación a un estado de cosas anterior al momento en que la humanidad se hizo capaz de mejorar por la libre y pacífica discusión. Hasta entonces no hubo para ella más que la obediencia implícita a un Akbar o a un Carlomagno, si tuvo la fortuna de encontrar alguno.”

Pero este punto de vista, que es el de Thomas Malthus, de Adam Smith, de Herber Spencer, y de Charles Darwin tiene su fecha de caducidad y es de esperar que el respeto por quienes viven de una manera diferente prevalezca, aunque en la mayoría de los casos sea ya tarde. Así, al final del domingo día seis de agosto de 1893 encontramos esta sentencia a modo de síntesis:

Creo que tanto Tomás como yo mismo, habíamos tocado con la punta de los dedos la naturaleza en su estado puro y ésta nos había prendido más allá de nuestra consciencia.

El relato abunda en las descripciones de la historia natural de la región, animales y plantas así como en las tradiciones y costumbres de los selk’nam.  Invita a leer más y a preocuparse por la historia de una enorme región geográfica en el momento en  que tomó un giro precipitado perjudicando a quienes eran diferentes por el mero hecho de serlo.

 

 

 

 

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Poniendo nombre a los peces del mar. Comentario del libro Anecdotario y vivencias de un Ictiólogo (Anacefaleosis 1971 – 2018), de Domingo Lloris Samo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Conocí a Domingo Lloris Samo gracias a Isabel Izquierdo Moya, entonces investigadora en el Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC en Madrid, quien me comentó la posibilidad de que Domingo participase en un libro que estaba coordinando (Naturalistas en Debate). Isabel era una persona extraordinaria, una mujer especialmente generosa que, sin ninguna obligación por su parte, había apoyado en todo lo posible aquellos proyectos en los que le había invitado a participar. Así, en el libro-homenaje a Mariano de la Paz Graells, en el que se ponía de manifiesto que este naturalista nacido en Tricio (la Rioja) unos días antes que Darwin, había sido uno de los científicos más activos del XIX español y luego, proscrito. En uno de sus capítulos, Isabel Izquierdo Moya y Carolina Martín Albaladejo habían recopilado y presentaban la asombrosa producción bibliográfica de Graells. A la vista de aquel trabajo es lícito preguntarse: ¿Qué ha pasado aquí?, ¿Por qué al naturalista principal del XIX español no lo conoce nadie mientras que todo el mundo sabe que el abuelo de Darwin se llamaba Erasmus?

Han ocurrido varias cosas que han arrinconado un tipo de investigación tradicional y han favorecido otro tipo moderno. Para saber cuál es la diferencia fundamental entre ambas habrá que leer hasta el final este comentario. Analizar lo ocurrido es tarea compleja para la cual hay que tener en consideración la labor desarrollada por los investigadores en las líneas-clave de la biología, por ejemplo la taxonomía. Pero no sólo su trabajo es importante, sino que a él hay que añadir, en aquellos raros casos que lo permitan, un análisis meticuloso de sus opiniones personales que, a menudo, servirá para poner de manifiesto otras cuestiones más importantes y a las que normalmente los científicos no solemos prestar ninguna atención. Sí, me refiero a los sentimientos y por eso una recopilación biográfica escrita directamente de manos de un taxónomo y basada en las reflexiones que surgen en torno a sus experiencias puede ser una joya si encuentra quien pueda entenderla, interpretarla, y lo que es más difícil, adoptar las medidas necesarias para que la taxonomía vuelva a ser lo que merece: clave de la biología.

El libro dedicado a Graells al que me refería arriba, editado por el Instituto de Estudios Riojanos, era el primero de una trilogía en la que seguiría Naturalistas proscritos, editado por la Universidad de Salamanca y Naturalistas en Debate, editado por el CSIC. La base del desarrollo de la trilogía era la siguiente: Si Graells era un proscrito cuando se cumplían doscientos años de su nacimiento y proscritos como él hay docenas de naturalistas a lo largo de la historia reciente, entonces: ¿En qué consistía la cualidad de proscrito?  ¿A qué se debe que quien ha sido celebrado en una época venga a ser olvidado en otra? En parte, proponíamos la hipótesis de que el proscrito era el perdedor en un debate y por eso en el tercero de los libros de la serie se analizaban los debates de la historia natural, en qué consisten y en qué medida la historia natural propia de cada época responde a los intereses de quienes ostentan el poder. En este libro participó Domingo Lloris con un capítulo adecuadamente titulado Paradojas y Perplejidades de un taxónomo. Capítulo que comenzaba con una introducción en la que pronto se ponía de relieve un grave problema:

El taxónomo siente que la perplejidad le invade cuando constata que el investigador no sólo aplica mal un binomio sino que también recurre, sin cautela alguna, a las listas de especies depositadas en las bases de datos on line dando por sentada la bondad de las mismas, pero ha de saber que quien ignora los fundamentos de la Taxonomía o la Nomenclatura, sólo copia, sin saber qué copia.

Con el desarrollo espectacular de las tecnologías del DNA recombinante, la técnica ha invadido a la ciencia y lo que es de una importancia fundamental y constituye la cuestión clave en Biología se desprecia, se considera superado, obvio o simplemente se piensa (y se dice) que no merece la pena reflexionar sobre ello. En base a muestreos someramente descritos y nunca puestos en tela de juicio como describe el autor (ver página 62 y siguientes del libro) se construyen catálogos y se juega con los números de la biodiversidad (p. 78).  La investigación se financia con base a proyectos aplicados cuyo interés por la taxonomía es prácticamente nulo, o en el mejor de los casos queda supeditado al rendimiento económico. Entre las páginas 230 y 233 encontraremos una anécdota inolvidable al respecto en la que se pone de manifiesto la mentalidad de los biotecnólogos modernos, quienes piensan que todo está en la secuencia del DNA, lo cual es prueba de que han decidido establecer su propia pseudo-ciencia o neo-ciencia pasando por alto los fundamentos de la ciencia. Sus premisas son las conclusiones y en esto nos recuerdan a su santo patrono, Carlos Darwin.

No en vano los capítulos centrales del libro se dedican a la taxonomía. El Capítulo IV (Taxonomía, pp. 107-138) y el V (La importancia de los nombres, pp. 139-184).

Se habla de extinciones masivas, pero la misma expresión indica un problema: masivo no puede aplicarse a extinción. Es necesario saber  cuáles son las especies que se extinguen o se encuentran en peligro y para eso hay que saber cuáles son las que hay. Pero como decía el autor de este libro en el prólogo de su capítulo para el libro Naturalistas en Debate (“Paradojas y perplejidades de un taxónomo”) la única extinción perfectamente documentada es la de los taxónomos. La taxonomía no importa, no interesa en un mundo dominado por las ideas de competición y supervivencia del más apto. En definitiva las especies o variedades más aptas sobrevivirán porque siempre ha sido así: cree en lo más profundo de su ser el neo-científico que la naturaleza es sabia y que por ello sabrá recuperarse de los doscientos años a los que los creyentes en la selección natural la habrán sometido.

La taxonomía no se recupera de las acometidas de Darwin, quien en el Origen de las especies se cansó de confundir especies con variedades, despreciando el concepto de especie, base del estudio de la biodiversidad, fundamentando el estudio del origen de las especies en las variedades de granja y concluyendo con párrafos memorables, que contienen las mismas ideas con las que empezaba. Así por ejemplo al final de la introducción leemos:

I am fully convinced that species are not immutable; but that those belonging to what are called the same genera are lineal descendants of some other and generally extinct species, in the same manner as the acknowledged varieties of any one species are the descendants of that species. Furthermore, I am convinced that natural selection has been the most important, but not the exclusive, means of modification.

(Estoy plenamente convencido no sólo de que las especies no son inmutables, sino que las que pertenecen a lo que se llama el mismo género son descendientes directos de alguna otra especie extinta  de la misma manera que las variedades reconocidas de cualquier especie son descendientes de ésta. Además, estoy convencido de que la selección natural ha sido el más importante, si no el único, medio de modificación.)

Y partiendo de esta base encuentra todo lo que espera o desea encontrar puesto que todo aquello que no encaje en su esquema será descartado y  en los párrafos finales tenemos:

Hereafter we shall be compelled to acknowledge that the only distinction between species and well-marked varieties is, that the latter are known, or believed to be connected at the present day by intermediate gradations, whereas species were formerly thus connected.

(En lo futuro nos veremos obligados a reconocer que la sola distinción entre especies y variedades bien marcadas es que de estas últimas se sabe, o se cree, que están unidas actualmente por gradaciones intermedias, mientras que las especies lo estuvieron en otro tiempo.)

Para continuar:

As all the living forms of life are the lineal descendants of those which lived long before the Cambrian epoch, we may feel certain that the ordinary succession by generation has never once been broken, and that no cataclysm has desolated the whole world. Hence, we may look with some confidence to a secure future of great length. And as natural selection works solely by and for the good of each being, all corporeal and mental endowments will tend to progress towards perfection.

(Como todas las formas orgánicas vivientes son los descendientes directos de las que vivieron hace muchísimo tiempo en la época cámbrica, podemos estar seguros de que jamás se ha interrumpido la sucesión ordinaria por generación y de que ningún cataclismo ha desolado el mundo entero; por tanto, podemos contar, con alguna confianza, con un porvenir seguro de gran duración. Y como la selección natural obra solamente mediante el bien y para el bien de cada ser, todos los dones intelectuales y corporales tenderán a progresar hacia la perfección.)

Terminando:

..la cosa más elevada que somos capaces de concebir, o sea la producción de los animales superiores, resulta directamente de la guerra de la naturaleza, del hambre y de la muerte.

(Thus, from the war of nature, from famine and death, the most exalted object which we are capable of conceiving, namely, the production of the higher animals, directly follows.)

Dijo W.J. Thompson en un prólogo al Origen de las Especies editado por Everyman’s Library que el éxito del darwinismo fue acompañado por una decadencia en la integridad científica. Desde Darwin, el naturalista se encuentra en extinción y sobreviven unos cuantos ejemplares milagrosamente, el biotecnólogo florece y en su oficio hay una regla no escrita que nos recuerda el autor en la página 79 de su libro en una sección denominada Modelos y Metamodelos dentro del capítulo III titulado “Temas pesqueros y afines” en frase de François Jacob:

La biología, como las restantes ciencias de la naturaleza ha perdido hoy muchas de sus ilusiones. No busca la verdad. Construye la suya.

Bibliografía

Lloris Samo, Domingo.  Anecdotario y vivencias de un Ictiólogo  (Anacefaleosis 1971 – 2018). Amazon. 2019.

Cervantes, Emilio (coord.). El naturalista en su siglo: homenaje a Mariano de la Paz Graells en CC aniversario de su nacimiento. Instituto de Estudios Riojanos. 2009.

Cervantes, Emilio (coord.). Naturalistas proscritos. Universidad de Salamanca. 2011.

Cervantes, Emilio (coord.). Naturalistas en debate. CSIC. Madrid. 2015.

Cervantes, Emilio (coord.). Encuentros con lo imposible. Homenaje a Isabel Izquierdo Moya. Amazon. 2017.

Cervantes, Emilio; Pérez Galicia, Guillermo. La nave de los locos: El origen de las especies a la luz de la nueva retórica. Amazon, OIACDI. 2017.

Darwin, Charles. El Origen de las Especies. EDAF. 1965.

 

 

 

 

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